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Gaceta Sanitaria

Print version ISSN 0213-9111

Gac Sanit vol.19 n.3 Barcelona May./Jun. 2005

http://dx.doi.org/10.1590/S0213-91112005000300018 

IMAGINARIO COLECTIVO


¿Puede prevenirse este dolor?

(Can we prevent this pain?)


A pesar de disponer de un importante arsenal terapéutico para neutralizar el dolor, continúa siendo una asignatura pendiente del sistema sanitario. Así lo atestiguan las diversas encuestas de salud dirigidas al conjunto de la población.

Pero quisiéramos hablar aquí de un dolor que no es físico ni psíquico, sino de un dolor que se siente y que bordea el territorio de lo inefable. Resulta difícil expresar su procedencia y su intensidad. Su percepción es diferente en cada persona, aunque se materializa, en general, en estados de lucidez, cuando se comprende cómo funcionan algunos aspectos de la realidad que contradicen las creencias aprehendidas en una situación de pura inocencia. El choque que se produce entre «tu verdad» y la verdad produce este dolor.

Sirva esta introducción para presentarles un poema que refleja esa situación. El poema pertenece a César Vallejo, un poeta que nació en Santiago de Chuco, Perú, en 1892 y murió en París en 1938. Éste no es el único poema de su producción que nos habla del dolor. La obra de Vallejo está bien cosida con el hilo del sufrimiento, no en vano escribió en «Espergesia», en su libro Los Heraldos Negros (1918):

(...)«Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.»

La enfermedad es un tema recurrente en la obra de Vallejo, así como el cuerpo humano y sus «miserias» o «grandezas», a saber. Respecto al dolor del poema que a continuación les transcribiremos, es un dolor que no se sabe de dónde viene o cómo nace, pero sí que crece a cada momento y no para de crecer y que, a pesar de que la voz del poema reclama al ministro de Salud qué hacer, deja en manos de todos los humanos la posible solución a tan arduo problema.

El siguiente poema pertenece al libro Poemas Humanos, publicado póstumamente en 1939, y se titula «Los nueve monstruos» (escrito entre 1931-1937). El posible desajuste que produce el dolor lo refleja muy bien Vallejo hasta en el uso de la lengua. Verán que hay acentos donde en teoría no deben ir y grafías cambiadas. Es un recurso muy utilizado por Vallejo en muchos de sus poemas, con un alto grado de eficacia expresiva.

«I, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora, voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de sér, dolernos doblemente.

¡Jamás, hombres humanos,
hubo tánto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!
¡Jamás tánto cariño doloroso,
jamás tan cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
¡Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tánta frente de la frente!

Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,

la lagartija, en su cajón, dolor.

¡Crece la desdicha, hermanos hombres,
más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece

con la res de Rousseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos

y es una inundación con propios líquidos,
con propio barro y propia nube sólida!

Invierte el sufrimiento posiciones, da función
en que el humor acuoso es vertical

al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída,
y esta oreja da nueve campanadas a la hora
del rayo, y nueve carcajadas
a la hora del trigo, y nueve sones hembras
a la hora del llanto, y nueve cánticos
a la hora del hambre y nueve truenos
y nueve látigos, menos un grito.

El dolor nos agarra, hermanos hombres,
por detrás, de perfil,
y nos aloca en los cinemas,
nos clava en los gramófonos,
nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente

a nuestros boletos, a nuestras cartas;
y es muy grave sufrir, puede uno orar...

Pues de resultas
del dolor, hay algunos
que nacen, otros crecen, otros mueren,
y otros que nacen y no mueren, otros
que sin haber nacido, mueren, y otros
que no nacen ni mueren (son los más)
Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
de ver el pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardio!
¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tánto cajón,
tánto minuto, tánta
lagartija y tánta
inversión, tánto lejos y tánta sed de sed!
Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?
¡Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.»

Han transcurrido 66 o 67 años desde que se escribió este poema y díganme, ¿no estamos en lo mismo?:

«¿Qué se llama cuanto heriza nos?
Se llama Lomismo que padece
nombre, nombre nombre nombrE.»

CÉSAR VALLEJO, II, en el libro Trilce (1922)

Dolores Garcíaª y Pere Godoyb
ªProfesora de Lengua y Literatura Castellana.
IES Caparrella. Lleida. España.
bProfesor titular de Medicina Preventiva y Salud Pública.
Universidad de Lleida. Lleida. España.