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Cadernos de Saúde Pública

Print version ISSN 0102-311X

Cad. Saúde Pública vol.28 n.9 Rio de Janeiro Sep. 2012

http://dx.doi.org/10.1590/S0102-311X2012000900009 

ARTIGO ARTICLE

 

Treinta años de homicidios en Medellín, Colombia, 1979-2008

 

Thirty years of homicides in Medellín, Colombia, 1979-2008

 

 

Héctor Iván GarcíaI; Carlos Alberto GiraldoII; María Victoria LópezIII; María del Pilar PastorIII; Marleny CardonaIV; Clara Eugenia TapiasII; Deiman CuartasV; Vanessa GómezII; Claudia Yaneth VeraII

IFacultad de Medicina, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia
IIUniversidad de Antioquia, Medellín, Colombia
IIIFacultad de Enfermería, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia
IVUniversidad de la Salle, Bogotá, Colombia
VInstitudo de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia

Correspondencia

 

 


RESUMEN

El homicidio en Medellín, Colombia, se convirtió en la primera causa de muerte desde 1986 y su participación del total de muertes pasó de 3,5% en 1976 a 42% en 1991 y 7% en 2006. Entre 1979 y 2008 hubo 81.166 homicidios (2.706 promedio/año). La tasa de homicidios por 100.000 habitantes fue 44 en 1979 y 47 en 2008, con un máximo de 388 en 1991. Se describen características de los homicidios en 30 años, entre 1979 y 2008, por quinquenios, mediante una muestra aleatoria de 3.414 necropsias médico-legales. Los muertos fueron hombres 92.8% (IC95%: 91,8; 93,6), jóvenes con promedios de edad entre 27 y 33 años, residentes en estratos socio-económicos bajos, con predominó de los móviles ajustes de cuentas, riñas y atracos. Se evidenciaron tres periodos diferentes de la epidemia de homicidios: el primero de incremento acelerado 15 años, el segundo de descenso sostenido hasta 1998 y el tercero ondulante y descenso abrupto en los 10 últimos años. Estos resultados de larga duración de la violencia en la ciudad abren posibilidades analíticas para encontrar políticas más consistentes de intervención.

Violencia; Homicidio; Colombia; Condiciones Sociales


ABSTRACT

In Medellín, Colombia, homicides have been the leading cause of death since 1986. Their proportion among total deaths increased from 3.5% in 1976 to 42% in 1991 and subsequently decreased to 7% in 2006. From 1979 to 2008, there were 81,166 homicides (annual mean, 2,706). The homicide rates per 100,000 inhabitants were 44 in 1979 and 47 in 2008, with a peak of 388 in 1991. The current article analyzes homicides in 30 years (1979-2008) using a random sample of 3,414 forensic autopsy reports. The vast majority of victims were males, 92.8% (95%CI: 91.8%; 93.6%), mostly low-income young people from 27 to 33 years of age. Most homicides involved revenge, fights, or armed robberies. The study showed different periods in the homicide epidemic: the first 15 years, with a rapid increase, the second, with a steady decline until 1998, and the third, with a fluctuating but overall steep decline in the last 10 years. This long-term study on violence in Medellin opens possibilities for analyzing and identifying more consistent policies for intervention.

Violence; Homicide; Social Conditions


 

 

Introducción

La historia colombiana, la configuración de sus instituciones y Estado, han estado atravesadas por la violencia y el homicidio que se han convertido en la forma más extrema de resolver nuestros conflictos personales, culturales, políticos y sociales, lo que ha generado impactos negativos sobre todos los ámbitos de construcción y desarrollo de la sociedad. La violencia se entiende como la imposición de la fuerza al servicio de determinados intereses, ejercida en condiciones de asimetría, con una direccionalidad específica, que resulta en la limitación o la aniquilación de la víctima 1.

Medellín es la segunda ciudad de Colombia, tanto por su Producto Interno Bruto y desarrollo socio-económico, como por su población que es el 5% del total de habitantes (1.641.341 en 1979 y 2.291.378 en 2008)2. En las últimas tres décadas el homicidio y otras formas de violencias individuales y colectivas han sido el principal problema social, económico, de salud pública, de seguridad y convivencia ciudadana, obstaculizando el desarrollo humano; además la ciudad ha sido una de las más afectadas por las altas tasas de homicidio del país 3,4. Medellín fue reconocida internacionalmente como epicentro de una intensa conflictividad urbana en la que se mezclaban la expansión del narcotráfico, el proceso de urbanización, la intensificación de las migraciones por desplazamientos forzosos, desapariciones, secuestros y extorsiones y la presencia urbana del conflicto armado vivido en el país en las últimas décadas. A ello se le unía la crisis del modelo económico, con altas tasas de desempleo, concomitantemente con las ausencias o insuficiencias del Estado en campos esenciales de la vida social, así como aspectos específicos de la cultura y la dinámica social, que configuran aspectos relevantes para la interpretación de los niveles de violencia y homicidios que la ciudad ha padecido.

En Medellín, el homicidio se convirtió en la primera causa de muerte desde 1986 y su participación en el total de muertes se incrementó del 3,5% en 1976, al 11,2% en 1981, al 20,3% en 1986 y alcanzó el máximo de 42% en 1991, año en que comienza a descender hasta el 27,7% en 1996, 27,0% en 2001 y 7,2% en 2006 5,6,7,8,9. Entre 1979 y 1989 hubo 18.992 homicidios (promedio/año 1.726), de 1990 a 1999 fueron 45.434 los muertos (promedio/año 4.543) y desde 2000 hasta 2009 se dieron 18.919 muertes (promedio/año 1.892). La tasa anual en el período fue de 44 y 47 homicidios por 100.000 habitantes en 1979 y 2008 con un máximo en 1991 de 388 10,11.

Los estudios sobre la violencia homicida en Medellín han mostrado que los muertos fueron hombres jóvenes entre 15 y 34 años, que en el 36% de los casos estaban bajo efectos del alcohol en el momento de la muerte, cuando se logró establecer el móvil (40% de los casos) hubo predominio de los ajustes de cuentas, riñas y atracos. Ha habido mayor riesgo que los hechos ocurrieran en lugares de estratos socio-económicos bajos y que las víctimas procedieran de esos estratos. Los homicidios se presentaron durante la noche, especialmente los fines de semana y que la calle fuera el lugar de preferencia 12,13.

Con el fin de obtener una visión panorámica de esta epidemia de homicidios ocurrida en la ciudad, se describen en este artículo características de los actores, circunstancias y móviles de los hechos violentos que tuvieron víctimas fatales en Medellín en un periodo de 30 años, 1979-2008, por medio de la agregación de los datos de los estudios que se han realizado en diferentes periodos 12,13,14. Se busca así, a través de un periodo de análisis más prolongado, abrir posibilidades de análisis que conduzcan a formas más consistentes de intervención en la búsqueda de soluciones y aportando argumentos que sirvan para la formulación y ejecución de políticas.

 

Materiales y métodos

Se realizó un estudio secundario, descriptivo, retrospectivo de los homicidios ocurridos en Medellín entre 1979 y 2008. La población de estudio fueron todas las actas de levantamiento de cadáver diligenciadas por funcionarios del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Regional Noroccidente (INMLyCF) y de la Fiscalía General de la Nación y el informe de la necropsia practicada por el médico legista. Para los periodos 1980-1989 y 1990-2002, se usaron las bases de datos originales de las investigaciones de esos años 12,13, para 1979 se tomó una muestra aleatoria de las actas de levantamiento del cadáver y del informe de necropsia, y para el periodo 2003-2008 se obtuvo una muestra aleatoria, estratificada por años de la base de datos de mortalidad del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) que tiene incluidos los certificados de defunción que expiden los médicos legistas del INMLyCF.

El método de muestreo de los dos estudios 12,13 y de los nuevos datos recolectados fue el mismo: aleatorio, estratificado, con asignación proporcional al número de homicidios ocurridos en el año. El tamaño de muestra se calculó con un nivel de confianza del 95% y un error de muestreo de 4,2%, para un universo de 81.166 homicidios. El total de la muestra obtenido fue de 3.414 unidades de análisis. La selección final de los registros, dentro de cada estrato, se hizo de forma sistemática. Se excluyeron los registros de los homicidios ocurridos en el área rural y en otros municipios y aquellos en los que no se logró esclarecer si se trataba de un homicidio.

El diseño metodológico en las tres investigaciones fue similar y en ellas los datos se recolectaron en formularios estandarizados que incluyeron variables de la víctima, de las circunstancias temporales, geográficas y del hecho, y de los móviles del homicidio consignadas por los funcionarios que hicieron el levantamiento del cadáver. La recolección la realizaron auxiliares de investigación y una investigadora (V.G.) entrenadas para reducir los sesgos. El control de calidad de la información, consistencia y coherencia interna lo hicieron dos investigadores (H.I.G., C.Y.V.). Los datos se sistematizaron en Microsoft Excel 2007 (Microsoft Corp., Estados Unidos) y el análisis estadístico se hizo en SPSS 15 (SPSS Inc., Chicago, Estados Unidos).

La descripción de los actores, circunstancias y móviles se efectuó con porcentajes para las variables categóricas y se usaron promedios, desviaciones estándar y rangos para las variables numéricas, con los intervalos de confianza del 95% (IC95%). La cantidad de alcohol ingerida por la víctima se midió según los mg de etanol por cien mg de sangre total (mg%) y se clasificó en grados de embriaguez así: primer grado entre 40 y 99mg%; segundo grado entre 100 y 149mg% y tercer grado igual o mayor a 150mg% 15. Para la ubicación geográfica en la ciudad de los barrios, comunas y zonas del lugar de residencia del occiso y de los hechos del homicidio, se usaron los mapas político-administrativos proporcionados por el Departamento Administrativo de Planeación Metropolitana del municipio de Medellín. Se usó la estratificación socio-económica de cada barrio que define la entidad proveedora de los servicios públicos domiciliarios, la cual consiste en seis estratos definidos según los criterios de condiciones de la vivienda y del equipamiento urbano disponible en el barrio donde está ubicada.

Administrativamente, la ciudad está dividida en barrios, que son conglomerados de viviendas localizadas en una limitada área geográfica, que comparten historias y desarrollos similares, y estos a su vez se agrupan en 16 comunas homogéneas física y socialmente, organizadas para permitir una adecuada prestación de los servicios básicos. Para medir el riesgo de morir por homicidio, según el barrio y la comuna de residencia, y de ocurrencia del homicidio, se usó el índice homicidio/población (H/P) por barrio de residencia, el índice homicidio/población por comuna de residencia, la razón homicidio/población por barrio del hecho y la razón homicidio/población por comuna del hecho 13. Estos indicadores permiten comparar los espacios geográficos, al poner en relación los homicidios por la población existente en ellos. Si la muerte por homicidio se presentara por azar en un espacio geográfico de residencia o de muerte, independiente de los contextos y eventos sociales que en él se dan, el indicador debería ser igual o cercano a 1,0. Sus valores fluctúan entre 0,0, en los casos en que no hubo muertes de residentes en el lugar o no hubo homicidios en él, y valores mayores de 1,0 para los espacios donde hay riesgo de morir por pertenecer a él o por estar en él en un momento dado. El riesgo se clasificó como bajo cuando el índice tuvo un valor inferior a 0,9; medio cuando el índice estuvo entre 0,91 y 2,0, y alto cuando el índice fue superior a 2,0.

El diseño y ejecución de la investigación y la redacción del artículo se ajustaron a las normas éticas nacionales e internacionales. Es un estudio descriptivo de fuentes secundarias con registros elaborados con otra finalidad. El manejo de los datos fue de manera confidencial, sin identificación del lesionado y no se realizaron análisis individuales.

 

Resultados

Entre 1979 y 2008 se presentaron en Medellín 81.166 homicidios, distribuidos por quinquenios: en el periodo 1979-1983, 4.122 (5,1%); 1984-1988, 10.771 (13,3%); 1989-1993, 27.568 (34,0%); 1994-1998, 18.846 (23,2%); 1999-2003, 15.253 (18,8%) y entre 2004 y 2008 hubo 4.606 (5,7%) homicidios. Por años, el menor número se presentó en 1979 con 572 y el mayor en 1991 con 6.658. El comportamiento de la tasa de homicidios se muestra en la Figura 1.

En la Tabla 1 se describen las características demográficas, las circunstancias y los móviles de ocurrencia de los homicidios. Los hombres representaron el 92.8% (IC95%: 91,8%; 93,6%) de los homicidios ocurridos en la ciudad en el periodo. La razón hombre/mujer global fue 13:1, con la mínima en 2002 y 2005 de 7:1 y la máxima en 1998 de 44:1.

El promedio de edad para los occisos según quinquenios varió entre 27,2 años y 32,7 años; y en todo el periodo, las muertes en el grupo de 20 a 24 años fueron del 23% (IC95%: 21,3%; 24,2%). De los 3.414 casos de la muestra, se pudo establecer el estrato socio-económico de residencia del muerto en 2.635 registros, en los que se encontró que 49,2% (IC95%: 47,3%; 51,1%) vivían en estratos bajo-bajo y bajo y 44,8%, (IC95%: 42,5%; 46,3%) en estratos medio-bajo y medio (Tabla 1).

En cuanto al posible móvil se tuvo información en 591 casos, predominando el ajuste de cuentas (36,9%; IC95%: 33,0%; 40,9%) y el atraco (27,7%; IC95%: 24,2%; 31,6%). El arma de fuego se usó en el 84,7% (IC95%: 83,3%; 86,1%) de los homicidios en el periodo y fue mayor de 80% en todos los quinquenios, excepto en el 1979-1983 (Tabla 1).

Para determinar el grado de embriaguez se hizo la prueba a 2.356 (69%) de los muertos; el 69,7% (IC95%: 67,8%; 71,6%) de éstos no habían consumido alcohol, con un mínimo en el quinquenio 1979-1983 de 56,9% (IC95%: 52,6%; 61,2%) y máximo de 84,5% (IC95%: 81,1%; 87,5%) en 1990-1993. En el 7% (IC95%: 5,5%; 8,9%) de los 944 casos en los que se pudo identificar, el occiso había actuado como el agresor en los hechos, mientras que en el porcentaje restante había sido la víctima.

La ocurrencia de los homicidios los fines de semana (de viernes a las 18:00 horas hasta lunes a las 6:00 horas) varió entre 54% (IC95%: 47,0%; 60,8%) en 1979-1983 y el 44,1% (IC95%: 40,1%; 48,2%) en 1999-2003.

Los homicidios ocurrieron principalmente en las horas de la noche (Figura 2), con variaciones entre 73,7% (IC95%: 69,6%; 77,4%) en 1984-1988 y 54,6% (IC95%: 49,6%; 59,6%) en 1994-1998.

En la Figura 3 se muestra el comportamiento por quinquenios del índice H/P por barrio de residencia en la ciudad, el cual se fue generalizando a casi todos los barrios, desde unos pocos barrios con residentes asesinados en el primer quinquenio hasta casi todos los barrios afectados en el último y se fueron concentrando los mayores niveles del índice en los barrios del centro de la ciudad en los últimos años del periodo; y en la Figura 4 el comportamiento comparado de la razón H/P por comuna del hecho homicida y del índice H/P por comuna de residencia.

 

Discusión

Esta investigación presenta una visión de larga duración del homicidio en Medellín en treinta años, entre 1979 y 2008, período de elevada conflictividad social que llevó a registrar las mayores tasas en toda la historia de la ciudad y del país 10. En la descripción por periodos de cinco años se encontraron regularidades temporales, continuidades geográficas y especificidades en las muertes violentas no descritas en las publicaciones existentes sobre la ciudad 13,16,17,18,19, que sirven no sólo para su comprensión, sino también para la definición de políticas públicas informadas de intervención del fenómeno.

Algunos autores han propuesto que factores como la agresividad, la intolerancia y la forma inapropiada de resolución de conflictos son la causa de al menos 8 de cada 10 homicidios en Colombia 20,21. Otros han planteado que el homicidio, además de presentar importantes aumentos, también se ha diversificado y extendido hasta las zonas urbanas. Las formas de violencia que se configuran desde las pandillas juveniles, el narcotráfico, las milicias populares urbanas, las llamadas bandas criminales, entre otras, varían según regiones y costumbres 22.

En Colombia no hay estimaciones adecuadas del subregistro existente del total de homicidios; pero, aunque el INMLyCF reconoció que desde 1991 lleva un registro juicioso de las actividades que realiza en todo el país 23, el homicidio ha sido catalogado como el tipo de violencia para el cual las estadísticas son más confiables, sobre todo en los centros urbanos 24, donde las distintas agencias gubernamentales se interesan en registrarlos y se esfuerzan en no ocultarlo. En nuestro país gozan de especial prestigio los datos aportados por el INMLyCF a partir de las necropsias que realiza, de la cual se obtuvieron los datos de esta investigación, lo que permite dar una buena confiabilidad a nuestros hallazgos; pero es necesario advertir que el ocultamiento de los homicidios es una señal de la degradación de las confrontaciones y de la presencia de estructuras armadas con alto nivel de organización y con un importante poder logístico, militar y económico, que se expresa en control social y presencia territorial en vastas zonas rurales y en las principales ciudades de Colombia, entre ellas Medellín, para el período de referencia 25.

Anotaciones hechas por distintos observadores, que están a la espera de averiguaciones más sistemáticas, hablan de la intención deliberada de grupos armados de distintos niveles de organización de ocultar los homicidios mediante diversos métodos de desaparición de los cadáveres, lo que contribuye a sustentar la creencia de que la disminución de los homicidios en algunas zonas de la ciudad no obedece al encuentro de formas alternas de solución de los conflictos, sino a la presencia hegemónica de un grupo, lo que disminuye las confrontaciones o la adquisición de mayor capacidad logística para ocultar los cuerpos.

Los 81.166 homicidios ocurridos en la ciudad en los 30 años equivaldrían a más que la desaparición completa de la población que en 2005 tenían localidades como Barbosa (42.537 habitantes), Girardota (42.744 habitantes), La Estrella (52.709 habitantes) o Sabaneta (44.820 habitantes), limítrofes con Medellín. El informe sobre la violencia y salud de 2002 la Organización Mundial de la Salud 26 presentó un panorama de la situación de violencia en las distintas regiones y países del mundo. Si se compara con la tasa promedio mundial de homicidios que tiene el informe, que es 8,8 homicidios por 100.000 habitantes, en la ciudad en ningún año del período estudiado la tasa fue inferior a la mundial, superándola en 4,2 veces en 1979 y 2007, años en los que la tasa de la ciudad fue menor, 44 y 37 homicidios por 100.000 habitantes. En dos de los períodos más crudos de violencia homicida, 1991 y 2002, la tasa de 388 y 177 homicidios por 100.000 habitantes, superó el promedio mundial en 44 y 20 veces respectivamente.

Los hallazgos muestran tres periodos diferentes, el primero de incremento acelerado de la violencia incluye los tres primeros quinquenios; el segundo de descenso sostenido, comprende el quinquenio hasta 1998; y un tercer periodo ondulante y de descenso abrupto, en los dos últimos quinquenios del estudio. Desde los ochenta hasta el inicio del último quinquenio, las tasas de homicidios se mantuvieron elevadas y las acciones del Estado para disminuirlas fueron discontinuas, erráticas y de alcance limitado, debido a la falta de continuidad en las políticas establecidas por las autoridades locales 27, ya que no se dirigían a los ejes de la violencia homicida, es decir, a las condiciones sociales que la posibilitaban y la mantenían, puesto que se centraron en enfrentar preferentemente la generada por el terrorismo y por la confrontación bélica entre el Estado, los paramilitares y la guerrilla, que por su espectacularidad y barbarie centraban la atención por la seguridad sobre la población.

Diversos autores han tratado de explicar este periodo desde diferentes visiones 12,13,28,29,30, atribuyéndolo a la convergencia de los problemas acumulados de debilidad institucional, ausencias estatales, ciudadanía precaria, desempleo e inequidades crecientes, con la agudización tanto de la expansión del fenómeno del narcotráfico, con importantes enclaves urbanos, y su confrontación armada estatal, como de la intensificación de la presencia urbana del conflicto armado interno, en especial la actuación de las milicias afines a las organizaciones guerrilleras y la emergencia y acelerado desarrollo de organizaciones paramilitares. Merecen destacarse dos hechos agravantes. El primero: la penetración de los intereses y valores del narcotráfico en casi todos los estamentos y escenarios de la vida en la ciudad. Ni la delincuencia, ni las fuerzas del Estado, ni las organizaciones guerrilleras y paramilitares escaparon a la insidiosa y corrosiva infiltración del narcotráfico. Y el segundo: la diversidad de actores armados, o en condiciones de armar a sus mercenarios o auxiliadores, sin que ninguno de ellos logre un control efectivo de la situación, a pesar de la prepotencia exhibida entonces por las organizaciones del narcotráfico. El propio Estado no sólo no logra el control, sino que enturbia su legitimidad con ambivalencias, tolerancias o complicidades con los actores narco-paramilitares. Es en este escenario de fuego cruzado, entre y desde los actores señalados, en el que el homicidio alcanza sus mayores niveles en la ciudad, generando a su vez no sólo la excesiva pérdida de vidas humanas predominantemente jóvenes, sino también pérdidas irreparables y heridas de difícil cicatrización en los niveles psicológico, familiar, social, económico y político.

El segundo periodo de descenso sostenido, corresponde a la desarticulación del llamado cartel de Medellín. La desarticulación de esta estructura criminal contribuyó con el descenso en las tasas de homicidio por medio de varios factores: (1) debilitamiento de la estructura encargada de realizar asesinatos a través de las que se conocieron como oficinas de sicarios; (2) recomposición del tráfico de drogas en la ciudad y el país en unidades más pequeñas, con mayor nivel de control sobre las lógicas del crimen, entre ellas el homicidio; (3) recomposición de las cadenas de mando en la producción, distribución y comercialización con centralidad en algunos actores armados (insurgencia y paramilitares) en zonas rurales y teniendo la ciudad como escenario para el lavado de activos y desarrollo de actividades ilícitas conexas; (4) aumento del control del Estado y de la rama de justicia que incidirán sobre la capacidad institucional para investigar y procesar crímenes, entre ellos, el homicidio.

En el tercer periodo, ondulante y de descenso abrupto, los homicidios se redujeron sustancialmente, hecho atribuible a estrategias de pacificación militar y paramilitar, y alcanzaron tasas similares a las de 1979. Por lo tanto, la persistencia de todos los actores y factores de violencia en la ciudad; la no resolución de ninguno de los determinantes de la conflictividad urbana, y la falta de políticas nacionales e internacionales consistentes y eficaces para enfrentar la situación, llevaron a que, a partir de 1998, se hiciera imposible continuar la tendencia descendente de la tasa y a que la curva empezara a describir altibajos, en niveles todavía tres veces superiores a los nacionales.

La Operación Oriol, como se denominó la intervención militar realizada por el gobierno nacional en la ciudad en 2003, produjo un descenso que va hasta el 2005, para develar, luego, un nuevo aplanamiento entre 2005 y 2007 de los límites de la respuesta exclusivamente militar. Si bien allegar causas sobre un fenómeno tan complejo como la violencia homicida es difícil, no obstante, se pueden sugerir algunos elementos interpretativos que permiten un mayor nivel de reflexión y comprensión sobre los mismos. Existen importantes trabajos en el ámbito académico nacional e internacional realizados en las últimas dos décadas que encuentran como factores incidentes en los altos niveles de violencia del país, y de manera concreta de los homicidios, los asociados con luchas por poder político; desigualdad del ingreso y la riqueza; altos índices de pobreza de grandes sectores de la población; ausencia de oportunidades laborales, altos índices de desempleo, empleo precario; presencia débil del Estado, tanto en la provisión de servicios sociales como en materia de prevención y sanción de delitos; así como el surgimiento, consolidación y posterior reconfiguración en el mercado del tráfico de drogas que junto con la disponibilidad de armas y con un precario entorno institucional y social actúan como elementos desencadenantes de los alarmantes niveles que estos problemas han alcanzado 31,32.

Dada la naturaleza multidimensional e interrelacionada de los factores, agentes, circunstancias y procesos que generan las diversas expresiones de violencia, entre ellas, los homicidios, implican que el acercamiento y análisis de estos fenómenos no pueda llevarse a cabo desde una sola disciplina o perspectiva, sino que es menester intentar integrar elementos y estudios que permitan una visión de conjunto que posibilite indagar y comprender mejor sus intrincadas dinámicas 33,34. Como ha sido señalado, diversos estudios plantean que la violencia en Colombia se deriva de una compleja interacción de factores de orden económico, social, político, histórico y cultural a escala local, regional y nacional 35,36.

Las armas de fuego fueron las causantes de la mayor parte de los homicidios en los treinta años estudiados, reflejando tanto el nivel de organización al que ha llegado la violencia en la ciudad, como la extensión del armamentismo ilegal que favoreció la situación de violencia persistente. Los más afectados por los homicidios fueron en todo el periodo los hombres jóvenes, menores de 35 años, residentes en los barrios pobres de la ciudad, de estratos socio-económicos bajos, donde predomina el desempleo o el empleo precario asociado con un bajo nivel escolar y en donde la presencia del Estado, con políticas sociales, fue insuficiente o inexistente.

Aunque es complejo intentar entablar una relación causal directa entre exclusión social, y de forma más concreta, entre pobreza y violencia, sin embargo, tampoco es totalmente desdeñable esta como un factor o "caldo de cultivo" que podría propiciar o favorecer la aparición de conflictos violentos, como por ejemplo, los homicidios o las lesiones personales, generándose estas por la necesidad de supervivencia de grupos marginados de la población que se sienten oprimidos por el orden social excluyente. Las carencias permanentes generan en la población marginada sentimientos de frustración y venganza, los cuales inducen a ciertos actores sociales a obtener por la fuerza lo que la sociedad no les brinda dentro de los marcos regulares de la ley, del ascenso social a través del trabajo o la educación 37.

A pesar de que los presuntos móviles de los homicidios se consignan en las actas de levantamiento del cadáver, menos de la mitad (40%) logran ser esclarecidos, en buena medida, debido a las limitaciones relacionadas con la manera en que, en muchos casos, se obtiene la información (a través de testigos o con sujetos que están cerca del fallecido en el momento del procedimiento), por lo descriptivo de la clasificación definida por el INMLyCF o por el interés predominantemente legal de su recolección 38, podría inferirse que en los homicidios perpetrados predominan motivaciones personales, vinculadas con los ajustes de cuentas, los atracos y las riñas 13. Estos datos reflejan no sólo los niveles cada vez más sistemáticos y organizados de los agresores, sino también los precarios niveles de operación del sistema de justicia y de investigación criminal y policial, y también, la falta de solidaridad social, en relación con la contribución en el esclarecimiento de estos hechos, bien sea por temor, por falta de interés en tanto, los altos niveles de violencia, naturalizan sus diversas expresiones, entre ellas, las muertes, o por considerar que los niveles de respuesta institucional son irrisorios frente a la gravedad del problema 32, amén del sesgo del enfoque criminalístico del concepto de móvil y de su clasificación, que reduce la violencia al delito, y el daño a un asunto básicamente interpersonal.

El carácter descriptivo y diacrónico del estudio realizado y basado en fuentes secundarias no permite establecer relaciones explicativas o de causalidad de los hallazgos. Sin embargo, con relación al consumo de alcohol, por ejemplo, se ha encontrado con frecuencia en las personas asesinadas, lo que ha conducido a atribuirle la condición de causa de la violencia y a tomar medidas para restringir su consumo, las cifras relacionadas en nuestro estudio fueron del 24,1%, similares a las de Cali, Colombia, con el 18% 13.

Otra aspecto sugestivo para comprender esta violencia radica en los procesos de urbanización de las ciudades que se ha dado sin una modernización social y económica, donde es recurrente un proceso de mixtura que destruye las identidades étnicas, con predominio de mezclas en todas las áreas, tanto culturales, sociales y políticas con primacía del sentido de lo efímero y del consumo 13. En este último aspecto, resulta interesante observar cómo a través de los diversos medios de comunicación se viene estandarizando los patrones de consumo, al punto de que se desean casi los mismos bienes y servicios (vestuario, electrodomésticos, tecnología, vehículos, viajes, etc.), no obstante, las posibilidades materiales y económicas de acceso a ellos siguen concentrándose en las capas con ingresos más altos; de esta manera, habrá quienes deseen acceder a estos niveles de consumos y estándares de vida, insertándose en los diversos mercados de violencia asociados con el crimen organizado y el narcotráfico 37.

Si se tienen en consideración las propuestas interpretativas sugeridas y se relacionan con los resultados del estudio, adquieren relevancia hallazgos como los del riesgo de morir según el lugar de residencia, de ocurrencia del hecho y del estrato socioeconómico. Estos elementos abren posibilidades de reflexión sobre las dinámicas geográficas y territoriales en las cuales se teje la violencia homicida, más allá de las condiciones de exclusión y pobreza 13. La persistencia de jóvenes involucrados en sociabilidades marginales, constituidos en grupos que potencian su accionar fuera de la legalidad, como un denominador común en la ciudad, en las zonas de frontera desde mediados de los setenta y que se prolonga hasta la época actual 13,39 sugiere que tanto la víctima, como el agresor, tendrían características comunes: edad, educación, género o residencia.

Si bien en esta investigación se observa que los hombres jóvenes, de condición económica, social y política precaria, están inmersos en el vórtice de la violencia homicida presente en la ciudad durante las últimas tres décadas, no se pretende con ello, generar estigmas sociales o territoriales sobre poblaciones y lugares. Lo que se pretende es más bien, tratar de ubicar algunos elementos interpretativos que contribuyan a expandir los niveles de reflexión y de intervención sobre estos complejos procesos sociales, reconociendo que es necesario complementar cualquier tipo de programa que pretenda avanzar en seguridad y justicia con otros instrumentos de política, que incidan decididamente sobre las condiciones de vida de gran parte de la población, quienes aún esperan que los avances políticos y sociales consignados en la Constitución Política de 1991 se hagan realidad y con ellos, se funde una sociedad más incluyente y equitativa.

En Colombia y en Medellín, por supuesto, la construcción de una sociedad más pacífica, justa y equitativa exige un proceso de fortalecimiento de la confianza mutua y el apoyo económico que permita sentar las bases de un verdadero Estado Social de Derecho, más abierto e incluyente. Del éxito de estas lecturas y sus traducciones en formas de intervención y políticas puede depender la sostenibilidad de los actuales niveles de violencia, y las posteriores mejoras que este grave flagelo comporta para una sociedad como la nuestra.

 

Colaboradores

H. I. García fue responsable de la concepción y diseño de la investigación y de la redacción del artículo. Participó en la conducción, ejecución, recolección de los datos y análisis de la información. C. A. Giraldo, M. V. López, M. P. Pastor, M. Cardona y D. Cuartas participaron de la concepción y diseño de la investigación y de la redacción del artículo. C. E. Tapias y V. Gómez participaron en la conducción, ejecución, recolección de los datos y análisis de la información. C. Y. Vera participó en la conducción, ejecución, recolección de los datos y análisis de la información, realizó el procesamiento de datos y verificó su calidad.

 

Agradecimientos

A los funcionarios del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses Regional Nor-Occidente que permitieron acceder a los archivos de necropsias y a Clara Mercedes Suárez quien participó en la recolección de los datos del periodo 1990-2002. La investigación Reconfiguración de Escenarios de Homicídio y su Relación con el Desarrollo: Medellín, período 2003-2009, de la cual se derivó este artículo, fue financiada por la Universidad de Antioquia, convocatoria CODI 2009.

 

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Correspondencia:
H. I. García
Universidad de Antioquia
Carrera 51 D # 62-29, Medellín
Antioquia - 050010, Colombia
higarcia@quimbaya.udea.edu.co

Recibido el 22/Dic/2011
Versión final presentada el 16/Abr/2012
Aprobado el 06/Jun/2012