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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.2 n.4 Washington Oct. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891997001000010 

Detección de Chlamydia pneumoniae en placas ateromatosas

 

 

El tabaquismo, la diabetes mellitus, la hipertensión y la hipercolesterolemia son factores de riesgo cardiovascular establecidos, aunque por sí solos no explican las variaciones temporales y geográficas de la prevalencia de enfermedad cardíaca coronaria. Recientemente, algunos datos clínicos y modelos experimentales han sugerido que infecciones crónicas por citomegalovirus, herpes simple y Helicobacter pylori, así como la sepsis dental, podrían ser factores contribuyentes en la patogenia de la aterosclerosis. Hoy en día hay pruebas que vinculan a Chlamydia pneumoniae con la enfermedad cardíaca coronaria. C. pneumoniae, causa común de infecciones del árbol respiratorio, es difícil de cultivar. En consecuencia, su diagnóstico se hace a menudo por detección de anticuerpos específicos observados en aproximadamente la mitad de la población mayor de 50 años. Ello indica que la infección es muchas veces subclínica y circunscrita y sugiere que la reinfección es común.

Según estudios efectuados en Finlandia en 1988, los títulos de anticuerpos contra C. pneumoniae son mayores en pacientes con infarto agudo del miocardio y enfermedad coronaria crónica. De ellos, los que presentaban títulos elevados de IgA contra C. pneumoniae o bien inmunocomplejos que contenían el antígeno bacteriano tenían una doble probabilidad de sufrir un ataque cardíaco en los 6 meses posteriores. Ese estudio seroepidemiológico y otros efectuados más tarde fueron criticados por la forma en que se habían seleccionado los controles sanos y también porque los casos con títulos de anticuerpos elevados se atribuían a infección crónica.

La posterior aplicación de métodos inmunohistoquímicos y de la reacción en cadena de la polimerasa a muestras de tejidos ha provisto pruebas más directas. Una es la identificación de C. pneumoniae en los macrófagos situados en el núcleo de las placas ateromatosas y en las células musculares lisas, pero no en el tejido normal adyacente ni tampoco en las arterias de los controles. Otra es la detección de la bacteria en 71 de 90 muestras (79%) obtenidas de enfermos con diagnóstico de angina de pecho, pero solo en una de las 24 muestras (4%) obtenidas de pacientes sin aterosclerosis.

La penetración de C. pneumoniae en las placas de ateroma podría ocurrir por mediación de macrófagos que migran hacia la lesión después de fagocitar la bacteria, cuya presencia en ese caso sería solo accidental. También podría ser causa de la generación y perpetuación de cambios inflamatorios que contribuyen al desarrollo de la aterosclerosis, probablemente por un mecanismo similar al observado en el tracoma, en que la cicatrización ocular y la ceguera se producen muchos años después de la infección inicial, con infiltración de la conjuntiva por macrófagos y linfocitos. La infección por C. pneumoniae podría inducir una respuesta inmunitaria crónica mediada por citoquinas que contribuiría a un daño directo y crónico del endotelio o estimularía la síntesis de reactivos de fase aguda, como el fibrinógeno y la proteína C reactiva. La infección crónica también aumentaría la expresión de sustancias procoagulantes derivadas de monocitos (por ejemplo, el factor tisular) y con ello el riesgo de trombosis locales distantes.

Al igual que la úlcera péptica, que está relacionada con la infección por H. pylori, la aterosclerosis también podría ser un estado inflamatorio crónico de origen infeccioso y, por tanto, tratable. A ello apunta el hecho de que en casos con títulos elevados de C. pneumoniae, el tratamiento antibiótico específico reduce los marcadores de activación, lo que a su vez reduce la probabilidad de trastornos cardiovasculares.

Mucho resta por precisar en la relación entre C. pneumoniae y la enfermedad cardíaca coronaria. Para Gupta y Camm, los ensayos de erradicación en que se está tratando la infección con antibióticos contra Chlamydia podrían ayudar a esclarecer el papel desempeñado por la bacteria en la patogenia de la enfermedad cardíaca coronaria. (Gupta S, Camm AJ. Chlamydia pneumoniae and coronary heart disease. BMJ 1997;314:1778-1779).