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Salud Pública de México

Print version ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.53 n.1 Cuernavaca Jan./Feb. 2011

http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36342011000100010 

IN MEMORIAM

 

Dr. Juan Antonio Rull Rodrigo (1933-2010)

 

 

 

El 11 de noviembre de 2010 falleció, a los 77 años, el doctor Juan Antonio Rull Rodrigo, uno de los médicos fundadores de la escuela mexicana de endocrinología y diabetes.

Internista mexicano, especialista en endocrinología y con estudios de posgrado por la Universidad de Michigan. Investigador incansable, profesor innovador que entre muchos otros trabajos demostró, en los años sesenta y setenta, los efectos de las biguanidas en el control de la diabetes, hallazgo que varias décadas después describieron otros equipos internacionales. Fue siempre crítico del trabajo médico que se realizaba en lo que se convirtió en su segunda casa, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INNSZ), al cual llegaba todos los días, incluidos los sábados, antes de las siete de la mañana para dar inicio a su actividad médica, que consistía en visitar los sectores de hospitalización, discutir con otros especialistas y sugerir el tratamiento médico o quirúrgico individualizado para los pacientes internados o de consulta externa, labor que continuaba con reuniones y sesiones dentro o fuera del Instituto.

Fue en los años cincuenta que inició su camino dentro del entonces Hospital de Enfermedades de la Nutrición, en el cual ascendió desde residente a subjefe y jefe de departamento, hasta convertirse en director de medicina del Instituto al inicio de los años noventa. Fue promotor y partícipe de la modernización que vivió el INNSZ a partir de la segunda mitad de esa década. Como clínico, siempre cumplió con el juramento hipocrático: "A cualquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción".

El doctor Rull se caracterizó por su trabajo esmerado y perfeccionista. Cada mañana su práctica se acompañaba de la lectura de una antología de los avances médicos en The New England Journal of Medicine, The Lancet, Diabetes, entre otras, a la cual añadía unas páginas de noticias nacionales e internacionales. Conforme avanzaba el día bebía un café, un té o un refresco como un remanso entre las exigencias del quehacer médico. Y de noche, en su descanso, navegaba los océanos de la literatura universal. Usos y costumbres que lo convirtieron en un hombre culto y conocedor de las cualidades y defectos de los individuos, por lo que, como médico, nada de lo humano le era ajeno. Fue una persona que siempre se esforzó por conceder ayuda a quien la demandaba, por aportar consejo y escuchar a médicos, pacientes, empresarios, escritores, residentes, artistas, campesinos, médicos internos y pasantes, enfermeras, personal paramédico o administrativo, que tal vez nunca había visto en su vida, pero que se acercaban a él para consultarlo por el mal que padecían, conversar, quejarse o pedirle asesoría. Destacó por su poder de mediación y conciliación entre los diferentes departamentos a su cargo, por ser un individuo justo que trataba por igual a todos, que apoyaba a sus colegas mucho más allá del ámbito profesional, pero por encima de todo esto, se distinguió por la modestia, discreción y el extraordinario sentido del humor con los que siempre se condujo.

Entre otras de sus actividades académicas destacan haber sido profesor de asignatura y titular de la especialidad de endocrinología para la Universidad Nacional Autónoma de México, miembro de más de 12 sociedades médicas nacionales e internacionales, integrante de las Juntas de Gobierno de la UNAM y del INNSZ, miembro de la Academia Nacional de Medicina, tener más de 40 capítulos en libros publicados, cuatro libros, tres centenas de publicaciones en revistas médicas y más de 400 conferencias dentro y fuera de México. Investigador nacional nivel II, fue reconocido por su trascendente influencia y destacada colaboración con la Secretaría de Salud en la formación del personal especializado en diabetes.

Con esta irremediable pérdida, el país y la medicina mexicana están de luto, pues su vida estuvo dedicada a enriquecer la práctica de la salud pública y la educación médica en nuestro país, y fue ejemplo de una lucha constante contra la enfermedad, ajena o propia, hasta el final.

Del doctor Rull aprendimos cosas inapreciables, entre ellas que "la muerte de cualquier hombre nos disminuye", pero cuando además se pierde a un médico, profesor y amigo, la vida nos aísla en soledad, ante lo cual seguiremos también sus palabras de aliento ante una separación inevitable: "cada uno se tiene a uno mismo, y ustedes se tienen a ustedes mismos". Gracias doctor Juan Rull, sepa que siempre estará entre nosotros. Nuestro sincero afecto a toda su familia.

 

Dr. José Luis López-Zaragoza
París, Francia
Noviembre 18 de 2010
jllz@hotmail.com