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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.42 n.1 Cuernavaca Jan./Feb. 2000

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36342000000100018 

PÁGINAS DE SALUD PÚBLICA

 

 

Removing Obstacles for Healthy Development. World Health Organization Report on Infectious Diseases. Ginebra: WHO, 1999

 

El indisoluble vínculo entre la salud y el desarrollo de las naciones se incorporó al debate internacional a finales del siglo XX y hoy queda claramente plasmado en el informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el impacto de las enfermedades infecciosas en el progreso material de la población mundial. Las audaces predicciones que auguraban un mundo libre de las epidemias infecciosas gracias al descubrimiento de los antibióticos, las vacunas y el incremento en la cobertura de los servicios de salud, nunca intuyeron la crisis de proporciones globales a la que se enfrentaría la población mundial al cierre del siglo XX. El entusiasmo conceptual transmitido por la teoría de la transición epidemiológica que propuso la paulatina sustitución de las enfermedades infecciosas como causas importantes de muerte, apenas contempló a la contra-transición como un efecto adverso, aislado e indeseable de este aparente destino manifiesto de la salud poblacional. Lo cierto es que el advenimiento de las vacunas, las sales de rehidratación oral (SRO), los medicamentos antiparasitarios y antimicrobianos, los micronutrientes, el acceso a los servicios de agua potable y drenaje, la cloración del agua, la higiene personal y la educación para la salud fueron nutriendo la idea de que los agentes infecciosos estaban en plena fase de control, prevención y, más aún, de erradicación. La arrogancia con la que se presentaron la medicina, la ciencia y la tecnología de finales del siglo XX desviaron la atención y los recursos hacia problemas no menos importantes y relegaron a las infecciones como problemas en vías de resolución.

En contraste al impresionante desarrollo tecnológico alcanzado en los últimos 20 años, todavía hoy mueren 1 500 personas por hora debido a problemas infecciosos, 750 son menores de cinco años ¾cada 3 segundos muere uno de ellos¾, y la mayoría viven en condiciones de pobreza. Alrededor de 13 millones de personas al año pierden la vida debido a una infección: la neumonía, la tuberculosis, las diarreas, el paludismo, el sarampión y el SIDA son responsables de poco más de la mitad de estas vidas perdidas prematuramente. Las estadísticas esconden cifras escandalosas de niños y niñas cuyas vidas están condenadas a la tragedia sobre todo porque las causas de su muerte están catalogadas como prevenibles y evitables. Para el sarampión se tiene la vacuna, para la tuberculosis, además de la vacuna, se cuenta con un tratamiento médico, para el paludismo existen intervenciones contra el vector y medicamentos específicos, para las diarreas se cuenta con las SRO, e, inclusive, para la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana y el SIDA se cuenta con el uso de condón. Todas estas alternativas existen y están consideradas como intervenciones costo-efectivas. El programa de vacunación universal, el uso de insecticidas y mosquiteros impregnados, el manejo integral de las enfermedades de la infancia, el tratamiento corto para la tuberculosis basado en la observación directa de la toma de medicamentos, el acceso a medicamentos esenciales, la promoción del uso del condón y el tratamiento oportuno de las enfermedades de transmisión sexual se encuentran dentro del paquete de intervenciones promovidas por la OMS para enfrentar el reto del nuevo milenio. El desafío no parece estar en la disponibilidad de tecnología eficaz ¾dígase vacunas, medicinas o intervenciones de prevención¾. El reto para todo país se encuentra en los servicios de salud y las estrategias diseñadas para convertir en accesibles todas estas oportunidades de prevención y control.

El caso de la resistencia antimicrobiana emerge dentro de la agenda como un punto esencial debido a que la disponibilidad de una intervención efectiva no garantiza ni su aplicación ni su eficacia de manera permanente. Las prácticas en su uso, adherencia, continuidad, condiciones de rechazo y abasto son condiciones asociadas a los servicios de salud que determinan la aparición de la emergencia de la resistencia como un tema central en el control de las enfermedades infecciosas.

Una de las mayores oportunidades de éxito de la OMS se encuentra en su capacidad para convencer a los gobiernos de los países ricos y pobres sobre la importancia de invertir en la salud de sus habitantes. También debe convocar a todas las instituciones con influencia en el desarrollo para expander los recursos destinados a garantizar mejores niveles de salud y gestionar suficientes recursos para apoyar a los países más necesitados. El enfoque sobre el cual gira esta labor de convencimiento es el impacto económico de las epidemias y el riesgo de expansión a los ámbitos local, nacional, regional y global. El énfasis en la vigilancia epidemiológica no es banal debido a las constantes evidencias del rápido flujo de agentes infecciosos a través de las fronteras políticas y sociales. Las pérdidas generadas por las epidemias infecciosas en las áreas turística, comercial, agrícola, veterinaria, de la industria alimentaria, de los servicios de salud, etcétera, son una constante preocupación por parte de las autoridades sanitarias mundiales y la tendencia indica que el problema va en ascenso y que su control debe figurar dentro de las prioridades internacionales.

El tono del documento es muy optimista y quizás debamos unirnos a ese optimismo siempre y cuando le demos la verdadera perspectiva y atención a las condiciones que permiten que las infecciones continúen floreciendo en las sociedades modernas, rurales, urbanas, pobres y ricas. La tecnología médica demostró a lo largo del siglo que se pueden desarrollar vacunas, medicamentos, insecticidas y tecnologías eficaces y de bajo costo. La sociedad, sin embargo, ha demostrado su incapacidad para reducir la pobreza, la marginación y la iniquidad. Por otro lado, la población mundial se mueve con rapidez hacia condiciones que en lugar de prevenir la diseminación de las enfermedades infecciosas facilita las rutas de contagio ya existentes, promueve la ruptura de las fronteras naturales de muchos agentes infecciosos y hasta inventa nuevas rutas de contagio en las megaurbes, los hospitales, las guarderías, las nuevas prácticas de producción y consumo de alimentos y los nuevos estilos de vida.

Los grandes contenidos temáticos del documento que aquí se revisa resumen los desafíos. La carga de las enfermedades infecciosas es tan grande hoy como lo fue en el pasado, mucha de esa carga es prevenible o evitable a bajos costos y en todos los países. La respuesta por parte de los gobiernos para enfrentar los problemas infecciosos ha sido inadecuada, insuficiente e irregular. El futuro es incierto en cuanto al destino de los agentes infecciosos y hay que mantenerse alertas y estar preparados. El énfasis está en el desarrollo de estrategias que hagan posible el acceso universal a esquemas de tratamiento, vacunas, intervenciones tecnológicas de bajo costo, técnicas diagnósticas y el desarrollo de nuevas vacunas y medicamentos. Quizás lo más importante del documento descanse en el llamado a que la prioridad de la OMS y de los gobiernos debe ser el desarrollo y el combate a la pobreza y a la marginación. Sólo este desarrollo social y económico de las naciones podrá garantizar que la tecnología cumpla con su cometido. De lo contrario, y de ello dan muestra los perfiles de salud de las naciones más pobres, la tecnología sólo hará más amplias las diferenciales en salud entre las sociedades más ricas y las más pobres.

 

Héctor Gómez-Dantés.
Investigador Titular B,
Centro de Investigación en Salud Poblacional,
INSP, México.