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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.42 n.3 Cuernavaca May./Jun. 2000

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36342000000300015 

PÁGINAS DE SALUD PÚBLICA

 

 

Gwatkin D, Guillot M. The burden of disease among the global poor. Current situation, future trends, and implications for strategy. Washington, D.C.: The World Bank, 2000, 44pp.

 

El ingreso en el mundo se ha concentrado en forma dramática. Según cifras del Banco Mundial, hoy, el 20% de la población mundial más rica concentra 82.7% del ingreso, mientras que el 20% más pobre concentra apenas 1.4%.1 No es de sorprender, por lo tanto, que las condiciones de salud en el mundo también se hayan distribuido de manera muy desigual. Así, la esperanza de vida para las mujeres y la tasa de mortalidad infantil en los países europeos es de 77 años y 21/1 000, respectivamente. En contraste, estas mismas cifras para Africa ascienden a 51 años y 91/1 000, respectivamente.2 Además, la distribución del acceso diferencial a los avances recientes de la ciencia y la tecnología entre y dentro de los países le ha conferido a esta secular desigualdad en salud una naturaleza no únicamente cuantitativa: "Hoy los pobres, sobre todo del medio rural, no sólo mueren con mayor frecuencia que el resto de la población, sino que además lo hacen principalmente por causas que han sido resueltas desde el punto de vista técnico"3 y que típicamente no afectan a las poblaciones de ingresos medios y altos, es decir, enfermedades infecciosas y padecimientos relacionados con la reproducción y la nutrición.

En los años setenta, ochenta y principios de los noventa, los problemas de salud de los pobres recibieron una atención considerable y específica. La Declaración de Alma-Ata, que data de 1978, señala en sus párrafos iniciales que "el estado de salud de miles de millones de personas en el mundo, la mayoría de las cuales viven en los países en vías de desarrollo, es inaceptable".4 En esa misma declaración se proponía "diseñar una nueva estrategia para cerrar la brecha entre `los que tienen' y `los que no tienen'".

De la misma manera, en el informe sobre el Estado de la Infancia en el Mundo para 1981-1982, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) propuso "un mayor y más sabio gasto en actividades orientadas a ayudar a los 500 millones de madres y niños más pobres del mundo".5

En el informe de 1990 de la Comisión de Investigación en Salud para el Desarrollo, ¾Investigación en Salud: Vínculo Esencial para la Equidad en el Desarrollo¾, la equidad y la pobreza constituyen temas centrales.6 Lo mismo sucede en el Informe Mundial para el Desarrollo 1993 del Banco Mundial, en el que incluso se propone el diseño de paquetes de servicios de salud especialmente dirigidos a los pobres.7 Finalmente, en 1996, se crea el Foro Global para la Investigación en Salud que se define como una "Iniciativa para la Investigación en Salud y el Desarrollo de los Pobres".

Sin embargo, esta preocupación empieza a diluirse a principios de los años noventa. En el propio informe de la Comisión de Investigación para el Desarrollo, las causas de muerte se presentan ya para el mundo en su conjunto. Lo mismo sucede con el Informe Mundial para el Desarrollo 1993. En este último caso, aunque los datos sobre daños a la salud se presentan desagregados por regiones, se habla ya de manera recurrente de la "carga global de la enfermedad". Este término adquiere una naturaleza todavía más conspicua en el informe de 1996 del Comité Ad Hoc para la Investigación en Salud de la Organización Mundial de la Salud.8

Dados estos cambios recientes, resultan muy relevantes los esfuerzos ¾como los de este libro¾ dirigidos a desagregar la información sobre las necesidades de salud de la población mundial por grupos de ingreso. El objetivo de este trabajo, de hecho, es proporcionar información sobre la carga de la enfermedad en la población pobre del mundo que pudiera complementar la información, que se ha privilegiado en años recientes, sobre la población mundial en su conjunto. Se trata de información de 1990 con proyecciones para 2020.

Por lo que respecta a 1990, el principal hallazgo del estudio que da origen a este libro es que los padecimientos transmisibles son considerablemente más importantes para los pobres del mundo que lo que sugieren los promedios globales. Así, estos padecimientos producen 59% de las muertes y 64% de los años de vida saludable (AVISA) perdidos en 20% de la población mundial con los ingresos per cápita más bajos del mundo, en comparación con 34% de las muertes y 44% de los AVISA perdidos en la población global. Además, son responsables de 77% de la brecha en mortalidad y de 79% de la brecha de AVISA perdidos entre el 20% más pobre de la población mundial y el 20% más rico, en contraste con 15 y 9% atribuible a las enfermedades no transmisibles, respectivamente.

Por lo que toca a las lesiones, éstas también tienden a afectar de manera desproporcionada a los pobres. El 20% más pobre de la población mundial concentraba en 1990 25.9 y 29.8% de las muertes y los AVISA perdidos por lesiones, respectivamente. En contraste, el 20% más rico concentraba 13.1 y 9.1% de las muertes y de los AVISA perdidos por lesiones, respectivamente.

De acuerdo con las proyecciones de este estudio, en el 2020, los padecimientos infecciosos serán responsables de 44% de las muertes y de 43% de los AVISA perdidos, contra 42 y 43% por enfermedades no transmisibles, respectivamente. Los porcentajes de muertes y AVISA perdidos para la población mundial en su conjunto ascenderán a 15 y 20%, respectivamente, y a 7 y 8% entre el 20% más rico.

Por su parte, el porcentaje de muertes atribuible a las lesiones se incrementará de 9 a 14% para los pobres, de 10 a 12% para la población en su conjunto y de 7 a 10% para la población de mayores ingresos. El porcentaje de AVISA perdidos atribuible a las lesiones ascenderá de 13 a 17% entre los pobres y de 15 a 20% en la población mundial, y descenderá de 13 a 11% entre la población más rica.

Las principales conclusiones que pueden desprenderse de estos hallazgos son las siguientes:

• Dada la distribución de la mortalidad y de los AVISA perdidos entre los diferentes grupos de ingreso, es importante asignarle la mayor de las prioridades a los padecimientos infecciosos y las lesiones en las estrategias para mejorar la salud de los pobres y disminuir las brechas en salud entre pobres y ricos. Por supuesto que esta conclusión general puede no aplicarse a aquellos países en desarrollo en los que los padecimientos no transmisibles juegan ya un papel dominante, incluso entre los grupos de menores ingresos.

• La información disponible también indica que las intervenciones dirigidas a reducir la mortalidad y la discapacidad generadas por las enfermedades transmisibles son más costo-efectivas que las intervenciones que buscan reducir los daños producidos por los padecimientos no transmisibles. Por lo tanto, desde la perspectiva de las políticas con preocupación por hacer el mejor uso posible de los escasos recursos disponibles, la atención de las necesidades de los pobres también debería considerarse prioritaria.

Sin querer menospreciar la creciente importancia que los "problemas emergentes" o las "epidemias ignoradas" de padecimientos no transmisibles pudieran tener en el perfil de salud global, los autores concluyen:

Cualquier desplazamiento de énfasis en las prioridades de salud mundial de la agenda del rezago hacia la agenda emergente representaría un desplazamiento de los problemas que son más importantes para los pobres hacia los problemas que son más importantes para las poblaciones de mayores ingresos.

 

Octavio Gómez Dantés,
Centro de Investigación en Sistemas de Salud,
Instituto Nacional de Salud Pública, México.

 

 

Referencias

1. Smith R. The champagne glass of world poverty. BMJ 1999;318.

2. World Health Organization. The World Health Report 1999. Making a difference. Ginebra: WHO, 1999.

3. Frenk J, Bobadilla JL. Los futuros de la salud. Nexos 1991;(157).

4. World Health Organization. Primary health care. Report of the International Conference on Primary Health Care. Alma-Ata, URSS. Ginebra: WHO, 1978:16.

5. Grant J. The State of The World's Children 1981-1982. Nueva York: UNICEF, 1981:9.

6. Commission on Health Research for Development. Health research: Essential link to equity in development. Nueva York: Oxford University Press, 1993.

7. The World Bank. World Development Report 1993. Investing in health. Washington, D.C.: Oxford University Press, 1993.

8. World Health Organization. Investing in health research and development. Report of the Ad Hoc Committee on health research relating to future intervention options. Ginebra: WHO, 1996.