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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.42 n.2 Cuernavaca Mar./Apr. 2000

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36342000000200013 

NOTICIAS

 

 

Llamado de la International Poverty and Health Network a los profesionales de la salud

 

 

La International Poverty and Health Network (IPHN) es una red mundial en la que participan organizaciones e individuos de 46 países, que busca mejorar las condiciones de la salud de la población más pobre en el mundo. Recientemente, Salud Pública de Méxio recibió la invitación, a través de la World Association of Medical Editors (WAME), para difundir un editorial sobre este tema que también será publicado en otras revistas participantes de la WAME. Originalmente escrito por Iona Heath, representante del Intercollegiate Forum on Poverty and Health, y Andy Haines, representando a la IPHN, este editorial fue publicado por el British Medical Jornal en enero de este año. Debido a la importancia del tema, Salud Pública de México decidió publicar una versión en español de este trabajo y ponerlo a disposición de sus lectores de habla hispana:

Siempre y en cualquier lugar, los profesionales de salud enfrentan el reto de entender, desde una posición relativamente cómoda, la naturaleza y alcance de los problemas a los que deben hacer frente los pobres, los marginados y los vulnerables.1 Aun de manera parcial, el entendimiento crea empatía y una responsabilidad de luchar por una solución.

La Red Internacional de Pobreza y Salud (RIPS) fue creada en diciembre de 1997, a partir de una serie de conferencias organizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La meta de la Red es "integrar la salud a las políticas y estrategias de erradicación de la pobreza, promoviendo la unión de la comunidad y la acción intersectorial, como un medio para alcanzar resultados efectivos y sostenibles". RIPS se formó en respuesta al creciente sufrimiento humano debido a la pobreza, e invita a otros a unirse a esta causa.

Cerca de 1 300 millones de personas viven en pobreza absoluta y abrumadora, con menos de un dólar al día, a pesar del importante crecimiento global de la economía mundial, que se duplicó en los 25 años previos a 1998, hasta alcanzar 24 billones de dólares.2 De los 4 400 millones de habitantes de países en desarrollo, casi 60% carecen de condiciones sanitarias adecuadas, un tercio no tiene acceso a agua potable y 20% no tiene acceso a atención a la salud; una proporción similar no obtiene suficiente energía y proteína de su dieta.

Las disparidades económicas dentro y entre los países han crecido de tal manera que el ingreso económico de casi 100 países es menor, en términos reales, que hace una década o más.3 En 1995, el 20% más rico de la población mundial tenía 82 veces el ingreso económico del 20% más pobre. Las 225 personas más ricas del mundo poseen en conjunto una riqueza equivalente al ingreso anual de los 2 500 millones de personas más pobres del mundo (47% de la población mundial).2 Al mismo tiempo, el mundo se enfrenta a una creciente escasez de recursos renovables esenciales, como consecuencia de la deforestación, erosión del suelo, la depleción de agua, disminución del caudal pesquero, depleción de la biodiversidad y los retos tales como el cambio climático, los cuales afectan particularmente a las poblaciones pobres y vulnerables.

A pesar del dramático incremento global de la esperanza de vida ocurrido en el siglo pasado, es menester que los profesionales de la salud atiendan las crecientes desigualdades en salud y riqueza.4 La drástica caída de la esperanza de vida en Europa Oriental, particularmente en Rusia, es un claro ejemplo de como la salud puede deteriorarse cuando las sociedades sufren cambios sociales y económicos súbitos, acompañados de creciente pobreza. La brecha entre la esperanza de vida de ciertos países de Europa Occidental y Rusia ha crecido, de aproximadamente tres años para los hombres en 1970, a cerca de 15 años para 1995; las cifras para las mujeres muestran una brecha creciente, de 4 a 10 años para el mismo periodo.5 Esta crisis de la salud se manifiesta particularmente en la mortalidad de adultos, por enfermedades crónicas y causas externas, principalmente por violencia. La recesión de Asia Oriental ha sido profunda y severa, produciendo una fuerte caída del ingreso promedio per cápita en cinco países, particularmente en Indonesia, con efectos similares sobre la pobreza y la salud.

Muchos países de Africa tienen deudas externas totales que rebasan el 100% de su Producto Interno Bruto. Aunque han habido avances en la cancelación de la deuda, solamente 22 de los 52 países que requieren de una reducción parcial o total de su deuda podrán reducir sus pagos anuales, gracias a los acuerdos de la Cumbre de Colonia.6 Queda así mucho por hacer, incluyendo la vigilancia de la forma en que el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) proponen implementar el programa de reducción de deuda y garantizar que sus recomendaciones de reforma de política económica se enfoquen en la reducción de la pobreza.

Aun entre los países industrializados, generalmente prósperos, tales como España, Finlandia, Suecia, Dinamarca y Estados Unidos de América (EUA), existen varios ejemplos de crecientes desigualdades socioeconómicas en salud durante los últimos 20 años.5 En el Reino Unido, el diferencial de mortalidad general entre Clase Social V (no calificados) y Clase Social I (profesionales) ha aumentado del doble en 1970-1972 a casi el triple en 1991-1993.7

Es particularmente preocupante que las vidas de muchos niños son vejadas por la pobreza y afectadas en su potencial físico y mental.8 Aún en EUA, más de 1 en 4 niños menores de 12 años tienen dificultades para obtener sus alimentos necesarios.

La mala salud y la pobreza se refuerzan mutuamente y pueden generar un círculo vicioso de deterioro y sufrimiento. La mala salud contribuye directamente a la menor productividad y, en algunos casos, al desempleo. Sobre todo cuando afecta al principal proveedor familiar de familias pobres, frecuentemente tienen implicaciones severas para los niños dependientes económicos y otros miembros de la familia, que pueden ya no ser capaces de mantenerse adecuadamente. Por definición, la gente pobre tiene muy pocos recursos y puede verse forzada a vender sus escasas pertenencias, incluyendo terreno y ganado, o a pedir préstamos a altas tasas de interés, para resolver la crisis inmediata precipitada por la enfermedad. Cualquier opción los hace más vulnerables, menos capaces de recuperar su condición previa y en mayor riesgo de descender en la espiral de la pobreza. Por el contrario, los servicios de salud efectivos y accesibles pueden proteger a los pobres de caer en peores condiciones económicas como resultado de la enfermedad, y la atención a la salud basada en la comunidad tiene el potencial de contribuir de manera importante a la construcción del capital social y al fortalecimiento de los mecanismos de sostenimiento propios de la comunidad.

En el siglo XX el desarrollo frecuentemente se ha equiparado con el crecimiento económico; sin embargo, el enlace entre la prosperidad económica y la salud, componente clave del desarrollo humano, no se establece de manera automática. Un estudio reciente del BM sobre las causas de la disminución de la mortalidad entre 1960 y 1990, sugirió que la ganancia en el ingreso contribuyó en 20% a la mortalidad de adultos hombres y mujeres y en la reducción de la tasa de mortalidad de los menores de cinco años.9 Los investigadores concluyeron que los factores más importantes fueron el nivel educativo de las mujeres y la generación y utilización de nuevo conocimiento.

La pobreza es una construcción social con muchas dimensiones, que incluye la falta de educación básica, vivienda inadecuada, exclusión social, desempleo, degradación ambiental y bajos ingresos económicos. Cada uno de estos factores disminuye la oportunidad, limita la elección y abate la esperanza, además de que cada uno de ellos constituye una amenaza para la salud. Los indicadores económicos se enfocan primordialmente en la pobreza de ingresos, en tanto que los indicadores de salud producen una medida de la naturaleza multidimensional de la pobreza. Por esta razón, la salud debe ser la medida preeminente del éxito o del desarrollo de políticas en este siglo. Son los indicadores de salud, más que los económicos, los que demostrarán la importancia de implementar políticas en diversos sectores, para abatir la tasa de depleción de recursos renovables y, mediante la garantía de los derechos humanos,10 capitalizar el potencial de aquellos actualmente incapaces de mejorar su calidad de vida.

Los profesionales de la salud luchan por entender detalladamente las experiencias de enfermedad y aflicción de sus pacientes. Siempre que la salud es minada por la pobreza, este entendimiento se convierte, al compartir la frustración e ira de nuestros pacientes, en parte de un proceso de desarrollo de solidaridad con individuos y comunidades desprotegidos. Una vez expresado el sufrimiento, se vuelve tangible y requiere reparación. Este es uno de los procesos fundamentales de la medicina y la curación y se aplica por igual a la injusticia social. Si nos limitamos a escuchar la historia del que sufre sin luchar junto con él para remediar la situación, desatendemos nuestra tarea.

RIPS es una red mundial de personas y organizaciones de los campos de la salud, negocios, organizaciones no gubernamentales (ONG) y gobiernos, cuyo fin es influir en las políticas para proteger y mejorar la salud de los pobres del mundo, con particular énfasis en los más pobres de todos los países. La Red hace un llamado urgente para lograr el equilibrio entre el desarrollo social y el crecimiento del ingreso per cápita; entre las dimensiones humana y de ingresos de la pobreza; y entre las reformas redistributivas y las de mercado. A nivel de salud, haciendo particular énfasis en las necesidades de los más pobres y más vulnerables, el ideal es lograr un equilibrio entre los abordajes biomédico y social; entre el desarrollo de la salud basado en la comunidad y la respuesta apropiada a las necesidades de los individuos; entre la atención preventiva, promocional y curativa; y entre la salud física y la mental.

En los próximos años, los adeptos a RIPS procurarán reducir la carga de mala salud debida a la pobreza, con la ayuda de los siguientes medios:

• Participación en discusiones estratégicas con instituciones internacionales como el FMI, el BM, OMS y gobiernos nacionales, para asegurar que la salud sea el tema central del desarrollo y que se lleven a cabo evaluaciones del impacto de las políticas sobre la salud.

• Promoción de acciones intersectoriales por la salud, en los ámbitos local, regional y nacional, por medio del trabajo con los sectores de educación, negocios, agricultura y transporte, para desarrollar e implementar políticas efectivas.

• Construcción de la base de evidencias sobre intervenciones efectivas para reducir las desigualdades en salud y sobre cómo el mejoramiento de la salud puede reducir la pobreza.

• Facilitación del intercambio del conocimiento entre los profesionales de salud en el Norte y en el Sur, sobre las formas efectivas de trabajo.

• Garantizar que los programas educativos para los profesionales de la salud incluyan información apropiada sobre el impacto de las desigualdades socioeconómicas sobre la salud y sobre qué se puede hacer para reducir tales desigualdades.

• Alentar a los profesionales de la salud a trabajar con las comunidades locales para mejorar la salud de los más pobres.

• Monitoreo de las tendencias de las desigualdades en salud y utilización de datos para influir sobre las políticas.

 

Referencias

1. Nathanson V. Humanitarian action: The duty of all doctors. BMJ 1997;315:1389-1390.

2. United Nations Development Programme. Human Development Report 1998. Nueva York: Oxford University Press, 1998.

3. United Nations Development Programme, Human Development Report 1996, 1997. Nueva York: Oxford University Press, 1997.

4. McCally M, Haines A, Fein O, Addington W, Lawrence R, Cassel C. Poverty and III Health: Physicians can and should make a difference. Ann Intern Med, 1998;29:726-733.

5. Whitehead M, Diderichsen F. International evidence on social inequalities in health. En: Drever F, Whitehead M, ed. Health inequalities. Londres: Office of National Statistics, 1996.

6. Jubilee 2000 Coalition. Unfinished business. The world's leaders and the millenium debt challenge. Londres: Jubilee 2000 Coalition, 1999.

7. Drever F, Bunting J. Patterns and trends in male mortality. En: Drever F, Whitehead M, ed. Health inequalities. Londres: Office for National Statistics, 1996.

8. Unicef. The State of the World's Children 1998, Nueva York: Oxford University Press, 1998.

9. Wang J, Jamison D, Bos E, Preker A, Peabody J. Measuring country performance on health: Selected indicators for 115 countries. Washington D.C.: The World Bank, Health (Nutrition and Population Series), 1999.

10. Bagnoud F-X, Mann JM. Health and human rights. BMJ 1996;312:924-925.

Con este documento, firmado además por representantes de organizaciones regionales e internacionales de Asia, Africa, Oceanía, América y Europa, la International Poverty and Health Network hace un llamado a todos los académicos, investigadores y profesionales de la salud a unirse a su iniciativa. Los interesados podrán remitirse a: International Poverty and Health Network (IPHN), Health Link Worldwide, Cityside, 40 Adler Street, London E1 1EE, UK. Tel: 0207 539 1570; Fax: 0207 539 1580; E-mail: (Roger Drew) drew.r@healthlink.org.uk. International Poverty and Health Network (IPHN), Community Health Cell, Society for Community Health and Awareness, Research and Action. No. 326, 5th Main, 1st Block, Koramangala, Bangalore 560 034, India. E-mail: (Thelma Narayan) sochara@blr.vsnl.net.in at INET.

 

Carlos Oropeza Abúndez.
Editor Ejecutivo,
Salud Pública de México.
Octavio Gómez Dantés.
Editor de Sistemas de Salud,
Salud Pública de México.