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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.3 n.1 Washington Jan. 1998

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891998000100013 

¿Implica riesgo de adicción el tratamiento del dolor con opioides?

 

 

El tratamiento del dolor y la medicina de la adicción constituyen áreas nuevas y dinámicas que comparten la preocupación por la respuesta humana a los opioides y otros medicamentos que pueden causar adicción. Sin embargo, los dos campos han evolucionado como disciplinas separadas y ello ha afectado negativamente a pacientes, clínicos, investigadores y a la sociedad en su conjunto. Los efectos adversos de la falta de comunicación entre las dos disciplinas imponen la necesidad de un cambio y esto fue discutido en la conferencia organizada por el recientemente creado Grupo de Trabajo sobre el Manejo del Dolor y la Dependencia Química, que tuvo lugar del 21 al 23 de noviembre de 1996 en la ciudad de Nueva York. Algunos de los integrantes de ese grupo son los autores de un oportuno análisis sobre la naturaleza del problema y las posibilidades de resolverlo, que aquí reseñamos.

El conocimiento acerca de las propiedades analgésicas de los opioides no implica un conocimiento simultáneo acerca de la vulnerabilidad a su adicción ni de las formas de empleo que puedan resultar aberrantes. De igual modo, la familiaridad con la adicción y la experiencia con la administración continua de opioides no siempre se acompaña del reconocimiento de normas ampliamente aceptadas para el uso de opioides en el manejo del dolor agudo o crónico. Esa falta de interacción entre las dos disciplinas puede llevar a leyes y acciones tendentes a reducir el abuso de su consumo, pero que en último término llegan a afectar la legítima necesidad de opioides en casos de dolor intratable. Aunque su empleo en pacientes de cáncer está apoyado por importantes organizaciones nacionales e internacionales, hasta 40% de esos pacientes no reciben opioides para el dolor y ese riesgo aumenta a 80% en los casos de sida con antecedentes de drogadicción. La ignorancia y el estigma comprometen el manejo del dolor agudo y crónico en pacientes que reciben una terapia de mantenimiento con metadona, aun cuando ellos también podrían responder favorablemente al tratamiento con opioides. Si bien la mayoría de los especialistas favorece el empleo a largo plazo de opioides en algunos pacientes con dolor crónico pero sin cáncer, esa postura sigue siendo motivo de una controversia que no se resolverá sin un conocimiento actualizado de los riesgos de adicción.

Ahora es el momento de establecer el diálogo necesario entre los especialistas en el manejo del dolor y los de la medicina de la adicción. El rápido avance de las neurociencias está desentrañando los mecanismos cerebrales que subyacen la vulnerabilidad a la adicción y la nocicepción. Se está creando así la oportunidad de establecer vínculos entre ambas disciplinas y a partir de ello de estimular nuevas investigaciones que fundamenten la base científica de la práctica clínica. Los programas educativos son esenciales para que ambos tipos de especialistas puedan juzgar la seguridad, eficacia y factibilidad de tratamientos analgésicos y también para los encargados de su legislación en la comunidad. Por medio de una comunicación más fluida, los clínicos podrán cumplir las regulaciones sin por ello sacrificar el alivio de sus pacientes, y los responsables de imponer alguna penalización eventual podrán controlar la práctica médica y reducir el consumo ilegal de drogas sin que sus acciones engendren temores en médicos y pacientes.

Además de la segunda conferencia anual que el Grupo de Trabajo en el Manejo del Dolor y la Dependencia Química proyecta para enero de 1998, otras actividades similares deberían ser puestas en marcha ya para posibilitar un menor manejo del dolor agudo y crónico en pacientes con y sin antecedentes de dependencia química. (Portenoy RK, Dole V, Joseph H, Lowinson J, Rice C, Segal S, et al. Pain management and chemical dependency. JAMA 1997;278:592­593.)