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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.2 n.3 Washington Sep. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891997000900013 

La salud del niño en edad escolar

 

 

Actualmente el número de niños en edad escolar y la proporción que asiste a la escuela son mayores que en ningún otro momento en la larga historia de la humanidad. Este fenómeno, que refleja tanto el éxito de los programas dirigidos a mejorar la supervivencia infantil como el de las políticas de educación obligatoria, ha creado un nuevo desafío: asegurar la buena salud del escolar y simultáneamente un aprendizaje sin interrupciones por enfermedad. A fin de alcanzar estos objetivos, se ha propuesto el uso de los maestros, ya que en muchos países en desarrollo su número supera al de los trabajadores de la salud. Los resultados de análisis teóricos del Banco Mundial, según los cuales los sistemas de salud con componentes de educación escolar podrían ser efectivos, llevaron a la formación de un consorcio de gobiernos, donantes y agencias técnicas (denominado The Partnership for Child Development) encargado de evaluar las intervenciones de salud, con sus respectivos costos, que se podrían emprender en el contexto de la educación primaria.

Como primer paso cabe definir el grupo en edad escolar, ya que en distintos lugares este difiere en sus características. Si tomamos el ejemplo de algunos países africanos, donde la vida escolar se inicia en la adolescencia, los mensajes de salud transmitidos en sus escuelas obviamente deben incluir la infección por virus de la inmunodeficiencia humana, el abuso de drogas, la planificación familiar y la violencia. En general, todo programa escolar de educación en salud debe adaptarse a la localidad en que se ha de aplicar, dada la gran heterogeneidad de edad y sexo que manifiesta la población escolar en distintas partes del mundo.

Hay una tendencia a creer que esa época de la vida es predominantemente sana, puesto que su tasa de mortalidad es más baja que en otras edades, pero este concepto debe revisarse en función de la tasa de morbilidad. Se ha comprobado, por ejemplo, un menor rendimiento escolar en niños con malaria, desnutrición, deficiencias de yodo y de hierro, y helmintiasis. Resulta evidente que toda inversión gubernamental tendiente a mejorar la salud de la población escolar y, por ende, su capacidad de aprendizaje, debe acompañarse de programas que aseguren la continuidad de los logros iniciales. Hasta ahora, los resultados de las investigaciones emprendidas por el grupo The Partnership for Child Development apuntan a la necesidad de mantener programas para mejorar la salud del niño en edad escolar y demuestran que el sector de la educación representa un medio práctico para alcanzar esta meta. Aún falta definir las estrategias que deben adoptarse, pero en principio deben abarcar componentes de educación sanitaria , servicios de salud y nutrición, instalaciones escolares adecuadas y políticas tendientes a proteger los derechos de los niños. (The Partnership for Child Development. Better health, nutrition and education for the school-aged child. Trans R Soc Trop Med Hyg 1997;97:1–2).