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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.42 n.3 Cuernavaca May./Jun. 2000

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36342000000300016 

PÁGINAS DE SALUD PÚBLICA

 

 

Czeresnia D. Do contágio à transmissão. Ciência e cultura na gênese do conhecimento epidemiológico. Río de Janeiro: Editora Fiocruz, 1997, 123 pp.

 

What does not change/ is
the will to change.

Charles Olson

 

Reflexiones filosóficas en torno a la vida y de sus relaciones con la salud

La fundación brasileña Osvaldo Cruz ha puesto a disposición del público latinoamericano el trabajo de Dina Czeresnia elaborado en torno a la historia de dos conceptos centrales de la medicina: la transmisión y el contagio. El análisis de la ciencia como un conjunto de metáforas ¾corriente en el que se inscribe el texto que ahora se presenta¾ proviene básicamente de la tradición de la filosofía analítica anglosajona, aunque ha tenido desarrollos paralelos, si bien diferentes, en la corriente encabezada por el pensador francés George Canguilhem.

La publicación de este libro muestra que el campo de la salud no es inmune al debate de la posmodernidad. Por lo menos desde la experiencia del Holocausto, la modernidad ¾entendida como el dominio de la razón en lugar de la metafísica del medioevo y, por lo tanto, de la ciencia en lugar de la experiencia¾ ha sido cuestionada como la fuerza hegemónica propulsora de la libertad, la felicidad y la abundancia.I Para muchos científicos sociales y filósofos (Bauman,1 Touraine,2 Melucci,3 Habermas4 y Lyotard,5 por citar algunos) y también para Czeresnia, poner a la modernidad en el "banquillo de los acusados", no significa tratar de "reivindicar un retorno al pasado, en el sentido de interpretar los fenómenos de la vida tal cual los hombres lo hicieron en tiempos antiguos, sino, (...) rencontrar cuestiones fundamentales para la vida humana que fueron olvidadas o significadas según una creencia desmedida en las posibilidades de la razón".

La hipótesis central del libro es que la emergencia de la pandemia del síndrome de la inmunodeficiencia adquirida (SIDA) como amenaza a la estabilidad del mundo ha planteado problemas para la sociedad que la visión antropocéntrica del humanismo, que orientó el pensamiento médico y biológico del siglo XIX en el Occidente, no consigue resolver. Uno de los problemas identificados es que las normas preventivas reguladoras del comportamiento no funcionan para el SIDA, debido a que al "confrontarse con situaciones singulares afectivas, (se) encuentran mediaciones que evidencian, en la mayor parte de las veces, que lo aparentemente razonable y correcto no siempre es viable en las condiciones concretas de los sujetos". De ahí que las personas puedan adquirir conocimientos sobre la enfermedad y sus riesgos sin modificar, al mismo tiempo, sus modos de vida. El mundo, entonces, en cierta medida, se encuentra a merced de estos individuos.II, 6

Para la autora, la cuestión central es que la medicina dejó hace mucho de considerar los sentimientos, y todo lo referido a los sentidos, como parte de su campo científico. Sin embargo, fenómenos como el SIDA ponen en primer plano la dimensión cultural de la acción humana. Consecuentemente, lo que se requiere es la aproximación de la medicina con la filosofía de forma tal que hablen una con la otra y, así, sea posible sustituir el discurso normativo y regulador ¾apoyado en una explicación biológica de la enfermedad¾ por otro que, según Richard Rorty,7 incorpore los valores, que infelizmente, no se descubren, sino se crean por medio de la reflexión.

La argumentación del libro busca demostrar que el concepto de organismo significó una ruptura radical en las teorías y conceptos de enfermedades epidémicas que "tuvieron como elemento común la problematización de las interfases del cuerpo", excluyendo, así, la posibilidad de que la enfermedad esté organizada desde el exterior. Es decir, el surgimiento del concepto de organismo cristaliza la autonomía de la dimensión biológica con relación a la naturaleza, posibilitada por la escisión entre cuerpo y alma, y razón y espíritu. En este proceso, no sólo triunfa la razón, sino que el ser vivo es comprendido en sí mismo como poseedor de su propio centro de gravedad. El conocimiento sobre el cuerpo como una estructura material muerta, sin emociones y sin movimiento, pasó a ser objeto de la razón, y todo lo que decía respecto al espíritu y a la emoción fue confinado al campo de la experiencia y de los sentidos, debiendo así ser ignorado.

Al adoptar tal hipótesis de trabajo, Czeresnia sigue los pasos de Canguilhem y Foucault, quienes sostienen que la historia de la ciencia es la historia de sus conceptos. Para Czeresnia, un concepto científico representa, antes que todo, una realidad simbólica del ser humano en su intento de domesticar la realidad absoluta, amenazadora y vacía de sentido propio. En principio, un concepto debe ser analizado en el universo intelectual del cual forma parte y no en una perspectiva evolutiva darwiniana de la ciencia, donde cada nuevo concepto representaría una parte de una edificación.

Como indica el título del libro, Del contagio a la transmisión, la autora rastrea la intrincada génesis de los conceptos epidemiológicos de contagio y de transmisión en el universo intelectual de cada uno, recuperando sus cargas simbólicas, discontinuidades y elementos de continuidad, con sus fuerzas polémicas frente a la problemática para la cual fueron construidos, teniendo como eje la cuestión de la autoconservación de la vida. En ese rastreo, la propia autora demuestra que los conceptos que confluyen en la formación del léxico básico de la medicina reúnen un aspecto de nuestra vida, la biológica, y es, sobre esa base, que las ciencias médicas intervienen en la enfermedad para suprimir los síntomas. Czeresnia también reúne evidencias que confirman la permanencia de concepciones que establecen que `la enfermedad deriva de un desequilibrio en la integración entre la constitución del cuerpo y el medio ambiente' y que plantean cuestiones todavía abiertas, como en los casos de Crookshank (1929), Hamer (1928) y Hirst (1953). Para ellos, la enfermedad es un aviso de la naturaleza que debe ser escuchado.

En ese sentido, lo atractivo de la reflexión de Czeresnia está en la sinergia que establece por una parte, entre el presente y el pasado, y por otra, con utopías futuras al despertar la duda acerca de una ciencia que cada vez gasta más recursos en investigación y acumula descubrimientos dirigidos a identificar el virus y su sistema de transmisión. En este punto, une su voz a muchos inmunólogos, particularmente aquellos que consideran que el virus es una consecuencia, según planteó la teoría de Jerne, en 1974. También a los ecologistas, que vienen preguntando ¿por qué un virus que parece que siempre ha estado en la naturaleza, tiene ahora un efecto letal?, o ¿qué procesos ocurrieron en las interacciones entre los hombres y la naturaleza que hicieron emerger esa nueva epidemia? Esas mismas preguntas son probablemente las que están haciendo algunos investigadores frente al misterioso declive de los sapos, vertebrados contemporáneos de los dinosaurios, que debido a un debilitamiento en su sistema inmunológico están sin defensas frente a las infecciones de virus y hongos, que siempre han estado en la naturaleza, pero que ahora tienen un efecto tóxico para ellos.III

Tal vez lo más importante del libro sea poner en duda la posibilidad de una visión acumulativa capaz de reunir todos los aspectos de la vida y demostrar que hay un hiato entre el acontecimiento (emoción) y el concepto (razón), y que ese hiato crea la posibilidad de afirmar que "el pensamiento no es capaz de aprehender el acontecimiento en su totalidad". En ese sentido, parafraseando a Rorty, la autora nos conecta con utopías ulteriores, dejando abierta la posibilidad de realizar los sueños como un proceso sin término, "como realización incesante de la libertad".

 

Raquel Abrantes Pego,
Investigadora del Centro de Investigación
en Sistemas de Salud,
Instituto Nacional de Salud Pública, México

 

 

Referencias

1. Bauman, Z. Intimation of postmodernity. Londres/Nueva York, Routledge, 1992.

2. Touraine A. Crítica de la modernidad. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1994.

3. Melucci A. Acción colectiva, vida cotidiana y democracia. México, D.F.: El Colegio de México, 1999, 131-160

4. Habermas J. El discurso filosófico de la modernidad. 4a. edición. Madrid: Taurus, 1993.

5. Lyotard JK. La condición post-moderna. Informe sobre el saber. Madrid: Cátedra, 1987.

6. Beck U. La sociedad del riesgo. México, D.F.: Paidós, 1998.

7. Rorty R. Contingencia, ironía y solidaridad. México, D.F.: Paidós, 1991.

 

Páginas de salud pública

I Para una perspectiva histórica del origen de la noción de posmodernidad véase: Anderson P. The Origins of Postmodernity. Londres: Ed. Verso, 1998.

II Beck, al estudiar el fenómeno Chernobil, hace preguntas que podríamos hacer con relación al SIDA en África y ahora en Camboya: ¿se puede tener en cuarentena a grupos enteros en un país? ¿Qué pasa con la población de todo un continente cuando 200 personas se contagian diariamente del virus? Para él, "estas preguntas ponen en claro una implicación objetiva en la que el diagnóstico del peligro coincide con el conocimiento de que se está ineluctablemente a merced del mismo".

IIIEl País 2000 abril 20; Madrid, España