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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.41 n.6 Cuernavaca Nov./Dec. 1999

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36341999000600012 

PÁGINAS DE SALUD PÚBLICA

 

 

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Szasz I, Lerner S, comps. Sexualidades en México. Algunas aproximaciones desde la perspectiva de las ciencias sociales. México, D.F.: El Colegio de México, 1998.

 

Este libro se suma al esfuerzo editorial de El Colegio de México y a la decidida voluntad de las compiladoras para dar a conocer a un público amplio, tanto los resultados de investigación de colegas que han abierto distintos espacios de formación y discusión dentro del Programa de Salud Reproductiva y Sociedad, como textos que, aunque recientes, son ya clásicos y resultan indispensables para todos aquellos interesados en el estudio serio de la sexualidad. Muchas de las contribuciones reunidas en la primera y segunda parte del libro corresponden al primer tipo de trabajos, mientras que las conferencias sobre sexualidades contemporáneas, de Jeffrey Weeks, atienden al segundo.

Tiene razón Ivonne Szasz cuando en la introducción de este libro sostiene que "el estudio de la sexualidad se inicia en México en fecha relativamente reciente, y [que] su planteamiento, desde diversas perspectivas de las ciencias sociales, apenas comienza". También es verdad que la sexualidad es un fenómeno complejo, histórica y culturalmente dado, que varía según la época, la región, la cultura, el género, la clase y la generación; al igual que estas dimensiones, la sexualidad a su vez estructura la vida cotidiana, las creencias, los significados y los sentidos de vida de los sujetos individuales y actores sociales.

La gama de trabajos que conforman este libro muestra los temas que la investigación sobre sexualidad en México ha privilegiado durante los últimos años, y en ellos destacan claramente tres enfoques que dan cuenta tanto de los intereses académicos en este campo como del estado del arte del tema en este país. Dichos enfoques son: la búsqueda histórica de los significados, la comparación de comportamientos sexuales entre grupos sociales específicos y la urgente necesidad de contar con cuerpos teóricos que hagan posible acceder a la complejidad del tema.

Respecto a las metodologías utilizadas hoy en día para el estudio de la sexualidad en México, Ivonne Szasz señala en la introducción las limitantes propias de las encuestas por muestreo, así como de los enfoques biomédicos y sociodemográficos, que en general tienden a confundir las prácticas con los significados y aspiran a ordenar y clasificar a los individuos según criterios normativos. A pesar de ello y de que los tres enfoques mencionados en el párrafo anterior apuntalan la pertinencia de los estudios cualitativos, en algunos de los textos reunidos en este volumen se da cuenta también de que los recursos metodológicos diseñados dependen del enfoque de la investigación; se plantea, asimismo, que el objetivo expreso de un estudio marca la conveniencia de utilizar dispositivos de corte cualitativo y/o cuantitativo – tal como sucede con el trabajo de Nelly Salgado –, y se reconoce que ambas metodologías cuentan con distintas virtudes, deficiencias y alcances.

Por otro lado, el hecho de que este libro muestre el estado del arte de los estudios sobre la cultura sexual en México constituye un logro muy importante. Cabe decir que el mejor indicador de lo valioso que puede resultar la publicación de un libro, es el proceso de reflexión que éste puede llegar a generar, así como el abanico de opciones que, para revisar y ampliar las propias creencias, puede llegar a ofrecer al lector.

En particular, los textos tanto de Nelson Minello, Martha Lamas y Jeffrey Weeks, como de Enrique Dávalos, Ana Amuchástegui, Martha Rivas y Nelly Salgado, invitan a reflexionar sobre diversos aspectos relacionados con el género y la sexualidad. De sus contribuciones se deriva que ambas nociones son construcciones de carácter social y cultural: el género se construye a partir del sexo biológico con el que nacen las diferentes personas, mientras que la sexualidad, en torno al placer generado por los contactos e intercambios corporales; ello significa que ninguna de las dos construcciones es "natural" y que es precisamente la cultura la que da más valor al género masculino que al femenino, así como a la sexualidad heterosexual que a la homosexual o bisexual.

Esto explica, tanto la denigración general que experimentan las mujeres en esta sociedad, como la satanización que se hace de las prácticas sexuales que no responden a la lógica reproductiva sino a la reivindicación del placer como objetivo original, motivo por el cual se les margina y se les ve como conductas sexuales "desviadas".

De ahí el gran escándalo que provocaron las posturas feministas de los años sesenta y setenta al cuestionar el orden de género prevaleciente, al igual que los textos donde Foucault explica que los seres humanos no siempre hemos vivido ni asumido la sexualidad como lo hacemos actualmente. Este pensador identifica el lugar del poder y la represión, no sólo en la creciente "naturalización" de las relaciones heterosexuales, sino también en las relaciones que se establecen entre géneros. Este poder y esta represión han encontrado históricamente un valioso aliado en el discurso "científico" que busca, de manera muy clara, legitimar una sola sexualidad como "la válida" y un género como el "dominante" sobre el otro.

Existe otro paralelismo interesante entre género y sexualidad, en tanto que la construcción cultural de ambos factores tiene un origen histórico. En el caso del género, la necesidad de asegurar la herencia del patrimonio generado hizo sobrevalorar y buscar el control de la capacidad reproductiva de la mujer; en el caso de la sexualidad, como bien se señala en el libro, la mortandad por hambruna que se registró durante los siglos XVII y XVIII, marcó una tendencia a repeler la muerte y, por tanto, a normar la vida y regular el sexo como acto que garantizaba la reproducción biológica. Estos dos hechos históricos condujeron a la imposición de límites, restricciones y prohibiciones, y se tradujeron incluso en medidas legales y jurídicas que, a su vez, alimentaron y consolidaron aún más la idea de género y sexualidad asociada a la naturalidad.

Otro tema en el que se articulan género y sexualidad es la construcción de la identidad. Hoy se reconoce que tanto los rasgos de género como las diversas actividades sexuales humanas constituyen una especie de núcleo psíquico que da sentido y significado a la identidad de las personas. Y si el género es un conjunto de ideas sobre la diferencia sexual que atribuye características "femeninas" y "masculinas" a cada sexo, la sexualidad es un concepto que alimenta el imaginario social, de tal manera que se otorga un poder descomunal a las capacidades de procreación y reproducción. Así, lo que en un caso aparece como una oposición binaria entre hombres y mujeres, en otro adquiere la modalidad de dilema entre placer y reproducción.

Cabe añadir que mientras la cultura marca a los sexos con el género y éste a su vez influye sobre la percepción de todo lo demás (de lo social, lo político, lo religioso y lo cotidiano), la sexualidad, por su parte, se llega a engarzar con esta noción dominante y "biologizada" de género: las mujeres son para tener hijos, y los hombres, para buscar el placer sexual. Esto, que parece tema de telenovela, es sin embargo un fenómeno totalmente real.

Esta lógica binaria y dilemática ha estado, como dice Martha Lamas en su texto, "inscrita por milenios en la objetividad de las estructuras sociales y en la subjetividad de las estructuras mentales". La "naturalidad", desde este punto de vista, está dada en la práctica heterosexual a partir de la noción de complementariedad de los sexos para la reproducción. Esto explica la fácil y falaz sustitución de género por sexo, de sexualidad por reproducción y de salud sexual y reproductiva por planificación familiar.

Por un lado, es esta misma lógica y el sustento del poder lo que permea el uso inadecuado y light de los conceptos de género y sexualidad, y por el otro, es la búsqueda del rescate de sus significados originales lo que obliga a adoptar posturas consideradas como "radicales". El asunto es que no hacer esto último implica aceptar el sesgo impuesto por el lenguaje e, incluso, renunciar a reivindicar la opción de que existan relaciones de género no opresivas y de que una multiplicidad de prácticas sexuales sean consideradas como válidas.

Necesario es, entonces, tanto reconocer la diferencia sexual para validar la equidad entre géneros, como argumentar que la libido (o pulsión sexual) no se satisface necesariamente con un objeto amoroso del sexo contrario, sino que encuentra placer de manera indiferenciada; asimismo, es preciso tener en cuenta que la opción u orientación sexual está más marcada por el intento de resolver complejos edípicos originales e internos, que por los requisitos que imponen las normas sociales.

Otro aspecto interesante que sugiere la lectura de este libro, se refiere al papel del cuerpo en estas construcciones sociales y culturales del género y la sexualidad; la exacerbación de una pequeña parte de nuestra existencia (el pene y los genitales) ha sido suficiente para avalar el predominio del género masculino sobre el femenino y para confundir la sexualidad con la reproducción.

Alguien decía que resulta inaudito atribuir a la presencia o ausencia de pene (o falo, como construcción simbólica de poder) la posibilidad de dividir al mundo en dos ejércitos contrarios y, como diría otra persona, sobre todo cuando el mayor órgano sexual no es un gran pene o un alzado clítoris, sino el conjunto de la piel con la que sentimos y podemos transmitir emociones al otro.

Se impone así la necesidad de romper con la forma tradicional de acercarnos a la diferencia sexual entre hombres y mujeres (incorporando seriamente una perspectiva de género en las investigaciones), así como de acabar con los prejuicios en torno a la sexualidad para reconocerla como fuente de placer y como una dimensión humana que va más allá de la reproducción.

La riqueza de este libro es tanta que, con seguridad, provocará entre los lectores diversas reflexiones acerca del fascinante tema de la sexualidad; no resta más que hacer una calurosa invitación a su lectura y discusión.

 

Esperanza Tuñón Pablos,
El Colegio de la Frontera Sur, México.