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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.6 n.2 Washington Aug. 1999

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891999000700014 

Diferencias culturales en lo que se interpreta como maltrato

 

 

El maltrato de las esposas y esposos es un rasgo universal de las sociedades humanas y se ha documentado a lo largo de toda la historia. El código de leyes más antiguas, el de Hammurabi, les daba a los hombres el derecho de castigar a sus esposas. Este tipo de maltrato tiene manifestaciones físicas, verbales, psicológicas, emocionales, sexuales y económicas. Hay quienes han tratado de mostrar que las mujeres no son víctimas con mayor frecuencia que los hombres, pero muchos otros estudios repudian esa opinión. Lo que sí está claro es que se trata de un fenómeno sumamente complejo y que nadie puede explicar por qué ocurre, por qué se tolera ni por qué se perpetúa. Aparte de las sanciones sociales a favor o en contra de la violencia, hay muchas variables culturales que afectan a la incidencia del maltrato de la mujer en particular. En una cultura patriarcal se considera que los hombres deben ser dominantes, insensibles, duros y agresivos y se les castiga si muestran las características opuestas. Además, en esa sociedad se estima al hombre que es hábil en el uso de la agresión para resolver problemas. En virtud de todo ello, el hombre tiene el derecho y la obligación de controlar a su esposa, incluso por la violencia. Por el contrario, en las sociedades donde las mujeres tienen un poder considerable fuera del hogar, ya sea de índole económica o religiosa, se manifiesta menos el maltrato de la mujer, si bien ello no es cierto en todas las sociedades. También se relacionan con la violencia contra la mujer en general los celos sexuales de los hombres que la consideran propiedad suya. La información obtenida de otras culturas indica que donde hay pocos celos hay poco maltrato de la esposa y vice versa. En donde se cultiva la pasividad de la mujer, como en Taiwán, Ecuador, Irán y la India, se toleran diferentes grados de abuso. No obstante, aun en sociedades donde la mujer no se considera pasiva el maltrato físco de la mujer puede llegar a extremos espantosos. Es decir, que la ausencia de pasividad femenina se asocia con menos violencia mutua, pero no necesariamente con menos maltrato. Hay pocos estudios multiculturales sobre este tema. Un estudio reciente abordó la posibilidad de que la percepción del maltrato entre esposos y las implicaciones legales para quienes asesinan a quienes los maltratan estén regidas por patrones culturales. Los 58 participantes estudiaban en universidades de los Estados Unidos de América: 10 varones y 10 mujeres de América Latina (Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Venezuela) y otro tanto de los Estados Unidos (región nordeste), y 10 mujeres y 8 varones de países asiáticos. Las medianas de edad de los grupos fueron, respectivamente, 21,3 años, 23,4 años y 21,7 años. Se les administró un cuestionario de 23 preguntas. Los análisis de la varianza mostraron diferencias estadísticamente significativas en siete de las preguntas, pero no en las 16 restantes.

Una de las diferencias más marcadas se observó en respuesta a una pregunta sobre la salud mental del perpetrador y la víctima. La mayoría de los latinoamericanos opinaron que ambos tienen problemas de salud mental. Otra fue la opinión de los asiáticos de que puede justificarse que un hombre le pegue a su mujer. Los hombres latinoamericanos fueron el segundo grupo más de acuerdo con esa idea, pero las mujeres latinoamericanas no estuvieron de acuerdo con ello a pesar de que las asiáticas sí lo estuvieron. Los comportamientos de desquite o venganza revelaron diferencias entre los sexos. Las mujeres estuvieron más de acuerdo que los hombres en justificar que una mujer mate o mutile al marido o compañero que la haya maltratado intensa y frecuentemente. La mayor brecha entre los sexos se observó en los estadounidenses, con las mujeres mucho más a favor del comportamiento vengativo que los hombres. En el caso contrario de la mutilación de una mujer abusadora por su compañero, se notó una gran diferencia cultural en la aceptación de los asiáticos, pero no de los estadounidenses ni latinoamericanos. Los hombres asiáticos y las mujeres latinoamericanas coincidieron en que se justifica pegarle a una mujer que maltrata verbalmente al compañero. En cuanto a cuestiones de defensa legal, los latinoamericanos (y las mujeres de todos los grupos) mostraron la más alta aceptación de la noción de defensa propia en casos de asesinato del perpetrador. En esos casos, los latinoamericanos aprobaron también la defensa legal de locura temporaria, lo que coincide con su opinión de que la víctima que acepta el maltrato tiene algún trastorno mental.

En vista de las diferencias, el estudio sugiere que la incidencia, la tolerancia y la perpetuación del maltrato del compañero son fenómenos culturales. Ello implica que algunos grupos acepten el maltrato por ser menos conscientes de las alternativas. En cualquier marco de referencia, el comportamiento abusivo solo puede reducirse mediante la concienciación de que es inaceptable y no tiene que tolerarse. (Gabler M, Stern SE, Miserandino M. Latin American, Asian, and American cultural differences in perceptions of spousal abuse. Psychol Rep 1998;83:587–592).