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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.2 n.5 Washington Jan. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891997001100014 

Probable contaminación del agua de consumo por Toxoplasma

 

 

La toxoplasmosis, parasitosis endémica en todo el mundo, adopta por lo general formas subclínicas o leves, aunque en mujeres embarazadas suele ser causa de malformaciones congénitas y en pacientes inmunodeprimidos sus manifestaciones suelen ser graves. Debido a la rara frecuencia de focos de toxoplasmosis que se extiendan más allá de una familia o de un grupo pequeño, Bowie et al. destacan las peculiaridades del foco que llegaron a observar en una provincia canadiense, tanto por su extensión como por su probable vinculación con el agua de consumo. En marzo de 1995, el Centro para el Control de Enfermedades de Columbia Británica, Canadá, detectó un súbito aumento de la incidencia de toxoplasmosis en partes de la ciudad de Victoria y de sus alrededores en la isla de Vancouver con una mezcla de zonas urbanas, suburbanas y rurales. Ese incremento fue detectado por el único laboratorio de la provincia que realizaba el diagnóstico serológico de la infección por Toxoplasma gondii, al mismo tiempo que dos oculistas notificaron de forma independiente la aparición de siete casos de toxoplasmosis aguda con retinitis. Se inició entonces un tamizaje serológico, llegándose a identificar 100 casos agudos relacionados con el brote. Todos estaban concentrados en la zona central de la provincia, sin que hubiera pruebas de transmisión por consumo de carne, verduras o productos lácteos contaminados. De ahí que los estudios se centraran en el servicio de agua de consumo, que en esa época proveía agua clorada sin filtrar a 292 000 personas pertenecientes a una población total de 321 585. La curva epidémica presentó dos picos (diciembre de 1994 y marzo de 1995) precedidos de un aumento de las lluvias y de la turbidez del agua en una de las represas. No pudo establecerse fehacientemente que esa represa fuera la responsable del brote, puesto que la recolección de las muestras para análisis se inició a los 3 meses de haberse detectado el último caso. Es probable que el agua ya estuviera contaminada por ooquistes de T. gondii, puesto que cuatro de siete gatos recogidos en los alrededores de la represa y cinco pumas atrapados en la isla de Vancouver mostraron anticuerpos. Un gato infestado puede liberar 200 millones de ooquistes capaces de sobrevivir en aguas a 3 a 18 °C, que era la temperatura de la represa en el momento de la epidemia. Por otra parte, el cambio rápido del agua al efectuarse la adición de cloro habría impedido la sedimentación de los quistes, en tanto que la falta de filtración pudo haber posibilitado el ingreso de T. gondii a la red de distribución.

En última instancia, el brote demostró la importancia que reviste un buen sistema de salud pública, ya que el programa de pesquisa serológica temprano redujo el impacto del brote y sus costos a largo término y permitió recoger información que condujo al cierre de la represa sospechada. (Bowie WR, King AS, Werker DH, Issac-Renton JL, Bell A, Eng SB, et al. Outbreak of toxoplasmosis associated with municipal drinking water. Lancet 1997;350:173­177).