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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.4 n.2 Washington Aug. 1998

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891998000800013 

Factibilidad de una vacuna comestible

 

 

Como apertura a una nueva era en la inmunización, investigadores apoyados por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los Estados Unidos de América acaban de demostrar que pueden provocarse respuestas inmunitarias inocuas en las personas mediante una vacuna comestible. El informe sobre el ensayo en seres humanos en el cual colaboraron la Universidad de Maryland en Baltimore, Maryland; el Instituto Boyce Thompson de Investigación sobre las Plantas en Ithaca, Nueva York; y la Universidad Tulane en Nueva Orleans, Luisiana, se ha publicado en el número de mayo de 1998 de la revista Nature.

El ensayo de la fase 1 (verificación del concepto) comenzó en el Centro de Desarrollo de Vacunas de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland. Los participantes voluntarios comieron porciones de papa cruda transgénica que había sido sometida a ingeniería genética para producir parte de la toxina segregada por Escherichia coli, bacteria que causa diarrea. Previamente se había establecido que las papas transgénicas que contenían ese segmento de la toxina estimulaban una fuerte respuesta inmunitaria en animales. Las papas fueron cultivadas en el Instituto Boyce Thompson, afiliado de la Universidad de Cornell.

En el ensayo participaron 14 adultos sanos, de los cuales 11 fueron escogidos al azar para recibir las papas transgénicas y tres recibieron porciones de papas corrientes. Las papas se pelaron antes de ingerirse para evadir el sabor amargo que a veces tiene la cáscara y evitar problemas de náusea o vómito en los sujetos de estudio. Luego se cortaron en pedacitos uniformes de 50 y 100 g, con objeto de probar dos dosis diferentes y averiguar si había efectos secundarios debido a la cantidad de papa cruda ingerida. Cada participante recibió tres dosis de 50 o 100 g a lo largo de 3 semanas, en los días 7 y 21. Se recogieron periódicamente muestras de sangre y heces de los voluntarios para evaluar la capacidad de la vacuna de producir respuestas inmunitarias tanto sistémicas como intestinales.

En 10 de los 11 (91%) que comieron las vacunas de papa aumentó cuatro veces el número de anticuerpos en algún momento después de la inmunización y en seis de los 11 (55%) hubo aumentos de esa misma magnitud en anticuerpos intestinales. Nadie experimentó efectos adversos por haber comido las papas, que fueron bien toleradas. Alentados por estos resultados, los científicos están explorando el uso de la misma técnica para administrar otros antígenos. Ya hay varias vacunas comestibles en elaboración, entre ellas algunas papas y plátanos que protegen contra el virus Norwalk, causa común de diarrea, y papas y tomates eficaces contra la hepatitis B. Se vislumbra que las vacunas comestibles puedan cultivarse en muchos de los países en desarrollo donde se usarían. Las vacunas comestibles ofrecen nuevas posibilidades de reducir notablemente la carga de enfermedades como las hepatitis y las diarreas, sobre todo en el mundo en desarrollo, donde el almacenaje y la administración de vacunas pueden presentar grandes problemas. (U.S. National Institutes of Health, National Institute of Allergy and Infectious Diseases. First human trial shows that an edible vaccine is feasible. Comunicado de prensa, 27 de abril de 1998.)