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Gaceta Sanitaria

Print version ISSN 0213-9111

Gac Sanit vol.23 n.1 Barcelona Jan./Feb. 2009

http://dx.doi.org/10.1590/S0213-91112009000100006 

ORIGINAL

 

Evaluación de una intervención de promoción de espacios sin humo en el ámbito educativo

Evaluation of a schoolbased intervention to promote smokefree areas

 

 

José García-Vázquez a,*, Esther Arbesú Fernández b, Laura Rodríguez Vigil c, Gema Álvarez Iglesias a, Silvia Fernández Rodríguez a y Carmen Mosquera Tenreiro a

a Sección de Promoción de la Salud, Consejería de Salud y Servicios Sanitarios de Asturias, Oviedo, Asturias, España
b Gerencia de Atención Primaria del Área Sanitaria II, Cangas del Narcea, Servicio de Salud del Principado de Asturias, Oviedo, Asturias, España
c Gerencia de Atención Primaria del Área Sanitaria I, Jarrio, Servicio de Salud del Principado de Asturias, Oviedo, Asturias, España

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Objetivo: Conocer el efecto de un programa sobre el consumo visible de tabaco en los institutos de enseñanza secundaria (IES), la prevalencia y la intensidad del consumo del alumnado y el profesorado, y sus actitudes y conductas respecto al consumo en el centro.
Métodos: Estudio casi experimental en 18 IES que realizaron el programa y en 18 que no lo realizaron (grupo control). Por observación directa se registró el consumo visible, la existencia de ceniceros y de carteles de «espacio libre de humo». Por encuesta al profesorado y al alumnado de 3.o de ESO y 2.o de Bachillerato, se recogieron datos de consumo de tabaco, grandes fumadores, consumo en el recinto escolar y opinión sobre la prohibición de fumar; a los profesores también se les preguntó sobre el consumo delante de los alumnos y sobre los intentos de dejar de fumar.
Resultados: En el grupo de intervención había menor consumo en las zonas observadas (el 27,9 frente al 45,6%) y el doble de carteles. No hubo diferencias en la prevalencia de consumo diario, pero sí en el porcentaje de grandes fumadores, que fue menor en el profesorado y el alumnado del grupo de intervención; también eran menos los alumnos de 3.o de ESO que fumaban en el centro. La opinión sobre la prohibición de fumar en el centro era favorable en los dos grupos.
Conclusiones: El programa contribuyó a la reducción del consumo visible y del número de cigarrillos/día consumidos por profesorado y alumnado.

Palabras clave: Tabaquismo. Escuelas. Prevalencia. Evaluación de programas. Efectividad. Promoción de la salud.


ABSTRACT

Objective: To determine the effect of an intervention in secondary schools on visible tobacco use, the prevalence and intensity of smoking, and the attitudes and behaviors of teachers and students.
Methods: We performed a quasiexperimental study in 18 public secondary schools that carried out the program and in 18 that did not (control group). Information was obtained on visible tobacco use and the number of ashtrays and smokefree posters through direct observation. Data were collected on tobacco use, the number of heavy smokers, smoking in schools, opinions on smokefree schools, smoking in front of the students, and attempts to quit smoking through questionnaires to teachers and students in the third year of compulsory secondary education (15-year-olds) and in the final year of secondary school (18-year-olds).
Results: Visible tobacco use was lower in the intervention group (27.9 vs. 45.6%) and twice as many posters were displayed. No differences were found in the prevalence of daily tobacco use, but the percentage of heavy smokers was lower in teachers and students in the intervention group. Smoking was lower in students in the third year of compulsory secondary education in schools carrying out the program. Opinions about smokefree schools were favorable in both groups.
Conclusions: The program contributed to reducing visible tobacco use and in decreasing the number of heavy smokers among teachers and students.

Key words: Smoking. Schools. Prevalence. Program evaluation. Effectiveness. Health promotion.


 

Introducción

En el ámbito educativo, las políticas para regular el consumo de tabaco han mostrado diversa efectividad en la población adolescente: descenso de la prevalencia1,2, disminución de la intensidad3 o ausencia de efecto4. Las más eficaces fueron las intervenciones que combinaban programas educativos, centrados en la influencia social del tabaquismo, con la prohibición del consumo en el centro, garantizando su cumplimiento1-3,5,6.

En España, la regulación antes del año 2006 permitía el consumo de tabaco en los centros educativos en espacios no compartidos por el profesorado y el alumnado menor de 16 años7, pero el cumplimiento de esta normativa era escaso8,9.

En Asturias, un estudio realizado en 1999 con una muestra representativa de Institutos de Enseñanza Secundaria (IES) públicos constató un elevado consumo visible de tabaco. Este consumo se producía en espacios tanto compartidos como no compartidos por profesorado y alumnado, porque no había normas adecuadas, no se cumplían o, incluso, en un pequeño porcentaje de centros no existían10. En una encuesta realizada en los mismos centros, tanto el alumnado como el profesorado expresaron la necesidad de limitar este consumo11.

Ante esta situación, las Consejerías de Salud y Educación pusieron en marcha el programa Aire Fresco12, con el objetivo principal de regular el consumo de tabaco en los centros educativos de Asturias, mediante su limitación a una o dos zonas específicas para fumar, tal y como permitía la legislación vigente7, o mediante la eliminación total. Este programa incluía estrategias que se habían mostrado efectivas en otros estudios, como la discusión y la negociación entre toda la comunidad educativa13-15, un taller entre iguales para facilitar la interacción del alumnado16-19 y un taller de cesación tabáquica para el personal docente y no docente. Se pretendía así poner en marcha un proceso participativo para decidir nuevas normas de consumo de tabaco en el centro.

Aire Fresco se ofertó entre 2000 y 2005 a todos los centros de enseñanza secundaria de Asturias, independientemente de su titularidad, aunque se priorizó la participación de los públicos porque presentaban una peor situación10. El programa se desarrollaba, de forma voluntaria, durante un curso escolar, con acciones de refuerzo en los cursos siguientes. La incorporación de los centros fue paulatina, de manera que algunos se incorporaron en el curso escolar 2000-2001 y otros lo hicieron en los años siguientes. En 2006, la entrada en vigor de una nueva ley20 prohibió totalmente el consumo de tabaco en los recintos escolares, y el programa Aire Fresco concluyó.

El objetivo de este estudio fue conocer el efecto del programa sobre el consumo visible de tabaco en los IES, sobre la prevalencia y la intensidad del consumo en el alumnado y el profesorado, así como el cambio en sus actitudes y conductas respecto al consumo en el centro escolar.

 

Material y métodos

Se realizó una investigación evaluativa con diseño casi experimental postest, con grupo control no equivalente. El grupo de intervención lo constituyeron los 18 IES que realizaron el programa Aire Fresco. Para el grupo control, por cada centro participante en Aire Fresco se seleccionó al azar un IES ubicado en la misma área sanitaria. En ninguno de los centros control se había desarrollado ningún programa de prevención del tabaquismo en el período estudiado.

El trabajo de campo se realizó entre noviembre y diciembre de 2005. Cada centro fue visitado por dos personas externas, de las cuales una desconocía si el centro había seguido el programa. Se informó a la dirección del centro de la fecha de la visita, uno o dos días antes, mediante llamada telefónica. La duración aproximada de la visita fue de una hora e incluía un período de recreo. Se realizó la observación directa del consumo visible de tabaco y se pasó una encuesta al profesorado y al alumnado de 3.o de ESO y 2.o de Bachillerato.

En la observación directa se examinaron nueve zonas: vestíbulo, conserjería, dependencias administrativas, salas de profesores, pasillos y escaleras, aseos, aulas, cafetería y patio exterior. La unidad de análisis fue la zona observada, definida como el espacio o conjunto de espacios pertenecientes a la misma categoría. Las variables recogidas fueron el consumo visible de tabaco (presencia de personas fumando o de colillas), las personas que fumaban (profesorado, alumnado y personal no docente), la presencia de ceniceros y de carteles con el mensaje "espacio libre de humo", y la venta de tabaco. Para esta última variable se observó la existencia de máquina expendedora o se trató de comprar en la cafetería. Todas las variables fueron tratadas como dicotómicas (sí/no).

En las zonas constituidas por más de un espacio, se visitaron todos los espacios de la zona, salvo en el caso de las aulas, en que se observaron dos. En estas zonas bastaba con una observación positiva en un solo espacio para registrar una respuesta afirmativa, excepto para los carteles, cuya observación era necesaria en la mayoría de los espacios.

En la encuesta a profesorado y alumnado se calculó el tamaño de la muestra, para una diferencia en el consumo diario de tabaco entre ambos grupos del 5%, con una precisión también del 5%. Los cuestionarios del alumnado se pasaron el día de la visita, en aulas seleccionadas al azar. Las encuestas para el profesorado, seleccionado también aleatoriamente a partir de un listado, se encomendaron a una persona del equipo directivo que las distribuyó, recogió y remitió posteriormente al grupo investigador.

Las variables del cuestionario fueron las siguientes: edad, sexo, consumo de tabaco (diario, semanal, ocasional o no consumo), número de cigarrillos diarios, consumo en el recinto escolar y acuerdo sobre la prohibición total de fumar en los centros dictada por la futura ley. Para analizar la intensidad del consumo se transformó la variable número de cigarrillos diarios en una variable nominal, considerando como consumo elevado fumar más de 20 cigarrillos/día el profesorado y más de diez el alumnado. Las variables consumo en el recinto escolar y acuerdo con la ley eran dicotómicas. El cuestionario del profesorado añadía dos variables, también dicotómicas: consumo delante del alumnado e intentos previos de dejar de fumar.

Los datos se analizaron con el programa EPIDAT. Se utilizó la media para el número de zonas con consumo y la edad; para el resto de las variables se calcularon los porcentajes, desglosados por sexo cuando se referían a alumnado y profesorado. Para contrastar las diferencias entre el grupo de intervención y el control, se utilizó la t de Student para las medias y la prueba exacta de Fisher para las variables cualitativas. También se calcularon los intervalos de confianza del 95% (IC95%).

 

Resultados

Consumo visible de tabaco

Se observó consumo de tabaco en el 27,9% de las zonas del grupo de intervención y en el 45,6% de las del grupo control, con una diferencia significativa (IC95%: 6,6-28,6). La media (desviación estándar) de zonas con consumo fue de 2,4 (1,2) en el grupo de intervención y de 3,9 (1,9) en el control (fig. 1), con una diferencia significativa (IC95%: 1,2-1,9).

 


Figura 1. Distribución de los centros según el número de zonas con consumo visible
de tabaco, en los grupos intervención y control.

 

El menor consumo en el grupo de intervención se observó en todas las zonas excepto en las cafeterías y las exteriores, donde el consumo era similar al de los controles; en éstos, se consumía en cualquier zona, y las más frecuentes eran los exteriores, los aseos y la cafetería (tabla 1).

Respecto al tipo de persona, se observó fumar al profesorado con mayor frecuencia en las cafeterías y las salas de profesorado; en el grupo control también en los exteriores. En el caso del alumnado fue en las cafeterías y los exteriores; en el grupo control también en el vestíbulo. Se vio fumar a profesorado y alumnado en la misma zona en tres centros del grupo de intervención y en siete del grupo control.

Ceniceros

La diferencia en la presencia de ceniceros entre los grupos de intervención (18,9%) y control (23%) no resultó significativa (IC95%; −6,9-15,1). Las zonas donde con mayor frecuencia había ceniceros eran las cafeterías, las salas de profesorado y alguna conserjería, y en los controles también en las zonas administrativas.

Carteles de "espacio libre de humo"

La presencia de carteles en el grupo de intervención duplicaba la observada en el grupo control (el 50,8 frente al 25,4%), con una diferencia significativa (IC95%: 12,8-38). Se observaron con mayor frecuencia en los vestíbulos (el 77,8 en el grupo de intervención frente al 55,6% en el control), las salas de profesorado (el 66,7 frente al 11,1%), las conserjerías (el 66,7 frente al 38,9%) y las zonas administrativas (el 50 frente al 11,1%).

Venta de tabaco

Se vendía tabaco en un centro del grupo control y en ninguno del grupo de intervención.

Consumo de tabaco por parte del profesorado

En ambos grupos respondió al cuestionario el 71% del profesorado, y su media de edad (44 años) y la distribución por sexo eran similares (tabla 2).

Se observó la misma prevalencia de consumo diario de tabaco (18%), sin diferencias entre hombres y mujeres (tabla 3). El porcentaje de grandes fumadores fue significativamente menor en el grupo de intervención, diferencia que se constató tanto en hombres (el 11,4 frente al 23,9% en el grupo control) como en mujeres (el 4,8 frente al 17,5%). Más de la mitad del profesorado fumador de ambos grupos (el 59,7% en el de intervención frente al 55,8% en el control) había intentado dejar de fumar en alguna ocasión. Estos intentos fueron más frecuentes en los hombres (un 62% en cada grupo) que en las mujeres (el 57,1% en el grupo de intervención y el 51,5% en el control).

La proporción de profesorado que fumaba en el centro y que lo hacía delante del alumnado era ligeramente menor en el grupo de intervención, sin que la diferencia fuera significativa (tabla 4).

Consumo de tabaco en 2.o de Bachillerato

La tasa de respuesta del alumnado que estaba en el aula fue del 100%. En ambos grupos la media de edad era de 17,4 años y la proporción de chicas era mayor (tabla 2).

La prevalencia de consumo diario de tabaco fue muy similar en los dos grupos (tabla 3); en las chicas el consumo era mayor, y esta diferencia se constató tanto en el grupo de intervención (el 27,5 frente al 13,4% de los chicos) como en el control (el 21,3 frente al 16,5%).

Fumar más de 10 cigarrillos/día fue la mitad de frecuente en el grupo de intervención que en el control, diferencia que se observó en los chicos (el 25 frente al 61,5% en el control) y las chicas (el 16,1 frente al 25%), pero sin ser significativa.

La proporción de alumnado que fumaba en el centro fue ligeramente menor en el grupo de intervención (tabla 4), tanto en los chicos (el 64,3 frente al 66% en el control) como en las chicas (el 68,8 frente al 77,8%), sin significación estadística.

Consumo de tabaco en 3.o de ESO

La tasa de respuesta del alumnado que estaba en el aula fue del 99%. En ambos grupos la media de edad fue de 14,5 años, y la proporción de chicos ligeramente superior a la de chicas (tabla 2).

El consumo diario de tabaco resultó similar (tabla 3) y se daba en el doble de chicas que de chicos en el grupo de intervención (el 19,1 frente al 8,2%), diferencia que no se observó en el grupo control (el 15,1 frente al 17,4%). Fumar más de 10 cigarrillos/día fue menos frecuente en el grupo de intervención (el 30,6 frente al 35,7% en el control), pero la diferencia no fue significativa.

La proporción de alumnado que fumaba en el centro fue significativamente menor en el grupo de intertención (tabla 4); esta diferencia se observó tanto en chicos (el 37,5 frente al 67,9% en el grupo control) como en chicas (el 50 frente al 68,2%).

Acuerdo con la nueva ley

Tanto el profesorado como el alumnado mostraron su acuerdo con la ley en los dos grupos (tabla 4). El mayor acuerdo correspondió al profesorado y el menor a 3.o de ESO. No se apreciaron diferencias relevantes entre hombres y mujeres, salvo en 2.o de Bachillerato, en que los chicos mostraron mayor acuerdo (el 70% en cada grupo) que las chicas (el 53% en el grupo de intervención y el 57% en el control). El mayor acuerdo se dio entre quienes no habían fumado nunca, y el menor entre quienes fumaban a diario.

 

Discusión

Este estudio presentó algunas limitaciones. Una de ellas fue el desconocimiento de la situación de partida en los centros comparados (pretest). Además, el programa priorizó a los centros con consumo elevado de tabaco, por lo que el grupo control podría tener una situación de partida mejor, con la correspondiente infraestimación del efecto del programa. Sobre la encuesta a profesorado y alumnado habría que considerar que la respuesta fue autodeclarada, y el posible sesgo introducido por la no respuesta en el caso del profesorado.

A pesar de estas limitaciones, los resultados mostraron una mayor regulación del consumo de tabaco en los centros del grupo de intervención: en el 55,5%, el consumo estaba limitado como máximo a dos zonas, frente a un 16,7% de los controles. La no consecución del objetivo en el resto de los centros incluidos en el programa Aire Fresco pudo estar relacionada con la calidad de la implementación21, que dependió, entre otros factores, del tamaño del centro y del grado de implicación del equipo directivo y del profesorado. Los datos disponibles de seguimiento del programa apuntan en este sentido. Además, la intervención no tuvo la misma intensidad en todos los centros, ya que la incorporación fue progresiva entre 2000 y 2005, con lo que hubo centros que lo aplicaron durante cinco años y otros sólo durante un curso.

Otros resultados del programa fueron que había más zonas libres de humo compartidas por profesorado y alumnado, y una mayor presencia de carteles en relación con los centros control.

En un estudio realizado en 1999, con metodología similar y una muestra representativa de 41 IES de Asturias, se constató un elevado consumo visible (el 54,1% de las zonas), una gran presencia de ceniceros (43,6%) y una baja presencia de carteles (13,6%)10. Comparando nuestros resultados con estas cifras, observamos que los centros incluidos en el programa Aire Fresco mejoraron de forma relevante en el consumo visible y la presencia de ceniceros y carteles, mientras que en los controles el avance más importante fue la menor presencia de ceniceros.

No se detectaron diferencias entre los grupos en cuanto a la prevalencia de consumo diario en profesorado y alumnado. Esta ausencia de efecto podría estar relacionada con el tipo de normas (prohibición total o limitación) que permitía el programa o con su cumplimiento. En otros estudios, las normas prohibitivas conseguían una importante reducción de la prevalencia, frente a un efecto no significativo de las normas intermedias3; esta asociación también se constató en el grado de cumplimiento de las normas5.

Al igual que en otros estudios3,22,23, los centros incluidos en el programa Aire Fresco presentaron menor intensidad de consumo, tanto entre el profesorado como entre el alumnado, aunque estas diferencias no resultaron significativas en el alumnado debido a los insuficientes tamaños de la muestra.

Respecto a la proporción de personas que fumaba en el centro, se encontró una diferencia significativa tan sólo en el alumnado de 3.o de ESO. De nuevo, el hecho de que el programa permitiese fumar en una o dos zonas podría explicar estos limitados resultados.

La diferencia en la proporción del profesorado que fumaba delante del alumnado, aunque menor en los centros incluidos en el programa Aire Fresco, no fue relevante. Los datos disponibles de seguimiento del programa indican que la falta de espacios en los centros obligaba en ocasiones a situar la zona para fumar del personal en lugares visibles o compartidos, a pesar de que el programa definía que estas zonas no podían ser compartidas por el efecto que el profesorado puede tener como modelo social24,25.

Por tanto, parece que el logro más claro de la intervención, en relación con el consumo de tabaco por parte del profesorado y el alumnado, estaría asociado con una reducción en el número diario de cigarrillos, suponemos que durante la jornada laboral y lectiva.

En una encuesta realizada en 1999, sobre una muestra de IES asturianos, se encontró una prevalencia de consumo diario del 27,5% en el profesorado, el 25,9% en el alumnado de 2.o de Bachillerato y el 14,7% en el de 3.o de ESO11. Comparando estos datos con los de nuestro estudio, se observa una mejora en el profesorado y en el alumnado de 2.o de Bachillerato, tanto en el grupo Aire Fresco como en el control. En el mismo período se observaron descensos similares en la población general y joven de España26,27 y de Asturias28. Entendemos, pues, que los cambios observados en el medio escolar en estos años no son sólo el resultado de acciones específicas, sino también de actuaciones poblacionales de mayor intensidad llevadas a cabo por las instituciones públicas y los medios de comunicación. Estas intervenciones, que han contribuido a un mayor consenso sobre la necesidad de protegerse del tabaquismo pasivo, hacen más difícil evaluar el impacto de un programa específico, ya que toda la población progresa.

La constatación, en nuestro estudio, de una mayor prevalencia del consumo en las chicas también es consistente con los resultados de 199911 y con los datos de Asturias28 y España26,27.

El programa Aire Fresco recogió premisas identificadas como eficaces en la prevención del tabaquismo en la escuela, tales como abordar la influencia social del consumo, usar metodologías activas y combinar actuaciones dirigidas al alumnado, la comunidad y los medios de comunicación3,15,29. En esta línea, el programa desarrolló varias estrategias: educación entre iguales, apoyo al abandono del tabaco e impulso de un proceso participativo para implicar a la comunidad educativa en la transformación del entorno escolar. Se pretendía, en un curso escolar, producir un cambio sostenible en el tiempo: la reducción o la eliminación del tabaco del recinto escolar, e indirectamente el cambio de comportamientos y actitudes tanto del alumnado como del profesorado. El programa logró disminuir el consumo visible en los centros, y parece que tuvo un efecto de reducción de la intensidad del consumo en el alumnado y el profesorado. También produjo un cambio en la conducta del alumnado de 3.o de ESO respecto al consumo en el centro, y una actitud de apoyo a la nueva ley, compartida con el grupo control. Creemos, por tanto, que Aire Fresco fue una herramienta novedosa y útil, por los resultados mencionados y por otros aquí no presentados, que tienen que ver con la participación de la comunidad educativa y el "empoderamiento" de las personas para decidir sobre cuestiones que les afectan. Estos logros ponen de manifiesto aún más la utilidad y la eficacia de las intervenciones de promoción de la salud para conseguir cambios, que individualmente pueden parecer pequeños, pero que pueden tener un importante efecto poblacional.

En nuestra opinión, la consecución de cambios sostenibles en el ámbito educativo en relación con el tabaco requiere medidas poblacionales, como la prohibición del consumo en los espacios públicos, medidas intensas de apoyo al abandono del tabaco en los lugares de trabajo, la eliminación total de la publicidad, la restricción y el control de la venta (especialmente a menores), y la puesta en marcha de decididas políticas de fiscalidad sobre el tabaco.

 

Agradecimientos

A todas las personas que participaron en la implantación del programa desde el año 2000: técnicos de Salud y Educación de las diferentes áreas sanitarias, Planes Municipales de Drogas, Consejo de la Juventud del Principado de Asturias, Asociación Española contra el Cáncer...

Al alumnado y el profesorado de los centros Aire Fresco, auténticos protagonistas de esta iniciativa.

 

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Dirección para correspondencia:
Correo electrónico: josegv@princast.es
(J. García-Vázquez)

Recibido el 24 de julio de 2007
Aceptado el 5 de mayo de 2008