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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.39 n.5 Cuernavaca Sep. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36341997000500010 

CLÁSICOS

 

Presentación

 

 

La epidemiología ha experimentado grandes cambios durante las últimas tres décadas. En esencia, estos cambios no han sido tanto el producto de la relevancia de los hallazgos epidemiológicos, cuanto el resultado de la evolución y consolidación de los conceptos y los métodos que dan sustento a una verdadera disciplina científica.

Desde su origen formal a mediados del siglo pasado, hasta los años sesenta en este siglo, el quehacer epidemiológico fue entendido como la aplicación invariante de un conjunto de procedimientos, cuyo producto sería una descripción simple de "la distribución de las enfermedades o de las condiciones fisiológicas en poblaciones humanas, así como de los factores que influyen sobre esa distribución".1,2

Como es evidente, el primer problema a resolver para constituirse en una verdadera disciplina científica fue encontrar una definición correcta para la epidemiología. Un trabajo pionero en este sentido fue el publicado por R. Stallones en 1980, en el cual propuso como objeto de estudio para la epidemiología a la salud de las poblaciones humanas;3 en torno a esta propuesta se aclaró que el estudio de la fenomenología de la salud humana en los ámbitos individual y subindividual (órganos y moléculas) correspondía a la medicina clínica y a la biomedicina, mientras que el poblacional correspondía a la epidemiología y por ende a la salud pública.

La primera definición basada en el objeto de estudio fue la propuesta por D. Kleinbaum y colaboradores en su libro de texto publicado en 1982, para quienes la epidemiología es sencillamente "el estudio de la salud y la enfermedad en las poblaciones humanas".4 Enseguida, los mismos autores aclaran que la definición no es redundante, ya que la salud debe entenderse como "estados de bienestar" y la enfermedad como "procesos patológicos". De todo lo anterior se derivan al menos dos puntos importantes: el primero es que al dejar de definir a la epidemiología con base en sus métodos o en sus objetivos, queda bien claro que se trata de una legítima disciplina de la ciencia; el segundo punto es que más allá de la simple enumeración de hechos, la epidemiología tiene el propósito de explicar los fenómenos que constituyen su objeto de estudio.

Ahora bien, al trascender las limitaciones de carácter epistemológico, se adquiere el compromiso (también señalado por Stallones en el trabajo citado) de elaborar un cuerpo teórico propio y para cumplir con dicho compromiso ha sido indispensable configurar una vasto cuerpo de métodos, muchos de los cuales provienen de otras disciplinas como la química, la biología, la física y la economía.

De hecho, una medida de la mayoría de edad de la epidemiología como disciplina científica ha sido la participación creciente de una gran variedad de profesionales, en un quehacer otrora casi exclusivo de los médicos. Los programas académicos tienden cada vez más a producir graduados de gran autonomía, orientados a elaborar análisis de fondo para identificar los factores que determinan la salud y la enfermedad, contribuyendo directamente a la definición de mejores políticas y programas de salud. Así, los perfiles académicos modernos se refieren a un profesional que tenga la capacidad de comprender los aspectos biomédicos de la salud y la enfermedad, sin ser necesariamente un clínico; de incorporar elementos de índole social sin ser un antropólogo, un sociólogo o un economista; y finalmente, de tener un sólido conocimiento y manejo de la estadística, sin ser un matemático.

Al tomar prestados y aplicar conceptos y métodos se adquiere la responsabilidad de hacerlo con toda corrección. Precisamente, este es el motivo del artículo de la doctora Regina Elandt-Johnson, que publicó en 1975 el American Journal of Epidemiology. Pocos conceptos son tan caros a la epidemiología y tan frecuentemente utilizados por sus practicantes como el de "tasa". Por lo tanto, resulta paradójico encontrar que este término haya sido tan mal entendido y mal aplicado como ella señala en su texto.

Al publicarse el artículo, el editor del American Journal of Epidemiology incluyó una nota reconociendo la mala utilización del concepto de tasa, particularmente al referirse a la prevalencia, pero al mismo tiempo expresó desaliento en el sentido de que las cosas llegaran a corregirse ya que "el término tasa de prevalencia es tan común, que incluso la gente bien informada al respecto llega a utilizarlo". Afortunadamente, el trabajo de la doctora Elandt-Johnson no pasó desapercibido y junto con los trabajos pioneros que publicó Olli Miettinen durante los años setenta para redefinir las medidas de asociación e impacto, constituyó uno de los fundamentos de los nuevos textos de epidemiología aparecidos durante la década de los ochenta y han modificado a fondo la enseñanza moderna de la disciplina.

Ahora, los epidemiólogos tienen los nuevos libros de texto (todos los cuales, por cierto, citan el artículo de la doctora Elandt-Johnson) y con ellos el armamentario moderno y preciso para la práctica cotidiana y la investigación científica. Lo que hace falta es elaborar modelos abarcativos e integradores, que acomoden lógicamente y sin redundancias los hallazgos aislados en torno a la causalidad de los fenómenos de salud y enfermedad en las poblaciones.

En contraste, la epidemiología podría perderse en el extremo opuesto al de la mala e insuficiente especificación de los conceptos y los métodos, que es la falta de coherencia de los hallazgos epidemiológicos. Esto último fue clara e insistentemente señalado por el doctor Petr Skrabanek en su trabajo "La miseria de la epidemiología", publicado en 1992, que satiriza a los estudios epidemiológicos por la falta de consistencia de sus resultados y por incurrir constantemente en el problema epistemológico de confundir asociación con causalidad.5

Por una parte es indispensable entender y aplicar correctamente nuestros conceptos y técnicas, por la otra evitar la utilización desmedida y la sobreinterpretación de la estadística. Como escribió el mismo Skrabanek pensando en todos los que nos dedicamos al estudio de la salud pública y la epidemiología "la gente no son números".

 

 MALAQUÍAS LÓPEZ CERVANTES, M.C., PH. D.,(1)
RAMÓN ALBERTO RASCÓN PACHECO, M.C., M. EN C. (1)

 

REFERENCIAS

1. Lilienfeld AM, Lilienfeld DE. Definitions of epidemiology. Am J Epidemiol 1978;107(2):87-90.        [ Links ]

2. Lilienfeld AM, Lilienfeld DE. Foundations of epidemiology. 2a. ed. Nueva York: Oxford University Press, 1980.        [ Links ]

3. Stallones R. To advance epidemiology. Ann Rev Public Health 1980;1:69-82.        [ Links ]

4. Kleinbaum DG, Kupper LL, Morgenstern H. Epidemiologic research. Principles and quantitative methods. Belmont: Lifetime Learning, 1982.        [ Links ]

5. Skrabanek P. The poverty of epidemiology. Perspect Biol Med 1992;35:180-182.        [ Links ]

 

 

(1) Centro de Investigación en Sistemas de Salud, Instituto Nacional de Salud Pública, México.