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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.39 n.3 Cuernavaca May. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36341997000300001 

EDITORIAL

 

La construcción de una nueva salud pública.
Una tarea multidisciplinaria

 

 

A través de la historia se han elaborado diversas definiciones de la salud pública. Las más antiguas, como la propuesta por Winslow, se han centrado en el tipo de actividades a realizar, en el carácter masivo de tales acciones y en el hecho de que la responsabilidad de llevarlas a cabo suele recaer en el Estado. Más recientemente, se ha sugerido que la base para definir a la salud pública debe ser que su objeto de estudio y su campo de acción corresponden al nivel poblacional.

Esta última visión es el punto de partida para conceptualizar a la salud pública de una manera más amplia. En 1980 Reuel Stallones propuso la idea de que la epidemiología se ocupa del estudio de la salud de las poblaciones, mientras que la medicina estudia la salud al nivel individual y las ciencia básicas a nivel de los órganos y las moléculas. Con lo anterior y tomando en cuenta que la epidemiología es la disciplina toral de la salud pública, resulta natural arribar a un nuevo estadio en su desarrollo, que permite incorporar e integrar el estudio de los procesos de salud y enfermedad junto con el estudio de las formas de respuesta a las condiciones de salud.

Desde un punto de vista epistemológico, la salud pública es un vasto campo para la acción y para la generación de conocimiento, que permite la participación de muchas disciplinas alrededor de un objetivo común que es el mejoramiento de la salud de la población.

Durante la evolución de la salud pública se han identificado tres grandes hechos de carácter casi axiomático, que permiten analizar a la enfermedad como un proceso colectivo y entender el carácter multidisciplinario que requiere una nueva salud pública. El primero se refiere a que la presentación de las enfermedades no sigue un patrón uniforme ni azaroso. En segundo lugar, la salud pública nos ha mostrado que toda sociedad organizada establece, de manera sistemática, una forma de respuesta ante la enfermedad y la muerte. El tercer elemento, apenas recientemente reconocido, se refiere a la intersectorialidad de la salud; ahora sabemos que la salud y la enfermedad son el resultado de una compleja interacción que involucra a las condiciones geográficas, culturales, políticas y económicas que caracterizan a cada sociedad, de manera tal que su área trasciende los límites habituales de lo que suele denominarse el sector salud.

En consecuencia, para la nueva salud pública es indispensable y apremiante emprender todos los esfuerzos posibles para identificar las causas de las enfermedades; adecuar el sistema de salud a las necesidades de la población; concertar la participación multisectorial para abatir las condiciones de vida desfavorables para la salud y viceversa; y para elaborar predicciones de alta calidad que permitan aprovechar al máximo, ahora y en el futuro, los escasos recursos disponibles para la atención de la salud.

La nueva salud pública, para lograr una efectiva confluencia multidisciplinaria, consolidar un quehacer científico riguroso y plenamente reconocido y ampliar su base de reproducción, creando profesionales plenamente identificados y capaces de contribuir efectivamente al mejoramiento de la salud poblacional, debe trascender sus antiguos problemas y limitaciones.

Por una parte, es necesario ir más allá de la práctica de un sanitarismo reduccionista que, por ignorancia, atienda solamente a los aspectos inmediatos de la expresión de la enfermedad, trascendiendo también el énfasis en el diseño y operación de programas de vigilancia y control que pasan por alto los requerimientos políticos y culturales que determinan su impacto. En segundo lugar, se requiere ir más allá de la práctica de una administración acartonada y obsoleta de los servicios de salud, para entrar en una era de creatividad, basada en el entendimiento de las virtudes y limitaciones que tienen las intervenciones disponibles para reconfigurar continuamente los servicios bajo criterios de equidad, efectividad y eficiencia. Finalmente, es indispensable eludir el espejismo de la simpleza; la salud y la enfermedad son el resultado de procesos muy complejos y el hallazgo de una asociación estadísticamente significativa, la medición simplificada de los niveles de salud y las explicaciones basadas en posturas ideológicas, suelen producir más confusión y conflictos que auténticos beneficios.

El gran reto para consolidar a la nueva salud pública es ampliar las perspectivas de nuestro entendimiento, a contracorriente de la tendencia a fragmentar el saber, con respeto a la pluralidad, pero manteniendo celosamente nuestra capacidad para criticar y aceptar las críticas de nuestros colegas.

 

MALAQUÍAS LÓPEZ CERVANTES M.C., PH.D.*

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Frenk J. La salud de la población. Hacia una nueva salud pública. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1993.

Institute of Medicine. The future of public health. Washington, D.C.: National Academy Press, 1988.

McKinlay J. The promotion of health through planned sociopolitical change: Challenges for research and policy. Soc Sci Med 1993;36:109-117

Skrabanek, P. The poverty of epidemiology. Perspect Biol Med 1992;35: 180-182.

Stallones R. To advance epidemiology. Ann Rev Public Health 1980;1: 69-82.

 

 

* Director del Centro de Investigación en Sistemas de Salud, Instituto Nacional de Salud Pública, México.