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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.1 n.5 Washington May. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891997000500012 

Se evalúan los indicadores clínicos de enfermedad pediátrica grave

 

 

Con objeto de reducir la morbilidad y mortalidad de niños pequeños en el mundo en desarrollo, la OMS ha elaborado un algoritmo de diagnóstico y tratamiento que se centra en las causas principales de muerte: infecciones respiratorias agudas, paludismo, sarampión, enfermedades diarreicas y malnutrición. Con este algoritmo de cuadros sobre las enfermedades infantiles, los trabajadores de salud del primer nivel pueden examinar e identificar rápidamente a los niños gravemente enfermos según muestren o no la presencia de 13 signos indicadores de enfermedad grave y enviarlos en seguida a recibir atención intensiva. Los signos son: incapacidad para beber, estado mental anormal (somnolencia excesiva), convulsiones, emaciación, edema, tiraje, estridor, turgencia anormal de la piel, vómitos frecuentes, rigidez del cuello, hinchazón con dolor detrás de las orejas, palidez de la conjuntiva y ulceración de la córnea. Estos signos no se concentran en una sola enfermedad, teniendo en cuenta que a menudo los niños sufren múltiples procesos de enfermedad a la misma vez.

En 1993 se llevó a cabo un estudio de evaluación de la utilidad de estos signos en cuatro clínicas y en el departamento de atención externa de un hospital de distrito en una zona rural de la parte occidental de Kenya. Se adiestró por varias semanas a un grupo de trabajadores de salud potenciales que habían cursado escuela secundaria a tomar una historia clínica sencilla de cada paciente, examinarlo y emitir un diagnóstico. Cada niño (n = 1 262, mediana de edad 11 meses) fue examinado independientemente por un médico o paramédico que no había sido capacitado en el uso del algoritmo. El médico tomó las decisiones finales de diagnóstico y tratamiento. Se encontró que 27% de los niños atendidos en clínicas para pacientes externos tenían uno o más de esos signos y que la palidez de la conjuntiva y el tiraje eran los signos asociados más frecuentemente con la hospitalización (OR = 8,6 y 5,3, respectivamente). La presencia de alguno de esos signos aumentó 3,2 veces la probabilidad de ser internado, si bien 54% de los niños hospitalizados no tenían esos signos mientras que 21% de los que fueron enviados de vuelta a sus hogares tenían por lo menos uno. Entre los pacientes hospitalizados, 58% de todos los niños y 89% de los que habían fallecido habían tenido un signo cuando fueron admitidos. El estado mental anormal fue el signo más frecuentemente asociado con la muerte (OR = 59,6), seguido del de turgencia anormal de la piel (OR = 5,6), palidez conjuntival (OR = 4,3), vómitos frecuentes (OR = 3,6), tiraje (OR = 2,7) y edema (OR = 2,4). En general, el riesgo de morir asociado con la presencia de por lo menos un signo fue 6,5 veces mayor que en otros niños que no tuvieron ninguno de los signos.

El estudio mostró que el algoritmo es útil para identificar a un subgrupo de niños en alto riesgo de muerte mediante la aplicación de un enfoque estándar de diagnóstico, pero tiene que ser validado en otros lugares. Mientras tanto, debe otorgarse prioridad al adiestramiento y la supervisión de trabajadores de salud de atención primaria para que aprendan a reconocer con facilidad a los niños gravemente enfermos. (Paxton LA, et al. An evaluation of clinical indicators for severe pediatric illness. Bull World Health Organ 1996;74(6):613-618.)