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Gaceta Sanitaria

Print version ISSN 0213-9111

Gac Sanit vol.26 n.1 Barcelona Jan./Feb. 2012

http://dx.doi.org/10.1590/S0213-91112012000100009 

ORIGINAL

 

Motivaciones para el consumo de tabaco entre los adolescentes de un instituto urbano

Motivations for tobacco consumption among adolescents in an urban high school

 

 

Alejandro Pérez-Milenaa,b, M.a Luz Martínez-Fernándezb,c, Manuel Redondo-Olmedillaa, Carmen Álvarez Nietod, Idoia Jiménez Pulidob,e e Inmaculada Mesa Gallardob,f

aUnidad de Gestión Clínica El Valle, Servicio Andaluz de Salud, Jaén, España
bGrupo de Estudio del Adolescente, Sociedad Andaluza de Medicina Familiar y Comunitaria, España
cInstituto de Educación Secundaria Jabalcuz, Jaén, España
dDepartamento de Enfermería, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Jaén, Jaén, España
eUnidad de Gestión Clínica de Úbeda, Servicio Andaluz de Salud, Jaén, España
fDistrito Sanitario Condado Campiña, Servicio Andaluz de Salud, Huelva, España

Esta investigación ha recibido una subvención de Investigación Biomédica y en Ciencias de la Salud en Andalucía (Secretaría General de Calidad y Modernización de la Junta de Andalucía, BOJA no 14 [21/1/2008]). El contenido del trabajo fue presentado de forma parcial como comunicación al XXIX Congreso de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, celebrado en Barcelona del 25 al 27 de noviembre de 2009.

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Objetivo: Conocer las motivaciones (actitudes, creencias y experiencias) de los adolescentes para el consumo de tabaco.
Método: Diseño cualitativo con videograbación de seis grupos de discusión (6-8 adolescentes, 50 minutos), curso escolar 2008/09. Muestreo intencional de adolescentes (12-18 años) de un instituto urbano de clase media (Jaén-España), usando el nivel educativo como criterio de homogeneidad y el sexo/consumo como criterio de heterogeneidad. Análisis de contenido: codificación, triangulación de categorías y obtención/verificación de resultados.
Resultados: Cuarenta y cuatro adolescentes, 54% varones. Fumar relaja y mejora la imagen personal: da seguridad (chicos) y mejora las relaciones con el sexo opuesto, además de controlar el peso (chicas). La familia favorece el tabaquismo por imitación de comportamientos, aunque no lo normaliza. Los amigos constituyen un grupo de presión para el inicio/mantenimiento del consumo. El inicio de la educación secundaria marca el principio del consumo experimental. La sociedad suele normalizar el consumo y es fácil para los menores de edad comprar tabaco. Los universitarios son un modelo a seguir, con libertad para el consumo. Piden ejemplo de abstinencia a progenitores y educadores/sanitarios, dicen estar bien informados, pero recuerdan sólo mensajes impactantes. De forma unánime indican que el tabaco provoca adicción, pero de manera proporcional al tiempo de consumo; sólo les preocupan los síntomas inmediatos provocados por el tabaquismo. Los adolescentes fumadores relacionan el policonsumo con los momentos de ocio.
Conclusiones: El estudio aporta motivos potencialmente útiles para mejorar la intervención antitabaco en los adolescentes. La influencia de los amigos, las actitudes parentales, la accesibilidad al tabaco y los síntomas de dependencia parecen ser los factores más relevantes.

Palabras clave: Tabaco. Adolescentes. Motivación. Grupo de discusión. Análisis cualitativo.


ABSTRACT

Objective: To determine the motivations (attitudes, beliefs and experiences) for tobacco consumption among adolescents.
Methods: This study was based on qualitative methodology using six 50-minute discussion groups with 6-8 adolescents per group during the 2008/09 school year. Purposive sampling was performed of 12-18 year-old adolescents attending a middle-class urban school (Jaén, Spain). The sample was stratified by educational level as the homogeneity criterion and gender and tobacco consumption as the heterogeneity criterion. Content analysis consisted of coding, triangulation of categories and obtaining and verifying the results.
Results: There were 44 adolescents (54% male). The participants reported that smoking relaxed and improved self-image, providing security (boys) and improving relations with the opposite sex, as well as weight control (girls). The family encouraged smoking by providing a model to imitate, although many adolescents hid their smoking from their families. Friends constituted a pressure group to start or continue smoking. Starting secondary school marked the beginning of experimental use. Society tended to accept consumption and buying tobacco was easy for minors. University students were a role model and were free to smoke. The adolescents looked to their parents and educators/health workers to provide a model of abstinence and reported that they were well informed but only remembered powerful messages. Participants unanimously indicated that tobacco causes addiction, but in proportion to the duration of consumption, and were concerned only with the immediate symptoms caused by smoking. Teenage smokers associated multiple drug use with leisure time.
Conclusions: This study provides useful data on motivation that could be used to improve smoking prevention interventions among adolescents. The most important factors seem to be peer influence, parental attitudes, easy access to tobacco and symptoms of dependence.

Key words: Tobacco. Adolescents. Motivation. Discussion forums. Qualitative analysis.


 

Introducción

La Organización Mundial de la Salud considera el tabaquismo como uno de los principales problemas sanitarios en todo el mundo, sobre todo en la población infantil y adolescente1. En España, los adolescentes forman un subgrupo de población de especial riesgo por la alta prevalencia del consumo y sus características2,3: hay un contacto inicial precoz, con un porcentaje de tabaquismo elevado y un patrón de consumo diario. Uno de los objetivos prioritarios en salud pública consiste en ayudar a las personas jóvenes a evitar que se inicien en el hábito de fumar, aunque hay incertidumbre sobre cómo hacerlo4, y a conseguir el cese del consumo en los fumadores, con una gran variabilidad en la atención prestada y los resultados obtenidos5. Parece necesario que se incorporen elementos sensibles al estadio del cambio en los adolescentes4,5, por lo que las motivaciones para fumar han de ser tenidas en cuenta por los sanitarios encargados de su atención. Las influencias de determinados modelos sociales (adaptación a un grupo de amigos consumidores, bajo rendimiento escolar), las actitudes familiares (consumo por parte de los padres, mala percepción del funcionamiento familiar) y ciertos factores personales (baja asertividad, ansiedad, rebeldía) parecen ser decisivos para el consumo de tabaco6,7.

Para entender este fenómeno se requiere una visión holística que oriente el problema como un acontecimiento social que hay que comprender, y encontrarle sentido a partir de los significados que los propios adolescentes le conceden. Desde esta perspectiva, pretendemos conocer las motivaciones (entendidas como actitudes, creencias y vivencias) de los adolescentes de un instituto urbano de educación secundaria de una zona urbana para el inicio o el mantenimiento del consumo de tabaco, tanto propias como del resto de los adolescentes que conforman su microsistema de iguales.

 

Métodos

Se diseñó un estudio cualitativo, adecuado para conocer las opiniones, las percepciones y los discursos. El estudio es de tipo exploratorio y pretende descubrir y enumerar las causas que conforman el fenómeno, así como generar hipótesis para futuras investigaciones.

El trabajo de campo tuvo lugar durante el primer semestre del curso escolar 2008/09. Los sujetos de estudio son los adolescentes escolarizados en un instituto de educación secundaria de una zona urbana de Jaén, con edades comprendidas entre 12 y 18 años, que proceden de familias con diferente nivel socioeconómico. Se realizó un muestreo intencional estratificado por niveles educativos (criterio de segmentación), con un tamaño de muestra suficiente hasta alcanzar el punto de saturación, en el cual ningún grupo aportó información nueva y relevante. Para dotar al discurso de heterogeneidad se tuvieron en cuenta las variables sexo (incluyendo tanto hombres como mujeres en todos los grupos), patrón de consumo de tabaco (definido como no consumo, ocasional, en fin de semana y diario)3 y nivel socioeconómico de la familia (valorado según la ocupación laboral más alta de los padres mediante la escala empleada por el cuestionario de contexto para la familia de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía8, agrupando los ítems en tres niveles descritos en la tabla 1). La selección de los participantes la realizó una profesora del instituto que actuó como informante clave (por su labor en la jefatura de estudios durante los últimos 7 años y el conocimiento de todos los criterios empleados), y facilitó la realización de las entrevistas en el propio centro educativo durante la jornada escolar.

La técnica de recogida de la información fue el grupo de discusión9, para estudiar la intersubjetividad del grupo considerando la interacción en sí misma como una fuente de datos. Se realizaron seis grupos de discusión (uno por cada nivel educativo), con una duración media de 50 minutos y un total de 44 adolescentes, cuyas características se presentan en la tabla 1 y la figura 1. Todos los grupos se grabaron en videocámara y fueron moderados por un médico de familia no perteneciente al entorno educativo, para evitar el sesgo de deseabilidad social. Se consideró oportuno realizar entrevistas no estructuradas basadas en un guión como línea exploratoria inicial que permitiera la aparición de nuevos temas emergentes (Tabla 2), evitando así que la recogida de información quedase demasiado limitada en función de las preguntas planteadas y favoreciendo la interacción de los propios adolescentes. Se elaboró un diario de campo en el cual se registraron las incidencias e impresiones que iban apareciendo durante el grupo de discusión. De forma paralela se realizó la transcripción de las conversaciones, garantizando el anonimato de los participantes al no identificarlos nominalmente. A continuación se llevó a cabo un análisis de contenido cualitativo10 que constó de tres fases:

1) Fase de codificación: el equipo investigador visionó las grabaciones y realizó una lectura literal de las transcripciones inmediatamente tras su realización, para generar las primeras hipótesis preanalíticas, valorar la saturación de la información y aplicar los indicadores de calidad del proceso (adecuación del contenido de las reuniones a los objetivos del proyecto, participación de todos los adolescentes del grupo en la exposición de creencias y vivencias, intervenciones adecuadas y registro correctos por parte del moderador, registro escrito de la hipótesis de trabajo). Una actitud crítica constante permitió asegurar la circularidad y la flexibilidad del diseño. Posteriormente se identificaron las unidades de texto y sus referentes (significados, discursos), se asignaron códigos de colores que indican conceptos emergentes del texto y se agruparon en categorías.

2) Fase de triangulación de categorías: las categorías de análisis se consensuaron entre los miembros del equipo según los objetivos planteados y se redefinieron las categorías definitivas.

3) Fase de obtención y verificación de resultados: se realizó un análisis de contenido con el apoyo del programa informático NUDIST, que ayudó a la construcción de las matrices definitivas y a explorar conexiones entre claves para el último análisis definitivo de los datos.


Figura 1. Patrones de consumo de tabaco en cada grupo de
discusión realizado. ESO: educación secundaria obligatoria;
Bach.: bachillerato.

 

 

El trabajo fue aprobado por el Comité de Ética e Investigación Científica del Hospital Ciudad de Jaén, y por el Consejo Escolar del centro educativo. Se requirió la firma de un consentimiento informado tanto por parte de los participantes como de sus padres, y se entregó información escrita sobre el estudio y la voluntariedad de la participación, indicando explícitamente la destrucción final de la videograbación y el anonimato de los datos obtenidos tras el análisis.

 

Resultados

La información recogida se presenta en cinco categorías y doce subcategorías (Tabla 3) que se corresponden con los puntos del guión de la entrevista, las hipótesis generadas y el marco explicativo. Las referencias al discurso de los participantes se encuentran en la tabla 4.

 

Determinantes personales

No hay motivos personales conscientes para el inicio del consumo, y se acepta como una experiencia más y casi inevitable en el crecimiento adolescente (1) (tabla 4). El olor y el sabor del tabaco es desagradable al inicio del tabaquismo y no es un factor favorecedor del consumo, aunque la repetición del consumo permite acostumbrarse a ellos (2). Es una actividad relajante que permite evadirse del aburrimiento y se asocia a momentos muy concretos del día (3). El tabaco permite aumentar la confianza en los adolescentes de menor edad, y los alumnos repetidores y de mayor edad se sienten más seguros hablando en cada grupo al tener más experiencia de consumo, y minusvaloran el consumo de los adolescentes más jóvenes (4). Para los adolescentes varones, fumar supone un rol de autoridad personal en relación al de iguales, un paso hacia la madurez y la aceptación de la uniformidad del grupo de amigos, mientras que en las chicas predomina la curiosidad, la sensación de control del peso y la influencia de los amigos varones (5). Los chicos entienden que la mujer asume más riesgos al fumar (6).

Influencias del microsistema

El inicio del consumo de tabaco se ve influido por las actitudes familiares (7) (tabla 4), aunque reconocen que es menos importante que la influencia que puedan ejercer los amigos. El consumo de tabaco se erige en uno de los primeros secretos que el adolescente mantiene frente a sus padres, creando una dicotomía entre dependencia familiar y autonomía personal (8). Ocultar el consumo en la familia evita problemas, sobre todo en las mujeres, y a veces es gratificante hacer lo contrario de lo que dicen los padres (9). De sus padres esperan una educación basada en su propio comportamiento, reclaman un ejemplo de no consumo y entienden las buenas intenciones de sus padres (10). Los problemas familiares pueden favorecer el inicio del consumo tabáquico entre los adolescentes (11).

Los amigos son un elemento clave para el inicio y el mantenimiento del consumo de tabaco: la adaptación a un grupo de iguales es mejor si se tienen los mismos hábitos de consumo, ya que mejora la integración social en ese microsistema y se evita el rechazo (12). El consumo diario de tabaco hace que se convierta en un elemento integrador más potente que el alcohol.

Modelos sociales

Los jóvenes universitarios son un referente de conducta, y son valorados como independientes y autónomos sin llegar a asumir el estatus de adultos. Suponen un modelo de cómo pasarlo bien en fiestas y normalizan el policonsumo de diferentes drogas como parte de la experiencia de un adulto joven (13) (tabla 4). Profesores y sanitarios se ven como figuras de autoridad lejanas, reproducen las mismas actitudes que los padres y repiten normas que ellos mismos no cumplen mediante la transmisión de una información poco atrayente (14). El uso de jerga médica dificulta la comunicación con los adolescentes. La credibilidad y la autoridad del médico es mayor entre los adolescentes de menor experiencia y menor edad.

El consumo de tabaco se acepta como una actividad social normalizada. Su inicio se sitúa al principio de los estudios de educación secundaria (15) (tabla 4). Es una experiencia por la que hay que pasar, integrada en el desarrollo social del adolescente occidental (16). Se imitan comportamientos sociales que se equiparan con otros hábitos consumistas. También la transgresión de reglas sociales (no fumar en el instituto o ser algo prohibido por los adultos) actúa como elemento motivador (17). Por otro lado, la compra de tabaco es fácil para un menor de edad, pese a ser ilegal, incluso más fácil que el alcohol (18). Las leyes que prohíben el consumo en los lugares públicos dividen a los adolescentes a favor (aquellos que no fuman) y en contra (los fumadores, por considerarlas una disminución de su libertad individual) (19). Todos opinan que esta ley ha provocado un menor consumo de tabaco.

El tabaco, a diferencia del alcohol, no se relaciona con momentos de ocio nocturno: para fumar no hay un sitio físico ni un espacio temporal concreto para el consumo. Se trata de una actividad que se realiza diariamente, en relación con el contexto de la relación de pares (20).

La información que reciben es, para ellos, suficiente (21). Sin embargo, es autoritaria, no motiva al cambio y a veces provoca el efecto contrario: reafirmarse en lo que el adolescente quiere hacer (fumar) frente a lo que le dicen (no fumar) (22). Sólo retienen la información de los medios de comunicación especialmente agresiva o impactante, sin diferenciar lo importante de lo accesorio (23).

Adicción y riesgo

Al inicio hay una sensación de control del consumo de tabaco, pero reconocen que el tabaquismo aumenta con el tiempo de forma casi inevitable. La dependencia se asocia a una mayor edad y a un consumo de tabaco elevado (24) (tabla 4). Para dejar de fumar es importante la voluntad personal, pero esta opinión es matizada por los adolescentes grandes fumadores, quienes sí se dan cuenta de la adicción provocada por el tabaco y la falta de control sobre su consumo (25). Esta dificultad para el abandono del tabaco se experimenta con las vivencias de otros familiares (26).

Pese a ello, consideran el tabaco como una «droga blanda», que se asocia a múltiples enfermedades y a una mayor mortalidad que el alcohol, pero siempre que transcurra un largo periodo de exposición (27). Sólo preocupan realmente los daños inmediatos, como la bajada del rendimiento físico y otros problemas estéticos (uñas y dientes amarillos, mal olor...) (28). Conocen el concepto de fumador pasivo, sobre todo por la experiencia de fumadores en su propia familia, y conocen la importancia de este hecho (29). La relación del consumo de tabaco y otras drogas es discutida: los adolescentes que relacionan ambas sustancias tienen una mayor experiencia personal de consumo ligado al ocio (30). La motivación para el policonsumo de diferentes drogas, incluido el tabaco, es mejorar los momentos de ocio (31) y acumular experiencias centradas en el hecho de consumir y experimentar sensaciones nuevas o diferentes (32).

Motivos para no fumar

El olor y el sabor del tabaco no son agradables. La salud es el motivo más esgrimido para no fumar, pero sólo les preocupan los efectos inmediatos, como un mal rendimiento físico o la coloración amarilla de las uñas y los dientes; las enfermedades graves aparecerían sólo en adultos con un consumo prolongado de tabaco (33) (tabla 4). La dependencia de la nicotina es conocida por todos, pero no es motivo suficiente per se para dejar de fumar (34). La confianza en uno mismo hace que sea más fácil decir no al tabaco, expresado por adolescentes mayores y mujeres (35), sobre todo si el grupo de amigos y amigas no fuma.

 

Discusión

El tabaquismo es la consecuencia de un proceso en el cual intervienen, antes incluso del primer consumo, factores conductuales y sociales, y que culmina con décadas de dependencia física y psicológica al tabaco11. La iniciación en el consumo de tabaco se produce en general durante la adolescencia, con unas motivaciones que parecen girar en unos ejes fundamentales: factores personales y sociales, accesibilidad para la compra de tabaco, y dependencia/adicción12-14. Como factores protectores se indican la vigilancia de los padres sobre el consumo de los menores, las creencias religiosas y el incremento de los precios del tabaco12. El presente trabajo indaga la importancia de todos estos factores para el comienzo, el mantenimiento o el cese del tabaquismo en una población de jóvenes escolarizados españoles, desde una visión holística que permita comprender el fenómeno en su totalidad, incluyendo la opinión de fumadores y no fumadores. Son los propios adolescentes quienes, en última instancia, toman sus propias decisiones para consumir o no tabaco, pero parecen estar influidas por su entorno13,14. No se encuentran motivaciones diferentes según el nivel socioeconómico del adolescente, aunque parece determinar unas prevalencias de tabaquismo diferentes15.

El elemento personal más significativo para el comienzo del consumo fue la autopercepción de mayor seguridad que el adolescente obtiene al fumar, elemento clave en el mantenimiento del hábito tabáquico7,16, descrito como un medio de obtener el control de los sentimientos17. Otros estudios valoran el autocontrol y la actitud positiva ante las normas como factores protectores ante el tabaco16,18. Se encuentran motivaciones para el consumo diferentes según el sexo del adolescente, a diferencia de otros estudios16; en los chicos prima la pertenencia a un grupo, mientras que para las chicas ayuda al control del peso corporal y al inicio de las relaciones con el sexo opuesto18-20.

Muchas investigaciones identifican las relaciones con los pares como un factor primario en el tabaquismo de los adolescentes6,16,21, algo que aparece con frecuencia en las entrevistas de este estudio. Se trataría de un mecanismo ligado a las normas subjetivas que forman parte del proceso de socialización en el grupo de iguales, que actuaría como grupo de presión para el consumo7,20. También parece haber una menor intención de fumar si los amigos no apoyan el consumo de tabaco18. Al mismo tiempo, las actitudes de los padres condicionan el consumo del menor: un ambiente sin humo en el hogar es un factor protector22, y la oposición explícita de los padres ante el tabaquismo de los adolescentes atenúa el efecto de los pares para el consumo23,24.

El tabaco sigue teniendo una gran aceptación social que normaliza su consumo25, con una gran accesibilidad para su compra, que viene a ser un factor de riesgo independiente de la influencia familiar y de los pares13,26. El modelo social más idealizado son los jóvenes universitarios, mientras que se rechazan las imágenes de autoridad (profesores y sanitarios). La entrada a un microsistema previo a la adultez, como es el instituto, hace que el consumo tabáquico de prueba se convierta en un rito de socialización casi ineludible, que empeora en caso de fracaso escolar6.

Los mecanismos por los cuales un adolescente desarrolla dependencia al tabaco son múltiples25,27, y puede ocurrir de una forma rápida, sin tener que haber fumado mucha cantidad ni durante mucho tiempo. Los propios adolescentes reconocen la aparición de síntomas de abstinencia y de intentos fallidos para dejar de fumar, tanto propios como de personas de su entorno, y lo relacionan con un incremento progresivo del consumo16,25,28,29. Además, esta adicción sería la puerta de entrada al consumo de cannabis y otras drogas, a veces mediante un fenómeno de sustitución30 o bien por un mecanismo de policonsumo en busca de nuevas experiencias. Sin embargo, no valoran la dependencia como un motivo para dejar de fumar, pese a que otras experiencias en la misma población lo muestran como uno de los principales elementos motivacionales para dejar de hacerlo31. La salud parece ser un sesgo de deseabilidad como motivo para el cese del consumo, mientras que la propia asertividad y la madurez personal facilitará «decir no» al tabaco31.

La metodología cualitativa desarrollada en este trabajo permite asegurar la validez interna de los resultados, ya que favorece la comunicación horizontal entre investigador y adolescentes, y se enriquecen los datos mediante la dinámica de grupos de discusión; sin embargo, la validez externa está limitada por el tipo de diseño empleado. Este hecho, junto a disponer de resultados de un solo instituto, empobrecería su inferencia a la población general. Faltarían, además, las opiniones de los adolescentes no escolarizados, con unas vivencias posiblemente diferentes. No encontrar diferencias entre los distintos niveles socieconómicos valorados y la plausibilidad con los resultados obtenidos en otras poblaciones adolescentes occidentales12,14,16,17,25,30 permitiría mejorar esta limitación. Quedan pendientes futuras líneas de investigación para explorar las diferencias cualitativas de sexo de los adolescentes fumadores y la influencia de los jóvenes universitarios como modelos sociales.

Las actividades de prevención deben tener un enfoque integral: son más efectivas cuando las intervenciones se realizan sobre influencias sociales y sobre la competencia social de los adolescentes4. Los elementos motivacionales hallados en este estudio pueden ser muy eficaces para prevenir el consumo de tabaco o conseguir su cese, explicando a los padres la importancia de la educación para la salud desde el hogar17,24 y mejorando las habilidades para rechazar el tabaco ofrecido por los pares7,25. Esta labor debe afrontarla el personal sanitario desde un enfoque de carácter multidisciplinario, y puede comenzar con la consecución de espacios libres de humo en los lugares de reunión de los jóvenes14,23 y el acercamiento a los centros de educación primaria y secundaria2,24.

 

Contribuciones de autoría

Todos los autores han trabajado de forma coordinada en el diseño del trabajo, su ejecución y el posterior análisis de los datos mediante la elaboración de hipótesis y la triangulación de éstas. La versión definitiva del artículo cuenta con la aprobación de todos los autores.

 

Conflictos de intereses

Ninguno.

 

Agradecimientos

Al personal de la Fundación de Investigación Biosanitaria de Andalucía Oriental (Jaén) por su apoyo metodológico, en especial a Guadalupe Pastor Moreno. Al Equipo Directivo y al Departamento de Orientación del IES Jabalcuz (Jaén), por su ayuda para la realización de las entrevistas.

 

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Dirección para correspondencia:
alejandro.perez.milena.sspa@juntadeandalucia.es
(A. Pérez-Milena).

Recibido 15 Febrero 2011
Aceptado 30 Marzo 2011