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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.39 n.6 Cuernavaca Nov. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36341997000600007 

ARTÍCULO ORIGINAL

 

Elementos para el estudio de la violación sexual

 

JAVIER DE LA GARZA-AGUIAR, M.C., M.S.P.,(1) ENRIQUE DÍAZ-MICHEL, M.C.(1)

 

 

RESUMEN
Objetivo
. Aportar información para describir algunas características de la violación sexual en la Ciudad de México. Material y métodos. Estudio descriptivo de las víctimas de violación atendidas en una institución de atención especializada, de 1990 a 1996. Con el apoyo del psicoterapeuta se aplicó un cuestionario semiestructurado sobre las características de la víctima, el agresor y las circunstancias en que se realizó la violación. Resultados. Se estudiaron 531 víctimas de las cuales 85.8% fueron del sexo femenino; casi la mitad, menores de edad, y hubo una mediana de nueve años de escolaridad. Todos los agresores fueron del sexo masculino, 62% conocidos de la víctima; de éstos 86.7% eran familiares o personas cercanas a la familia. En los domicilios de la víctima o del agresor ocurrieron 55.4% de las violaciones; 49.2% de los casos se presentaron en cuatro de las 16 delegaciones del Distrito Federal. Conclusiones. En la población estudiada la mujer fue el género con más riesgo de ser violada, pero en el grupo de 5 a 14 años de edad fue el hombre. Los desempleados y subempleados son el grupo con mayor probabilidad de llegar a ser agresores. El riesgo de la violación es mayor ante un familiar, la pareja o amigo de la familia que con un extraño, en el domicilio más que en otro sitio. Los hallazgos sugieren pautas para establecer programas preventivos y de atención especializada a víctimas y agresores.
PALABRAS CLAVE: violación; abuso sexual infantil; México

 

ABSTRACT
Objective
. To describe some characteristics of rape in Mexico City. Material and methods. Descriptive study of rape victims who attended a specialized institution between 1990 and 1996. A support psychotherapist applied a semistructured questionnaire on the victims characteristics, the aggressor and the circumstances of the rape. Results. A total of 531 victims were studied, 85.8% were females, almost half were minors and the median of scholarity was nine years. All aggressors were males, 62% were known to the victim, 86.7% were relatives or near to the family. Aggression occurred at the home of the victim or aggressor in 55.4% of the cases, 49.2% of the cases occurred in 4 of the 16 City districts. Conclusions. In the studied population, women were the gender with greatest risk of being raped, except in the 5 to 14 year old group in which boys were in greater risk. Unemployed and underpaid men were the most frequent aggressors. There is a greater risk of being raped by a member of the family, couple or friend than by a stranger, and in the victim’s or the aggressor’s home more than anywhere else. Findings point to the necessity of establishing preventive programs and providing specialized attention to victims and aggressors.
KEY WORDS: rape; child abuse, sexual; Mexico

 

 

Si bien no se ha estudiado de manera suficiente la naturaleza social de la violación, en las investigaciones antropológicas se ha reconocido la existencia de factores socioculturales que propician las agresiones sexuales.1 Las culturas que presentan un sistema de dominación de género contribuyen a la desigualdad tanto social como sexual de las mujeres y los niños, quienes son más vulnerables a la victimización sexual.2 En ese sentido, se ha señalado que la civilización es la que ha creado y fomentado la violación, lo cual queda reforzado por la ausencia de este acto entre los animales. En síntesis, se reconoce que la violación no es la satisfacción de un impulso físico o de un instinto natural, sino más bien un acto cultural.

La falta de conocimiento socioantropológico sobre esta agresión sexual ha impedido que se le otorgue la atención adecuada y ha contribuido a generar creencias erróneas sobre su causalidad. Tal es el caso del comportamiento o forma de vestir de la víctima que puede ser una incitación a la agresión sexual, o bien la idea de que las mujeres a menudo hacen falsas acusaciones de violación o que predominantemente son personas de mala reputación. Como consecuencia de ese desconocimiento, también se han hecho falsas apreciaciones acerca de los violadores, señalando que se trata de enfermos mentales y que, en todos los casos, el agresor es un desconocido, entre otros aspectos. 

La magnitud del problema tampoco se conoce con precisión, ya que sólo se cuenta con información proveniente de los casos notificados, sobre todo del sexo femenino. En Estados Unidos de América hay 75 000 víctimas de violación al año, con una tasa de 28.8 por cada 100 000 habitantes; las estimaciones acerca del total de violaciones no registradas varían de dos a 10 veces dicha cifra, de tal manera que ésta podría ascender a 750 000 violaciones anuales. En relación con las características del evento, los investigadores reconocen que aproximadamente 50% de los agresores por violación son conocidos de sus víctimas y con frecuencia pertenecen a su familia; esto es especialmente importante en las víctimas menores de 10 años y en jóvenes de 13 a 19 años. La mayoría de las violaciones son planeadas y más de la mitad implican el uso de un arma, a menudo una navaja, como apoyo. En cuanto a la severidad, en la mitad de los casos se presentan signos de traumatismo físico y más de 10% de las víctimas precisan tratamiento de urgencia.3 Este tipo de información ha favorecido que se reconozca la agresión no como un acto sexual, sino un acto de violencia.

En Italia se habla de 16 000 violaciones al año, con una tasa de 28.1 por 100 000 habitantes. En España las agresiones por violación son poco denunciadas, quizás porque en 74% de los casos la víctima conocía a su agresor.4 En Colombia durante 1994 se notificaron 30 delitos sexuales por día, es decir, cerca de 11 000 anuales,5 con una tasa de 31.9 por 100 000 habitantes.

En el caso específico de México, existen pocos estudios al respecto, de tal manera que ha sido difícil conocer más a fondo este grave fenómeno que lacera a la sociedad. La Ciudad de México, en particular, tiene un promedio de 6.3 delitos sexuales por día. En cuanto a la violación, su promedio es de 3.4 agresiones diarias. Su incidencia en 1993 fue de 7.5 por cada 100 000 habitantes, y las delegaciones con las tasas más elevadas fueron la Cuauhtémoc (10.7), Venustiano Carranza (13.1), Miguel Hidalgo (13.2) y Coyoacán (15.3).6 En 1996 se registraron 285 violaciones en unidades de transporte público del Distrito Federal (D.F.) lo que representó el 23% del total denunciado en el mismo año; de ésas, 51.2% ocurrieron en "combis" y taxis, 25.6% en el sistema de transporte colectivo metro, 13.6% en microbuses y 9.5% en autobuses. En 39 casos se conoció el turno en el que sucedió la agresión; su distribución fue de 60% en el nocturno, 25.6% en el matutino, y 15.4% en el vespertino y aunque se trata de pocos casos, lo anterior muestra que el mayor riesgo de ser víctima de violación en un transporte público se presenta en el turno nocturno. Estos datos sólo se refieren a las violaciones denunciadas ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal; la incidencia real debe ser mucho mayor.

Otro aspecto que también amerita reflexión es el incremento en la cifra de víctimas masculinas ya que el fenómeno en estos casos muestra características cualitativas diferentes, como es el empleo de la violencia física con más severidad y frecuencia para someter a la víctima.3

Las repercusiones en los individuos agredidos se han determinado a través de estudios con víctimas de violación sometidas a tratamiento psicoterapéutico; básicamente se han notificado disfunciones sexuales, depresión, ansiedad y abuso en el consumo de sustancias psicotrópicas. Después de una violación las víctimas presentan una disminución de 50 a 60%7 del interés sexual. Los hombres víctimas de violación han informado problemas similares.8 Los resultados del tratamiento psicoterapéutico han permitido distinguir repercusiones en el corto y el largo plazo, como se puede apreciar a continuación. Respecto a las de largo plazo, estudios recientes confirman una mayor frecuencia de disfunciones sexuales en las mujeres que fueron víctimas de abuso sexual o violación en la infancia.9-11 En el corto plazo, los resultados de las investigaciones sugieren que las mujeres adultas que han sufrido una experiencia de violación inmediatamente después del suceso presentan síntomas depresivos, alteraciones del sueño y del apetito, pérdida del interés en las actividades cotidianas y de la capacidad de concentración.12-14 Las víctimas de este delito sexual suelen presentar una crisis emocional de inmensas proporciones, cuyos signos y síntomas se van incorporando a su carácter y su personalidad en la medida en que transcurra más tiempo sin recibir ayuda psicológica especializada. Dichos síntomas pueden ser fobias (a la noche, a la calle, etc.), temor a los hombres (en el caso de las mujeres), desconfianza, depresión, sentimientos de culpa, disnea, anhedonia y disfunciones sexuales.15 Por tal motivo, los traumas psicológicos y físicos que presenta la víctima de violación requieren de atención médica psiquiátrica y psicológica competente, de alta calidad científica y humanista por parte de los profesionales de la salud.

Las investigaciones sobre los violadores no demuestran un perfil específico del agresor. Todos aparentan ser personas normales, sin rasgos que permitan identificarlos y, en la mayoría de los casos, se trata de conocidos, amigos o familiares de las víctimas.16 Cuando el agresor es la pareja habitual de la mujer, el hecho se conoce como violación marital y según algunos estudios ésta se presenta con una frecuencia tan elevada que en ocasiones llega a ser de más del doble de las consumadas por un extraño; una de cada ocho mujeres afirma haber sido violentada de esta forma. Existen, además, datos de violadores juzgados y declarados culpables que, desde luego, no son aplicables a todos los agresores sexuales. Sin embargo, se destaca lo siguiente: 75% tenían menos de 30 años de edad, 70% eran solteros y 80% tenían baja escolaridad.17

La violación es un problema de salud pública que involucra una perspectiva multidisciplinaria: médica, jurídica, psicológica, psiquiátrica y sociológica (de trabajo social y sociología); demanda un tratamiento asistencial ya que este tipo de agresión sexual deja efectos psicológicos negativos a corto y largo plazo, como ya se refirió previamente. Una de las razones por las que este problema no se atiende bajo la perspectiva de la salud pública es la falta de datos; la principal causa puede ser la dificultad para la obtención de información. En este estudio se busca hacer aportaciones iniciales para describir algunas de las características del fenómeno en el país (víctima, agresor y circunstancias), que sirvan de base para iniciar la investigación en el futuro sobre aspectos de causalidad y, a su vez, permitan establecer sólidos programas preventivos de este grave problema social.

 

Material y métodos

Para recopilar la información se diseñó un cuestionario con preguntas cerradas y abiertas, para revisar los aspectos mínimos sobre la víctima, el agresor y las circunstancias en las cuales ocurrió la violación, todo lo cual permitiría, a su vez, la elaboración de los perfiles de los involucrados y la forma en que ocurre este evento. La investigación de tipo descriptivo incluyó entrevistas con 531 víctimas atendidas por violación en el Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar y Sexual (AVISE) de la Ciudad de México, de octubre de 1990 a diciembre de 1996. AVISE es una institución de atención especializada en violencia intrafamiliar y sexual que cuenta con programas preventivos y asistenciales; los usuarios acuden a la misma como resultado de las actividades de difusión y prevención que realiza, o bien, por las recomendaciones de pacientes que han sido atendidos previamente. Esto, como se puede apreciar, es una limitante del estudio ya que no permite generalizar sus datos. No obstante, proporcionan una imagen sobre los pacientes que han solicitado apoyo para atender la grave crisis emocional en la que se encuentran inmersos y que, además, han tenido el valor suficiente para afrontar una problemática que aún es tabú para muchos sectores de la sociedad mexicana.

Para los fines de este estudio se consideró como violación, con base en el Código Penal del Distrito Federal, el acto mediante el cual un sujeto realiza la cópula con una persona de cualquier sexo, por medio de la violencia física o moral; entendiéndose por cópula la introducción del miembro viril en el cuerpo de la víctima por vía vaginal, anal, u oral. Este acto puede ser realizado por un solo agresor y sin ningún tipo de agravantes, y se conoce como violación simple; con la participación de dos o más sujetos, tumultuaria; entre parientes consanguíneos, incestuosa; y equiparada, cuando se realiza con menores, o personas incapaces de comprender el significado del hecho, o bien cuando se introduce por las vías referidas en el cuerpo de la víctima, cualquier instrumento distinto al miembro viril.18

Los criterios de inclusión fueron: a) que las víctimas acudieran a AVISE, para recibir apoyo terapéutico; b) que aceptaran participar en el estudio; y, c) que hubieran recibido, por lo menos, una sesión de terapia psicológica.

 

Resultados

Las principales dificultades al aplicar el cuestionario fueron las siguientes: a) en el caso de agresores desconocidos las víctimas no pudieron proporcionar todos los datos que se solicitaron; y, b) en algunos casos de agresores conocidos las víctimas prefirieron no responder ciertas preguntas; en la revisión de campo no se insistió sobre la información faltante para no interferir con el proceso terapéutico. Esos casos fueron considerados en la opción "no contestó". Esta circunstancia refleja la enorme dificultad que prevaleció durante el desarrollo de la investigación para obtener la información, ya que el hecho de indagar datos tan simples como edad, ocupación y sitio en el que ocurrió la agresión en ocasiones representó un gran riesgo de provocar en el paciente un estado de crisis. En consideración a su situación en todos los casos se buscó el acuerdo y apoyo del terapeuta responsable, quien determinaba el momento apropiado para aplicar el cuestionario. En promedio la aplicación se hizo en la cuarta sesión de terapia psicológica. Los resultados se presentan de acuerdo con los tres capítulos en que se dividió la encuesta: víctima, agresor y circunstancias.

De las víctimas, 85.9% fueron del sexo femenino; por grupos de edad, 27.7% fue menor de 15 años; 49.9% (o sea una de cada dos víctimas) fue menor de 20 años de edad y 79%, menor de 30 años. Al correlacionar las variables de edad y sexo se encontró que en el grupo de 5 a 14 años ocurrieron 18.5% de las violaciones en mujeres, mientras que para el sexo masculino fueron 70.4%. De las mujeres 13.4% manifestaron haber presentado embarazo, y de éstas 54.1% deseaban abortar, 43.2% tener el producto y 2.7% refirieron, en el momento de la aplicación de la cédula, que aún no habían decidido qué hacer al respecto. De las que expresaron su deseo de tenerlo sólo 6% indicaron que lo iban a dar en adopción.

En cuanto al estado civil, 67.7% de las víctimas eran solteras; 26.6% estaban casadas o vivían en unión libre; y, 5.7% no tenían pareja (divorciadas o separadas, viudas y madres solteras). Respecto al nivel de escolaridad 55.2% tenían primaria y/o secundaria completas; 83.8% tenían hasta nivel medio superior; y, el 7.9% restante, nivel superior o profesional. La mediana fue de nueve años de escolaridad.

La ocupación de las víctimas en 64.1% correspondía a estudiantes o estaban dedicadas a las labores del hogar; en orden de importancia les seguían las empleadas y trabajadoras domésticas que, sumadas a las anteriores, representan 84.8%; 6.9% estaban desempleadas y subempleadas; 3% eran profesionistas y 5.3%, obreras, comerciantes y técnicas.

Con respecto al agresor, todos fueron del sexo masculino; 76.3% correspondieron al grupo de edad de 15 a 44 años; y, 42.6%, a menores de 30 años. El estado civil se conoció en 360 casos (64.6%) y, de éstos, 53.2% eran solteros; 43.5%, casados o en unión libre; y, 3.3%, divorciados. En relación con su nivel de escolaridad (cuadro I) 30.9% tenían primaria o secundaria completa; 40.8%, hasta nivel medio superior; y, 5% nivel superior o profesional. En 40% de los casos no se conoció este dato. En los 334 casos en que sí se contó con la información, la mediana fue de seis años de escolaridad.

 

Cuadro I
NIVEL DE ESCOLARIDAD DEL AGRESOR. CENTRO DE ATENCIÓN A LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR Y SEXUAL.
CIUDAD DE MÉXICO, 1990-1996*

Escolaridad

No.

%

Primaria completa

105

18.9

Nivel medio superior

55

9.9

Sabe leer y escribir (primaria incompleta)

52

9.3

Secundaria

67

12.0

Nivel profesional

28

5.0

No sabe leer ni escribir

16

2.9

Sabe leer

11

2.0

Lo desconoce

116

20.8

No contestó

107

19.2

Total

557*

100.0

* Información proporcionada por la víctima. Esta cifra es superior al número de víctimas, por las violaciones en las que participaron dos o más agresores (tumultuarias)

 

En cuanto a su ocupación (cuadro II), la quinta parte eran profesionistas y estudiantes (22.3%) que, sumados a los empleados, concentraron más de la tercera parte (37.0%). Los obreros y comerciantes representaron el 5.8%. Los subempleados y desempleados fueron con la cifra más elevada: 22.6%. En 32% de los casos no se pudo averiguar esta variable.

 

Cuadro II
OCUPACIÓN DEL AGRESOR. CENTRO DE ATENCIÓN A LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR Y SEXUAL.
CIUDAD DE MÉXICO, 1990-1996*

Ocupación

No.

%

Empleado

82

14.7

Subempleado

81

14.5

Estudiante

80

14.4

Desempleado

45

8.1

Profesionista

44

7.9

Obrero

17

3.1

Comerciante

15

2.7

Chofer

8

1.4

Jubilado

4

0.7

Campesino

1

0.2

Curandero

1

0.2

La desconoce

67

12.0

No contestó

112

20.1

Total

557*

100.0

* Esta cifra es superior al número de víctimas, por las violaciones en las que participaron dos o más agresores (tumultuarias)

 

En cuanto a si el agresor era conocido o no de la víctima, 62.1% eran conocidos de la misma. De los 346 agresores conocidos, 43.7%, cerca de la mitad, fueron familiares cercanos (padre, tío, hermano y primo) como se presenta en el cuadro III, que sumados al esposo, pareja o concubino, vecino, amigo y padrastro, representan 86.7%. Lo anterior significa que casi en una de cada dos violaciones el agresor conocido fue un familiar consanguíneo (violación incestuosa), y nueve de cada diez fueron realizadas por un familiar o un individuo cercano a la familia.

 

Cuadro III
RELACIÓN DEL AGRESOR CONOCIDO CON LA VÍCTIMA.
CENTRO DE ATENCIÓN A LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR Y SEXUAL. CIUDAD DE MÉXICO, 1990-1996*

Condición

No.

%

Padre

49

14.2

Tío

46

13.3

Vecino

43

12.4

Esposo, pareja o concubino

38

11.0

Primo

37

10.7

Padrastro

36

10.4

Amigo

32

9.2

Novio o ex novio

20

5.8

Hermano

19

5.5

Jefe o compañero de trabajo

10

2.9

Compañero de escuela

5

1.4

Cuñado

5

1.4

Abuelo

2

0.6

Familiar lejano

2

0.6

Sobrino

1

0.3

Hijo

1

0.3

Total

346*

100.0

* Estos fueron los agresores conocidos de la víctima y correspondieron al 62.1% del total

 

En relación con el sitio en que se llevó a cabo la violación, 55.4% (más de una de cada dos violaciones) ocurrió en los domicilios, tanto de la víctima como del agresor. Le siguieron en orden de importancia los vehículos, terrenos baldíos y vía pública con el 31.1%. Las ocurridas en vehículos (19.8%) en todos los casos fueron en unidades de transporte público.

Al considerar la distribución geográfica se encontró que cerca de la mitad de los casos atendidos por el centro AVISE (49.2%) fueron víctimas de violaciones ocurridas en las delegaciones Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero, Iztapalapa y Miguel Hidalgo, mismas que, sumadas con Alvaro Obregón y Venustiano Carranza, alcanzaron el 69.3%, es decir, siete de cada 10 violaciones ocurrieron en seis delegaciones. En Milpa Alta, delegación "rural" del D.F., no se reportaron casos para su atención en AVISE. En lo tocante al momento en que ocurrió la violación, se encontró que entre las 17:00 y las 23:00 horas hubo 40.1%, y entre las 7:00 y las 11:00 horas, el 21.6%.

Para someter y violar a su víctima, 51.8% de los agresores recurrieron a la fuerza física y/o amenazas; 24.6%, a engaño y sus combinaciones, con amenazas y fuerza física; en conjunto aportaron 76.4% de los casos. De éstos, 92.5% fueron agresores conocidos. El 23.6% utilizó armas, fármacos y sus combinaciones con las anteriores, de los cuales 62.3% fueron agresores desconocidos. En 25.3% de los casos se produjeron lesiones físicas, y en 28.9% (7.3% del total) de esos casos hubo lesiones que pusieron en peligro la vida de la víctima. Sobre el tipo de lesiones ocasionadas por la agresión hubo 40.3% con hematomas, 29.1% con contusiones, equimosis en 21.3%, hemorragia en 4.8%, contuso-desgarrante en 4.8%, combinaciones de las anteriores en 8.1% y heridas con arma punzocortante en 1.6% de los casos.

 

Discusión

En este estudio, al igual que en los de carácter socioantropológico, se encontró que la violación ocurre sobre todo en mujeres jóvenes y niños. La elevada incidencia en el sexo masculino, en el grupo de 5 a 14 años de edad -que fue superior en un 380% a la del femenino del mismo grupo- es una evidencia del alto riesgo de violación en niños en comparación con las niñas.

Otro aspecto que debe referirse en relación con la frecuencia de la agresión en hombres, es que a lo largo de los siete años de estudio esta proporción se ha mantenido estable, a diferencia del incremento de las violaciones en el sexo masculino notificadas por algunos autores. La media de edad de las víctimas fue de 19.6 años. Una de las consecuencias importantes de la violación es la probabilidad de embarazo, ya que 52.1% de la población comprende a mujeres en edad fértil (entre los 15 y 44 años), y en este caso una de cada 10 mujeres violadas se embarazaron, lo cual equivaldría a decir que una de cada cinco mujeres en edad fértil, o sea 20%, corren el riesgo de presentar embarazo si son violadas. Las consecuencias psicológicas tanto para la víctima como para el producto son terribles puesto que casi una de cada dos mujeres violadas deseaba el aborto; sin embargo, para obtener la autorización legal es necesario un proceso jurídico que en ocasiones dura más de seis meses, lo cual, por lo avanzado del embarazo, impide la realización del aborto. Esa situación ocasiona que, al igual que las mujeres que manifestaron su deseo de tener el producto, las que deseaban abortarlo lleven a lo largo de su existencia el recuerdo constante de la violación sufrida. Prácticamente 50% de las víctimas son menores de edad, por lo que desde el punto de vista jurídico se pueden conformar, además del delito de violación o en su lugar según sea el caso, los de estupro, incesto y corrupción de menores.

Sobre el estado civil, la mayoría de las víctimas eran solteras, como era de esperarse de acuerdo con el grupo de edad predominante. Sin embargo, debe tomarse en cuenta que más de la cuarta parte de las víctimas eran mujeres con pareja e hijos, de tal manera que la problemática que se suscita a raíz de la violación adquiere mayor trascendencia social y debe ser objeto de una investigación específica. Las mujeres sin pareja, que tradicionalmente se identifican como un grupo vulnerable o atractivo para el agresor, fueron el grupo de menor incidencia.

Puede considerarse que el nivel de escolaridad de las víctimas es elevado con respecto al nivel nacional de la población adulta que, en 1994, alcanzó los siete años de escolaridad19 y aun mayor que el del agresor que sólo fue de seis años. Este hallazgo no es congruente con la creencia general de que la violación es más frecuente en personas con bajos niveles educativos y que nunca ocurre en profesionistas, por lo que es necesario analizar si el nivel educativo de un individuo guarda relación con el riesgo de ser víctima de violación o bien de ser agresor.

En lo referente a la ocupación se encontró que el grupo de víctimas más vulnerable fue el de estudiantes y amas de casa dedicadas al hogar, seguido por el de empleadas y trabajadoras domésticas que, por lo tanto, deben conformar los universos de acción prioritarios para el establecimiento de programas preventivos.

La totalidad de los agresores pertenecían al sexo masculino; esto significa que los factores culturales y sociales influyen de manera determinante en este tipo de delitos en nuestra sociedad, lo que refuerza lo señalado en el capítulo de introducción. Por lo común, el agresor se encuentra en la etapa de mayor actividad sexual y en la plenitud de su fuerza física, lo que coincide con el grupo de edad (15 a 44 años) que concentró casi a las tres cuartas partes de los agresores. En relación con los menores de 30 años hubo una diferencia de más de 30% con lo informado en la literatura sobre los violadores juzgados y declarados culpables.17 Esto debe ser motivo para promover la investigación de las características de estos individuos, lo cual permitirá identificar los grupos de edad con mayor riesgo de llegar a ser agresor.

El estado civil también mostró diferencias con el 70% notificado para el grupo de agresores convictos, ya que prácticamente uno de cada dos agresores tenía o había tenido pareja. En los agresores conocidos 70.2% contaban con pareja, situación inversa a lo notificado con los agresores procesados. La escolaridad se conoció en 60% de los agresores y en éstos fue sensiblemente menor a la de las víctimas, que coincide con lo informado para el grupo de los violadores juzgados y declarados culpables. Esta baja escolaridad del agresor fue más evidente en el subgrupo de los que tenían hasta educación media superior, ya que el porcentaje de las víctimas con este nivel fue más del doble del observado en los victimarios.

En cuanto a la ocupación, el hallazgo de que el subempleado encabece al grupo, coincide con lo informado en la literatura internacional, la que expresa que éste y el desempleado constituyen los grupos de más alto riesgo de convertirse en agresores de violencia sexual. Por otra parte, también es necesario tomar en cuenta a los agresores que tenían ocupación, entre los que destacaron los empleados, estudiantes y profesionistas, ya que integraron una proporción considerable.

En un poco menos de las dos terceras partes los agresores eran conocidos de la víctima y casi la mitad de éstos son familiares, por lo que pueden estudiar y planear el ataque. Es necesario considerar esta circunstancia en los programas preventivos ya que habitualmente la violación se asocia con desconocidos y, en muy pocas ocasiones, se sospecha que el violador sea un familiar o alguna persona muy cercana y apreciada por la familia. Las violaciones maritales se informaron (por las víctimas) por primera ocasión en 1994, y con sólo tres años de haberse notificado se ubican en el cuarto lugar de frecuencia, por lo que seguramente su incidencia real es mucho mayor, lo que concuerda con lo informado por la literatura internacional.

Respecto al sitio en que se realizó la violación, en concordancia con la frecuencia de los violadores conocidos, más de la mitad ocurrió en los domicilios, lo cual cuestiona la difundida creencia de que la violación siempre ocurre en un sitio despoblado, oscuro y marginado. No obstante, cuando se trató de violadores extraños a la víctima (37.9%), los hechos sí ocurrieron en sitios aislados y oscuros. Coincide la proporción observada en unidades de transporte público con lo reportado por la Procuraduría General de Justicia del D.F. En cuanto a las delegaciones donde ocurrió la violación, es interesante hacer notar que las mismas reportan los más elevados índices de delitos en general, para el periodo en que se realizó la investigación, y tres de ellas -Cuauhtémoc, Venustiano Carranza y Miguel Hidalgo- coincidieron con lo notificado en la literatura. La determinación de las condiciones socioeconómicas por las que aquellas delegaciones tienen mayor incidencia en este tipo de delitos, y desde luego, su ausencia en una de las delegaciones "rurales" del D.F. serán materia de una investigación posterior. En el caso de los agresores conocidos, las horas de mayor interacción víctima-victimario son las que favorecen o predisponen al ataque y se relacionan con actividades domésticas en el hogar. En los desconocidos fueron las horas en que la víctima se transporta, ya sea por la mañana o con más frecuencia por la noche.

Los violadores utilizan la fuerza física, amenazas y/o engaños con diversas combinaciones para someter a su víctima, en una proporción similar a la reportada en la literatura. Lo que llama la atención es la elevada proporción de los violadores conocidos que emplean la violencia física para lograr su cometido. Esta circunstancia apoya el señalamiento de que la agresión, más que un acto sexual, es un acto de violencia. Esta situación debe ser considerada en las investigaciones sobre el agresor, ya que será de gran utilidad para el conocimiento de su etiología.

Como se puede apreciar en las líneas precedentes, la violación es un problema complejo, multicausal, cuya magnitud, si bien se desconoce, probablemente es de grandes dimensiones, por lo que debe fomentarse su investigación, aún en ciernes; los resultados que aquí se presentan deberán emplearse para sustentar programas preventivos y de atención especializada a las víctimas y, desde luego, a los agresores.

 

REFERENCIAS

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(1) Profesor, Departamento de Salud Pública, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México.

 

Fecha de recibido: 7 de mayo de 1996 · Fecha de aprobado: 5 de septiembre de 1997

Solicitud de sobretiros: Dr. Javier de la Garza Aguilar. Retorno 52 núm. 24, colonia Avante Coyoacán, 04460 México, D.F.