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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.3 n.5 Washington May. 1998

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891998000500008 

Instantáneas

 

Un deber de los obstetras

 

 

Un grupo de estudio del Real Colegio de Obstetras y Ginecólogos del Reino Unido ha recomendado que los obstetras pregunten siempre a sus pacientes si han sido víctimas de violencia en el hogar. Hasta 20% de las embarazadas que asisten a clínicas prenatales pueden haber sido víctimas de grave abuso físico, emocional o sexual. El grupo de estudio recomendó asimismo que las enseñanzas sobre este fenómeno social formen parte de la educación de los jóvenes que entran en la carrera de obstetricia. Además, estos deben ser evaluados y calificados por la forma en que abordan ese tema tan delicado. Según el informe entregado por el grupo, que se titula Violence against women [La violencia contra la mujer], todas las mujeres embarazadas deben tener por lo menos una consulta privada con el obstetra principal que se va a encargar de su atención médica, sin que asista el compañero ni ningún otro familiar, para revelar información de naturaleza confidencial. Si bien en el Reino Unido hay poca información sobre este problema, en los Estados Unidos de América muchos estudios indican que la mujer corre un mayor riesgo de violencia doméstica durante el embarazo y el período posparto. En esas circunstancias, la violencia está dirigida principalmente al abdomen o al pecho de la mujer y entre sus consecuencias cabe mencionar un aumento en las tasas de aborto, nacimientos pretérmino, bajo peso al nacer, corioamnionitis, lesiones fetales (incluso fracturas óseas y heridas punzantes) y muerte fetal.

Un hecho irónico es que el manejo actual de los nacimientos ¾ con el compañero presente en la clínica durante el trabajo de parto y la paciente en posesión de las notas obstétricas ¾ ha reducido las oportunidades que antes tenían las mujeres maltratadas de revelar sus experiencias al personal médico. Además de las consultas privadas, el grupo recomendó que las unidades de maternidad lleven un juego de notas confidenciales distintas de las que tiene la paciente durante el parto. Se sugiere que los obstetras respeten la intimidad de sus pacientes y que soliciten su consentimiento antes de compartir con terceros cualquier información sobre violencia doméstica. Sin embargo, puede prescindirse de ese consentimiento cuando un profesional de salud sospecha que su paciente está en grave riesgo. En el segundo caso, la naturaleza de la revelación debe estar claramente documentada. Susan Bewley, directora de obstetricia de la asociación de hospitales St. Thomas y Guy de Londres y miembro del grupo de estudio ya mencionado, califica de horripilante la idea de que un hombre ataque a una mujer embarazada, pero señala que para el hombre la preñez constituye un período de cambio y estrés, con desvelos y pérdida de la atención de que antes gozaba. Añade que la violencia doméstica es un tema tabú que pocas personas abordan espontáneamente. (Abbasi K. Obstetricians must ask about domestic violence. BMJ 1988;316:9.)