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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.39 n.5 Cuernavaca Sep. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36341997000500014 

Páginas de Salud Pública

 

MARTINEZ-PALOMO A., GOMEZ-DANTES O., LOPEZ-CERVANTES M. CASTRO V. Investigación en salud en México: un esbozo de agenda. México, D. F.: Academia Nacional de Medicina, Comisión Mexicana de Investigación en Salud, 1995.

 

La ciencia y la sociedad tienen lazos indiscutibles e indisolubles, pero en México éstos son casi invisibles quizá porque están escondidos detrás del poco interés que la ciencia y la investigación científica despiertan en el ciudadano común. Esto es desafortunado, pues entre los riesgos que enfrenta cualquier nación que cancela o menosprecia la ciencia, están el de renunciar a la libertad que le otorga el conocimiento, el de subordinar sus decisiones a otras naciones más ricas y prósperas y el de ni siquiera poder aspirar a tener autosuficiencia económica. Es decir, la investigación científica debiera ser parte esencial del proyecto de cualquier nación. Los autores del libro La investigación en salud en México: un esbozo de agenda lo saben tan bien que lo resaltan oportunamente desde la introducción: "Las consecuencias recientes de la actividad científica han sido tan amplias y contundentes que la ciencia bien podría considerarse como el corazón de la sociedad industrial". En México, muchos soñamos con robustecer ese órgano, y sin duda la mejor manera de intentarlo es diagnosticando primero su estado de salud. Este es precisamente el objetivo de este libro, y queda aclarado desde su epígrafe: "Uncover your face, Oh Truth, I want to meet you". Aunque el título de la obra de Martínez Palomo y colaboradores sugiere que ésta sólo trata sobre la investigación en salud, como se verá más adelante su contenido es más amplio pues toca muchos puntos entrelazados con el estado de toda la ciencia mexicana.

Editado por la Academia Nacional de Medicina y por la Comisión Mexicana de Investigación en Salud (COMISA), este libro está dividido en cinco capítulos. El primero lleva al lector desde la estructura legal y el gasto en ciencia y tecnología en México, los recursos humanos, los programas de apoyo y el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), hasta el análisis de los productos de la ciencia mexicana, léase publicaciones científicas. Para esto último los autores comparan la producción e impacto de la ciencia entre los cinco países más grandes de América Latina, de 1981 a 1993. Resulta muy informativo saber, por ejemplo, que México ocupó el tercer lugar de América Latina en el número de artículos producidos en ese periodo, detrás de Brasil y Argentina, y el noveno en el número de citas promedio por trabajo publicado, por debajo de países como Haití, Panamá, Jamaica y Guatemala. Es notable que si se toman en cuenta las publicaciones de los miembros del SNI, tal análisis indica que en 1991 los científicos mexicanos publicaron 1 149 artículos internacionales en revistas con arbitraje; esto representa una productividad de un artículo por año, por cada cinco miembros del SNI. El estándar de oro internacional es de un artículo por investigador por año. A pesar de este nada festejable dato y para que no se piense que hubo sesgo de selección, no anotaré que la disciplina más productiva fue medicina.

El segundo capítulo trata sobre la historia de las ciencias de la salud en México de 1888 a 1980, al tiempo que muestra algunos artículos clásicos que contribuyeron al desarrollo de la ciencia mexicana en esa época y las publicaciones por especialidad sobre la investigación médica en México. No obstante su inevitable carácter inacabado, este capítulo puede resultar informativo para el lector interesado en conocer la historia de la investigación médica que ha sido la de más tradición en México y América Latina.

El capítulo III, "La situación actual de la investigación en salud", es particularmente importante por lo escrito al comienzo de esta reseña. Sigo con las cifras: en 1992, el gasto público federal para la investigación en salud en México fue de 143.4 millones de pesos, cifra equivalente a 0.014% del PIB y 0.28% del gasto total en salud. Siguen ahora las inevitables comparaciones: todos los países industrializados dedican más de 0.1% de su PIB al mismo rubro. El asunto no mejoró en 1994 (antes de diciembre): el Informe de 1994 acerca de los indicadores de la actividad científica y tecnológica, editado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, dice que en ese año el porcentaje del PIB invertido en ciencia y desarrollo en Japón, Alemania, Estados Unidos y México fue de 3.0, 2.8, 2.6, y 0.3%, respectivamente. En el capítulo en cuestión los autores también dan fe numérica del gasto en investigación invertido en 1992 por las diferentes instituciones de salud de nuestro país: Secretaría de Salud, 76.8 millones de pesos; Instituto Mexicano del Seguro Social e Instituto de Salud y Seguridad Social de los Trabajadores del Estado, 40.9 y 5.5 millones de pesos, respectivamente. Estos números representan 1.7, 0.21 y 0.17% del gasto total de cada institución, en el mismo orden. Uno de los datos mostrados en el capítulo III que más llama la atención es el que se refiere a la relación entre el gasto en ciencia y el personal dedicado a la investigación, especialmente el del área de la salud (p.55): con sólo 4% del gasto federal en ciencia y tecnología y 24% del total nacional de investigadores, la investigación en salud genera más de 60% de todos los artículos científicos producidos por investigadores mexicanos. Es decir, la investigación en salud, aunque baja en cantidad, resulta barata. El lector interesado en conocer la lista de los autores mexicanos más citados en la literatura de las ciencias de la salud, sobre todo en Medicine o en Lancet (el libro no aclara por qué sólo se analizan estas dos revistas) y la lista de los ganadores del Premio Nacional de Ciencias de 1948 a 1994, debe consultar este libro.

En 1990 se creó COMISA con el propósito esencial de promover la generación sistemática de nuevos conocimientos en el campo de la salud, como medio para mejorar los niveles de salud en el país. La cuarta parte de la investigación de Martínez Palomo y colaboradores está dedicada precisamente a la presentación de los resultados de dos de las reuniones de consenso que COMISA organizó con expertos nacionales sobre enfermedades cronicodegenerativas y adicciones. Antes, los autores presentan algunas de las estrategias para el fortalecimiento de la investigación en salud identificadas por COMISA: calidad de la investigación, formación de recursos humanos para la investigación, infraestructura para la investigación y modalidades de la investigación. El de la formación de recursos humanos amerita referencia especial. Cito textualmente por su trascendencia: "Existen algunas áreas y tipos de investigación que se encuentran seriamente amenazadas debido sobre todo al escaso número de investigadores con que se cuenta. Esto es particularmente claro en la investigación biomédica, en la que es notable la disminución de la demanda de plazas de investigación". Además de los consabidos bajos salarios que perciben los investigadores y de otros factores, otra explicación a ese fenómeno podría ser que la mayoría (81%) de los miembros del SNI, del área de ciencias biológicas, biomédicas y químicas, en 1993 pertenecían a la categoría de candidatos o al Nivel l, mientras que sólo 13 y 5.8% estaban en los niveles II y III, respectivamente (p.53).

Los recursos públicos destinados a la comunicación, la agricultura, la pesca, la salud, etcétera, en todos los países han sido siempre limitados. Por ello, y después de admitir que cada cosa tiene su razón de ser, las personas que tienen la imposible tarea de columbrar el futuro optan por establecer prioridades. Ciertamente, administrar la investigación científica con base en prioridades es complejo y, por qué no decirlo, hasta poco afortunado. Con todo, es atinado que los autores citen en el capítulo dedicado al asunto de las prioridades dos de las observaciones y recomendaciones de la Comisión de Investigación en Salud para el Desarrollo (Commission on Health Research for Development),* que parecen ser especialmente aplicables a México: a) el trabajo más ignorado en la actualidad es la investigación en problemas específicos que pueda influir en la realidad de cualquier padecimiento, así como el estudio de políticas sobre salud (financiamiento, uso de medicamentos) o del mejoramiento de los programas de operación (manejo de información), y b) todos los gobiernos deberían comprometer 2% de sus presupuestos de salud en investigación.

El único empleo que un país no se puede dar el lujo de perder es el de la salud. La investigación científica es un camino seguro y eficaz para conservarlo y por el que cualquier nación debiera apostar. Con todo y que La investigación en Salud en México: un esbozo de agenda no es sino un ejercicio inacabado, es también una aportación fundamental que testimonia claramente lo que en México podemos hacer para allanar ese camino.

 

ANTONIO R. CABRAL
Departamento de Inmunología y Reumatología,
Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán, México.

 

* Organismo que eligió a México como uno de los modelos de promoción de la investigación nacional en salud y que eventualmente condujo a la creación de COMISA.