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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.5 n.4-5 Washington Apr. 1999

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891999000400003 

Editorial

 

La violencia: del conocimiento a la prevención

 

Pamela Orpinas y Rebecca de los Ríos, editoras invitadas 

 

 

En las Américas, uno de los temas más prominentes y que más ocupan la atención de los gobiernos, la sociedad civil y los organismos internacionales es indudablemente el de la violencia en sus diferentes formas y manifestaciones. En la violencia influyen múltiples factores políticos, económicos y culturales que tienen consecuencias irreparables para los individuos, la familia y los distintos grupos de población. La violencia menoscaba el desarrollo sostenible de las naciones y las bases de la institucionalidad democrática. Se trata de un problema que fácilmente nos abruma por su complejidad. Hace ya varias décadas Martin Luther King, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1964, afirmó lo siguiente en torno a la violencia: "We have flown the air like birds and swum the sea like fishes, but we have yet to learn the simple act of walking the earth like brothers".

En esta edición especial de la Revista Panamericana de Salud Pública/Pan American Journal of Public Health, investigadores de la Región de las Américas y España examinan la violencia física interpersonal y contribuyen a su comprensión desde la perspectiva de las ciencias de la conducta. En ella se describen los resultados del Estudio Multicéntrico sobre Actitudes y Normas Culturales frente a la Violencia (proyecto ACTIVA) y se presentan, asimismo, algunas propuestas e iniciativas para abordar el problema. El proyecto ACTIVA, que representó una iniciativa interamericana de cooperación entre la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y centros de investigación de siete países, se llevó a cabo con un nuevo esquema de colaboración internacional para la investigación en salud pública. De los Ríos describe sus principios generales en uno de los artículos de este número. La OPS identificó a los centros e investigadores, estableció la coordinación entre ellos y aportó la cooperación técnica y el financiamiento necesarios para desarrollar el protocolo del estudio, elaborar las pruebas de campo del cuestionario, revisar y compilar las bases de datos y diseminar los resultados. Los investigadores garantizaron el financiamiento para la recolección y análisis de los datos de sus propias ciudades con el aporte de diferentes instituciones locales, que permitió emprender y llevar a cabo una empresa de tal magnitud. Siete ciudades de América Latina y una ciudad de España participaron en el proyecto: Rio de Janeiro y Salvador (Bahía), Brasil; Santiago, Chile; Cali, Colombia; San José, Costa Rica; San Salvador, El Salvador; Madrid, España y Caracas, Venezuela. Los investigadores fueron profesionales afiliados a instituciones académicas y de investigación con experiencia en estudios poblacionales y de salud pública y con diferente formación y trayectoria en la investigación social. Sociólogos, psicólogos sociales, antropólogos, demógrafos, salubristas, estadísticos y expertos en ciencias políticas integraron el grupo de los investigadores que estuvieron al frente del proyecto en cada país. Gracias al apoyo institucional que brindaron los centros académicos y de investigación, se logró garantizar tanto el tiempo de los investigadores como los apoyos técnicos y logísticos auxiliares para el proyecto.

El proyecto ACTIVA estrechó las relaciones de intercambio entre los centros académicos de América Latina y los Estados Unidos. Fue decisiva la colaboración del Centro de Promoción de la Salud de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Texas en Houston y del Departamento de Promoción de la Salud y del Comportamiento de la Universidad de Georgia, que movilizaron la contribución de especialistas en el tema y vincularon a sus profesores e investigadores tanto para el diseño del estudio como para las fases del análisis y la publicación de los resultados. La discusión de los resultados del proyecto ACTIVA se vió muy favorecida por la oportunidad de intercambio que brindó el Centro Rockfeller para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard, en Boston, mediante la organización y los auspicios de un seminario que congregó a los investigadores del proyecto y a destacados académicos, investigadores y personas responsables de programas de prevención de violencia en los Estados Unidos.

El proyecto ACTIVA evaluó por un lado la relación entre los factores normativos, actitudinales y ambientales, y por el otro la prevalencia de conductas violentas hacia la pareja, los niños y personas ajenas a la familia. La adopción de un enfoque y una metodología comunes permitió establecer comparaciones y analizar las regularidades observadas en diferentes centros urbanos que muestran grandes diferencias socioculturales y en las tasas de muertes violentas por causas intencionales.

En este número especial se presentan ocho artículos originales basados en los datos del proyecto ACTIVA. El primer artículo, de M. Fournier et al., describe las bases conceptuales y la metodología del proyecto. Tres artículos adicionales presentan estudios comparativos sobre las ciudades participantes. Uno de ellos, de P. Orpinas, analiza los factores personales, conductuales y demográficos asociados con la violencia hacia familiares y personas que no son parientes; otro, de F. Moreno Martín, evalúa la violencia doméstica; el tercero, de J. M. Cruz, aborda el problema de la victimización. Cuatro artículos describen aspectos específicos de la violencia en ciudades individuales: Salvador (Bahía), Brasil (de C. V. Noronha et al.); San Salvador, El Salvador (de J. M. Cruz); Santiago, Chile (de E. Oviedo S. y A. Rodríguez), y Madrid, España (de F. Moreno Martín). Serán publicados en los próximos números de esta revista o en otras revistas científicas los análisis particulares de Rio de Janeiro, Brasil, Cali, Colombia y Caracas, Venezuela, así como otros análisis comparativos de las ciudades que fueron objeto del estudio. En este número se presentan, además, varios apéndices que contienen los constructos centrales, dimensiones y variables sociodemográficas, según sus fuentes; las frecuencias de las respuestas dadas por los hombres y las mujeres; el cuestionario aplicado y el proceso de muestreo en cada ciudad. Todo ello puede representar un valioso aporte para otros estudios que busquen replicar o profundizar algunos de los resultados.

El proyecto ACTIVA representa un avance hacia la mejor comprensión del problema de la violencia en la Región de las Américas, particularmente en cuanto al papel que desempeñan los factores culturales y el aprendizaje social en los comportamientos individuales. El proyecto no es un estudio exhaustivo de la violencia, tarea que resultaría imposible. No se abordaron, por ejemplo, la violencia sexual, la violencia en las escuelas o lugares de trabajo o la violencia institucional. Por lo tanto, es importante usar estos resultados en combinación con los de otros estudios comparativos en la Región, tales como los de un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo que evalúo el impacto económico de la violencia en seis países de América Latina. Es importante asimismo confrontar los resultados de este estudio con los de otras investigaciones sobre la violencia que se han realizado en Estados Unidos y algunos países de América Latina, particularmente las que versan sobre la violencia contra la mujer y contra los menores; sobre la violencia criminal urbana y la violencia juvenil y sobre la violencia y la inversión en capital social. Algunos de ellos han sido auspiciados por organismos internacionales, entre otros la propia OPS, la Organización de los Estados Americanos, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y el Banco Mundial.

El problema de la violencia no puede entenderse exclusivamente como un problema en el plano personal, es decir, en el nivel de los comportamientos y actitudes individuales. Las políticas que promueven la equidad social, el ejercicio de los derechos civiles y humanos fundamentales, el acceso a servicios de salud y educación, y las oportunidades de empleo y de tener un trabajo digno son elementos que cumplen un papel fundamental en el mantenimiento y desarrollo de formas democráticas y pacíficas de convivencia social. Rigoberta Menchú de Guatemala, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1992, subraya este punto al afirmar que la paz se basa en la ausencia de condiciones que lleven a la guerra y al conflicto, condiciones como la intolerancia, la falta de respeto y, sobre todo, la falta de dignidad y el hambre. La violencia y sus diferentes manifestaciones se arraigan en los atributos de las sociedades y no únicamente en los atributos de los individuos. Esta polémica y los desafíos que plantea para la investigación de la violencia como problema de salud pública, tales como la adopción de nuevos paradigmas que superen el enfoque de los factores de riesgo y de su reducción y tratamiento como enfermedad, se exponen en el artículo de A. Pellegrini.

El proyecto ACTIVA arroja luz sobre los factores personales que influyen en el desarrollo de conductas violentas, así como sobre el impacto de algunas normas sociales en la conducta individual de las personas. Los resultados de este proyecto pueden tener consecuencias importantes para el desarrollo de políticas de prevención de la violencia. Primero, los estudios descritos en este número especial muestran claramente que las actitudes que apoyan la violencia y la falta de habilidad para resolver problemas de forma pacífica se relacionan con actos específicos de violencia contra la familia y personas ajenas a ella. Por lo tanto, las intervenciones destinadas a modificar actitudes violentas y a educar a la población sobre cómo manejar los conflictos deben formar parte importante de los programas que promueven las prácticas democráticas, el ejercicio de la ciudadanía y la tolerancia y respeto a las diferencias, así como de todos los programas que desarrollan una ética ciudadana y de cultura por la paz.

Segundo, en los estudios se observó que la posesión de armas de fuego o el deseo de tenerlas se asociaba tanto con las conductas agresivas como con la condición de ser víctimas de agresión. También hay pruebas convincentes de que el poseer un arma de fuego aumenta el riesgo de ser víctima. Estos hallazgos, sin embargo, deben interpretarse a la luz de las condiciones del contexto para no incurrir en el error de sacar conclusiones simplistas. En Estados Unidos, por ejemplo, donde hay poco control para la adquisición de armas de fuego, estas últimas están involucradas en la mayoría de los homicidios. El establecimiento o perfeccionamiento de medidas para el control de armas de fuego debe tener prioridad en los países de la Región. El problema, sin embargo, es complejo y debe ser visto desde una perspectiva integral. Las intervenciones para el control de las armas y otro tipo de vigilancia o mitigación de situaciones de violencia deben formar parte de programas orientados a atenuar o eliminar las diferencias sociales injustas.

Tercero, los hombres jóvenes muestran la más alta probabilidad tanto de agredir a otros como de ser víctimas de actos de delincuencia en los espacios públicos. Nuevamente, este fenómeno no está desvinculado de la desventaja que tienen ciertos grupos de jóvenes en términos de sus condiciones de vida y oportunidades de educación y trabajo, lo cual confirma los hallazgos que se han documentado en otros países y en especial en Estados Unidos. Ello resalta la necesidad de desarrollar programas que incrementen el capital social, diversifiquen las oportunidades para los jóvenes y promuevan la organización y el fortalecimiento de las redes sociales y comunitarias con adolescentes y jóvenes de sexo masculino.

Cuarto, en algunas ciudades hay gran desconfianza de la policía y de las instituciones de justicia, actitud que guarda relación con el deseo de tener armas para defenderse. Las respuestas hostiles de los cuerpos de policía, particularmente en los sectores populares, pueden haber incrementado los actos de violencia en estos sectores y menoscabado la eficacia preventiva que la policía puede tener en su relación con las comunidades. Las intervenciones para apoyar a las instituciones de justicia requieren estudios y abordajes específicos en cada ciudad.

Quinto, el consumo excesivo de alcohol figura como factor de riesgo para la victimización y también para la violencia contra la pareja y contra personas ajenas a la familia. Tanto la victimización como la agresión aumentan mientras más frecuentes son los episodios de embriaguez, lo cual confirma una vez más los resultados de estudios en Estados Unidos y en algunos países de América Latina. Políticas encaminadas a regular el acceso a bebidas alcohólicas y su consumo, especialmente entre los jóvenes, podrían ayudar a reducir el problema de la violencia.

Sexto, el estudio indica que la prevalencia de la violencia en la pareja es alta. Aunque tanto hombres como mujeres son víctimas y victimarios, otros estudios señalan que el problema es mucho más grave cuando la mujer es la víctima. Gran parte de la violencia contra la mujer está arraigada en sistemas económicos, políticos y culturales que refuerzan el dominio y control masculino. Se observó específicamente en este estudio que la falta de habilidades para resolver conflictos y las actitudes que apoyan la violencia se asocian con un aumento de la violencia contra la pareja. La modificación de estos sistemas ayudará a reducir la violencia contra la mujer. Finalmente, la violencia contra los niños en el hogar es alarmante. Además, el haber sido víctima de castigo corporal durante la infancia es un factor predictor de la violencia contra la pareja. No es sorprendente que diferentes formas de violencia estén relacionadas entre sí, y el estudio lo confirma. Quienes son violentos con sus familiares en el hogar también lo son con personas ajenas a la familia en el ámbito social.

El estudio da cuenta de relaciones y asociaciones que permiten orientar la acción. Aunque se reconoce que no todos los resultados son concluyentes o suficientes para explicar el fenómeno de la violencia, ello no justifica detener las voluntades políticas, organizativas y técnicas para implantar programas que articulen un trabajo coordinado para la prevención de la violencia en los países de la Región. Los artículos que se publican en la sección de temas de actualidad son una pequeña muestra de las intervenciones que actualmente se evalúan en dichos países. Los sistemas de vigilancia, los programas apoyados en los medios de comunicación social, las acciones con los jóvenes y el manejo de la prevención y atención de la violencia contra la mujer y los menores tienen un denominador común: el esfuerzo concertado y mancomunado entre diferentes instituciones públicas, privadas y de la sociedad civil. Nos brindan asimismo una conclusión importante desde la perspectiva de la salud pública: los problemas son complejos y exigen nuevos paradigmas para su comprensión y formas creativas que permitan superar el enfoque limitado al control de los factores de riesgo individual, procurando aplicar un enfoque más amplio de la prevención y promoción de la salud basado en el desarrollo de las naciones.