SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.41 issue6Sexualidades en México. Algunas aproximaciones desde la perspectiva de las ciencias sociales author indexsubject indexarticles search
Home Page  

Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.41 n.6 Cuernavaca Nov./Dec. 1999

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36341999000600011 

PÁGINAS DE SALUD PÚBLICA

 

 

a09i1.gif (24309 bytes)

Curbing the Epidemic: Governments and the economics of tobacco control. Washington, D.C.: World Bank, 1999.

 

Hace apenas unos días, la población mundial llegó a los seis billones de personas. De acuerdo con las estimaciones más recientes, existen 1.1 billones de fumadores, y, como consecuencia de los actuales patrones de consumo de tabaco, por lo menos 500 millones en el futuro serán víctimas del mayor riesgo de muerte conocido por la humanidad. Para el año 2030, el tabaco será la causa de muerte más importante en el mundo y será responsable de 10 millones de fallecimientos al año.

Estas cifras son motivo de una profunda reflexión por parte del Banco Mundial (BM), debido a los costos derivados de la atención a los problemas de salud y la muerte prematura de los fumadores, quienes pierden entre 20 y 25 años de vida por el simple hecho de inhalar unos cuantos cigarrillos al día. El debate alrededor del consumo de tabaco empieza a tocar los escenarios económicos y demanda una respuesta urgente para controlar lo que seguramente será la epidemia más importante del siglo.

El consumo de tabaco se contempla como una opción personal que el individuo – generalmente un joven o un adolescente – toma de manera consciente y voluntaria; se presume que, además, conoce los riesgos que, para su salud, conlleva el hábito tabáquico. Esta visión simplista acerca del tabaquismo está rodeada de las imágenes de éxito, diversión, seguridad y placer que constante e intencionalmente aparecen en los medios de comunicación visuales y auditivos. El acto de fumar no es así sólo un problema individual, pues está vinculado a las fuertes influencias del mercado y la publicidad y, sobre todo, a la inmensa riqueza obtenida de la actividad económica que está detrás de la producción de cigarrillos.

El uso del tabaco empezó formando parte de los rituales de las culturas prehispánicas mesoamericanas; más tarde se exportó a Europa, y, a partir del siglo XIX, inicia la producción masiva y el comercio a gran escala de cigarrillos. El consumo de tabaco alguna vez estuvo considerado como un lujo propio de los salones aristocráticos, los artistas cinematográficos y los héroes de múltiples campañas militares. La mayor parte de la prevalencia del consumo a mitad del siglo XX se detectó inicialmente entre la población masculina de los países ricos. Por ejemplo, 55% de los hombres de Estados Unidos de América (EUA) fumaban en ese entonces porque se desconocían los efectos adversos que ello producía y por el glamour que daba sostener un cigarrillo entre los labios. Ahora que se sabe de los fatales riesgos que conlleva el hábito tabáquico, sólo 28% de los hombres en los países desarrollados fuma.

El consumo de tabaco ahora se ha trasladado a las mujeres de las naciones desarrolladas o a aquellas de altos ingresos, así como a los hombres de bajo nivel socioeconómico. Este cambio se ha generado a raíz de la liberación de los acuerdos comerciales internacionales; durante la década de los años ochenta, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Tailandia cedieron a las presiones comerciales de EUA y abrieron sus mercados al comercio del tabaco. Como resultado, en 1991 el consumo per cápita de cigarrillos fue 10% mayor al esperado de haberse mantenido las barreras comerciales a este producto.

En 1990, las autoridades de Tailandia intentaron prohibir la importación de cigarrillos y la publicidad que alentaba su consumo, pero rápidamente recibieron una amenaza por parte de las compañías tabacaleras estadunidenses. Curiosamente, después de una reunión del Acuerdo General para el Tratado de Aranceles (GATT), se estableció que Tailandia no podía prohibir la importación de cigarrillos, aunque se le permitió incrementar los impuestos, prohibir la publicidad y regular los precios de venta.

El mensaje que yace detrás de este acontecimiento es que las fuerzas del libre mercado son más importantes que la salud de la población, sobre todo de aquella que vive en los países pobres. A las compañías estadunidenses, que monopolizan la producción de cigarrillos en el ámbito mundial, les importa producir para comercializar en otras naciones, pues en su propio país están expuestas a posibles demandas legales y porque el consumo de tabaco ha disminuido gracias a las restricciones sanitarias que se han establecido. Estas compañías saben que pueden inducir el consumo en los países pobres, pues sus intereses están protegidos por acuerdos comerciales internacionales.

Las presiones sobre el precio y el impuesto al consumo de tabaco reflejan una enorme inequidad regional; los países con altos ingresos cobran, en promedio, tres dólares por cajetilla, de los cuales dos son impuesto, mientras que en las naciones de bajos ingresos el precio es menor a 50 centavos de dólar y el impuesto equivale a poco menos de la mitad. Si existe un promotor del consumo de tabaco, ése es el precio, y es evidente que a medida que este último baja, el consumo aumenta.

El documento del BM es muy claro al describir las ascendentes tendencias del consumo de cigarrillos. Uno de los puntos centrales de este trabajo señala que el hábito tabáquico es un problema de las poblaciones pobres, jóvenes, de bajo nivel educativo y de bajos ingresos. Las muertes atribuibles al consumo de tabaco representan sólo 5% en las poblaciones con una educación media y superior, y este porcentaje se incrementa a 19% en los grupos que tienen primaria como máximo nivel educativo.

Los patrones regionales nos indican que, en 1995, 49% de los hombres y 9% de las mujeres en las regiones de bajos ingresos eran fumadores, mientras que en las de altos ingresos, estas proporciones alcanzaban 39 y 22%, respectivamente. Aquí se encuentra uno de los aspectos centrales del problema. Los hombres de los países ricos están dejando de fumar, al contrario de lo que sucede con sus homólogos en las naciones pobres. Por otro lado, las mujeres de los países de ingresos altos fuman más que aquellas que viven en las naciones menos desarrolladas. Esto pone de manifiesto las presiones que existen o existirán en el corto plazo, para que las mujeres de los países pobres empiecen a fumar. Así, las consecuencias que el hábito tabáquico puede tener sobre la salud de las mujeres y sus hijos seguramente se unirán a la ya amplia gama de problemas que se generan en el binomio madre-hijo dentro de las naciones de bajos ingresos.

Diversas intervenciones para cambiar el consumo de tabaco y sus efectos nocivos sobre la salud de las mujeres y los jóvenes del mundo están disponibles. El aumento del impuesto a la compra de cigarrillos, los mensajes preventivos en las cajetillas, las campañas en contra del consumo de tabaco, la regulación de la publicidad, los programas educativos en las escuelas, la prohibición de fumar en espacios públicos y de trabajo, las restricciones en el acceso al tabaco para las poblaciones jóvenes, el subsidio para la diversificación de la producción agrícola y los controles comerciales, todas ellas son medidas que ayudan a combatir el consumo de cigarrillos.

El BM, al parecer, se incorpora a esta lucha desde 1991, al no apoyar ningún programa que tenga vínculos con la producción y la comercialización de tabaco, así como con la importación de tecnología para la industria tabacalera. Sin embargo, ha puesto énfasis en la regulación del precio del tabaco, para reducir la demanda. El problema no se resuelve cuando existen muchos países que dependen de dicha industria para la generación de empleos, no sólo en el campo, sino también en el sector secundario y en el de servicios. El escenario se complica cuando las naciones necesitan de los recursos generados por la recaudación fiscal derivada de la producción y la comercialización del tabaco, para pagar el monto de su deuda.

Este informe del BM constituye un documento central para identificar el complejo fenómeno social, económico y político en el que se ha transformado el tabaquismo durante el siglo XX, mismo que no tardará en convertirse en la epidemia más importante del futuro inmediato. El combate se debe dar en todos los niveles: en el hogar, la escuela y el trabajo; entre los amigos, los enemigos, los políticos, los economistas, los médicos, los agricultores y hasta entre los publicistas. La medicina atiende las consecuencias del consumo de tabaco: las demandas de atención y la muerte prematura. La salud pública, por su parte, empieza a articular respuestas de control y prevención. Sin embargo, se trata de una lucha tanto global como individual que rebasa al campo médico y se infiltra en el ámbito de la ética. Hoy parece necesario luchar por cambiar el principio de la máxima ganancia económica por el de la máxima ganancia en la salud mental.

 

Héctor Gómez-Dantés.
Investigador titular B.
Centro de Investigación en Salud Poblacional,
Instituto Nacional de Salud Pública, México.