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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.2 n.6 Washington Dec. 1997

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891997001200018 

The World Health Report 1997: conquering suffering, enriching humanity
Geneva: World Health Organization; 1997, 162 pp.
ISBN 92 4 156185 8

 

 

La presente obra se inicia con un mensaje de Hiroshi Nakajima, Director General de la OMS, en que se destaca la doble carga de enfermedades que hoy incide sobre la salud de todos los habitantes del mundo. Precisamente cuando se creía que el problema de las enfermedades infecciosas estaba en vías de superarse en los países en desarrollo, fue necesario hacer frente a la emergencia global del sida y al recrudecimiento de enfermedades como la tuberculosis, la malaria, el cólera y la infección por Escherichia coli. Por añadidura, la discapacidad generada por enfermedades crónicas como el cáncer, los trastornos cardiovasculares y los desequilibrios metabólicos y hormonales ha dejado de ser patrimonio casi exclusivo de los países desarrollados. La salud se encuentra cada vez más afectada por factores de diversa índole (estrato socioeconómico, tecnologías laborales que poco requieren del esfuerzo personal, cambios revolucionarios suscitados por la informática y los medios de comunicación, etc.) que se resisten al control del individuo y de los sistemas sanitarios convencionales. Así, los habitantes de los países en desarrollo están adquiriendo muchos de los estilos de vida poco saludables que eran propios de los países desarrollados: ocupaciones sedentarias, actividad física reducida, dieta inadecuada, tabaquismo y abuso de alcohol y de drogas. Si bien la esperanza de vida ha aumentado en las últimas décadas del siglo XX, la expectativa de salud no ha evolucionado de forma paralela. A diferencia de las enfermedades infecciosas, la mayor parte de las enfermedades crónicas no son curables, aunque es posible prevenirlas. De ahí la necesidad de postergar su aparición, aliviar sus manifestaciones clínicas y planificar el entorno para satisfacer las necesidades creadas por la consiguiente discapacidad. La adopción de medidas preventivas adecuadas es el único medio que permitirá alcanzar una adultez más saludable, que a su vez conduzca a una vida más larga y socialmente productiva y a una reducción de la carga social que las personas de edad avanzada llegan a representar por su dependencia. Por consiguiente, el presente informe, integrado por tres capítulos y dos anexos, se ha elaborado para identificar prioridades en el contexto de una lucha contra las enfermedades crónicas en beneficio de los habitantes del mundo entero.

En el capítulo 1, que se titula "El estado de la salud en el mundo", se efectúa un detallado análisis de la amenaza que hoy representan las enfermedades crónicas, que son responsables de casi la mitad de los 52 millones de defunciones que ocurren anualmente en todas partes. Entre los adultos, las causas principales son las enfermedades circulatorias, que ocasionan la muerte de más de 15 millones de personas; el cáncer, que cobra más de seis millones de vidas, y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, a la que se atribuyen casi tres millones de defunciones. Todo ello impone a los países, tanto ricos como pobres, una pesada carga de pacientes que necesitarán atención médica en las próximas décadas, con los consiguientes costos sociales y económicos. Aunque muchas enfermedades crónicas pueden ser tratadas eficazmente con medicamentos, el largo período de administración eleva el precio del tratamiento y aumenta la probabilidad de que se produzcan efectos secundarios indeseables. De ahí la necesidad de saber elegir los medicamentos sobre la base de los criterios establecidos en la Lista modelo elaborada por la OMS y su versión actualizada, que se produce cada 2 años. Este proceder es válido tanto para los países industrializados como para los países en desarrollo, a tal punto que el número de ingredientes activos incluidos en esas listas es similar en Australia y en Zimbabwe. Ocurre lo mismo en las ciudades y en las áreas rurales, cuando se comparan esquemas para el tratamiento del cáncer, las enfermedades cardiovasculares y los desequilibrios metabólicos, o bien de la malaria, la diarrea aguda y la neumonía.

Con respecto al cáncer, mucho han mejorado las perspectivas de supervivencia, particularmente de mujeres con cáncer de mama y niños con leucemia, gracias al diagnóstico temprano y a los medios terapéuticos actualmente disponibles. En cambio, se anticipa la continuación de la epidemia de cáncer de pulmón en los próximos 10 a 20 años, hecho que a su vez señala la importancia de fortalecer la campaña contra el tabaquismo.

Las enfermedades cardiovasculares que reciben especial atención en el capítulo son la enfermedad coronaria, responsable de más de siete millones de defunciones en 1996, y la enfermedad cardíaca de origen reumático, que es afección común en niños y adultos jóvenes. De los desequilibrios metabólicos, el de mayor importancia es la diabetes, que actualmente afecta a 135 millones de personas y que se calcula afectará a casi 300 millones para el año 2025.

A todo lo anterior hay que sumar las víctimas de los conflictos bélicos (desde la segunda guerra mundial, más de 200 millones de personas han muerto en el transcurso de más de 150 guerras locales en África, Asia, Europa y América Latina); del abuso de anfetaminas y otros psicoestimulantes similares; de quemaduras graves (anualmente 300 hospitalizaciones por millón de habitantes); de homicidios y suicidios y otras formas de violencia; de accidentes de tránsito, y de enfermedades hereditarias.

El capítulo 2, titulado "La contribución de la OMS a la salud en el mundo", presenta un panorama general del continuado aporte que en 1996 realizara la OMS a la lucha entablada por sus Estados Miembros contra las enfermedades crónicas no transmisibles y contra aquellas circunstancias que generan violencia y accidentes. Existe un compromiso por alcanzar un mínimo nivel de salud para todas las personas en todos los países, de forma tal que todos los individuos sean capaces de trabajar con productividad y de participar activamente en la vida social de la comunidad a la que pertenecen. A fin de lograr la "salud para todos" se constituyó el Programa General de Trabajo para 1996-2001, cuyas principales orientaciones están dadas por: 1) la integración de la salud y el desarrollo humano en las políticas públicas; 2) la garantía de acceso equitativo a los servicios de salud; 3) la promoción y protección de la salud; y 4) la prevención y control de problemas de salud específicos. Los objetivos enunciados son expresión del compromiso asumido por la comunidad internacional, incluida la OMS, de brindar apoyo a los países para que puedan mejorar el estado de salud de sus poblaciones en un contexto de mayor equidad. De todas las actividades de la OMS en 1996, destaca su intervención en el proyecto INTERSALUD, dirigido a la prevención de enfermedades. Ya que los factores de riesgo en él contemplados también se asocian con las dolencias crónicas, el enfoque aplicado se conoce en las Américas como proyecto CARMEN, que incluye, además del control de las enfermedades cardiovasculares, el de otros estados patológicos. De esta manera se coordinan y realizan estudios epidemiológicos e investigaciones de carácter básico para repaldar con bases científicas la prevención del cáncer. Concomitantemente se está llevando a cabo un estudio multinacional en China, Corea, Filipinas, Japón y Viet Nam para evaluar la capacidad de los trabajadores de la salud de aliviar el dolor en pacientes de cáncer, a fin de proporcionarles cualquier adiestramiento necesario. Entre el ámbito de las enfermedades crónicas, se subraya la necesidad de establecer la prevalencia de diabetes en el mundo; de prevenir enfermedades hereditarias como la hipercolesterolemia familiar, la hemofilia y la fibrosis quística; de evaluar la magnitud del problema representado por el asma y la artritis; de estimar la gravedad de las enfermedades mentales y neurológicas y los costos asociados con ellas, y de determinar la frecuencia de la dependencia de sustancias como la nicotina, el alcohol y los psicofármacos.

Muchas enfermedades infecciosas, como la lepra, la malaria y la oncocercosis, deben considerarse crónicas por su persistencia e impacto sobre la comunidad. En el caso del sida, que para fines de 1996 registraba un total acumulado de 29,4 millones de infectados, la OMS continuó brindando apoyo epidemiológico y técnico para actividades de control y prevención. Dicha entidad también se ha encargado de mantener redes electrónicas para monitorear ciertos fenómenos importantes, tales como las tendencias en la resistencia a los antibióticos, las fluctuaciones de los niveles de contaminación del aire y de las aguas, las reacciones tóxicas a productos químicos y las reacciones de tipo medicamentoso. Actualmente la OMS puede proporcionar asistencia técnica a las 24 horas de notificarse un brote epidémico.

Los avances logrados en el período de 1975 a 1995 se detallan en el capítulo 3. Entre ellos figuran un mejor estándar de vida en la mayor parte de las poblaciones, la erradicación de la viruela, una mayor proporción de niños vacunados contra las seis principales enfermedades de la infancia, y el continuo progreso en el control de la poliomielitis, lepra, oncocercosis, dracunculiasis, enfermedad de Chagas, tracoma, sarampión, meningitis epidémica, contaminación alimentaria por E. coli y enfermedad de Creuzfeldt-Jakob. De todo lo expuesto se desprende que los siguientes pasos redundarían en una mejor salud en todo el mundo: 1) integrar intervenciones específicas en los niveles físico y mental para la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades crónicas y para actividades de rehabilitación; 2) aplicar métodos eficaces y de bajo costo para la detección y el tratamiento de las enfermedades; 3) intensificar la campaña tendiente a fomentar un estilo de vida más sano, con particular atención a los niños y a los adolescentes; 4) adoptar políticas de salud pública que incluyan fuentes de financiamiento y leyes para asegurar la continuidad de los programas de prevención; 5) impulsar la investigación para desarrollar nuevos medicamentos y vacunas y precisar los determinantes genéticos de las enfermedades crónicas; y 6) aliviar el dolor, disminuir el sufrimiento y proveer tratamientos paliativos en pacientes cuya enfermedad no tiene cura. Es inevitable que toda vida humana llegue a un fin, pero es asunto prioritario lograr que ello suceda de la forma más digna posible, no solo para la profesión médica, el sector sanitario y el servicio social, sino también para cada comunidad, familia e individuo.

En el anexo 1 figura la lista de los 190 Estados Miembros de la OMS y de sus dos Estados Asociados, según datos vigentes el 31 de diciembre de 1996. El anexo 2 incluye dos cuadros: el primero (A) contiene los indicadores básicos de salud que fueron actualizados por los países para 1996; el segundo (B) es una tabulación analítica de los datos expuestos en A. Pese a que pocos países tenían a su alcance información adecuada, situación que generó estadísticas incompletas y poco comparables, se ha hecho un notable esfuerzo por reunir todos los datos disponibles y confirmar su validez, incluidos los correspondientes a informes y publicaciones nacionales o de las representaciones y centros de la OMS.