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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.42 n.4 Cuernavaca Jul./Aug. 2000

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36342000000400004 

ARTÍCULO ORIGINAL

 

Disponibilidad de medicamentos esenciales en unidades de primer nivel de la Secretaría de Salud de Tamaulipas, México

 

Cristela Reséndez, Q.F.B.,(1) Francisco Garrido, M.C., M. en C.,(2) Octavio Gómez-Dantés, M.C., M.S.P.(2)

 

 

Resumen
OBJETIVO:
Generar un diagnóstico sobre la disponibilidad de algunos medicamentos esenciales del Cuadro Básico de Insumos (CBI) en las unidades de primer nivel de atención de la Secretaría de Salud en el estado de Tamaulipas, México. MATERIAL Y MÉTODOS: Entre septiembre y octubre de 1998 se llevó a cabo una encuesta en todas las unidades de primer nivel de tres jurisdicciones sanitarias de Tamaulipas. La disponibilidad de medicamentos se estudió en todas las unidades de dichas jurisdicciones sanitarias. Como instrumento de medición se utilizó una guía de verificación con una lista de 56 medicamentos y 10 insumos diversos. Para cada medicamento e insumo se calculó el número absoluto y la proporción de unidades que al momento de la verificación no contaban con dicho recurso. En las unidades con disponibilidad de medicamentos se estimó la mediana de la distribución. Como medida de resumen se estimó la mediana del total de medicamentos esenciales disponibles en todas las unidades. Posteriormente, se realizó este mismo ejercicio diferenciado por tipo de unidad. Se hicieron comparaciones directas entre la ausencia de uno o más medicamentos en las unidades y la disponibilidad de los mismos en los almacenes. Todo el proceso de análisis se realizó con el paquete estadístico Stata versión 5.0. RESULTADOS: Ninguna de las unidades visitadas contaba con ejemplares de todos los medicamentos incluidos en la lista. La unidad que más se acercó al total tenía 84% de los medicamentos y la que más se alejó contó apenas con 32%. Los problemas de disponibilidad de antibióticos, antihipertensivos, hipoglucemiantes y medicamentos para el tratamiento de deficiencias de hierro fueron particularmente significativos. En contraste, la disponibilidad de sales de rehidratación oral y métodos anticonceptivos y biológicos fue aceptable. CONCLUSIONES: Las instituciones de salud deberán generar alternativas para mejorar el acceso a los medicamentos en el país, en general, y la disponibilidad de medicamentos esenciales en las unidades de primer nivel, en particular. Dos iniciativas de reciente puesta en marcha permiten ser optimistas al respecto: la descentralización de los servicios de salud para población no asegurada y el Programa de Medicamentos Genéricos Intercambiables, implantado en el ámbito nacional en 1998.
Palabras clave: medicamentos esenciales; disponibilidad; centros de salud; México

 

Abstract
OBJECTIVE:
To describe the availability of some essential drugs at the primary health care units of the Ministry of Health of Tamaulipas, Mexico. MATERIAL AND METHODS: Between September and October 1998, all first level healthcare units of Tamaulipas' three sanitary jurisdictions were surveyed. Drug availability was assessed. The measurement instrument was a checklist of 56 drugs and 10 different supplies. For each drug and input the absolute number and the proportion of units with this drug or input was calculated. In the units where the drugs were available, the medians were calculated. The median of the total number of drugs available in all units was used as a global indicator. This same exercise was developed for each unit. Comparisons between the availability of these inputs in the units and stockrooms were also done. Stata 5.0 was used for statistical analysis. RESULTS: None of the inspected units had full availability of all checklist drugs. The highest percentage of drug availability was 84% and the lowest was 32%. There was limited availability of antibiotics, antihypertensive, hypoglycemic, and iron deficiency drugs. The availability of oral rehydration salts and contraceptive and vaccine agents was acceptable. CONCLUSIONS: Healthcare organizations must find alternative ways to improve access to drugs nationwide, in general, and availability of essential drugs in first level healthcare units, in particular. Two recent initiatives provide an optimistic outlook: decentralization of health services for the uninsured and the Generic Exchangeable Drugs Program, established nationwide in 1998.
Key words: essential drugs; availability; health centers; Mexico

 

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a los fármacos, medicinas, productos farmacéuticos y productos medicinales como aquellas sustancias o productos utilizados en el ser humano con fines profilácticos, diagnósticos o terapéuticos. Dentro de este grupo de sustancias se incluyen las sintéticas y naturales, los biológicos - como las vacunas y el suero- , y la sangre y sus derivados.1

Por otra parte, a los medicamentos esenciales los define como aquellos medicamentos de importancia vital que deben estar disponibles en todo momento en las dosis adecuadas y en cantidades suficientes para satisfacer las necesidades fundamentales de salud de todos los segmentos de la población.2

Del establecimiento de la definición de medicamentos esenciales, la OMS pasó a la publicación de la primera lista de medicamentos de ese tipo, en 1977, y al establecimiento del Programa de Acción sobre Medicamentos Esenciales y Vacunas, cuya existencia se formaliza en 1981. Este programa fue el que permitió transformar la lista de medicamentos esenciales en una política que contempló recomendaciones sobre el uso exclusivo de genéricos; alternativas para una adquisición racional de medicamentos; sugerencias sobre el almacenamiento y distribución de estos productos; programas de evaluación de la calidad de los medicamentos y otros insumos para la salud, y propuestas de modificación de las legislaciones y regulaciones nacionales de las actividades relacionadas con los medicamentos esenciales.

Por lo que se refiere específicamente a la disponibilidad de medicamentos esenciales, ésta depende de una planeación basada en un buen diagnóstico de salud y registros detallados de consumo, compras racionales y ágiles, y una administración, almacenamiento y distribución adecuados.3,4 De acuerdo con Management Sciences for Health, un sistema de distribución bien diseñado y manejado debe: a) mantener la calidad de los medicamentos y materiales de curación; b) optimizar el manejo del inventario; c) aprovechar al máximo las instalaciones disponibles de almacenamiento; d) generar información para pronosticar las necesidades futuras de medicamentos; e) utilizar los recursos disponibles en la forma más eficiente posible; f) reducir al mínimo el hurto y el fraude, y g) minimizar el deterioro y expiración de los productos.5

En México, la historia del uso de los medicamentos esenciales se remonta a 1950, cuando el Instituto Mexicano del Seguro Social crea su primera lista de medicamentos básicos.6 En 1975 se publica el Acuerdo presidencial que establece que todas las instituciones públicas de salud deben contar con un Cuadro Básico de Medicamentos (CBM) que deberá revisarse periódicamente y cuyo uso será obligatorio. Sin embargo, es hasta 1977 cuando se publica el primer cuadro básico de carácter sectorial.7 Los objetivos de este cuadro fueron los siguientes: a) racionalizar el uso de medicamentos; b) impulsar el desarrollo de la industria farmacéutica nacional; c) mejorar el abasto de materias primas farmacológicas, y d) garantizar el acceso de todo el sector público de la salud a los medicamentos esenciales.8 Este CBM contenía 426 genéricos, destinados a utilizarse sobre todo en los grandes centros hospitalarios. Sin embargo, en sus revisiones sucesivas, este cuadro fue tendiendo cada vez más a cubrir las necesidades de primer nivel.

En 1980, se creó el Sistema de Compras Consolidadas para la Adquisición de Medicamentos del Sector Público9 y, en 1983, también por Acuerdo presidencial y con el fin explícito de racionalizar la adquisición, utilización y distribución de los insumos que se requieren para la prestación de los servicios de salud, se instituyó el Cuadro Básico de Insumos del Sector Salud (CBI). Este cuadro incluyó, además del CBM, otros cuadros básicos de productos biológicos y reactivos de laboratorio, instrumental, equipo médico, material de curación y prótesis.10 Además, se creó la Comisión Interinstitucional del CBI del Sector Salud, encargada de revisar periódicamente los listados de medicamentos y otros productos del CBI.

Estas medidas, sin embargo, no parecen haber garantizado un acceso razonable de ciertos sectores de la población no asegurada de México a los productos del CBI. La escasa información disponible, de hecho, habla de problemas de disponibilidad. En la Encuesta Nacional de Salud II (ENSA II)* los usuarios de los servicios de la Secretaría de Salud de México (SSA), tres de las cinco regiones en las que se dividió al país para la aplicación de la encuesta, refieren como principal motivo por el que no regresarían a hacer uso de dichos servicios la falta o mala calidad de los medicamentos.11 Este problema de falta de disponibilidad tiene un origen múltiple. De acuerdo con un estudio no publicado, realizado por la Dirección de Evaluación de la SSA en 1996,§ se debe, en buena medida, a deficiencias en la planeación, adquisición, almacenamiento y, sobre todo, distribución de estos insumos. Por lo que se refiere a la planeación, el cálculo de los requerimientos estatales y jurisdiccionales de medicamentos y material de curación sigue haciéndose sobre la base de los requerimientos históricos y no sobre la base del consumo real. Por lo que toca a la licitación y compra, el tiempo real de duración de las licitaciones tiende a ser excesivo; las medidas implantadas para evitar los incumplimientos de los proveedores no suelen ponerse en práctica y, con frecuencia, el nivel central asigna a los estados cantidades que no se ajustan a lo solicitado y no radica a tiempo el presupuesto para el pago a los proveedores. Finalmente, en relación con el almacenamiento y la distribución, cabe mencionar que el centro no suele proporcionar información oportuna a los estados sobre los insumos asignados; los almacenes tanto jurisdiccionales como estatales son inadecuados en términos de espacio, control de temperatura ambiental y acceso a insumos de almacenamiento (estantes, refrigeradores); el control y la rotación de inventarios es ineficiente, lo que provoca fugas y desperdicios - en la mayor parte de las jurisdicciones se reportan desechos regulares anuales de alrededor de 10% de lo abastecido- , y las entregas de los medicamentos y material de curación tienden a ser insuficientes y tardías.

Otro análisis de la misma ENSA II, publicado en 1998, nos habla de un problema de acceso de la población con menores recursos a los medicamentos esenciales debido, sobre todo, a barreras financieras.12 Según este estudio, sólo una tercera parte de los usuarios de los servicios de la SSA en el ámbito nacional recibió medicamentos en forma gratuita y la mediana de gasto directo en medicamentos fue de 2.8 salarios mínimos. Cabe señalar que, en 1990, los ingresos de 70% de la población económicamente activa del país ascendían a menos de tres salarios mínimos mensuales, lo que nos lleva a pensar que un número importante de los usuarios de la SSA posiblemente no pudo surtir sus prescripciones.13

El objetivo de este trabajo fue generar un diagnóstico general sobre la disponibilidad de medicamentos esenciales en unidades de primer nivel de la SSA de una entidad federativa relativamente afluente. Es un trabajo que busca coadyuvar a garantizar un mejor acceso a este tipo de insumos para así ayudar a mejorar el acceso real a servicios básicos de salud.

 

Material y métodos

Tamaulipas tiene una población de 2 887 816 habitantes, cuya esperanza de vida al nacer y los años de vida saludables perdidos, en 1994, ascendieron a 73.1 y 122/1 000 habitantes, respectivamente, cifras que lo ubican dentro de los primeros cinco mejores sitios de la República mexicana.14 El 36% de su población se clasifica como no asegurada. De acuerdo con González-Block y colaboradores, esta entidad ocupa el sitio 11 en el país por lo que se refiere al gasto per cápita en salud para población no asegurada y el 5 en lo que toca al gasto per cápita estatal en salud para esta misma población.15

Los servicios de salud de primer nivel de Tamaulipas están agrupados en ocho jurisdicciones sanitarias, que son las estructuras administrativas básicas de la SSA. Cada una de estas jurisdicciones cuenta con un almacén encargado de concentrar y distribuir los insumos a sus unidades. Estos almacenes, a su vez, son abastecidos por un almacén estatal. En el segundo semestre de 1998 se llevó a cabo una encuesta sobre disponibilidad de medicamentos y material de curación en las unidades de primer nivel de la SSA en esta entidad federativa.

La selección de la muestra de este estudio se hizo en dos etapas. En la primera se seleccionaron tres jurisdicciones sanitarias, dos de ellas de manera aleatoria y la tercera atendiendo a un criterio de autoridad para así garantizar la inclusión de la jurisdicción ubicada en la capital del estado. En la segunda se seleccionaron todas las unidades de primer nivel pertenecientes a las jurisdicciones elegidas, incluyendo los almacenes jurisdiccionales y el almacén estatal. De un total de 70 unidades de salud, se estudiaron 67. Las tres que quedaron fuera se excluyeron debido a que al momento de la inspección se encontraban cerradas. La muestra final del estudio quedó compuesta entonces por 24 centros de salud urbanos (csu), 21 centros de salud rurales dispersos (csrd), 13 centros de salud rurales concentrados (csrc), nueve unidades auxiliares de salud (uas), tres almacenes jurisdiccionales y un almacén estatal. Todas las unidades se visitaron entre septiembre y octubre de 1998, en horas laborables.

Como instrumento de medición se utilizó una guía de verificación con una lista de 56 medicamentos y 10 insumos diversos incluidos en el CBM del sector salud mexicano y que, a juicio de los investigadores, constituyen los medicamentos básicos para atender las necesidades de salud más comunes en el primer nivel de atención. De este total, 10 fueron antibióticos, cuatro analgésicos/antipiréticos, cinco antiparasitarios/antidiarreicos, tres hipoglucemiantes, tres antihipertensivos, cinco métodos de planificación familiar, 10 productos biológicos, tres antipalúdicos, tres antifímicos y 10 medicamentos incluidos como "otros".

A esta guía de verificación se adicionaron preguntas dirigidas al responsable de la unidad - por lo general un médico general o un pasante de la carrera de medicina en servicio social- relacionadas con la productividad de la misma (promedio de consultas diarias) y otras más sobre el programa de abastecimiento de medicamentos e insumos. Este instrumento se utilizó también en los almacenes jurisdiccionales y estatal.

La disponibilidad de medicamentos, al momento de la visita de verificación, se definió como "la existencia de por lo menos un ejemplar por cada medicamento incluido en el listado (frasco, caja, ampolleta)". Un criterio similar se utilizó para los insumos y material de curación. La disponibilidad, así definida, no necesariamente implica que se cuenta con ejemplares suficientes para un adecuado manejo terapéutico de los padecimientos más frecuentes ni con los mínimos por unidad que pudieran exigir las normas de operación de las unidades de salud de la SSA.

Inicialmente se calculó para cada medicamento e insumo el número absoluto y la proporción de unidades que al momento de la verificación no contaban con dicho recurso. Por otro lado, en las unidades con disponibilidad de medicamentos se estimó la mediana de la distribución con su respectivo intervalo de confianza al 95% y los valores mínimo y máximo. Como medida de resumen se estimó la mediana del total de medicamentos esenciales disponibles en todas las unidades, y por tipo de éstas. En este análisis se excluyeron los medicamentos antipalúdicos y antifímicos. Los primeros, porque el paludismo no es endémico en la zona y, por lo tanto, los antipalúdicos no tienen por qué estar disponibles en las unidades de este estado. De presentarse algún caso de paludismo, los medicamentos pueden solicitarse a las autoridades de salud. Por lo que se refiere a los antifímicos, sólo hay medicamentos disponibles en aquellas unidades en las que se han detectado casos de enfermedad y que mantienen el seguimiento de los tratamientos. Así, el análisis estadístico se realizó con base en 50 medicamentos y 10 insumos. Los resultados se evaluaron mediante dos procedimientos. Por una parte, se probaron diferencias de medianas entre los tipos de unidades - CSU, CSRD, CSRC, UAS- utilizando el estadístico Kruskal-Wallis y, por la otra, se formaron intervalos de clase y las diferencias se estimaron con el estadístico c2. Un análisis similar se realizó por grupos de medicamentos tomados de manera independiente.

Se hicieron también comparaciones directas entre la productividad de la unidad de salud y la disponibilidad de medicamentos con la intención de probar la hipótesis de que la menor disponibilidad de medicamentos, en un momento dado, obedece a un mayor volumen de consultas y, por lo tanto, al agotamiento más rápido de las reservas, asumiendo que la frecuencia de distribución por parte de los almacenes es similar y que las cantidades entregadas mantienen cierta inercia histórica. La productividad de la unidad se estimó en función del promedio de consultas obtenido de la suma de las consultas proporcionadas el día previo a la visita y las consultas otorgadas en una fecha similar en el mes previo dividido entre dos. El número de consultas se agrupó en tres categorías: a) <10 consultas; b) 10 a 19, y c) 20 y más. Las diferencias de medianas de los medicamentos entre estas categorías se analizaron también con el estadístico Kruskal-Wallis.

De manera similar, se hicieron comparaciones directas entre la ausencia de uno o más medicamentos en las unidades y la disponibilidad de los mismos en los almacenes jurisdiccionales y el estatal con el objetivo de evaluar la adecuación de las necesidades de las unidades y la disponibilidad de insumos en los almacenes.

Finalmente, se hizo un ejercicio relacionando la disponibilidad de penicilina de 800 000 unidades internacionales (UI) con la existencia del material necesario para su aplicación - como jeringas, algodón y alcohol - con la intención de demostrar que la disponibilidad del medicamento puede no ser suficiente para cerrar el círculo entre el abastecimiento de medicamentos y la prestación de servicios en las unidades de primer nivel.

Todo el proceso de análisis se realizó con el paquete estadístico Stata versión 5.0.

 

Resultados

Las unidades visitadas presentaron una mediana de 33 medicamentos (IC 95% 32-35), con valores mínimos y máximos de 16 y 42, respectivamente. La distribución de la mediana por tipo de unidad fue bastante homogénea: 33.5 para los CSU; 33 para los CSRD; 32 para los CSRC, y 34 para las UAS (c2= 0.34; p= 0.95) (cuadro I).

 

 

Por lo que se refiere a la distribución por jurisdicción sanitaria, se observó un patrón similar al anterior sin diferencias estadísticamente significativas (c2= 2.91; p= 0.232) (cuadro II).

 

 

Al desagregar la información por medicamentos específicos (cuadro III) se detectó una falta de disponibilidad importante en varios rubros. En el caso de los antibióticos y sulfas, se observó que entre 10 y 52% de las unidades no contaban con uno o más de los antibióticos al momento de la visita de verificación. La ampicilina en tabletas, la eritromicina en suspensión y en tabletas, y el cloranfenicol en cápsulas mostraron los índices más altos de falta de disponibilidad. Por otra parte, en las unidades con existencias, la variabilidad fue el patrón dominante, dada por la dispersión entre los valores mínimos y máximos, que en el caso de la penicilina de 800 000 UI osciló entre unidades que contaban con un frasco y las que contaban hasta con 500 frascos del medicamento. Con pocas excepciones, este patrón se repitió en prácticamente todos los medicamentos objeto del estudio.

 

 

En el grupo de los analgésicos/antipiréticos, la falta de disponibilidad fue más marcada para el acetaminofén y el naproxeno en tabletas. El 27 y 73% de las unidades no contaban con dichos analgésicos, respectivamente, mientras que las unidades abastecidas presentaron medianas de entre 16 y 21 ejemplares.

La disponibilidad de antiparasitarios/antidiarreicos fue en general aceptable, con excepción del metronidazol en tabletas y el albendazol en suspensión, que mostraron la más baja disponibilidad. Por su parte, la casi totalidad de las unidades de salud disponía de un número suficiente de sales de rehidratación oral.

Por lo que toca a los medicamentos utilizados en el tratamiento de las dos enfermedades crónicas más frecuentes, la hipertensión arterial y la diabetes mellitus, se observó que los medicamentos antihipertensivos - como el captopril y la furosemida- y los hipoglucemiantes - como la clorpropamida- estaban disponibles sólo en 48, 33 y 16% de las unidades, respectivamente.

En relación con los métodos de planificación familiar se encontró una disponibilidad adecuada en el rubro de anticonceptivos orales y preservativos ya que más de 90% de las unidades contaba con dichos métodos. Sin embargo, no ocurrió lo mismo con los hormonales inyectables - de mayor demanda por las mujeres de escasos recursos, según opinión de los médicos- , los cuales se encontraron sólo en el 78 (inyectables mensuales) y 63% (inyectables bimestrales) de las unidades.

La dotación de biológicos varió considerablemente dependiendo del tipo de vacuna. Así, la vacuna antipoliomielítica se encontró en 81% de las unidades, mientras que la BCG y la DPT estuvieron disponibles sólo en 73%. La triple viral estuvo disponible en 70% de las unidades visitadas.

Del grupo de "otros" medicamentos incluidos destaca la baja disponibilidad del fumarato ferroso en suspensión y en tabletas, y del dextrometorfano en jarabe. Menos de 30% de las unidades disponía de estos dos medicamentos.

También pudimos verificar la disponibilidad de 10 materiales de curación: jabón neutro, jeringas desechables, equipo de venoclisis, guantes quirúrgicos, algodón, alcohol, gasa, cloruro de benzalconio, hilo para sutura y tela adhesiva. Su disponibilidad fue aceptable, excepto para el jabón neutro, que estuvo ausente en 88% de las unidades.

Al desagregar la información por grupos terapéuticos y tipo de unidad (cuadro IV) se detectó que los medicamentos con mayores problemas fueron los antihipertensivos, vacunas, analgésicos e hipoglucemiantes.

 

 

En el grupo de antihipertensivos se observó que entre 10 y 15% de las unidades no contaban con ningún medicamento de este grupo.

Un problema mayor se observó en el rubro de vacunas. Entre 8 y 33% de las unidades no disponían de estos recursos.

Le siguieron en orden de importancia los analgésicos que escasearon sobre todo en los CSU y CSRD. El 17 y 5% de estas unidades, respectivamente, no contaba con estos insumos.

Por lo que se refiere a los hipoglucemiantes, 8 y 11% de los CSRC y las UAS, respectivamente, no contaban con ningún ejemplar de estos medicamentos al momento de la visita. Los CSU presentaron una disponibilidad aceptable de hipoglucemiantes, pero sólo 8% contó con el esquema completo (n=3).

Al hacer comparaciones entre la disponibilidad de medicamentos en las unidades de salud, los almacenes jurisdiccionales y el almacén estatal se observó lo siguiente:

• en el almacén jurisdiccional A no había ampicilina en suspensión ni sobres de suero oral (SSO). Los cuatro centros de salud dependientes de este almacén no tenían ampicilina y dos no contaban con SSO, mientras que en el almacén estatal había 20 578 frascos de ampicilina y 10 689 SSO, y

• no se encontró furosemida en ninguno de los tres almacenes jurisdiccionales ni en 67% de las unidades, sin embargo, en el almacén estatal había 1 990 cajas de dicho medicamento.

Ahora bien, aun cuando el almacén estatal tenía reservas de los medicamentos antes mencionados, también se encontró un desabastecimiento a este nivel que afectaba a 11 de los medicamentos seleccionados. Destaca a este respecto, la ausencia de ácido acetilsalicílico, dextrometorfano, los biológicos Sabin y antisarampión, fumarato ferroso y hormonales de inyección mensual.

Por otro lado, la penicilina de 800 000 UI, la suspensión de metronidazol y las tabletas de acetaminofén, glibenclamida y captopril se utilizaron como ejemplos para comparar la productividad de las unidades con la disponibilidad de medicamentos. Esto, como ya se señaló, se hizo con la intención de probar la hipótesis de que los problemas de abasto se deben a una alta productividad y, por lo tanto, a una alta demanda de medicamentos y material de curación. Sin embargo, en términos generales, se observó que a mayor número de consultas, mayor la disponibilidad de medicamentos (datos no mostrados). Cuando el análisis se restringió a las unidades desabastecidas se observó una relación inversa, es decir, las unidades con menor número de consultas tuvieron una mayor probabilidad de no contar con medicamentos.

Finalmente, se llevó a cabo un ejercicio para evaluar lo que denominamos "disponibilidad funcional". Así, se midió la relación entre disponibilidad de penicilina de 800 000 UI y disponibilidad de jeringas, alcohol y algodón (cuadro V). Se observó que 15% de las unidades que disponían de penicilina no contaban con jeringas para su aplicación. La sumatoria de todos los insumos nos permitió concluir que sólo 65% de las unidades con penicilina podían haber ofrecido un servicio completo para el paciente. Por otro lado, 3.7% de las unidades con penicilina no contaba con ninguno de los tres insumos necesarios para la aplicación correcta de ese antibiótico inyectable.

 

 

Discusión

Asegurar un abastecimiento adecuado, suficiente y oportuno de medicamentos esenciales en las unidades de primer nivel de atención es un requisito indispensable para cerrar el ciclo de la atención a la salud. Sin embargo, como lo demuestra este trabajo, el acceso a medicamentos esenciales constituye todavía un problema en algunas unidades de primer nivel de la SSA. Este problema tiene sus orígenes en la insuficiencia de recursos públicos - que afecta sobre todo a la población no asegurada- , pero también se debe a deficiencias en la planeación, adquisición, almacenamiento y, sobre todo, distribución de estos insumos. Los resultados de este estudio son un reflejo de la persistencia de estos problemas.

Al momento de la aplicación de las guías de verificación en las unidades de primer nivel de la SSA de Tamaulipas, México, se detectó un problema de disponibilidad general. Ninguna de las unidades visitadas contaba con ejemplares de todos los medicamentos incluidos en la lista. La unidad que más se acercó tenía 84% del total - 42 medicamentos- , la que más se alejó contó apenas con 32% - 16 medicamentos- y la mediana de medicamentos encontrados fue de 33 (IC 95% 32-35).

Los problemas de disponibilidad de antibióticos, antihipertensivos, hipoglucemiantes y medicamentos para el tratamiento de deficiencias de hierro fueron particularmente significativos. La falta de ampicilina - un antibiótico útil en diversos tipos de infecciones- , furosemida y clorpropamida son particularmente preocupantes. El fumarato ferroso, por su parte, es esencial para la suplementación de embarazadas y de menores de cinco años, por lo que su falta impide un seguimiento adecuado del embarazo y la nutrición infantil.

En el grupo de analgésicos/antipiréticos llama la atención la ausencia de acetaminofén en 27% de las unidades, ya que se trata de un medicamento de difícil sustitución y muy utilizado en niños menores de cinco años.

En contraste, la disponibilidad de sales de rehidratación oral y métodos anticonceptivos y biológicos fue bastante aceptable. No todos los biológicos se encontraron en las cantidades deseadas, pero se sabe que las semanas nacionales de salud garantizan una distribución y aplicación adecuadas de estos medicamentos - lo mismo que de los antiparasitarios- , lo que ha permitido alcanzar cifras de cobertura excelentes.

La falta de ciertos medicamentos en las unidades en presencia de cantidades importantes de los mismos en los almacenes jurisdiccionales o estatales nos habla de un problema de coordinación y distribución que podría atenderse de inmediato.

Cabe señalar que la complementariedad, discutida bajo el rubro de "disponibilidad funcional", es esencial en diversos casos, por lo que la solución a los problemas de abasto se complica todavía más, ya que la ausencia de insumos, como las jeringas, hace irrelevante la disponibilidad de medicamentos de administración parenteral.

Por otro lado, cabe hacer mención de la relación que se detectó entre escasez de medicamentos y baja productividad que confirma los datos de la ENSA II, en el sentido de que los usuarios de los servicios de la SSA - la gran mayoría población de muy bajos ingresos y, por lo tanto, imposibilitada para surtir sus recetas en farmacias privadas- tienden a hacer un uso muy pobre de las unidades que no cuentan con medicamentos esenciales.

Así las cosas, las instituciones de salud deberán generar alternativas para mejorar el acceso a medicamentos en el país, en general, y la disponibilidad de medicamentos esenciales en las unidades de primer nivel, en particular. Dos iniciativas de reciente implementación permiten ser optimistas a este respecto: la descentralización de los servicios de salud para población no asegurada, que podría facilitar la adquisición y distribución de medicamentos y otros insumos, y el Programa de Medicamentos Genéricos Intercambiables, implantado en el ámbito nacional en 1998, que está reduciendo considerablemente las barreras financieras en la compra de diversos medicamentos.

 

Agradecimientos

Se agradece a las autoridades de la Secretaría de Salud del estado de Tamaulipas, México, por el apoyo recibido para la realización de este estudio, en general, y para la realización de las visitas a las unidades de salud del estado, en particular.

 

Referencias

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(1) Secretaría de Salud, estado de Tamaulipas, México.

(2) Centro de Investigación en Sistemas de Salud, Instituto Nacional de Salud Pública, México.

* En 1994, como parte del esfuerzo por consolidar un Sistema Na-cional de Encuestas de Salud, la Secretaría de Salud de México llevó a cabo una segunda Encuesta Nacional de Salud con el fin de dar respuesta a las demandas de información sobre morbili-dad, utilización y financiamiento de servicios, niveles de cober-tura y calidad de la atención en México

La Secretaría de Salud de México tiene la responsabilidad de atender las necesidades de salud de la población no asegurada del país, que comprende entre 40 y 50% de la población nacional total.

§ Dirección General de Evaluación y Seguimiento, Secretaría de Salud. Evaluación del Programa de Apoyo a Servicios de Salud para Población Abierta (PASSPA). México, D.F.: SSA, 1996. Docu-mento no publicado.

 

Fecha de recibido: 24 de enero de 2000 • Fecha de aprobado: 29 de junio de 2000

Solicitud de sobretiros: Octavio Gómez-Dantés. Centro de Investigación en Sistemas de Salud, Instituto Nacional de Salud Pública. Avenida Universidad 655, colonia Santa María Ahuacatitlán, 62508 Cuernavaca, Morelos, México.
Correo electrónico: ogomezd@insp.mx