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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.5 n.3 Washington Mar. 1999

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891999000300010 

El enriquecimiento de harinas en Venezuela

 

 

La crisis económica que se inició en Venezuela en 1983 trajo consigo el deterioro progresivo de la cantidad y la calidad de los alimentos consumidos por 78% de la población. Según la información recaudada por el Instituto Nacional de Nutrición, los nutrientes más necesitados son el hierro, las vitaminas del complejo B y la vitamina A. En 1991, dicho Instituto inició un estudio de factibilidad del enriquecimiento de la harina de maíz precocida, alimento popular de producción íntegramente nacional, que se consume en forma de arepa en todo el país y especialmente por los sectores de bajo nivel socioeconómico. La harina de maíz precocida se introdujo en 1962, representa 15% del aporte de calorías y 11% de las proteínas con respecto al total de la dieta y figura en primer lugar entre los alimentos de mayor consumo en el país. Constituía, por lo tanto, el vehículo ideal para el enriquecimiento propuesto. Tras muchos estudios de los suplementos necesitados en la dieta, se decidió que a toda la harina de maíz precocida producida en Venezuela deberían añadirse, con carácter obligatorio, cantidades determinadas de vitamina A; tiamina; riboflavina; niacina y hierro para aportar 25% de los nutrientes diarios recomendados, teniendo en cuenta las pérdidas provocadas por la cocción. Esas cantidades se variaron ligeramente para obtener resultados óptimos en la nutrición y en la preparación de arepas.

En noviembre de 1992, la Asociación Venezolana de Productores de Trigo presentó voluntariamente un perfil de enriquecimiento de la harina de trigo destinada a la fabricación de pan. En 1993 se inició un programa obligatorio de enriquecimiento con tiamina, riboflavina, niacina y hierro. El control del enriquecimiento de ambas harinas está a cargo del Instituto Nacional de Higiene y el Instituto Nacional de Nutrición Rafael Rangel, los cuales llevan a cabo un muestreo regular que abarca todo el país. También se mantiene una vigilancia constante en las plantas para controlar el funcionamiento de los dosificadores de premezcla y el empacado de los productos finales.

Una encuesta realizada en la zona metropolitana de Caracas en 1994 en una población de 317 niños de 7, 11 y 15 años mostró que la prevalencia de deficiencia de hierro determinada por la concentración de ferritina sérica y la prevalencia de anemia, habían disminuido de 37 y 18%, respectivamente, en 1992 a 16 y 10%, respectivamente. Además, entre fines de 1996 y principios de 1997, se hizo en Caracas una encuesta preliminar de 561 niños de ambos sexos de 7, 11 y 15 años de edad pertenecientes a los estratos de bajo nivel socioeconómico, en los que se encontró una prevalencia de anemia de 5,1%. Es interesante destacar el efecto protector de la vitamina A contra los fitatos que contiene la harina precocida de maíz, lo que favorece la absorción del hierro. Cabe observar que no se ha puesto en marcha ningún otro programa nutricional a partir de 1994 y que el costo del enriquecimiento de ambas harinas es de US$0,11 por persona al año. Esta experiencia alentadora es un ejemplo de lo que puede lograrse mediante un buen trabajo en equipo y decisiones oportunas por parte de las autoridades oficiales, así como de cooperación efectiva entre el sector oficial y la empresa privada. (Chávez JF, González Gamero E. Resultados de una experiencia exitosa: el enriquecimiento de harinas en Venezuela. Interciencia 1998;23(6):338-342.)