SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.3 issue4Statements issued by the International Committee of Medical Journal Editors in conjunction with the Vancouver standardsNuevo régimen de profilaxis antituberculosa para pacientes con infección por VIH author indexsubject indexarticles search
Home Page  

Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.3 n.4 Washington Apr. 1998

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891998000400007 

Instantáneas

 

El embarazo en la adolescente precoz

 

 

La población mundial de adolescentes ha ascendido a más de 1 000 millones y en los países en desarrollo una de cada cuatro personas está en la adolescencia, a diferencia de una de cada siete en los países desarrollados. El embarazo a edades cada vez más tempranas se está convirtiendo en un problema social y de salud pública de alcance mundial. Afecta a todos los estratos sociales, pero predomina en las clases de bajo nivel socioeconómico, en parte debido a la falta de educación sexual y al desconocimiento de los métodos de control de la natalidad. En un estudio reciente en Venezuela se compararon la morbilidad y la mortalidad materna y perinatal de 284 adolescentes de 10 a 14 años de edad con las de un número igual de controles de 20 a 24 años. Se analizaron el estado civil, control prenatal, número de gestaciones, terminación del embarazo, tipo de parto, duración del trabajo de parto, complicaciones durante el embarazo, parto y puerperio, y permanencia en el hospital de las madres, así como el peso, talla, sexo, Apgar y morbilidad y mortalidad de los recién nacidos.

En relación con la edad se encontró que 229 de las adolescentes tenían 14 años, 41 tenían 13, nueve tenían 12, dos tenían 11 y tres de ellas, 10 años. Como era de esperar, la gran mayoría de ellas (94%) eran solteras. Entre los controles, la edad se distribuyó más uniformemente, con 77 de 24 años, 56 de 20 y el resto entre esos dos extremos. Eran solteras 70,4%. Hubo una diferencia significativa en el número de gestaciones, ya que 97,2% de las adolescentes eran primigestas (en ocho pacientes fue el segundo o tercer embarazo), comparadas con 58,5% de las controles. También se dio un porcentaje mayor de embarazos menores de 22 semanas en las adolescentes que en las jóvenes adultas y el número de abortos (20%) casi duplicó al del grupo control (11,3%). De las tres pacientes de 10 años de edad dos abortaron, de las dos de 11 años abortó una y de las nueve de 12 años abortaron tres. Por desproporción cefalopélvica, se practicó cesárea en 51,4% del grupo de adolescentes contra 37% del grupo control. Sin embargo, la duración del trabajo de parto fue similar (entre 3 y 15 horas) en ambos grupos, con un promedio aproximado de 8 horas en adolescentes y controles. El análisis estadístico mostró diferencias significativas en el mayor número de complicaciones del embarazo de las adolescentes, especialmente en cuanto a anemia, hipertensión inducida por el embarazo e infección urinaria. Otras complicaciones frecuentes, pero no estadísticamente significativas, en las adolescentes fueron el parto prematuro, el desprendimiento prematuro de la placenta, los desgarros, el sufrimiento fetal y la distocia de rotación. También fue mayor en las adolescentes la morbilidad puerperal, que incluyó abscesos de pared y endometritis.

En el grupo de adolescentes hubo 227 partos y 228 recién nacidos y en el grupo control, 252 partos y 253 recién nacidos (en ambos casos por un embarazo gemelar). La puntuación de Apgar fue < 3 en 3,1% de los bebés de las adolescentes frente a 1,19% de los de las controles; de 4 a 6 puntos en 8,8% de los hijos de las adolescentes y en 5,53% de los de las controles, y > 7 en 88,2% de los hijos de las adolescentes y en 93,28% de los de las controles. Del grupo de adolescentes, 16,6% tuvo niños de bajo peso en comparación con 7% del grupo control. Hubo una diferencia significativa entre la frecuencia de niños de bajo peso y de niños con un peso de 3500 gramos o más, así como diferencias entre los pesos promedio, que fueron 2930 ± 539,66 g en los niños de adolescentes y 3046 ± 531,75 g en los de las controles. La talla de los recién nacidos fue similar en ambos grupos, pero la morbilidad perinatal mostró diferencias: fueron prematuros 8,7% y 5,9% de los hijos de las adolescentes y de las controles, y mostraron retraso del crecimiento intrauterino 7,9% de los hijos de las adolescentes y 1,2% de los de las controles, respectivamente. Además, hubo más intervenciones obstétricas (cesáreas y uso de fórceps) en las adolescentes.

Los resultados de este estudio indican que el embarazo en adolescentes de 14 años y menores es de alto riesgo porque suelen acompañarlo la primiparidad, una situación socioeconómica desfavorable que conduce a la desnutrición y la anemia, un desarrollo insuficiente, falta de control prenatal y viviendas inadecuadas, donde a menudo hay hacinamiento, promiscuidad y a veces incesto. Muchas repiten el patrón de sus madres solteras que también dieron a luz siendo adolescentes. Muy pocas han recibido educación sexual adecuada y algunas empiezan muy temprano a consumir tabaco, alcohol y drogas, que ponen en peligro su salud y la del feto. Pocas acuden a control prenatal (60% del grupo de adolescentes no lo tuvo) y su inmadurez física causa problemas de salud que no se resuelven durante el embarazo.

Para reducir el problema, la autora recomienda dar atención médica integral; educar a padres, maestros y adolescentes; capacitar a los educadores para que organicen programas de educación sexual, y crear centros con programas especiales para adolescentes. La atención obstétrica de estas jóvenes madres requiere trabajo médico en equipos que incluyan psicólogos y trabajadores sociales para fomentar en la adolescente una conducta sexual responsable y dar atención oportuna a los aspectos físicos, emocionales y sociales que forman la personalidad. (Uzcátegui O. Embarazo en la adolescente precoz. Rev Obstet Ginecol Venez 1997;57:29­35.)