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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.2 n.6 Washington Dec. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891997001200010 

Variación geográfica de las tasas de mortalidad por síndrome de muerte súbita infantil

 

 

Las tasas de mortalidad por síndrome de muerte súbita infantil (SMSI) varían considerablemente de un país a otro. Son muy bajas en Hong Kong (0,3 defunciones por 1000 habitantes en 1987) y muy altas en Nueva Zelandia (4,4 defunciones por 1000 habitantes en 1988). Sería importante conocer las razones de esas diferencias, pero primero falta llegar a una definición del síndrome, cosa que aún no se ha logrado.

En 1969, Beckwith caracterizó al SMSI como un siniestro inesperado, sin causa demostrable por examen posmortem, en neonatos sin antecedentes de morbilidad. Los resultados del examen histopatológico fueron precisamente los que provocaron mayor desacuerdo en torno a la verdadera importancia del infiltrado inflamatorio presente en los pulmones, el miocardio y el encéfalo. Tampoco había manera de distinguir entre el SMSI y una asfixia accidental o por otras causas. Esas y otras consideraciones llevaron a sucesivas propuestas para la modificación de la definición inicial.

En muchos países se extiende un certificado de defunción por SMSI sin hacerse una autopsia, y aun en aquellos donde esta sí se practica, su frecuencia varía considerablemente. En algunos países se efectúa la autopsia en casi 100% de los casos de SMSI y en otros, en apenas 50%.

Vege y Rognum investigaron las aparentes discrepancias en la mortalidad por SMSI observadas en los países nórdicos y los cambios que ha sufrido el diagnóstico de SMSI a lo largo del tiempo. Para ello recurrieron a un conjunto de criterios diagnósticos definidos por el Grupo de Patología Nórdica y adoptados por los países escandinavos a partir de 1992, aplicándolos de manera uniforme en un estudio retrospectivo de muertes infantiles inesperadas y súbitas, pero no necesariamente categorizadas como SMSI. Si esos mismos criterios u otros fueran empleados por patólogos de otros países, se podrían aminorar las variaciones en el diagnóstico, aunque sin lograr eliminarlas por completo. Dado que la interpretación de los hallazgos de la autopsia se modifican en virtud de un renovado y mejor conocimiento de la histopatología, los diagnósticos serían solo provisorios y por lo tanto estarían sujetos a una revisión periódica.

La comparación de las tasas de mortalidad de distintos países y en diferentes momentos se ve limitada por la falta de una definición homogénea de SMSI, la ausencia de autopsia en algunos lugares y la interpretación dada a los resultados del examen histopatológico cuando se efectúa. Se podrían superar estas limitaciones parcialmente si se recurriera a la mortalidad total (es decir, por todas las causas posibles), aunque circunscrita al estrecho recorrido de edad correspondiente al del momento del deceso. De ese modo se observa que la proporción de SMSI en Noruega alcanzó un máximo de 56% entre los 105 y 125 días de vida, período no registrado por las estadísticas oficiales de mortalidad. Sin embargo, esos mismos datos mostraron que la fracción de todas las muertes atribuible a SMSI fue mayor de 40% desde las 6 hasta las 30 semanas de vida. Ello sugiere que la mortalidad total del primer al quinto mes de edad, que es información fácilmente obtenible, sería tan válida para su estimación como la correspondiente a los 105 a 125 días de vida.

La mortalidad en el grupo de edad de 1–5 meses también difiere considerablemente de un país a otro. En algunos países aumentó en las décadas de 1970 y 1980, para luego disminuir durante los años noventa, lo que significa un incremento real con un descenso subsiguiente de la mortalidad por SMSI. Es posible que esta reducción se haya debido a una menor tendencia a colocar a los niños en posición de decúbito ventral. Actualmente el desafío consiste en identificar los factores responsables de las diferencias de mortalidad que se siguen observando entre diferentes países, ya que ello permitiría idear una intervención adecuada para prevenir el SMSI. (Mitchell EA, Becroft DMO. Comparison of sudden infant death syndrome mortality over time and among countries. Acta Paediat 1997;86:789–790).