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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.45 n.3 Cuernavaca May./Jun. 2003

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36342003000300007 

ARTÍCULO ORIGINAL

 

Patrones de consumo de heroína en una cárcel de la frontera norte de México: barreras de acceso a tratamiento

 

Heroin consumption patterns in a northern Mexican border prison: obstacles to treatment access

 

 

Patricia Cravioto, Lic en Antropol, M en CI; María Elena Medina-Mora, Dra en PsicII; Blanca de la Rosa, MC, MSP, M en CI; Fernando Galván, Lic en F y MatIII; Roberto Tapia-Conyer, MC, MSPIII

IDirección General de Epidemiología, Secretaría de Salud, México, DF, México
IIInstituto Nacional de Psiquiatría "Dr. Ramón de la Fuente", México, DF, México
IIIFacultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México, México, DF, México

 

 


RESUMEN

OBJETIVO: Describir la prevalencia del consumo de heroína, los patrones de inicio, el alto consumo y la dependencia a esta sustancia e identificar barreras que impidan a los adictos acudir a tratamiento.
MATERIAL Y MÉTODOS:
El estudio se realizó en la cárcel de Ciudad Juárez, Chihuahua, México, entre abril y junio de 2000; los participantes se obtuvieron a través de un muestreo aleatorio simple, partiendo del censo del penal. Se identificaron las barreras al tratamiento, estimadas mediante un modelo de regresión logística.
RESULTADOS:
La prevalencia de consumo de heroína en los últimos seis meses fue de 26.4%; de 25.3% para usuarios fuertes; 95% fueron dependientes. El promedio de la edad de inicio del consumo fue a los 21 años. El modelo multivariado mostró que baja escolaridad, abstinencia, sobredosis, enfermedades crónicas y tiempo de exposición son barreras que impiden solicitar tratamiento.
CONCLUSIONES:
Las implicaciones de los resultados se discuten en función de aplicarlos para implantar programas de tratamiento en las cárceles. El texto completo en inglés de este artículo está disponible en: http://www.insp.mx/salud/index.html

Palabras clave: prevalencia; diacetilmorfina; prisiones; barreras para el tratamiento; México


ABSTRACT

OBJECTIVE: To assess the prevalence of heroin use, patterns of initiation, intense use, and drug-dependency; also, to assess barriers to drug treatment access.
MATERIAL AND METHODS:
The study was conducted in the Ciudad Juarez, Chihuahua prison. Subjects were selected using simple random sampling from census of prison inmates. Barriers to drug treatment were identified and analyzed using a logistic regression model.
RESULTS:
The prevalence of heroin use for the last six months was 26.4%; 25.3% were intense heroin users; and 95% showed dependence. The mean age of initiation was 21 years. A multivariate model showed that the significant barriers to drug treatment access were: low education, withdrawal, overdosing, presence of chronic diseases, and duration of heroin use.
CONCLUSIONS:
Study findings should serve to devise potential applications to establish treatment programs in prisons. The English version of this paper is available at: http://www.insp.mx/salud/index.html

Keywords: prevalence; diacetylmorphine; prisons; barriers for drug treatment; Mexico


 

 

En México las adicciones presentan nuevos retos al inicio de este milenio. Así, después de que por un largo periodo hubo bajas tasas de consumo de drogas ilícitas actualmente se ha incrementado el uso de éstas, y es por ello por lo que hoy podemos decir que el país enfrenta una nueva epidemia de consumo de heroína, con el consecuente aumento de problemas sociales y de salud.1

Aun cuando se conoce que el uso de la heroína no es un fenómeno reciente en México, ya que Unikel y colaboradores han documentado históricamente su consumo desde 1920,2 y, en los años setenta, en los que Suárez también reporta un incremento acelerado en el número de casos nuevos de consumo de heroína entre la población penitenciaria de Tijuana, Baja California.3 Asimismo, este autor compara los datos obtenidos en 1970 con los de otro estudio realizado en 1976 y reporta un incremento de 700% en el número de nuevos heroinómanos.4 Entre 1976 y 1982 los informes de los Centros de Integración Juvenil reportaban que 2 de cada 100 pacientes usaban heroína.* Sin embargo, hasta la década de los noventa, cuando, de manera sistemática, el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (Sisvea), de la Secretaría de Salud, reportaba periódicamente sobre los pacientes que demandaban tratamiento, se mostró un incremento de 1.8%, en 1990, a 4.0% en 2000 en el número de casos debidos a esta droga.5 También, desde 1994, con la inclusión de los centros de tratamiento de los organismos no gubernamentales al Sisvea se hace más evidente el incremento de la demanda de tratamiento por el consumo de heroína en ciudades de la frontera norte, los que pasaron de 6.2%, en 1994, a 27.3% en el año 2000.6

El consumo de drogas ilícitas, como la heroína, expone a los usuarios a una variedad de problemas de salud, agudos y crónicos. Las complicaciones médicas asociadas con el uso de este tipo de sustancias incluyen diversos problemas: a) relacionados con sus propiedades farmacológicas: sobredosis, lesiones por accidentes bajo su influencia, dependencia; b) por sus vías de administración: hepatitis, abscesos e infecciones, celulitis y el VIH-SIDA, por el uso de jeringas no esterilizadas, y c) por actitudes como conductas delictivas, problemas familiares, abandono escolar y falta de trabajo constante, trayendo consigo serias implicaciones para la salud, tanto individual como pública, sobre todo si se toma en cuenta que muchos de estos problemas pueden ser tratados, y que todos son prevenibles.7

Al revisar la literatura se ha reconocido que el estudio de los riesgos debidos a las drogas inyectadas ha sido uno de los ejes en los que se ha centrado la investigación de los determinantes de la epidemia de la infección por el VIH, responsable del SIDA, en las dos ultimas décadas,8,9 como lo muestran los estudios realizados por Des Jarlais y Friedman en los cuales se observa cómo la epidemia del VIH entre usuarios de drogas intravenosas en la ciudad de Nueva York fue la primera, y ha sido la más extensa conocida hasta el momento, iniciándose en los años setenta y estabilizándose en los noventa, permaneciendo constante hasta el momento.9,10 En los Estados Unidos de América (EUA), desde el principio de la epidemia el abuso de drogas ha jugado un papel importante en la transmisión del VIH. Al uso de drogas intravenosa (UDI) puede atribuírsele aproximadamente 30% de los casos de SIDA reportados hasta 2000. También se le han asociado otras infecciones de transmisión sexual, como la hepatitis B.11,12

En México la prevalencia del VIH en los adultos de la población general se encuentra por debajo de 1%, pero en ciertas zonas del país, en 2002, han empezado a detectarse tasas de prevalencia mucho más elevadas en grupos específicos de la población: hasta 6% en usuarios de drogas intravenosas y 15% en varones que tienen relaciones sexuales con varones.12,13 Otras investigaciones realizadas en cárceles como las de Tijuana, en Baja California, y Ciudad Juárez, Chihuahua, durante 2000 reportaron prevalencias de uso de drogas inyectables entre los internos de ambas prisiones de 37 y 24%, respectivamente, siendo la heroína la droga más frecuentemente utilizada, seguida por la cocaína o el uso simultáneo de la combinación de ambas (speedball). Asimismo, la prevalencia para el VIH fue de 2.5% en la cárcel de Tijuana y de 1.3% para la de Ciudad Juárez.14

Diversas investigaciones han descrito el impacto negativo que el comportamiento debido al uso de drogas ilícitas puede tener sobre la salud, así como los efectos positivos que la prevención o el tratamiento oportuno de las enfermedades poseen sobre la calidad de vida y el costo de la atención en salud, especialmente en el caso de los problemas de tipo crónico; sin embargo, es poco lo que se conoce acerca del uso de los servicios de atención entre los usuarios de drogas inyectadas.7,15 Esto debido a diferentes razones, en primer lugar, por tratarse de una población marginada con difícil acceso y poco acercamiento a los servicios de salud y, en segundo lugar, por no poderse abordar dicha utilización con estrategias de investigación, como las encuestas.

En México la proporción de individuos que buscan ayuda es baja, sólo 14% de los usuarios que presentan tres o más síntomas de dependencia, relacionados con el consumo de drogas, reportan haber acudido a algún servicio terapéutico,16 por lo que las estrategias de intervención, específicas para cada nivel de atención, deben encaminarse a responder el enorme reto que representa, por ejemplo, el consumo de drogas inyectables, como la heroína, particularmente en la zona de la frontera norte del país donde históricamente se ha presentado un alto nivel de consumo.

Con todo lo anterior, se puede subrayar que el problema existe y que, si bien se han hecho esfuerzos por conocer cuáles son las poblaciones en mayor riesgo de diseminar y contraer todos estos problemas de salud, se requiere de más información sobre los diversos aspectos que conforman el problema, directamente en aquellos sitios donde se concentran los usuarios de drogas inyectables, como son las prisiones. Esto con el propósito de desarrollar programas de prevención y tratamiento en estos lugares los cuales por sus mismas características, propicias para el consumo, los ha llevado a su práctica.

La oportunidad de contar con un estudio sobre la magnitud y la naturaleza del problema del consumo de heroína en Ciudad Juárez** permite analizar la información que proviene de uno de los sitios en donde se realizó esta investigación, el Cereso (Centro de Readaptación Social), de Ciudad Juárez, entre abril y junio de 2000. El objetivo de este artículo es reportar la prevalencia del consumo de la heroína, los patrones de inicio, su alto consumo y la dependencia a ella, así como identificar algunas barreras que les impiden demandar tratamiento para su adicción.

 

Material y métodos

Para llevar a cabo esta investigación se utilizó un diseño transversal. El universo de estudio lo constituyó el total de los internos del Cereso (n=2 488). Se eliminaron aquellos 37 que estaban por cumplir su sentencia dentro de los próximos seis meses, con el fin de asegurar que todas las personas que se entrevistaran permanecieran durante el periodo de recolección de datos; por lo tanto, el listado final para la obtención de la muestra fue de 2 451 individuos. Se tomó como referencia, para calcular el tamaño de muestra, la prevalencia de consumo de heroína reportada por el servicio médico del penal (16%).*** Se obtuvo una muestra total de 1 208 sujetos a entrevistar, para obtener un número representativo de usuarios fuertes de heroína, a través de un muestreo aleatorio simple, utilizando la fórmula de Cochran,17 con un intervalo de confianza de 95%, un error de 5% y una tasa estimada de posible no respuesta de 15%.

La muestra se conformó por internos e internas del Cereso mayores de 18 años de edad, residentes en Ciudad Juárez en los últimos seis meses, quienes en alguno de estos meses hubieran usado heroína durante dos o más días a la semana u ocho o más días, y a quienes se les clasificó como usuarios fuertes de heroína (UFH).18

Para el levantamiento de los datos se utilizó una entrevista estructurada para la cual se diseñaron dos cuestionarios: el primero, de tamizaje (CT), que permitió identificar a aquellos internos que aceptaran participar en el estudio, que usaran drogas, que hubieran usado heroína durante los últimos seis meses, y que cumplieran con la definición operacional de ser usuarios fuertes de heroína (uso de heroína dos o más días a la semana, u ocho o más días en algún mes de los últimos seis meses). Además, el cuestionario identificaba su perfil sociodemográfico. En este cuestionario se incluyó la escala de dependencia, según el DSM-IV,19 por el uso de heroína en los últimos seis meses. El segundo cuestionario, carrera del usuario de heroína (CUH), incluyó información retrospectiva sobre el inicio del uso de heroína, vía de administración, frecuencia y tiempo de exposición al consumo, uso regular de la droga durante los cinco años previos a la entrevista, contactos con centros de tratamiento especializado, y con otras instituciones.

Los cuestionarios se aplicaron, por entrevistadores previamente capacitados, a través de una entrevista directa "cara a cara", la cual duró en promedio 40 minutos. El procedimiento para la recolección de datos se hizo con apoyo del servicio médico del penal y de dos internos, designados como mensajeros para llamar a los reclusos seleccionados por su nombre y primer apellido, y cuando éstos llegaban con el entrevistador éste verificaba que se trataba de la persona seleccionada, preguntándole su segundo apellido, número de celda y dormitorio, información que debía coincidir con las listas emitidas por el penal. Se les informó verbalmente a todos los entrevistados en qué consistía la investigación que se estaba realizando, garantizando el anonimato y confidencialidad de los datos, y se les ofreció información sobre opciones de tratamiento y rehabilitación dada su problemática por el consumo de drogas, pero no se les solicitó por escrito su consentimiento informado. El estudio fue autorizado por el Comité de Etica del Instituto Nacional de Psiquiatría, Ramón de la Fuente Muñiz. Una vez concluida la entrevista eran recompensados con la entrega de artículos para su aseo personal, y dulces.

El procesamiento de los datos incluyó una fase de codificación y captura para la cual se desarrollaron dos programas de validación, utilizando la herramienta de desarrollo y manejador de bases de datos relacionales "Visual Fox Pro" versión 5.0.

Definición de variables

Con la intención de dar cuenta de los patrones del consumo de la heroína se incluyeron variables que describieran la primera vez que se consumió esta droga: a) edad cuando por primera vez se consumió; b) lugar donde se inició el consumo; c) la vía de administración de la primera dosis; d) si alguna vez la habían usado inyectada; e) quién lo inyectó por primera vez, y f) edad en la cual se inyectó por primera vez. Por su parte, el alto consumo de la heroína se caracterizó a través de las variables: a) edad de inicio del consumo fuerte; b) frecuencia del consumo; c) vía de administración; d) combinación y mezcla con otras drogas; f) tiempo de exposición a la heroína; g) accesibilidad a la heroína; h) periodos de abstinencia; i) sobredosis; j) dependencia (con base en los criterios establecidos en el DSM-IV), y k) enfermedades crónicas y de tipo infeccioso.

También se consideraron variables sociodemográficas como: edad (años cumplidos), sexo (condición biológica), escolaridad (último año aprobado en la escuela), estado civil (condición de su relación de pareja) y ocupación (ocupación actual).

Para identificar las variables que conforman las barreras de acceso al tratamiento para el usuario de heroína se utilizó como dependiente el uso de servicios especializados, codificado como una variable dicotómica (acuden o no a tratamiento). Para determinar qué aspectos estaban asociados con no demandar tratamiento se seleccionaron 14 variables independientes, que han sido reportadas por otros estudios,7 codificadas así: edad actual (mayores de 26 y menores de 27 años); sexo (mujeres, hombres); escolaridad (hasta seis años, es decir, primaria completa y más de seis años); edad de inicio del consumo de la heroína (mayores de 19 años y menores de 20); tiempo de exposición a la heroína (diferencia entre la edad actual y la de inicio del consumo, dicotomizada en más de cinco años y menos de seis); primera vez de inyección de heroína (mayores de 19 años y menores de 20); frecuencia del consumo mensual (más de 25 veces al mes y menos de 26); abstinencia (aquellos que nunca han dejado de usar la heroína, y los que al menos han tenido un periodo de abstinencia mínimo de un mes); sobredosis (presente o ausente), número de sobredosis (al menos una vez o nunca); disminución del consumo habitual de heroína por lo menos de un mes de duración (sí y no); uso de heroína por mayor cantidad y tiempo del habitual (sí y no), y enfermedades crónicas (presencia o no en los últimos cinco años de por lo menos un padecimiento, tales como: diabetes, problemas renales, hepáticos, y cardíaco, hipertensión arterial); uso de servicios de urgencias (sí y no).

Análisis de la información

El análisis estadístico se realizó en dos fases; en una primera, a partir del cuestionario de tamizaje aplicado a la muestra total, se estimaron, con sus respectivos intervalos de confianza de 95%,20 las prevalencias del consumo de drogas alguna vez en la vida, del consumo de heroína en los últimos seis meses, y el uso de heroína en los últimos 30 días. La prevalencia de usuarios fuertes de heroína se obtuvo con aquellos individuos que la usaron en los últimos seis meses y que cumplieran con los criterios de la definición operacional de alto consumo de la droga; también se calcularon sus intervalos de confianza de 95%. Para comparar las diferencias entre edad y sexo se utilizó la c2 para variables cualitativas, y para la comparación de medias; a través de las pruebas de t y ANOVA, para las variables cuantitativas. Las diferencias fueron consideradas significativas cuando el valor de p, fue menor de 0.05.

La segunda fase del análisis incluyó solamente a los 291 usuarios fuertes de heroína. Se efectuó un análisis bivariado de las variables independientes seleccionadas; se calcularon las razones de momios (RM) crudas y sus intervalos de confianza de 95%. Finalmente, las RM ajustadas fueron calculadas desde la estimación de los coeficientes beta en el análisis de regresión logística, el cual se desarrolló para evaluar la asociación independiente de variables predictoras de los UFH, comparando la probabilidad de no acudir o acudir a tratamiento. El análisis se hizo con el paquete estadístico SPSS v.10 para Windows.

 

Resultados

La muestra fue de 1 208 internos, a quienes se les invitó para que participaran en el estudio. Finalmente fueron 1 151 los participantes, lo que dio una tasa de respuesta de 95.2%. La prevalencia de consumo de drogas alguna vez en la vida fue de 69.8% (IC95% 64.7-71.9); de éstos 26.4% (IC95% 23.3-28.9) reportó el uso de heroína durante los últimos seis meses previos a la entrevista. Asimismo, 291 de los internos entrevistados cumplieron los criterios para ser clasificados como usuarios fuertes de heroína (UFH), obteniéndose una prevalencia de 25.3% (IC95% 22.5-28.8). De éstos, 272 eran hombres (93.5%) y 19 mujeres (6.5%). El promedio de edad actual para los primeros fue de 27 años (desviación estándar ± 6.1), mientras que en la población femenina fue mayor (32 años; desviación estándar ± 6.5), aunque no en forma significativa (cuadro I).

En relación con la escolaridad de los UFH, más de la mitad cursaron el nivel básico (56.6%), y sólo 3.8% nunca asistió formalmente a la escuela; sin embargo, cabe resaltar que los niveles superiores a preparatoria sólo se encontraron entre los varones. Las diferencias por sexo en ambas variables fueron estadísticamente significativas (p=0.018). En cuanto a su estado civil, la mayoría reportaron ser solteros y tener trabajo dentro del penal, diferencias significativas por sexo en ambas variables (cuadro I).

Patrón de inicio del consumo de la heroína

El promedio de la edad de inicio de la heroína fue a los 21 años (desviación estándar ± 5.9); entre los varones esta media fue también a los 21 años, (desviación estándar ± 5.7), mientras que en las mujeres fue a los 24 (desviación estándar ± 8.1) encontrándose diferencias significativas entre sexos. Al analizar la edad de inicio en función de la edad actual de los individuos se encontró que el promedio de edad con la que están empezando a consumir la heroína está disminuyendo significativamente. Así, tenemos que la media de edad de inicio para aquellos que al momento de la entrevista eran menores de 23 años fue de 17.1 (desviación estándar ± 2.6), mientras que para el grupo de más edad (mayores de 31 años), el promedio fue de 27 (desviación estándar ± 8.3). Estos resultados indican que existe un efecto por la edad en los individuos en relación con el inicio del consumo de este tipo de droga (figura 1).

 

 

Al preguntarles en dónde habían comenzado a usar esta sustancia, 94.2% respondió que en México, y 5.8% refirió que en los EUA. De cada 10 individuos 7 eligieron la inyección como la manera de administración para la primera ocasión, 22.7% la inhalaron, 4.5% iniciaron fumándola y el resto con gotas por la nariz. Al porcentaje de entrevistados que no inició su consumo por vía intravenosa (87 sujetos) se les preguntó si posteriormente se la habían inyectado, a lo cual 78.2% respondieron afirmativamente.

Ahora bien, de aquellos quienes iniciaron el uso de la heroína inyectándosela, su promedio de edad fue 21 años (desviación estándar ± 6.1), entre la población de varones, y de 23 (desviación estándar ± 7.5), para las mujeres. Al analizar la relación entre edad actual y la edad a la que estos sujetos se inyectaron por primera vez, se encontró que en el grupo de los menores de 23 años la media de edad de la primera inyección fue a los 17.3 años (desviación estándar ± 2.6), mientras que entre los mayores de 31 años, la primera inyección fue a los 26.5 años (desviación estándar ± 8.6). Llama la atención que la fecha de inicio de la primera vez y la edad promedio de la administración intravenosa coinciden (figura 1).

Con relación a quien fue la persona que los inyectó la primera vez, en 7 de cada 10 hombres fue un amigo, mientras que en el grupo de las mujeres esta razón fue de 5 por cada 10, además de que casi en una quinta parte fue un conocido quien las inyectó por primera ocasión.

Patrón de consumo fuerte de la heroína

En cuanto al consumo fuerte, el promedio de edad a la que lo iniciaron fue a los 21.4 años (desviación estándar ± 5.9), no encontrando diferencias por sexo. Al comparar la edad a la que estos sujetos se convirtieron en UFH se evidenció que, nuevamente, este momento coincide tanto con el promedio de la edad de inicio del consumo, como con el de la primera vez que se inyectaron la droga. Asimismo, puede observarse que mientras el consumo fuerte se iniciaba con un promedio de 27.3 años de edad en aquellos individuos mayores de 31 años, entre el grupo de población más joven (menores de 23 años de edad), este inicio se está dando en promedio a los 17.8 años. (figura 1)

La forma de administración más utilizada durante el consumo fuerte de la heroína continúa siendo la inyectada (84.5%), seguida de la inhalada (5.1%) y de la fumada (1.0%). La frecuencia de consumo para 75.6% era diariamente, 80% refirieron que la combinan con otras drogas, entre las que destacan la cocaína, la marihuana, las pastillas y el alcohol. Asimismo, 6 de cada 10 reportaron mezclarla con otra droga, generalmente cocaína, en forma del llamado speed-ball. (cuadro II)

 

 

El tiempo de exposición al que han estado sometidos los UFH varió desde los que la han usado durante menos de tres años (25.4%), hasta aquellos que tienen más de 10 años de exposición a esta sustancia (17.5%). (cuadro II)

En el cuadro II se presenta la información relacionada con los periodos de abstinencia a partir de ser UFH; casi la mitad de ellos (46.5%), reportaron que nunca han tenido periodos de abstinencia ("limpios"). Asimismo, 3 de cada 10 han tenido episodios de sobredosis, y, prácticamente, todos (95.5%) cumplieron con los criterios de dependencia de acuerdo con el DSM-IV, es decir que presentaron tres o más síntomas de dependencia a la heroína.

En cuanto a los problemas de salud asociados con el consumo de la heroína, éstos se clasificaron en enfermedades crónicas e infecciosas; con relación a las primeras, 86.3% de los UFH no reportaron ningún padecimiento; y en cuanto al segundo tipo, 72.9% tampoco lo hizo; esto sugiere que existe poca preocupación por los daños en su salud. También se les preguntó si habían hecho uso de los servicios de atención a la salud, a lo cual 28% respondió haberla solicitado en un servicio de urgencias del sector salud, y 36.5% respondió haber estado en tratamiento especializado, durante los últimos cinco años, por el uso de drogas.

Modelo multivariado de las barreras para solicitar tratamiento

Se calcularon las razones de momios (RM) crudas y sus intervalos de confianza de 95% (IC 95%), para las variables independientes de los 291 UFH, las cuales subsecuentemente fueron probadas en el modelo de regresión logística. En el cuadro III, se describen las RM crudas y sus intervalos de confianza, para la comparación entre estas variables, y el no asistir o asistir a tratamiento. Los resultados del análisis entre las variables independientes y el no acudir a tratamiento indican que estuvieron asociados al no acudir a tratamiento los siguientes hechos: la edad actual, los años de escolaridad, la edad de la primera vez cuando se inyectó, la abstinencia, la sobredosis, el número de sobredosis, el disminuir el uso de heroína al menos un mes, las enfermedades crónicas y el solicitar atención a un servicio de urgencias. En cambio, no se encontraron diferencias significativas entre el sexo, la edad de inicio del consumo de la heroína, el tiempo de exposición, la frecuencia mensual de consumo y el uso de la droga en mayor cantidad y tiempo.

 

 

Cuando todas las variables independientes se incluyeron en el modelo de regresión logística (cuadro IV) los años de escolaridad, la abstinencia, la sobredosis, las enfermedades crónicas y el tiempo de exposición, resultaron ser factores de riesgo independientes para no acudir a tratamiento.

 

 

La búsqueda de tratamiento casi se duplica en sujetos con escolaridad máxima de primaria. Sin embargo, puesto que los intervalos de confianza cruzan a los dos lados del valor de la unidad, puede decirse que tal vez le faltó poder estadístico a esta variable para estar asociada. La prevalencia de no demandar tratamiento en sujetos sin abstinencia es cuatro veces mayor, cuando la comparamos con aquellos que han tenido al menos un periodo de abstinencia. La prevalencia de búsqueda de tratamiento en sujetos que no han tenido episodios de sobredosis es dos veces mayor, comparada con los sujetos que han presentado uno de estos cuadros. La prevalencia de no demandar tratamiento en sujetos que no autorreportaron la presencia de enfermedades crónicas es casi tres veces mayor, cuando la comparamos con aquellos que han tenido autorreporte de éstas. Finalmente, la prevalencia de no demandar tratamiento en sujetos que han estado expuestos a la heroína durante más de cinco años es dos veces mayor, al compararla con sujetos que han estado expuestos a esta droga por menos tiempo.

 

Discusión

Las limitaciones respecto de veracidad y de acceso a la información que brindan los usuarios de drogas contemplan principalmente dos aspectos: el uso de drogas es ilegal, y socialmente inaceptable; es por ello relevante establecer desde el inicio del estudio una buena comunicación entre el entrevistado y el entrevistador, para brindar a este último un ambiente de confianza que logre la aceptación del estudio, una mayor disposición de respuestas confiables y, con ello, disminuir en lo posible una fuente potencial de error. Acorde con lo anterior, en nuestro estudio se obtuvo una tasa de respuesta de 95.2%, evidenciando la adecuada aceptación que esta investigación tuvo entre los internos del Cereso; no así en otros estudios como el de Kerber,21 en el cual sólo se obtuvo una tasa de respuesta de 74%.

A partir de los resultados de este trabajo se comprueba la existencia del consumo de drogas en el penal, ya que 70% de los internos reportaron el uso alguna vez en la vida de algún tipo de droga; estos resultados son semejantes a los de estudios realizados en los EUA y España, en donde se encontró una prevalencia de 82 y 56.5%, respectivamente.22,23 Estos resultados resaltan que existe un vínculo entre consumo de drogas y actividades delictivas.

Respecto a la prevalencia de consumo de heroína durante los últimos seis meses (26.4%), nuestros hallazgos son semejantes a los de las investigaciones efectuadas por Magis y colaboradores en prisiones de Ciudad Juárez, Chihuahua.14 Debe resaltarse que aunque las prevalencias reflejan un alto número de internos usuarios de heroína son menores a las encontradas tanto en 1976, por Suárez,24 en el penal de Tijuana, Baja California (49%), como por Magis y colaboradores,14 en el penal de esta misma ciudad en 2000, así como lo encontrado en España, en donde entre 36.1 y 88.9% de los internos que ingresan a centros penitenciarios tienen a la heroína como su droga de preferencia.23

Por otro lado, la población se caracterizó por ser joven, de baja escolaridad, soltera y con alguna ocupación dentro del penal. Su inicio para el consumo de heroína se dio en promedio a los 21 años de edad; 82.1% se iniciaron entre los 12 y 25 años de edad, y 94.2% se inició en México en el uso de heroína: el método más común fue la vía intravenosa. Llama la atención la similitud de estos resultados con los de Suárez, entre 1977 y 1978, en la cárcel del estado de Baja California,4 en donde reporta los mismos parámetros para la población de internos, con excepción de la prevalencia que, como ya se mencionó, fue menor en nuestro estudio. Una de las explicaciones que podría darse para estas semejanzas entre los dos estudios es que a finales de los setenta se vivía un incremento en el consumo de heroína en la frontera norte de México; es decir, una epidemia de heroína, situación que se está viviendo de nuevo en esta zona del país, según lo muestran las tendencias reportadas por el Sisvea.6

En nuestro estudio además de documentar la alta prevalencia del uso de heroína en los últimos seis meses (26.4%) se ha identificado que de los adictos un número considerable puede ser clasificado como usuario con alto consumo de la droga (25.3%), y que 95.5% de la población estudiada fue clasificada, de acuerdo con los criterios del DSM-IV,19 como dependiente de la heroína, y el resto como que abusa de esta sustancia. También se encontró que el promedio de edad de inicio fuerte de esta sustancia fue a los 21.4 años, siendo casi inmediata al primer inicio de consumo y a la primera vez que se inyectaron, lo cual refleja las propiedades farmacológicas adictivas de la heroína.

Respecto a los efectos del tiempo de exposición a esta droga, era de esperarse que los usuarios reportaran una alta frecuencia de problemas de salud; sin embargo, sólo alrededor de la quinta parte señaló tener algún problema crónico, y 27.1%, problemas de tipo infeccioso, lo cual puede estar subestimado, en función de la percepción que ellos tengan de su estado de salud o por un diagnóstico médico previo. Además, como ya se ha mencionado por otros estudios, los usuarios de drogas difieren el buscar tratamiento o atención médica hasta que el problema se vuelve irremediable. La subutilización de servicios de salud, tanto en el nivel preventivo como en el de tratamiento, puede sólo exacerbar sus necesidades de salud y aumentar el uso inapropiado de servicios de urgencias, para tratar con problemas que pudieron haber sido prevenidos o detectados, y tratados luego de un diagnóstico oportuno. Además, esta práctica coloca a los usuarios en una situación de mayor riesgo para adquirir enfermedades infecciosas, entre éstas el VIH, la hepatitis y otras, como lo menciona el reporte del Servicio Penitenciario Bonaerense, en el cual, de 40 internos estudiados con SIDA, 62% tenían antecedentes de uso de drogas intravenosas.25

Lo anterior nos indica que el acceso a tratamiento es relevante si se considera la asociación entre actividades criminales y el abuso de las drogas. Los internos que las consumen tienden a venderlas, a cometer robos en casas, o a involucrarse en crímenes violentos. Como lo menciona Kerber21 en su estudio de internos de la cárcel del estado de Texas, en los EUA, al preguntarles a los presos cuál era el motivo principal por el que regresaron a prisión, 30% respondió que fue debido al uso de drogas. Los internos adictos no sólo tienen necesidad de recibir tratamiento por el uso de drogas, sino que deberían beneficiarse de otros programas que estén integrados y que les resuelvan problemas que son prevalentes entre ellos, como la victimización y la estigmatización que han sufrido por su consumo, las enfermedades mentales, el abuso y el maltrato en su infancia. Debe atenderse en ellos el manejo adecuado de los riesgos por el consumo intravenoso de drogas, así como por sus prácticas sexuales, que los coloca en mayor riesgo de contraer infecciones de transmisión sanguínea y sexual. Lo anterior coincide con lo observado por Arroyo y colaboradores en su experiencia en el Centro Penitenciario de Brians, en Barcelona.26

La baja prevalencia de los internos que han estado en tratamiento (36%) en nuestro estudio es contraria a lo que se debería esperar con una población en donde 95% de los entrevistados fueron dependientes de la heroína. Por ello, era importante identificar posibles barreras que les impidieran solicitar tratamiento. Otros estudios como los de Penchansky y Thomas (1981),27 McCoy y colaboradores (2001)28 y Ortiz y colaboradores (1997)29 –este último en nuestro país–, han identificado la estigmatización y la marginación entre los principales motivos para no acudir a tratamiento. El estigma se traslada al ámbito social de la comunidad donde viven y la que, cuando ellos han decidido tratarse por su adicción, no deja de verlos como viciosos, lo cual dificulta su rehabilitación e inserción social. Sin embargo, observamos otro tipo de variables que impiden que estos usuarios lleguen a tratamiento. Entre éstas la baja escolaridad, nunca haber tenido periodos de abstinencia, no haber sufrido episodios de sobredosis, no presentar enfermedades de tipo crónico y tener más de cinco años de estar expuesto a la heroína.

Esta información es importante para integrar el conocimiento existente y dar respuesta efectiva a las necesidades de los UFH. El momento de crisis que viven por el encierro podría facilitar su convencimiento para que iniciaran un tratamiento de rehabilitación por su consumo de drogas, tomando como base algunos otros aspectos propios de la adicción (como los mencionados en el modelo de la regresión logística), y no sólo la estigmatización y otras barreras que clásicamente se han estudiado hasta el momento o la perspectiva jurídica, sino la de salud integral.

 

Referencias

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Solicitud de sobretiros:
M en C. Patricia Cravioto
Dirección General de Epidemiología
Francisco de P. Miranda 177 3er. Piso
colonia Unidad Lomas de Plateros
01480 México, DF, México
Correo electrónico: tapy50@aol.com, pcravioto@epi.org.mx

Fecha de recibido: 5 de septiembre de 2002
Fecha de aprobado:
30 de enero de 2003

 

 

El texto completo en inglés de este artículo también está disponible en: http://www.insp.mx/salud/index.html
* Hernández DJ, Sánchez HS. Investigación con 108 usuarios de heroína en la ciudad de Tijuana. Centros de Integración Juvenil. México DF, 1985. Documento mimeografiado.
** Cravioto P, Medina-Mora ME, Galván F, De la Rosa BM. El problema de la heroína en Ciudad Juárez, Chihuahua. Dirección General de Epidemiología, Instituto Mexicano de Psiquiatría. Protocolo de investigación, México 2000.
*** Cravioto P, Medina-Mora ME, Galván F, De la Rosa BM. El problema de la heroína en Ciudad Juárez, Chihuahua. Dirección General de Epidemiología, Instituto Mexicano de Psiquiatría. Protocolo de investigación, México 2000.