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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.1 n.4 Washington Apr. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891997000400007 

Instantáneas

 

La malaria en las Américas y las actividades de control

 

 

En 1995, 32% de la población de las Américas vivía en zonas donde las condiciones ecológicas favorecían la transmisión de la malaria. A fin de obtener una idea más precisa de la distribución de la enfermedad, los países de la Región establecieron un sistema de estratificación de zonas maláricas según el riesgo de exposición (alto, mediano o bajo). Este último depende de numerosos factores, entre ellos los movimientos migratorios, la estabilidad social y la frecuencia del contacto entre el ser humano y el vector.

De 1994 a 1995, la incidencia de malaria en las Américas aumentó en 14,6% debido, en parte, al incremento de las infecciones causadas por Plasmodium falciparum en Bolivia, Colombia y Perú. También se produjo un aumento notable de la tasa de morbilidad en todas las Américas, especialmente en zonas de transmisión activa. En 1995 el Brasil y los países andinos tuvieron el mayor número de casos de malaria en toda la Región (565 727 y 461 121, respectivamente), aunque el mayor riesgo de transmisión se observó en la zona constituida por Guayana Francesa, Guyana y Suriname. La transmisión se intensificó en mayor grado en Belice, Bolivia, Colombia, Nicaragua y Perú.

En zonas de riesgo alto y mediano, la vigilancia epidemiológica en 1995 fue más activa que en 1994. Los últimos años se han caracterizado, además, por una integración de las actividades de búsqueda, diagnóstico y tratamiento inmediato de casos. La vigilancia activa, cuyos costos de operación son altos, ha tenido una eficiencia diagnóstica más baja (2,42%) que los servicios de salud locales (16,9%). Como resultado de la introducción del sistema de estratificación por zonas de riesgo en los programas nacionales de control, las iniciativas se han concentrado en zonas de alta prioridad. Esta medida y la aplicación sostenida de la "Estrategia mundial para el control de la malaria", con su énfasis en el manejo clínico de la enfermedad, han llevado a un aumento progresivo de la disponibilidad del tratamiento, que actualmente es de 61,5 tratamientos por cada 1 000 enfermos.

En los países se siguen llevando a cabo actividades para el control del vector con el fin de prevenir la transmisión. Los plaguicidas organoclorados y organofosforados, tales como el diclorodifeniltricloroetano (DDT), han sido reemplazados paulatinamente por los piretroides sintéticos, como el malatión y el fenitrotión. En términos generales, los programas de control enfrentan grandes restricciones presupuestarias y se ven obligados a depender cada vez más de préstamos y subsidios procedentes de fuentes ajenas al sector de la salud. (Pan American Health Organization. Malaria in the Americas. Epidemiol Bull 1996;17:1-11).