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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.2 n.6 Washington Dec. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891997001200011 

Criterios para el diagnóstico del síndrome de cansancio crónico: sus limitaciones

 

 

Ante la falta de marcadores diagnósticos del síndrome de cansancio crónico (en inglés chronic fatigue syndrome, o CFS), se ha recurrido a criterios de inclusión y exclusión, lo que explica las diferencias observadas en el diagnóstico de ese trastorno en los Estados Unidos de América, el Reino Unido y Australia, por citar algunos ejemplos. Con el fin de homogeneizar conceptos, un panel internacional integrado por representantes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y los Institutos Nacionales de Salud, en los Estados Unidos, y el Grupo de Estudio del Síndrome de Cansancio Crónico, efectuó en 1994 una revisión de los criterios diagnósticos habituales. El panel propuso cuatro criterios mayores (cansancio inexplicable, persistente o intermitente, sin relación con el ejercicio y sin la posibilidad de obtener alivio con el descanso, y consiguiente reducción de las actividades ocupacionales, educacionales, sociales o personales) y ocho menores (deterioro de la memoria de corto término o de la capacidad de concentración; dolor de garganta; sensibilidad anormal de ganglios cervicales o axilares; mialgias; poliartralgias sin inflamación; cefalea; sueño no reparador; y malestar de más de 24 horas de duración después del ejercicio). Para establecer el diagnóstico en personas adultas, se deberán satisfacer los cuatro criterios mayores y un mínimo de cuatro de los menores, que deben haber persistido o recurrido durante 6 meses o más. Cuando en octubre de 1996 tuvo lugar en San Francisco, Estados Unidos, la Reunión de la Asociación Americana del Síndrome de Cansancio Crónico (American Association for Chronic Fatigue Syndrome), se planteó la posibilidad de aplicar estos criterios para hacer el diagnóstico en adolescentes, reconociéndose simultáneamente la mayor dificultad de definirlo en menores de 13 años.

Las enfermedades que en los adultos provocan cansancio, en los niños a menudo se manifiestan por signos paradójicos. La falta de sueño y el efecto sedante del fenobarbital se traducen en falta de atención, hiperactividad y trastornos de la conducta. En cambio, numerosas afecciones pueden causar cansancio en los niños: infecciones y enfermedades degenerativas o tumorales del sistema nervioso central; trastornos genéticos del metabolismo; cuadros epilépticos, miopatías, neuropatías, alteraciones mitocondriales, perturbaciones psiquiátricas (depresión, ansiedad, somatización, fobia a la escuela, estrés y disfunción familiar).

Pliopys, a propósito de su desempeño en el Centro de Investigaciones sobre el Síndrome de Cansancio Crónico, ubicado en la Universidad de Illinois en Chicago, refiere que en un período de 3 años se evaluó a 300 pacientes remitidos con ese diagnóstico presunto. Entre ellos no había ningún niño y solo había seis adolescentes que no satisfacían los referidos criterios mayores y menores. Si bien es cierto que el diagnóstico de CFS en personas jóvenes no tiene carácter urgente, ya que no existe un tratamiento eficaz, en niños puede acarrear perjuicios, tales como: 1) postergación del diagnóstico de una enfermedad médica tratable; 2) retraso en la detección de estados poco frecuentes pero susceptibles al efecto de nuevos tratamientos, como el letargo en casos de déficit neurológicos crónicos y de síndrome de Rett; 3) enmascaramiento de problemas psicológicos o familiares que pueden causar cansancio; y 4) fomento de un estilo de vida inapropiado para el paciente, pero alentado por la familia en virtud de una presunta discapacidad física.

El diagnóstico en adolescentes requiere cautela. Recientemente ha sido objeto de atención la hipotensión de origen neurológico, que se asocia con cansancio. Se ha observado que esa alteración del sistema nervioso autónomo es responsable de 95% de los casos atribuidos al CFS. De acuerdo a Fukuda et al., la mayoría de los pacientes que responden favorablemente al tratamiento con fludrocortisona, que es el indicado para ese tipo de hipotensión, son adolescentes. No obstante, muchos otros centros para el tratamiento de pacientes con CFS, incluido el de Chicago, no han podido duplicar sus resultados. Según Plioplys, ello obedece a la posibilidad de que adolescentes con una simple depleción de líquidos y electrólitos como causa determinante de cansancio secundario hayan recibido un diagnóstico erróneo de hipotensión de origen neural y por lo tanto se encuentren expuestos a las posibles complicaciones de un tratamiento prolongado con mineralocorticoides.

Dadas la incertidumbre y las dificultades asociadas con el diagnóstico de CFS en niños y adolescentes, es recomendable omitir esta entidad de la lista de enfermedades que pueden afectar a personas de esas edades. (Pliopys AV. Chronic fatigue syndrome should not be diagnosed in children. Pediatrics 1997;100:270–271).