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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.42 n.3 Cuernavaca May./Jun. 2000

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36342000000300014 

NOTICIAS

 

 

Acerca de condones y cinturones de seguridad: una desafortunada comparación

 

 

Recientemente, ha aparecido un artículo, de los denominados de opinión (Viewpoint), de John Richens, John Imrie y Andrew Copas, Condoms and seat belts: The parallels and the lessons (Lancet 2000; 355: 400-403), que trata de establecer paralelismos entre dos intervenciones utilizadas para prevenir problemas de salud pública: los accidentes de tránsito mediante el uso del cinturón de seguridad y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida por medio del uso del condón.

Los autores basan su análisis en el paralelismo de que ambas medidas se utilizan en el cuerpo humano para salvar vidas; sin embargo, dicho paralelismo no existe, pues mientras que el cinturón es una medida de prevención secundaria (no previene el accidente, sino una vez que éste ocurre limita el daño en términos de consecuencias graves), el condón es una medida de prevención primaria dirigida a evitar la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana.

Además, mientras que el uso del cinturón protege sólo al que lo utiliza y a nadie más, el condón tiene el doble beneficio, tanto para el que lo utiliza como para su pareja. Lo anterior significa que mientras que el uso del condón requiere del acuerdo entre dos personas, el uso del cinturón de seguridad, no.

Es un artículo que plantea lo que R. Veatch1,2 describe como el modelo psicológico en el análisis de los comportamientos de la población frente a los riesgos, e introduce el concepto de risk compensation: que se refiere a cuando un nuevo dispositivo de seguridad, al ser introducido al mercado, produce una percepción de permisibilidad al riesgo, entonces la búsqueda de toma de riesgo se vuelve más atractiva y genera un incremento compensatorio en esa toma de riesgo. En el caso de los accidentes de tráfico produce un incremento en la velocidad. Plantear el efecto del cinturón de seguridad a nivel poblacional por medio de cambios en las tasas de mortalidad por accidentes de tráfico es incorrecto, pues esto significa partir de lo que en epidemiología se denomina modelo unicausal, en el que, ante la eliminación de una causa condicionante, se obtiene una modificación del efecto, que en este caso es el daño más extremo, la muerte. Lo anterior en el caso de los accidentes de tráfico sería olvidarse del resto de los actores que participan en este fenómeno, como son los ocupantes de los vehículos, los motociclistas, ciclistas y los peatones, así como de la presencia de otros factores de riesgo, como son la velocidad, edad, ingesta de alcohol, tipo de camino, ámbito de ocurrencia, etcétera. Además, las estadísticas que utilizan para sustentar su afirmación son, las más recientes, de hace 22 años, cuando los vehículos de motor sólo contaban con cinturón para el conductor, mientras que en la ctualidad esta medida se ha generalizado para todos los ocupantes del vehículo.

En el caso del condón esto se traduciría en que, ante la sensación de seguridad que produce su uso, genera un aumento en el número de contactos sexuales entre jóvenes o en población de alto riesgo, a lo que además se suma el que aproximadamente 10% de los condones presentan fallas de fabricación. El ejemplo que utiliza considero que tampoco es el más adecuado.

Esta comparación tiene otras implicaciones en términos de denominadores, ya que no es lo mismo medir el porcentaje de uso de cinturón en una comunidad que el porcentaje de uso de condón.

Estoy en desacuerdo en la conclusión de que el cinturón no ha aportado los beneficios que de él se esperaban, ya que existen N trabajos que prueban lo contrario.3

En la única medida en que serían comparables ambos eventos es que, efectivamente, la evaluación de ambos tipos de intervención debe ser planeada tomando en consideración las características de la población y en la que los aspectos de comportamiento hacia la toma o no de riesgos en el uso o no de uno u otro dispositivo está permeada, más que por la atracción hacia el peligro, por las características culturales de la población. Llama la atención lo que menciona al final del artículo en donde dice que habría que preguntarnos por qué la promoción en el uso de condón aparentemente no ha tenido mucho efecto en la mayoría de los países en desarrollo (pero no aclara de donde proviene esta afirmación).

 

Martha C. Híjar,
Investigador Titular B,
Centro de Investigación en Sistemas de Salud,
Instituto Nacional de Salud Pública, México.

 

 

Referencias

1. Laurence WW. Acceptable risk. Los Altos (CA): Kaufman Inc. Ed., 1976:75-101.

2. Fischhoff B, Slovie P, Lichtenstein S. Weighing the risks. Environment 1979;21(4):17-20, 32-38.

3. Graham J. Injuries from traffic crashes: Meeting the challenge. Annu Rev Public Health 1993;14: 515-543.