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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.5 n.6 Washington Jun. 1999

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891999000500010 

Impacto de la disponibilidad de preservativos en escuelas de Seattle

 

 

En un intento por reducir los embarazos indeseados y las enfermedades de transmisión sexual incluida la infección por VIH, para principios de 1995 casi 400 escuelas secundarias de los Estados Unidos habían iniciado programas para que los estudiantes pudieran obtener preservativos de máquinas, canastas o la clínica estudiantil. Cuesta poco ejecutar estos programas que se esperaba tuvieran resultados beneficiosos. Desde entonces se habían hecho solo tres estudios sobre el uso de los preservativos y sus efectos en el comportamiento sexual y anticonceptivo de los estudiantes. En dos de los estudios se encontró un aumento significativo del uso de los preservativos pero no de la actividad sexual. Sin embargo, los estudios mencionados estaban limitados por falta de datos de base y grupos de comparación, muestras de población demasiado pequeñas y dificultades de seguimiento. Además, dos de los estudios medían el impacto de programas de mayor amplitud para prevenir la infección por VIH o promover la salud y no solo el de la disponibilidad y uso de preservativos. Por lo tanto, se realizó un estudio dedicado exclusivamente a determinar el número de preservativos obtenidos por los estudiantes de 10 escuelas de la ciudad de Seattle y a analizar los cambios que se produjeron con el tiempo en su comportamiento sexual y el uso de condones.

En 1993, cinco escuelas secundarias con centros de salud empezaron a ofrecer los preservativos en varias canastas localizadas en el área de recepción, el área de examen físico y los baños del centro de salud. Cerca de las canastas se colocaron impresos con información sobre la abstinencia, el uso de condones, y la prevención del VIH. Los estudiantes podían obtener por su cuenta todos los preservativos que quisieran, cada vez que quisieran, sin permiso de los padres ni asesoramiento previo. Un año más tarde se instalaron una o dos máquinas de vender preservativos en lugares transitados de cada una de las cinco escuelas que no tenían centros de salud y en dos de las escuelas con centros. Los preservativos costaban 25 centavos cada uno y se podían comprar sin ninguna restricción. Cerca de cada máquina se colocaron folletos informativos pertinentes. En 1995 dos de estas escuelas habían abierto clínicas y comenzaron también a ofrecer condones en canastas.

Antes de hacer disponibles los preservativos, todas las escuelas habían puesto en marcha programas de educación sexual en clases de salud de 6 meses de duración para los estudiantes de noveno grado. El plan de estudios comprendía información sobre el VIH y el sida y actividades para enseñarles a resistir las presiones de su grupo social, formas de cambiar las normas del grupo, ejercicios para aprender a expresar sus convicciones con soltura y material que mostraba explícitamente el uso apropiado de los preservativos. En la primavera de 1993, se administraron cuestionarios a los estudiantes antes de hacer disponibles los condones y en la primavera de 1995 se llevó a cabo otra encuesta después de ofrecerlos en las escuelas. Los cuestionarios investigaban específicamente el comportamiento sexual y el uso de condones de los estudiantes. Esta segunda encuesta reveló que 29% de todos los estudiantes habían obtenido por lo menos un preservativo, pero solo 13% habían usado en sus relaciones sexuales un preservativo obtenido en la escuela. Los porcentajes eran más altos entre los estudiantes con mayor experiencia sexual (47 y 30%, respectivamente). De los estudiantes que habían obtenido condones, 62% habían usado de 1 a 5; 18% usaron de 6 a 10; 8% usaron de 11 a 20; y 12%, 21 o más. Entre los estudiantes con más experiencia sexual, los de escuelas con centros de salud usaron los condones obtenidos en las escuelas dos veces más que los que asistían a escuelas con solo máquinas automáticas (42 y 18%, respectivamente).

El análisis de todos los datos mostró que los estudiantes obtuvieron en promedio 4,6 condones al año, la mayor parte de canastas y muy pocos de máquinas. La disponibilidad no se tradujo en un uso más frecuente de condones. El porcentaje de estudiantes que había tenido relaciones sexuales se mantuvo estable después de iniciado el programa. Este no aceleró la iniciación sexual de los estudiantes y la actividad sexual declinó levemente en las escuelas de Seattle. (Kirby D, Brener ND, Brown NL, Peterfreund N, Hillard P, Harrist R. The impact of condom distribution in Seattle schools on sexual behavior and condom use. Am J Public Health 1999;89(2):182–187.)