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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.39 n.5 Cuernavaca Sep. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36341997000500001 

EDITORIAL

 

 

En julio de 1997 la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos de América (EPA, por sus siglas en inglés) determinó la revisión de los estándares Nacionales de Calidad Ambiental para Ozono (O3) y Material Particulado (MP), así como la inclusión de dos nuevos estándares para material particulado menor a 2.5 µ.

Las revisiones recientemente aprobadas por la EPA buscan reducir la exposición poblacional a estos contaminantes y, de esta manera, ofrecer una protección adecuada para la población susceptible. Los valores permisibles se modificarán de la siguiente manera: para ozono, el valor permisible máximo promedio por hora cambiará de 0.12 partes por millón (ppm) a 0.08 ppm promedio máximo por 8 horas; los límites permisibles para MP menor a 10µ serán de 50 µg/m3 promedio aritmético anual y de 150 µg/m3 para los promedios de 24 horas. Los valores para el nuevo estándar de pm 2.5µ serán de 15 µg/m3 para promedio aritmético anual y de 65 µg/m3 para el promedio de 24 horas.

La decisión de modificar los estándares actuales se basa en la revisión de un gran número de estudios experimentales y epidemiológicos que sugieren que los niveles actuales para estos contaminantes no ofrecen una protección adecuada. Los efectos agudos asociados a exposiciones cortas a ozono se observan a concentraciones tan bajas como 0.08 ppm. Los efectos agudos documentados en una gran variedad de estudios incluyen cambios en la función pulmonar, disminución en la capacidad para realizar ejercicio, aumento en la susceptibilidad a infecciones, inflamación pulmonar y aumento en la demanda de servicios hospitalarios, tanto en los de urgencia como en los regulares. La población que se encuentra en mayor riesgo son los niños, ya que con relativa frecuencia realizan ejercicio en exteriores cuando las concentraciones de ozono son altas, y los trabajadores, quienes desarrollan sus actividades principalmente en exteriores, así como los enfermos con problemas cardiopulmonares, ya que presentan mayor susceptibilidad a los efectos de la contaminación ambiental.

Sin embargo, una de las preocupaciones más importantes que motivaron la revisión de los estándares fueron los efectos a largo plazo –efectos crónicos–. Pese a que los estudios epidemiológicos no pueden establecer relaciones causales y a que aún existen dudas sobre qué tan bien representan los estudios experimentales las exposiciones reales de la población, la información actualmente disponible pone de manifiesto la posibilidad biológica de que los individuos expuestos crónicamente a concentraciones altas de ozono lleguen a tener una calidad de vida inferior en etapas posteriores de la vida.

Similarmente a lo reportado para el ozono, existe suficiente evidencia sobre los efectos nocivos del MP sobre la salud de la población. En este número de Salud Pública de México, Romieu y Borja describen los efectos asociados a este contaminante, así como las implicaciones para América Latina. Los efectos del MP incluyen incrementos en la morbilidad respiratoria, en la morbilidad hospitalaria y en la mortalidad por padecimientos cardiopulmonares.

La decisión de la EPA para modificar los criterios ambientales es sin duda un paso importante en la lucha para controlar los niveles de la contaminación ambiental. Al aprobar los nuevos estándares, la EPA reconoce que los niveles actuales no son seguros y que no protegen adecuadamente a la salud de la población, lo que seguramente propiciará la revisión de estándares en otros países.

En México es urgente continuar con las políticas de control ambiental, con el fin de lograr, en el largo plazo, una disminución en los niveles de contaminación ambiental. En la situación actual de los grandes centros urbanos del país, no es pertinente modificar los estándares ambientales, ya que los planes de control recientemente implementados no darán resultados en el corto plazo para cumplir con estos nuevos estándares. Para las autoridades de salud de las grandes urbes en nuestro país, el reto es doble; por un lado, deberán informar a la población sobre los riesgos reales asociados a la contaminación ambiental y a los estándares actualmente vigentes y, por otro lado, deberán encontrar los mecanismos de intervención para disminuir los niveles de exposición a los que actualmente está sujeta la población infantil, esto con el fin de prevenir daño a largo plazo.

 

MAURICIO HERNÁNDEZ-AVILA, M. C., M. Sc., PH.D.*  

 

 

*Investigador Titular "C". Centro de Investigación en Salud Poblacional, Instituto Nacional de Salud Pública, México.