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Revista de Saúde Pública

Print version ISSN 0034-8910

Rev. Saúde Pública vol.38 n.1 São Paulo Feb. 2004

http://dx.doi.org/10.1590/S0034-89102004000100009 

ARTIGOS ORIGINAIS

 

Prevalencia y severidad de la violencia contra mujeres embarazadas, México

 

Prevalence and severity of domestic violence among pregnant women, Mexico

 

 

Roberto Castro; Agustín Ruíz

Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias. Universidad Autonoma de México (UNAM). Cuernavaca, Mor., México

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

OBJETIVOS: Determinar si el embarazo es un factor de riesgo o un factor de protección frente a la violencia doméstica y comparar la prevalencia y severidad de la violencia que sufren las mujeres embarazadas antes y durante el embarazo.
MÉTODOS: Encuesta realizada a una muestra de 468 mujeres atendidas en consulta prenatal en su tercer trimestre de embarazo por los servicios de la Secretaría de Salud del estado de Morelos (México). Se exploró violencia emocional, física y sexual. Se construyó un índice para valorar la severidad. Se identificaron las variables más asociadas a la violencia durante el embarazo.
RESULTADOS: La prevalencia de violencia total no cambió significativamente antes y durante el embarazo (32%). La prevalencia de cada uno de los tres tipos de violencia se mantuvo asimismo sin cambios. El 27% de las mujeres que tuvieron violencia durante el embarazo no la tuvieron antes del mismo; una proporción equivalente tuvieron violencia antes del embarazo pero no durante el mismo. La severidad de la violencia emocional se incrementó significativamente durante el embarazo (en comparación con el año previo), mientras que la severidad de la violencia física disminuyó. Variables asociadas a la violencia durante el embarazo: violencia en la infancia de la pareja; ; que la mujer haya presenciado violencia en casa durante su infancia; y violencia en el año previo al embarazo. Se presentan diversos escenarios de riesgo útiles para los prestadores de servicios.
CONCLUSIONES: La violencia emocional durante el embarazo predomina por encima de la violencia fisica y sexual. Diferenciarlas contribuye a esclarecer la complejidad del fenómeno.

Descriptores: Violencia domestica. Embarazo. Salud de las mujeres. Prevalencia. Salud reproductiva. Severidad. Violencia de género.


ABSTRACT

OBJECTIVES: To determine whether pregnancy is a risk factor for domestic violence and to compare prevalence and severity of violence reported by women before and during pregnancy.
METHODS: There were interviewed 468 women in the third trimester of pregnancy who were seen during prenatal visits at public clinics in the state of Morelos, Mexico. Emotional, physical and sexual violence were investigated. A severity index was built up. Logistic regression analysis was applied in order to identify the main variables associated to domestic violence during pregnancy.
RESULTS: The prevalence of domestic violence did not change significantly before and during pregnancy (32%). The prevalence of each type of violence remained the same. About 27% of women who reported violence during pregnancy did not have experience it before, and a comparable proportion had experienced violence before but not during pregnancy. The severity of emotional violence significantly increased during pregnancy (compared to the previous year) whereas the severity of physical violence decreased. Variables most clearly related to violence during pregnancy were: couple's past history of child abuse; women witnessing domestic violence during childhood; and violence in the year before pregnancy. Several risk scenarios were identified, which could be helpful for health care providers.
CONCLUSIONS: The results showed that emotional violence is more prevalent than physical and sexual violence, allowing for a better understanding of this phenomenon.

Keywords: Domestic violence. Pregnancy. Women's health. Prevalence. Reproductive health. Severity. Gender violence.


 

 

INTRODUCCIÓN

Además de ser un problema social y de derechos humanos, la violencia contra las mujeres es también un problema de salud pública con graves costos.5,6,19,20 Se sabe que la violencia contra las mujeres representa la pérdida de hasta una quinta parte de los años de vida saludables en el período reproductivo de las mujeres afectadas.15 Se sabe también que las mujeres que han sido maltratadas por sus parejas tienen un riesgo mayor de ser agredidas nuevamente dentro de los seis meses siguientes en comparación con aquellas que son violentadas por desconocidos.7 La violencia durante el embarazo se inserta de lleno dentro de la salud reproductiva, cuestión que, a su vez, es objeto de particular interés en este momento en el mundo.3 Hay estudios que muestran que el maltrato a la mujer es un hecho frecuente que puede empezar o empeorar durante el embarazo. En la literatura internacional, la prevalencia de abuso durante el embarazo varía entre 4% y 25% según la población, las definiciones de violencia, y los métodos utilizados para medirla.1,10 De ahí la necesidad de continuar estudiando si la violencia aumenta, disminuye o permanece igual durante el embarazo en comparación con los períodos previo y posterior al mismo.9

En el presente artículo se presentan los principales resultados de una investigación, que tiene como objetivo central determinar si durante el embarazo la violencia se incrementa o disminuye, así como identificar los principales factores sociales que se asocian a la violencia durante el embarazo. Ello con el fin de identificar "escenarios" de alto riesgo para las mujeres donde una intervención preventiva es más urgente.

 

MÉTODOS

Durante 1998 se realizó una encuesta entre mujeres que se encontraban cursando el tercer trimestre de embarazo y que acudieron a control prenatal a diversos centros de salud de la Secretaría de Salud del Estado de Morelos en los municipios de Cuernavaca y Cuautla (México). Ambos son los municipios de mayor importancia económica y demográfica del estado. En ambos municipios la encuesta se aplicó en los 10 centros de salud que concentraban el mayor número de consultas prenatales (de un total de 21 en Cuernavaca, y de 25 en Cuautla). El trabajo de campo se realizó durante 10 meses a partir de marzo de 1998.

Con base en la información disponible,23 se estimó una prevalencia de violencia contra mujeres embarazadas de entre el 20% y el 50%; ello permitió determinar un tamaño de muestra de alrededor de 400 mujeres, con un nivel de confianza del 95%. Esta muestra es representativa de la población de mujeres embarazadas que busca atención prenatal en los centros de salud de los municipios de Cuautla y Cuernavaca. Los criterios de inclusión fueron los siguientes: a) mujeres embarazadas cursando el tercer trimestre de embarazo; b) que estuviesen siendo atendidas en consulta prenatal en los centros de salud seleccionados; y c) que hubieran aceptado participar voluntariamente en esta investigación. El tamaño final de la muestra fue de 468 mujeres y la tasa de no respuesta fue no mayor a 1%. Las mujeres entrevistadas fueron seleccionadas conforme se fueron presentando a consulta hasta completar el tamaño de muestra requerido.

Se elaboró un cuestionario que exploraba los siguientes aspectos: a) datos generales de la entrevistada (edad, lugar de nacimiento, historia de parejas, fecundidad, ocupación, alcoholismo); b) historia de violencia durante la infancia (de la entrevistada y su pareja); c) violencia durante el embarazo (tipos, circunstancias y gravedad); d) violencia durante los doce meses previos al embarazo (tipos, circunstancia y gravedad). La información sobre la violencia sufrida en el año previo al embarazo se basa en la información provista por las propias mujeres de manera retrospectiva, lo que puede implicar sesgos de memoria. Las mujeres fueron entrevistadas en los propios centros de salud de forma individual y privada.

Para el diseño de las escalas de violencia se utilizaron diversos reactivos tanto del Index of Spouse Abuse,16 como del Severity of violence against women scale.18 El instrumento final incluía un total de 26 ítems. Se midieron 13 ítems de violencia física, 11 de violencia emocional y 3 de violencia sexual. Para la realización de este estudio fueron adaptados las definiciones de violencia y abuso recomendadas por el "Centers for Diseases Control and Prevention" (CDC) de Atlanta.22

Los cuestionarios fueron aplicados por personal de enfermería y trabajo social que labora en la Secretaria de la Salud. Dicho personal fue capacitado también en cuestiones generales de apoyo a mujeres que sufren violencia doméstica.

Con los 26 ítems de violencia seleccionados para la presente investigación, se realizó un estudio paralelo al que aquí se reporta entre 120 mujeres de México y 120 de California, con el fin de asignar pesos relativos a cada uno de ellos. En otros trabajos se dio cuenta detallada de la metodología seguida para elaborar y validar esa escala.4,21 Aquí interesa reportar únicamente que a cada una de estas 240 mujeres se le pidió que ponderaran cada ítem de violencia en una escala de uno al 100, donde el uno corresponde a la forma que cada una de ellas consideró la menos severa, y el 100 al ítem que consideraron la más severa. El promedio de los valores asignados a cada ítem sirvió como peso inicial. El cuestionario a las mujeres embarazadas de Cuernavaca y Cuautla exploraba, para cada ítem, si el mismo había sido sufrido por la mujer una vez, varias veces, o muchas veces. Ello nos permitió multiplicar respectivamente por uno, por dos o por tres el peso inicial de cada ítem, y la sumatoria de todos ellos permitió obtener el índice de severidad de violencia experimentado por cada mujer. Así, fue posible contar con un índice parcial para cada tipo de violencia (física, sexual y emocional), para cada mujer y para la población total, tanto para el período correspondiente al embarazo, como al año anterior al mismo.

Para el análisis de la información se realizó una exploración de la prevalencia por tipos de violencia para cada período de estudio (antes y durante el embarazo), y se les comparó mediante una prueba de chi-cuadrada. En seguida, se estimó el índice de severidad también por tipo de violencia y por período, y se les comparó mediante una prueba de "t" de Student. Para el análisis bivariado, se exploró la asociación de la violencia total durante el embarazo con tres grupos de variables: características sociodemográficas, antecedentes de violencia intrafamiliar, y grado de consumo de alcohol. Para el análisis multivariado se exploraron diversos modelos de regresión logística con la existencia o ausencia de violencia durante el embarazo como la variable dependiente. El proceso llevado a cabo usando el algoritmo Backward L_R proporcionó el modelo predictivo más comprehensivo y parsimonioso. El análisis se realizó con los paquetes de cómputo SPSS-8 y Stata-7.

 

RESULTADOS

Descripción de la muestra

El tamaño total de la muestra fue de 468 mujeres en su tercer trimestre de embarazo. De ellas, el 45% fueron captadas en la ciudad de Cuautla, mientras que el 55% fue entrevistada en Cuernavaca. El promedio de edad de las mujeres fue de 24 años (SD=5,7), mientras que el de sus parejas fue de 28 (SD=7,6). El promedio de escolaridad para las mujeres fue de 7,4 años (SD=3,4), y de 7,1 para los hombres (SD=4), sin que exista una diferencia estadísticamente significativa entre ambos niveles de escolaridad. Finalmente, el promedio de hijos de las mujeres entrevistadas fue de 1,29 (SD=1,4). Del total de las mujeres entrevistadas, el 93.4% eran casadas o unidas La inmensa mayoría de las mujeres (89%) no reporta tener hijos muertos, y casi la totalidad de quienes los tienen reportan haber tenido sólo uno.

Del total de las mujeres entrevistadas, el 88% reportó estar dedicada a las labores del hogar, mientras que sólo el 5% reportó contar con algún tipo de trabajo formal, ya sea como empleadas o como obreras. El porcentaje restante cuenta con algún tipo de trabajo más informal (empleada doméstica, vendedora ambulante y otras). La mayoría de las parejas de estas mujeres labora como albañil (55%), o bien como empleado (25%) o como obrero (18%).

Prevalencia de la violencia antes y durante el embarazo

La Tabla 1 muestra las prevalencias de violencia, general y por tipo (física, emocional y sexual), antes y durante el embarazo, para la población en su conjunto (N=468). A nivel general, la prevalencia de violencia total (combinando los tres tipos), tanto antes como durante el embarazo fue superior al 30%, dato en sí mismo muy relevante pues constituye un primer indicador de la magnitud del problema. Dicha prevalencia tuvo un ligero decremento no significativo (x2=.2375, p>,05) al pasar del 33,6% antes del embarazo al 32,1% durante el embarazo. Tampoco se observan cambios significativos cuando examinamos los tres tipos de violencia por separado en la población total. La prevalencia de la violencia física varió del 17,5% antes del embarazo al 15% durante el embarazo (X2=1,131, p>,05). La violencia sexual, por su parte, también disminuyó al pasar del 13,7% antes del embarazo al 11.8% durante el mismo (X2=.7798, p>,05). La violencia emocional, en cambio, se incrementó al pasar del 23,5% antes del embarazo al 28% durante el mismo (X2=2.4644, p>.05).

El 9,2% del total de las mujeres tuvo un aumento en la violencia, pues pasaron de no tener violencia antes del embarazo a sí tenerla durante el mismo. El 7,7%, en cambio, se encuentra en la situación opuesta: tuvieron una disminución de la violencia pues siendo mujeres que sufrían abuso antes del embarazo dejaron de sufrirlo durante el embarazo, al menos temporalmente. El 24,4% del total de las mujeres sufrió alguna forma de violencia tanto antes como durante el embarazo, mientras que el 58.8% no tuvo violencia en ninguno de los dos períodos.

El 27% (43 de 157) de las mujeres que tuvieron violencia durante el embarazo no la tuvieron antes del mismo. Ello parecería apoyar la hipótesis de que el embarazo es un disparador de la violencia que sufren muchas mujeres. Sin embargo, hay que considerar también que el 24% (36 de 150) de las mujeres que tuvieron violencia antes del embarazo dejaron de tenerla durante el mismo, lo que muestra que para una proporción semejante a la anterior el embarazo también funciona como factor de protección frente a la violencia.

Variaciones en el índice de violencia

La Tabla 2 presenta el índice promedio de violencia, general y por tipos, que se registraron para la población estudiada. Se trata de un índice transformado a una escala del 0 al 100, donde el valor máximo, o sea el 100, corresponde al máximo valor registrado, o sea a la violencia total antes del embarazo (i=32,42). La comparación de cualquiera de los demás valores con respecto a éste permite encontrar el valor que les corresponde dentro de dicha escala.

Se aprecia que, al considerar a la población en su conjunto, el índice medio de violencia total antes del embarazo (6,39) no cambió significativamente en comparación con el índice medio de violencia total durante el embarazo (6,09; t=-0,604, p>,05). Algo semejante se advierte con el índice de severidad de la violencia sexual, que pasó de 1,12 antes del embarazo a 1,0 durante el mismo (t=-0,12, p>,05). En contraste, los índices de violencia física y emocional sí presentaron variaciones significativas aunque en sentidos opuestos. Mientras que el índice de violencia física disminuyó de 2,5 antes del embarazo a 1,75 durante el mismo (t=-2,66, p<,05), el índice de violencia emocional aumentó al pasar de 7,02 antes del embarazo a 7,89 durante el mismo (t=2,14, p<0,05).

Si toman en cuenta únicamente a la población que sufrió alguna forma de violencia durante el embarazo, las tendencias resultan ser consistentes con los datos anteriores. Se aprecia en la tabla correspondiente que ni la violencia total, ni la violencia física ni sexual experimentaron un cambio estadísticamente significativo al comparar los índices respectivos antes del embarazo y durante el mismo. En todo caso, resulta llamativo que el índice de severidad de la violencia emocional, entre aquellas mujeres que reportaron haber sufrido alguna forma de violencia durante el embarazo, se incrementó significativamente justamente durante este período (9,94) en comparación con los doce meses previos (7,34; t= 3,785, p<,05).

Variables asociadas a la violencia durante en el embarazo

La Tabla 3 presenta un resumen del análisis bivariado realizado tomando a la violencia durante el embarazo (ausencia-presencia) como la variable dependiente. Respecto a las variables sociodemográficas, se aprecia que las mujeres que no completaron los seis años de educación primaria tienen un riesgo 1,77 veces mayor de sufrir violencia durante el embarazo en comparación con aquellas que tienen seis años o más de escolaridad (IC: 1,03-3,06). El hecho de que el embarazo actual haya sido deseado se asocia también a la violencia: el riesgo menor lo presentan aquellas parejas en donde ambos integrantes deseaban el embarazo; mientras que aquellas parejas donde ninguno de sus integrantes deseaba el embarazo tienen un riesgo 1,75 veces mayor de tener violencia (IC: 1.03-2.97).

El hecho de que las mujeres hayan tenido una pareja previa a la actual traduce un riesgo 1,82 veces mayor de tener violencia durante el embarazo en comparación con aquellas que no tuvieron pareja previamente (IC: 1.10-2.99). Y el hecho de que las mujeres tengan por lo menos un hijo con una pareja diferente de la actual traduce un riesgo 1,86 veces mayor de sufrir violencia durante el embarazo que aquellas que no han tenido hijos con otra pareja (IC: 1,00-3,45). También la inversa es significativa: aquellas mujeres cuyas parejas tienen hijos con otras mujeres tienen un riesgo 1,65 veces mayor de sufrir violencia durante el embarazo que aquellas cuyas parejas no han tenido hijos con otras mujeres (IC: 1,00-2,72).

Un segundo grupo de variables asociadas con la violencia durante el embarazo se refiere a los antecedentes de violencia intrafamiliar que reportan las propias entrevistadas. Aquellas que reportaron haber sufrido un nivel medio o alto de violencia durante su infancia presentan un riesgo 3,32 veces mayor de tener violencia durante el embarazo que aquellas que reportaron haber sufrido poca o ninguna (IC: 2,22-4,96). De la misma manera, aquellas mujeres que reportaron que sus parejas masculinas sufrieron violencia media o severa durante su infancia presentan un riesgo 1,82 veces mayor de tener violencia en el embarazo que aquellas que señalaron que sus esposos sufrieron poca violencia o ninguna en aquella etapa (IC: 1,16-2,87). Y finalmente, aquellas mujeres que tuvieron violencia en los doce meses previos al embarazo actual presentan un riesgo 20,25 veces mayor de tener violencia que aquellas que no tuvieron (IC: 12.36-33.18).

Un tercer grupo de variables se refiere a la violencia intrafamiliar que existe simultáneamente junto con la violencia que el marido ejerce contra la mujer embarazada. Se aprecia en la Tabla 3 que las mujeres que declararon que sus esposos castigan físicamente a sus hijos tienen un riesgo 1,74 veces más alto de sufrir violencia durante el embarazo, que aquellas cuyos esposos no golpean a sus hijos (IC: 1,05-2,86).

El caso del abuso emocional contra los hijos presenta un patrón similar: aquellas mujeres que declaran recurrir a insultos, humillaciones y ofensas para con sus hijos, tienen un riesgo 1,88 veces más alto de sufrir violencia por parte de sus esposos durante el embarazo, que aquellas que no abusan emocionalmente de sus hijos (IC: 1,06-3,32). Y aquellas que señalan que son sus maridos quienes abusan así de sus hijos están en un riesgo 5,4 veces mayor de sufrir violencia también ellas mismas, que aquellas que señalan que sus parejas no reprimen a sus hijos de esta forma (IC: 2,68-10,88).

Lo anterior es indicativo, sobre todo, de un ambiente de violencia intrafamiliar, donde un tipo de violencia parece sinergizarse con otro. Sin embargo, dado que la direccionalidad de estos factores no es clara se elegió no incluir estas últimas cuatro variables en el modelo multivariado que es presentada en la siguiente sección.

Finalmente, una variable adicional también asociada con la violencia durante el embarazo se refiere al consumo de alcohol de la pareja: aquellas parejas donde el hombre presenta un alto consumo de alcohol tienen un riesgo 3,2 veces mayor de tener violencia que aquellas donde se reportó que el hombre no consume alcohol (IC: 1,71-5,99).

Las variables que no están asociadas significativamente con el riesgo de que las mujeres embarazadas sufran violencia son: la edad de ambos integrantes de la pareja, el nivel educativo de las parejas de las mujeres, ni el tipo de escuela al que asistieron en la infancia (pública o privada); el que actualmente estén viviendo en el marco de una familia reconstituida (es decir, donde haya hijos que sean sólo de uno de los dos); el que tengan una ocupación diferente de la de ama de casa, ni el tipo de ocupación de la pareja; el que hayan estado usando o no anticonceptivos antes del embarazo actual; el tiempo que llevan de vivir junto con la pareja actual, el número total de hijos, ni si tienen hijos muertos; el tipo de unión (legalizada o no) que tienen las mujeres con sus parejas, el que ella abuse o no físicamente de los hijos, ni el que ella consuma bebidas alcohólicas; la ciudad (Cuernavaca o Cuautla) donde actualmente viven, ni el tiempo de residencia en la localidad actual.

Análisis de regresión logística múltiple

Para el análisis logístico multivariado se contrastó la variable dependiente "Violencia durante el embarazo" dicotómica (presencia, ausencia) contra las 13 variables independientes contenidas en la Tabla 3, organizadas en los tres grupos ahí señalados: variables sociodemográficas, antecedentes de violencia intrafamiliar, y consumo de alcohol entre las parejas de las mujeres. Como señalado anteriormente, fueron excluidas las variables relacionadas con el abuso físico y emocional hacia los hijos porque la direccionalidad de esa asociación es ambigua. El modelo predictivo más comprehensivo y parsimonioso resultó el siguiente:

donde vthp= violencia total en la infancia de la pareja (0=ausente o ligera; y 1=moderada o severa); vfahm1= Mujer presenció violencia física en la infancia (0= No presenció violencia física en la infancia y 1= si presenció algún grado de violencia física en la infancia); y bptacdic= violencia total en el año previo al embarazo (0=ausencia; 1 1=presencia). La bondad de ajuste de este modelo es de 82.32%.

La probabilidad p* estimada de que una mujer sufra violencia durante su embarazo esta dada por: p*=1/[1 + exp(z*)]; pero se sabe que la probabilidad complementaria es q*=1–p*; se tiene entonces que:

Los valores de la Figura reflejan una serie de escenarios en donde el riesgo de que la mujer embarazada sufra violencia se incrementa en función de la combinación de los valores de los tres factores relevantes. Como puede apreciarse, el escenario donde menor probabilidad existe de que una mujer embarazada sufra violencia es aquel donde el marido o pareja no sufrió violencia en su infancia, la mujer no presenció violencia física en la infancia, y no hubo violencia en el año previo al embarazo (la probabilidad es apenas de 0,0631). En el otro extremo, el escenario que tiene la probabilidad más alta de presentar violencia en el embarazo (0,8575) es aquel donde la pareja sufrió violencia durante la infancia, la mujer presenció violencia física en su infancia, y hubo violencia en el año previo al embarazo. La razón entre éstos extremos es de 13,6 a 1. En dicha Figura se aprecia que existen dos grupos de escenarios, en función del riesgo que suponen para las mujeres. El primer grupo, el de menor riesgo, incluye escenarios que van desde aquel que combina los valores más "inocuos" de cada una de las variables y donde, por tanto, la probabilidad de sufrir violencia durante el embarazo es muy cercana a cero; hasta aquellas combinaciones de las variables en donde la presencia de violencia en el pasado lejano de la mujer y su pareja, dan lugar a una probabilidad inferior a 0,28. Este grupo tiene como característica común el que la mujer no experimente ninguna forma de violencia en el pasado cercano. El cuarto grupo, en contraste, incluye los escenarios con más altas probabilidades de presentar violencia, mismas que van del 51% al 85%.

 

 

Como puede apreciarse, estos cuatro escenarios tienen en común la existencia de violencia en el año previo al embarazo. La razón de las probabilidades promedio entre estos dos grupos de escenarios es de 4,5 a 1, es decir, en presencia de violencia en el pasado cercano, las mujeres tendrían 4.5 más probabilidades de sufrir violencia durante su embarazo que aquellas que el año previo no experimentaron ninguna forma de violencia.

 

DISCUSIÓN

Es importante destacar, en primer lugar, el hallazgo reportado en la presente investigación, en términos de la magnitud de la prevalencia de violencia contra las mujeres tanto durante el embarazo (32%) como en el año previo (33,6%). Es decir, un tercio de las mujeres entrevistadas reportaron sufrir violencia durante el embarazo, y un tercio también en el año previo. En segundo lugar, los datos muestran que para una proporción significativa (24%) de las mujeres que sufrían violencia antes del embarazo, éste resultó un factor de protección pues la violencia se suspendió durante el mismo. Pero también para otra proporción importante (27%) de las mujeres que sufrieron violencia durante el embarazo, éste resultó un factor de riesgo, pues la violencia se inició en este período.

La violencia es un fenómeno complejo cuyo estudio exige la inspección cuidadosa de sus diversos componentes. En el presente caso, por ejemplo, ha quedado claro que es la violencia emocional durante el embarazo (28% de prevalencia) la que predomina por encima de la violencia física (15%) y sexual (cerca del 12%).

Si bien la diferenciación entre los diversos tipos de violencia siempre resultará problemática (toda vez que, por ejemplo, toda forma de violencia física presupone también a la violencia emocional), se considera que los hallazgos aquí reportados contribuyen a esclarecer la complejidad del fenómeno. Es precisamente diferenciando estos tres tipos de violencia que se puede dar con uno de los hallazgos centrales de la presente investigación: mientras que, para el conjunto de mujeres que reportaron alguna forma de violencia durante el embarazo, la severidad de la violencia física y sexual se mantiene igual antes y durante el embarazo, la severidad de la violencia emocional se incrementa significativamente. En consecuencia ¿aumenta o disminuye la violencia durante el embarazo? La respuesta es compleja: en términos de prevalencia, permanece relativamente igual. En términos de cambio de estatus, son equivalentes las proporciones de mujeres que con el embarazo comienzan a tener violencia y de mujeres que con el embarazo dejan de tener violencia. Y en términos de severidad, es la violencia emocional, y no la física ni la sexual, la que se incrementa de manera significativa.

¿Cómo dialogan estos hallazgos con los reportados en la literatura? Por una parte, mientras que la edad ha sido señalada como un factor decisivo donde el riesgo se incrementa entre las parejas más jóvenes, en el presente caso no se detectó ninguna asociación en ese sentido. La educación de las mujeres, en cambio, aparece claramente relacionada. También la asociación entre deseo del embarazo y violencia es muy clara.11 Por ello, se piensa que es factible la asociación sugerida en la literatura,12 en el sentido de que la presencia de violencia puede dar lugar a un no uso de métodos anticonceptivos y tener, por lo tanto, un embarazo no deseado. Más aún, la presencia de violencia en la pareja puede limitar a la mujer la posibilidad de negociar la relación sexual, lo cual la hace más susceptible de tener embarazos no deseados; pero también la secuencia inversa es perfectamente factible: la aparición de un embarazo no deseado puede dar lugar a la aparición del fenómeno de la violencia.

La violencia durante el embarazo es parte de un patrón de violencia mucho más amplio, que incluye tanto la violencia durante la infancia2 (de las mujeres y de sus parejas) como la violencia que ejercen las parejas para con sus hijos. Que la violencia en el año anterior al embarazo sea un predictor tan fuerte de la violencia durante el embarazo es ilustrativo, y coincide plenamente con lo reportado en diversas fuentes.14

La identificación de los diversos escenarios de riesgo es un paso fundamental para el desarrollo de intervenciones eficaces en la prevención y tratamiento de la violencia contra mujeres embarazadas.3,17 Un resultado de este proyecto ha sido el desarrollo de un manual para prestadores de servicios de salud, y que busca orientar a aquellos profesionales en cuanto al manejo y canalización que deben dar a las mujeres maltratadas.8

El presente estudio presenta varias limitaciones. La encuesta respondió a un diseño transversal, y sin embargo se solicitó a las entrevistadas que reportaran sobre la violencia presente y pasada. Dado que se entrevistó una sola vez a las mujeres, puede haber sesgos de memoria. Además, se solicitó a las mujeres entrevistadas que reportaran sobre la violencia que ellas y sus parejas sufrieron durante su infancia. Las mujeres que sufren violencia durante el embarazo pueden ser más propensas a recordar el abuso que sufrieron durante su infancia, o a suponer que sus parejas lo sufrieron más intensamente, lo cuál puede traducir sesgos estadísticos. Finalmente, si bien se ofrecieron todas las garantías de confidencialidad y confort para la entrevista, las mujeres pueden minimizar el abuso que ejercen ellas y sus parejas contra sus hijos.

Es necesario realizar más estudios, preferentemente de base poblacional, que permitan comparar la violencia durante el postparto con la ocurrida durante y antes del embarazo. Diversas indicaciones de corte casuístico sugieren que la verdadera diferencia en términos de prevalencia y severidad de la violencia puede estar en estos períodos.13 También es crucial centrar la investigación entre los hombres que ejercen la violencia, si de verdad se busca combatir radicalmente el problema de la violencia contra las mujeres.

 

AGRADECIMIENTOS

A María de la Luz Kageyama del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) por diseño de la muestra; a Luz María Arenas y Rosario Valdéz del INSP, y a Paloma Rodríguez del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM por participar en la supervisión del trabajo de campo; a Rosa Lilia Alvarez y Andrés Menjívar del CRIM-UNAM por el procesamiento de la base de datos.

 

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Dirección para correspondencia
Roberto Castro
Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (UNAM)
Apartado Postal 4-106 c.p. 62431 Cuernavaca, Mor., México
E-mail: rcastro@servidor.unam.mx

Recibido en 2/12/2002
Representado en 27/6/2003
Aprobado en 22/7/2003
Financiado por el Southern California Injury Prevention Research Center, Universidad de California (UCLA), School of Public Health, en Los Angeles (Grant n. CCR903622), y por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, de México (Proyecto n. 11312-M)