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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.3 n.4 Washington Apr. 1998

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891998000400010 

Criterios para tratar la deficiencia de hierro

 

 

La anemia por deficiencia de hierro es un problema de salud pública de alcance mundial. Como ha señalado la OMS, 43% de los preescolares y 37% de los niños de edad escolar padecen ese tipo de anemia, que causa hipoxia tisular sistémica. Los niños que han padecido esta variante de anemia durante los primeros 24 meses de vida tienen bajo rendimiento escolar y retraso del crecimiento y de las funciones encefálicas, especialmente de la percepción visual y del equilibrio corporal. En edades posteriores la anemia ferropénica puede producir efectos perjudiciales pero probablemente menos graves que en los períodos críticos tempranos. Su principal causa es la deficiencia de hierro, pero a esta se añade la presencia común de insectos y parásitos hematófagos en algunas zonas geográficas.

El hierro es esencial para el metabolismo energético celular y la síntesis de hemoglobina en las células eritroides de la médula ósea. Su ausencia produce eritropoyesis deficiente de hierro y, como consecuencia, anemia microcítica hipocrómica. El contenido de hierro en el organismo se determina midiendo la ferritina sérica, la saturación de transferrina y el hierro hemoglobínico, ya que el hierro se encuentra en equilibrio dinámico entre las moléculas de almacenamiento (ferritina y hemosiderina) y las de transporte (transferrina plasmática y mobilferrina intracelular). El hierro se encuentra transitoriamente fijo en las moléculas funcionales como la hemoglobina y las enzimas férricas y solo se recicla cuando la célula completa su ciclo vital y es fagocitada por los macrófagos.

El organismo obtiene el hierro principalmente de los alimentos sólidos que contienen este elemento. En el individuo normal existen reservas suficientes para equilibrar las variaciones fisiológicas en la exigencia del hierro, por ejemplo, la movilización de ese elemento que se produce en la pubertad, especialmente en las mujeres. Por lo tanto, los adolescentes constituyen una de las poblaciones en riesgo de padecer deficiencia de hierro. Otros grupos en riesgo son los lactantes, las embarazadas y los sangradores crónicos. La lactancia y la edad preescolar son los únicos períodos en los que es posible observar deficiencia de hierro dietética. Están en alto riesgo de esta deficiencia los lactantes alimentados exclusivamente con líquidos pasado el sexto mes de vida y los de bajo peso al nacer, además de los que sufren una hemorragia perinatal. Cuando la embarazada tiene deficiencia de hierro, su influencia en el neonato está parcialmente compensada porque la placenta es capaz de tomar hierro del plasma aunque la concentración sea baja. De modo que las madres con deficiencia de hierro pueden tener hijos con reserva de hierro normal, pero hay indicios de que una deficiencia grave en la madre afectará a los niveles de hemoglobina del niño durante la lactancia.

Hoy día se cuenta con nuevos conocimientos que facilitan la prevención y el tratamiento de la deficiencia de hierro y México es uno de los países de América Latina en donde se están revisando las estrategias para prevenir y tratar esa dolencia. Anteriormente, una de las dificultades principales era distinguir entre la deficiencia de hierro y las anemias causadas por procesos inflamatorios crónicos, hemoglobinopatías y desnutrición proteínico-calórica. Actualmente, la determinación del receptor soluble de transferrina sérica proporciona una medida de la deficiencia del hierro funcional, que no se modifica cuando se trata de otros padecimientos. Para la profilaxis en grandes grupos de población se ha recomendado enriquecer el azúcar de los lactantes con hierro asociado a ácido acético sódico, ya que el enriquecimiento de alimentos como el pan les cambia el sabor. La suplementación con hierro en tabletas proporcionadas por programas de atención primaria ha sido de eficacia muy limitada debido a los efectos gastrointestinales de las sales ferrosas y a la dificultad de conseguir que los pacientes asistan regularmente al programa. Se considera controvertido establecer programas para toda la población de adolescentes, pues es probable que la mayoría pueda compensar gradualmente la deficiencia con una dieta adecuada en el período pospuberal. Mientras tanto, se intentará ampliar las encuestas sobre el estado nutricional del hierro en la pubertad. Existe acuerdo en que los programas para suplementar de hierro a grandes sectores de la población deben dirigirse a los lactantes y a las embarazadas. Los preescolares se encuentran en posición marginal y en algunas zonas se han incluido en los programas de los lactantes. La suplementación se ha realizado con una sola dosis administrada semanal o bisemanalmente y los resultados indican que la eficacia es comparable a la de una dosis diaria, con la ventaja de ser mejor aceptada y disminuir los efectos gastrointestinales. En clínica pediátrica, el tratamiento individual de casos implica emplear sales ferrosas por vía oral por períodos de 60 a 120 días. Por los riesgos adicionales que entraña, la administración de hierro por vía parenteral debería quedar limitada a casos excepcionales en los que las lesiones del tubo digestivo impiden el uso de la vía oral. (Bello-González SA, Núñez-Villegas NN, Reyes-Pérez R. Actualización de los criterios del tratamiento de la deficiencia de hierro. Bol Med Hosp Infant Mex 1997;54:162­166.)