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Revista Cubana de Salud Pública

Print version ISSN 0864-3466

Rev. cub. salud pública vol.35 n.2 La Habana Apr./Jun. 2009

http://dx.doi.org/10.1590/S0864-34662009000200006 

CENTENARIO

 

Homicultura*

 

Homiculture

 

Por el Dr. Eusebio Hernández

Profesor de Obstetricia en su clínica en la Universidad de La Habana y Director de Homicultura

 

 

 


Fracasado el movimiento del 84 al 86 sostenido tenazmente por los Generales Máximo Gómez, Maceo, Crombet, Carrillo (Pancho), Emilio Núñez, otros muchos ilustres cubanos y el que suscribe, provisto de una licencia del General Gómez y de acuerdo con Carrillo, Leandro Rodríguez y otros amigos, decidí marchar á Europa para hacer una especialidad que me permitiera volver á New York á poner en práctica un plan revolucionario que no es del caso relatar. Lo que antecede explica mi presencia en París el año 88. En 1889 tuve el honor y la buena fortuna de conocer al profesor Pinard, cuya historia científica y política tiene muchos puntos de semejanza con la mía.** Esta circunstancia, entre otras, me valió las simpatías de este gran patriota en Lariboisiere y me permitió figurar entre los discípulos del reformador de la Obstetricia contemporánea en la Clínica Baudelocque, á cuyo frente figuró desde 1890 como profesor de partos de la Facultad de París.

Colaborador entusiasta en la revolución obstétrica iniciada por Pinard, halléme en la apoteosis de la palpación abdominal y de sus complementos, la versión por maniobras externas y la palpación mensuradora, que han transformado el diagnóstico obstétrico; asistí á la demostración clínica y anatómica del mecanismo del parto; á la demostración clínica y anatómica del alumbramiento; al renacimiento de la Sinfisiotomía; á la instauración del tratamiento científico de las hemorragias por placenta previa; á la reglamentación de la versión interna y de la mayor parte de las maniobras, etc.; y aplaudí los primeros esfuerzos de Pinard*** a favor de las desventuradas madres pobres y de los infelices niños faltos de protección, acto generador de una ciencia nueva, la Puericultura, hermana de la Sociología por su importancia en el estudio, conservación, desarrollo y mejoramiento de la especie humana, por lo que ha podido llamársela medicina de la especie.****

Esos estudios de ampliación y de rectificación me hicieron pensar en el beneficio que podría reportar á Cuba dando á conocer el funcionamiento de la Clínica Baudelocque, y con su autorización, y con autorización de Pinard acometí la obra en la crónica Médico Quirúrgica y en otras publicaciones médicas cubanas de aquel tiempo. Ese mismo deseo me llevó á Berlín á estudiar la ginecología operatoria, principalmente en sus relaciones con la Obstetricia. Y cuándo más tarde mi salud y acontecimientos políticos, que no son de este lugar, me hicieron volver á Cuba, pensé realizar algo de lo que había visto y aprendiendo en el extranjero. Carecía la Habana de una verdadera clínica de partos, no por culpa seguramente del profesor que desempeñaba á la sazón la cátedra, ni de sus antecesores, sino por la defectuosa y un tanto mezquina enseñanza universitaria de la época colonial. Por la misma causa se desconocía la enseñanza oficial de Ginecología; y por iniciativa del Dr. Pereda, acompañado de Varela Zequeira, Francisco Domínguez Roldán y otros jóvenes entusiastas, se estableció una escuela libre de Medicina, en la que se me reservó la cátedra de Obstetricia y Ginecología, que profesé (el poco tiempo que vivió dicha escuela) en forma de cursos trimestrales, no tratando en ellos más que la parte constituida de la ciencia á guisa de preparación y de propaganda. Entre mis numerosos discípulos cuento al actual Secretario de Sanidad, Dr. Manuel Varona Suárez, el reputado cirujano Enrique Fortún, el no menos notable tocólogo Ernesto Aragón y á distinguidos médicos y hombres públicos del día, como Jesé Nicolás Ferrer, Lico Lores y Guillermo Mascaró.

Estos esfuerzos individuales sólo lograron despertar el recelo de las autoridades de la Colonia, y un tanto la enemiga de algunos miembros de la Universidad, aunque en verdad en corto número.

En esto sonó el clarín de la guerra de independencia y tuve que ocupar mi puesto de honor en las filas del Ejército libertador, que abrió un paréntesis de tres largos años en mi labor científica.

A mi regreso á la capital, una vez obtenida la independencia proseguí mis propósitos, intentando esta vez establecer una clínica. No hallé apoyo en la intervención americana que organizó el primer gobierno de Cuba, pero sí en el corazón de la cubana puesto siempre al servicio de su país. La ilustre señora Rosalía Abreu me regaló los instrumentos y mobiliario necesarios para una clínica que yo me prestaba á servir gratuitamente. El ayuntamiento de la Habana acordó una subvención de mil pesos mensuales para ayudar á su sostenimiento; no encontré un local en donde establecerla, las autoridades interventoras no se prestaron á cederme uno de los muchos que poseía el Estado sin ocupación. Ocho meses permanecieron los instrumentos y los muebles en los fosos en sus cajas. Durante esta fecha persistimos la Señora Abreu y yo, y logramos constituir un comité de señoras bajo su presidencia, dispuesto á crearle un peculio propio á la clínica, á establecer un taller para las embarazadas en donde se preparasen ropas para las madres y los niños que fueran abandonando la clínica. Ni aún así nos dieron local.

En esto el Sr. González Lanuza acometió la reforma universitaria comenzando por el profesorado. Nombró una comisión de profesores de la Universidad y de médicos particulares de gran reputación, que me honró designándome para desempeñar la cátedra de Obstetricia. Más tarde el Sr. Enrique José Varona, Secretario de Instrucción, estudió é hizo establecer un plan completo de enseñanza en el que quedé como profesor de Obstetricia con su clínica.

Ya podían salir de sus cajas los instrumentos y muebles regalados por la ilustre Rosalía Abreu; ya iban á tener empleo los 1,000 pesos de subvención del Ayuntamiento; y todo eso, pensé, lo haría con más amplitud la Universidad que yo mismo; y regalé á la Facultad lo poco que teníamos, para que estableciera lo mucho que hacía falta. Yo había tenido el cuidado de formar el personal de la clínica: dos comadronas para el servicio de día y de noche, con las enfermeras necesarias, como corresponde á estos servicios.

La clínica se estableció provisionalmente en una estrecha sala del Hospital Mercedes, en donde sólo caben apretadas 24 camas, y la Habana necesita para la enseñanza por lo menos cien, en donde se puedan seleccionar los casos patológicos, sobre todo distócicos. Hace años la clínica permanece en la misma sala, sólo tienen una comadrona, dos enfermeras (que no conocen los partos) que se renuevan cada tres mese. Se suprimió (no sé por qué) la subvención, y la clínica ha quedado estacionada.

Véase cómo lo que debía empezar siendo una maternidad en la Capital de la joven República, quedó reducida á una simple sala del Hospital General, en donde reciben mis alumnos la deficiente enseñanza que solo puede dárseles con tan pocos elementos.

La Clínica Baudelocque, en cambio, ha progresado en todos sentidos, hasta llegar á la fundación de una nueva ciencia, la Puericultura. No he perdido mi tiempo, sin embargo; he sacado de esta pequeña clínica denominada Pinard algunos excelentes discípulos, como los Drs. Reyes y Ramos. Este, dos veces alumno eminente de nuestra Universidad, fue por mi consejo á París con el Profesor Pinard que lo distinguió desde los primeros instantes. Ha visto los progresos de la clínica madre, ha oído al maestro, ha palpado buena parte de la nueva ciencia puesta en práctica por Pinard, y se dispone á secundar mis anhelos con entusiasmo, como puede verse por un notable trabajo suyo que aparece en otro lugar de este número.

Como se ve, el plan que yo había concebido hase ampliado con la creación de la nueva ciencia, y como el estancamiento no es eterno en los pueblos, á la Indiferencia que hasta hoy había encontrado en los poderes públicos, ha sucedido un período de atención primero, de entusiasmo, después. Creo que mi ideal está en vía de ser una realidad para bien del país y honor de los que han acogido nuestro proyecto con el amor propio de hombres cultos.

Después de cambiar impresiones con el Dr. Domingo F. Ramos repetidas veces, llegamos a trazar un plan más vasto y adecuado a la reforma que deseo introducir en Cuba y lo expusimos brevemente al Dr. Matías Duque, que desempeñaba la secretaría de Sanidad y Beneficencia. Acogió con calor nuestro proyecto, y creó una plaza de puericultura (agregada a la Sección de Investigaciones y Estudios, también de reciente creación) a cargo del Dr. Ramos. No sé por qué causa se suprimió el nombre el nombre Puericultura en los Presupuestos. Algunos señores representantes nos prometieron que lo harían constar; más los presupuestos se aprobaron y la reforma quedó sin denominación.

Como se ve, el Dr. Duque supo apreciar el mérito de nuestro proyecto, y él no es responsable de que haya quedado sin nombre. El Dr. Duque ha unido el suyo a una obra meritoria y merece nuestra gratitud.

Seguimos trabajando sin tener en cuenta la indicada contrariedad y presentamos hace poco al Dr. Varona Suárez un trabajo del Dr. Ramos. El Dr. Varona, hombre joven y culto, recibió con entusiasmo el trabajo, y ha tomado en su realización una parte muy activa, como lo demuestra el artículo que precede. Con talento y patriotismo se recogen todas las distancias, se vencen las mayores dificultades, y lo que antes parecía poco menos que imposible resulta ahora relativamente fácil. Esa transformación ha sufrido el proyecto en el actual momento gracias al Secretario, nuestro amigo Varona Suárez.

Como en su artículo se refiere el Dr. Ramos a mi nomenclatura en Puericultura, debo explicar por qué me parece preferible a la adoptada por mi maestro Pinard.

Con razón dice el Dr. Ramos que la palabra Puericultura no responde al concepto de esa Ciencia tan bien comprendido y expuesto en la definición del profesor Pinard: "La Puericultura (dice Pinard) es la ciencia que tiene por objeto la investigación de los conocimientos relativos a la reproducción, a la conservación y al mejoramiento de la especie human." Nosotros creemos que esa de definición está mejor comprendida en el vocablo Homicultura (cultivo de la especie Homo). Los términos Puericultura anterior a la concepción, Puericultura intrauterina, y Puericultura extrauterina repiten la palabra Puericultura, impropia a nuestro juicio. Además, el término Puericultura anterior a la concepción es poco preciso, muy largo y por lo visto un poco vago. Los dos restantes no son exactos, pues Puericultura extrauterina comprende materias heterogéneas.

Por otra parte, entiéndase generalmente por Puericultura en casi todos los trabajos hasta hoy publicados, el cultivo del feto y del lactante por algunos. Nosotros creemos que la Puericultura propiamente dicha, solo comprende el niño, desde que se independiza de la madre, así anatómica como fisiológicamente, esto es, desde los dos años hasta madurez sexual.

Las palabras: Matri-patricultura, Matri-feticultura, Matri-naticultura y Puericultura dan una idea más clara y más precisa de las divisiones naturales de la Homicultura, trazadas con maestría en el trabajo del Dr. Ramos.

Pero esas divisiones que expresan bien la evolución del individuo no comprenden la evolución completa de la especie. Hay un conjunto de caracteres principalmente patológicos, que influyen directamente sobre el huevo sin afectar a sus productores, constituyendo la ley atávica, bien evidenciada por la hemofilia, por ejemplo. La modificación de esos caracteres de la especie forma naturalmente la Progonocultura. Y como por otra parte, los recientes estudios de Metchnikoff tendentes a considerar la vejez como un estado patológico, no pueden ser indiferentes a la Medicina de la especie, los individuos incapacitados por la edad para la producción de nuevos individuos, nos interesan cuando menos exponentes del mejoramiento de la especie de que se reocupa la Homicultura, y crean la Postgénitocultura. Las partes de la nueva clasificación de la Homicultura forman círculo evolutivo que puede representarse con las flechas colocadas de la siguiente manera (figura):

En ese esquema se nota que la entrada y la salida al círculo que representa la evolución individual están formadas por la Progonocultura y la Postgénitocultura. que representan el comienzo y el fin de la evolución total de la especie. Homo, cuyo mejoramiento pretende la Homicultura.

En una Ciencia que empieza á constituirse importa mucho atender á la propiedad de los vocablos con que se ha de designar, así en conjunto como en cada una de sus partes, que no deben obedecer á una división artificial, sino á la más natural posible para fijar bien su campo de acción, aunque haya que recurrir á neologismos. ¿No se trata de nuevos conceptos científicos? Naturales han de ser las voces nuevas con tal que resulten apropiadas, correctas y de fácil comprensión, como creemos que lo son las propuestas por nosotros. En efecto, al Dr. Juan Miguel Dihigo, ilustre profesor de Lingüística y Filosofía en la Universidad Nacional, hemos sometido la propiedad de los términos por nosotros adoptados, y es su docto parecer el que aquí consignamos con nuestro agradecimiento.

Termino en este artículo enviándole con él á mi querido maestro profesor Pinard (también maestro del Dr. Ramos) un cariñosos saludo. El ha de ver con gusto que sus discípulos trabajan en la propagación de su obra, no sólo en beneficio del proceso de esta joven república, sino como un testimonio de que responden á las enseñanzas, consideración y cariño del maestro venerado.

 

*En: Sanidad y Beneficencia. Boletín Oficial de la secretaría. Tomo IV. Año 2do. Habana, julio a diciembre de 1910:9-12.
**Eusebio Hernández, autor de la denominación Homicultura, de las divisiones de la nueva ciencia en progonocultura, patri-matricultura, matri-feticultura, matri-naticultura, puericultura y postgénitocultura y de la concepción de un Palacio de Homicultura.
***Discurso pronunciado en la Sorbonne el 9 de mayo de 1891, publicado bajo el título "De l 'assistance des femmes enceintes."
****Wallich.