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Revista Cubana de Salud Pública

Print version ISSN 0864-3466

Rev. cub. salud pública vol.33 n.3 La Habana Jul./Sep. 2007

http://dx.doi.org/10.1590/S0864-34662007000300001 

EDITORIAL

 

La formación de los trabajadores de la salud

 

The formation of the healthcare workers

 

 

Entre los trabajadores de la salud hay una gran diversidad. De médicos y enfermeras al personal que prepara y sirve los alimentos en un hospital. De un trabajador de saneamiento a un ingeniero electrónico. Del que atiende al familiar de un enfermo en el servicio de información al dependiente de una farmacia. Todos son trabajadores de la salud, tal vez diríamos mejor, por la salud. Y todos requieren pasar una etapa de formación profesional o capacitación, muy breve y tal vez elemental o muy larga y compleja.

Las técnicas y procederes que cada uno necesita aprender son muy distintas, pero algo común para todos, sin lo que no serán trabajadores integrales, aunque tengan títulos académicos o certificado de aptitud laboral, son tres cualidades que debe distinguir a nuestros trabajadores de la salud: la ideología, la ética y la formación humanística, que pueden ser toda una misma y única cualidad.

Para Cuba, país en Revolución, lo primero sobre la formación de los trabajadores es lo ideológico, lo político. Dejo a la concepción burguesa la idea de la neutralidad o apoliticidad de la ciencia. Toda conducta, toda acción social, y en salud pública se trabaja sobre lo social, es político y lo preside la ideología del actor. Nuestra ideología es el marxismo. Nuestra posición hoy es contra la globalización neoliberal, contra la reforma privatizadora de los servicios de salud, por la equidad, por la participación social, por el acceso pleno para todos a los servicios de salud, por un sistema de salud estatal de cobertura total.

La ética en la conducta cotidiana de los servidores públicos, que es búsqueda de la equidad, es actitud solidaria con los que requieren el servicio, es no mentir, es tener la verdad como arma de combate, es cumplir en cada caso con los principios de la ética, en lo individual y colectivo. Es defender la salud de la población, defenderla de las transnacionales productoras de fármacos, de los servicios de salud mercantilizados. Es adherirnos a la gratuidad de los servicios. Es no abandonar la lucha por estos ideales.

La formación humanística, que contribuye al desarrollo de la sensibilidad. Sentir el dolor ajeno como propio. Esto vale no sólo para los clínicos, médicos, enfermeros u otros que trabajan en estrecho contacto con el paciente y sus familiares, es también condición del administrador de los servicios, de todos los trabajadores de la salud. Para los que toman contacto directo con el paciente, no abandonar la clínica, la buena clínica, integralmente practicada, que nos acerca al enfermo, al que llegamos con el primer mensaje solidario cuando se le escucha atentamente, se interroga con interés real y se examina con detenimiento.

Además de todo lo anterior es que debemos ocuparnos de la formación profesional, los conocimientos y habilidades del que deberá aliviar, curar y rehabilitar, detener una epidemia, higienizar una comunidad, promover salud y prevenir enfermedades. Y cuando se está formando en estos aspectos, mirar siempre a la historia de la profesión, sobre todo la historia social de la medicina y la salud pública, gran fuente de formación integral de los trabajadores de la salud. Sin estos principios orientadores de la formación de todos los trabajadores de la salud, la pericia de un entrenamiento tan prolongado como el de un cirujano cardiovascular o la más poderosa y moderna tecnología aplicada, carecen a veces de sentido para un paciente que no alcanza la satisfacción plena por la atención recibida, que es un componente de alto valor para la salud y tampoco satisface las aspiraciones de una población que necesita y reclama un ambiente sano.

Francisco Rojas Ochoa