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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.5 n.4-5 Washington Apr. 1999

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891999000400017 

Los niños de la calle y la violencia en el Brasil

 

 

La presencia de un gran número de niños desprotegidos y sin supervisión es un fenómeno común en las calles de América Latina. En pocos lugares son esos niños tan visibles y deplorados como en el Brasil, donde entre 7 y 8 millones de niños de 5 a 18 años de edad viven y trabajan en las calles de las ciudades. Numerosos estudios científicos y reportajes verifican el extenso consumo entre ellos de inhalantes, marihuana, cocaína y Rohypnol. La exposición al virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es un área de creciente preocupación debido al gran número de jóvenes callejeros que participan sin protección en actos sexuales remunerados y no remunerados. Lo peor es que los niños callejeros del Brasil, por su uso de drogas, crímenes predatorios y comportamiento inaceptable en general, son objeto de persecución violenta por parte de grupos locales de "vigilantes", bandas relacionadas con el comercio de drogas y "brigadas policíacas de la muerte". No deja de sorprender que pese a las muchas propuestas para aliviar el problema, el progreso haya sido insignificante. Con US$ 2 770 per cápita, Brasil tiene el producto nacional bruto más alto de América Latina (excepto por el Uruguay) y su economía es la décima del mundo en importancia. No obstante, tiene la distribución de recursos más desequilibrada del mundo: en 1996 el 10% más rico de la población tuvo un ingreso 30 veces más alto que el ingreso medio del 40% más pobre, proporción que equivale a 10:1 en la Argentina, 9:1 en los Estados Unidos de América y 5:1 en los países de Europa. Los indicadores sociales y de salud y el estándar de vida están entre los más bajos de todo el continente, casi la mitad de todas las familias del país viven por debajo del límite de la pobreza (con 88% del salario mínimo) y casi una tercera parte son indigentes (con 53% del salario mínimo). Más de 18% de la población es analfabeta y 35% de los niños de 7 a 15 años de edad no asisten a la escuela. El Brasil tiene la prevalencia más alta de malnutrición de América Latina, con excepción de Haití y Guatemala, y en 1993 la mortalidad infantil era de 52 por 1 000 nacidos vivos, tasa excedida solamente por las del Perú (88) y Bolivia (98). Hay quienes explican estas inequidades por diferencias regionales y de discriminación racial, ya que el Brasil tiene la población negra más extensa fuera de África (70 millones o 46% del total) y en ella cunden el desempleo y la miseria. Como consecuencia de esas disparidades, ha habido una migración en masa de las zonas rurales a las urbanas, en donde los sectores de la educación, la salud y el empleo no han podido absorber a los millones de inmigrantes. Esta situación empuja a muchos niños y adolescentes a la calle para buscar las formas de contribuir al ingreso familiar o desvincularse totalmente del hogar. Mientras que la mayoría son varones, el gobierno estima que hay unas 800 000 niñas que también trabajan en la calle, principalmente de prostitutas.

La tremenda violencia que acompaña la vida de los niños de la calle a menudo empieza en el hogar y los motiva a escaparse. Una vez en la calle, la violencia de índole sexual es muy común y niños de ambos sexos suelen ser violados por la policía y otros que se aprovechan de su vulnerabilidad. La violencia sexual se manifiesta entre ellos mismos y los más grandes obligan a los pequeños a tener relaciones sexuales con ellos. Según estimaciones de la OMS, entre 50 000 y 100 000 de esos niños y adolescentes están infectados por VIH. Lamentablemente, la población general se pone de parte de los comerciantes, policías, etc. que persiguen y asesinan a esos niños, pues lo consideran un tipo de "limpieza social". Se estima que cuatro o cinco niños callejeros mueren asesinados diariamente en el Brasil, dos en Río de Janeiro solamente. Ha habido muchas intervenciones sin éxito, por lo general de cuatro tipos. El enfoque correccional ha resultado en el internamiento de miles de niños en instituciones hacinadas y abusivas. El enfoque de la rehabilitación ha ganado partidarios recientemente, pero no logra ampliar los programas de destoxificación, vivienda, trabajo y educación a los millones que los necesitan. También hay algunos servicios extrainstitucionales, como los que ofrece la iglesia católica de educar a los niños de la calle y capacitarlos para que puedan resolver sus problemas. Este modelo es demasiado ideológico y no aborda los peligros físicos inmediatos que amenazan a esos niños. Por último, el enfoque preventivo del UNICEF está dirigido al problema subyacente de la pobreza y se basa en actividades, educación y empleo para los niños y la prevención de la desintegración de la familia. El esfuerzo más intenso a favor de los niños de la calle es el Movimiento Nacional de Meninos e Meninas de Rua, una coalición de niños de la calle y adultos fundada en 1985 que trata de separar el problema del sistema de la justicia criminal, codificar y legalizar los derechos de los niños y estructurar nuevas formas de proporcionarles educación y entrenamiento en las mismas calles donde viven. Mientras tanto, su número aumenta. (Inciardi JA, Surratt HL. Children in the streets of Brazil: drug use, crime, violence, and HIV risks. Subst Use Misuse; 1998;33(7):1461-1480).