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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.6 n.3 Washington Sep. 1999

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891999000800013 

La contaminación ambiental en tres grandes urbes latinoamericanas

 

 

Aunque el crecimiento urbano rápido y desordenado y la industrialización hoy en día dan lugar a la acumulación de riesgos para la salud debido a la contaminación atmosférica que con ellos se asocia, son escasos los programas destinados a proteger el medio ambiente, particularmente el aire. En los países latinoamericanos, el proceso de urbanización ha sido muy acelerado durante todo el siglo XX. Más de 14 aglomeraciones urbanas tienen en exceso de dos millones de habitantes. De ellas, São Paulo, Brasil, y México, D.F. se encuentran entre las 12 ciudades más grandes del mundo. En 1995, ambas ciudades presentaban tasas de crecimiento muy elevadas y tenían alrededor de 76% del total de la población. Ese mismo año Santiago, Chile, presentaba una tasa anual de crecimiento urbano menor de 1,8%, pero su población representaba 84% de la población total del país. En un artículo reciente se examinó la problemática ambiental en estas tres megaciudades de la Región y se repasaron los programas para el control de la contaminación atmosférica que han puesto en marcha sus respectivos gobiernos, así como también el impacto de dichos programas en la evolución de las concentraciones de sustancias contaminantes de 1988 a 1995 en Santiago, Chile, y São Paulo y hasta 1997 en México, D.F.

En todas las ciudades se observó un descenso de las concentraciones de partículas totales en suspensión (PTS), partículas de diámetro menor de 10 µm (PM10), bióxido de azufre (SO2), bióxido de nitrógeno (NO2), monóxido de carbono (CO) y ozono (O3) durante el período mencionado, aunque en su mayor parte estas sustancias contaminantes siguen rebasando la norma de calidad. Esto últmo podría deberse, en parte, al aumento del parque vehicular. Los tres programas urbanos han tenido su mayor impacto en las concentraciones de SO2, habiéndose logrado con ellos reducir estas concentraciones a valores inferiores al establecido como norma por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los Estados Unidos de América (promedio annual de 30 ppb). La reducción se ha obtenido principalmente como resultado del control de la emisión de azufre por fuentes fijas y de la disminución del contenido de azufre en el diesel, tratándose en ambos casos de medidas más baratas que las necesarias para reducir otros contaminantes atmosféricos. La concentración elevada de O3 sigue siendo un problema importante en las tres ciudades y particularmente en México, D.F., donde suele rebasar la norma de la EPA más de 90% del tiempo.

Las concentraciones persistentemente altas de partículas ambientales, que ponen a la población en riesgo de morbilidad y mortalidad prematuras, hacen necesario establecer nuevas medidas de control. Según estudios recientes, la fracción más importante desde el punto de vista de su efecto nocivo en la salud es la de partículas finas procedentes de la combustión (PM25) y quizá la de partículas ultrafinas (que contienen nitratos, sulfatos, ácidos fuertes y elementos traza, tales como los metales de transición). Las partículas finas contienen una mayor superficie de agregación que las gruesas (PM10-25), lo cual facilita la adsorción de componentes potencialmente tóxicos y la disolución o absorción de contaminantes gaseosos y su deposición en la región torácica. Debido a esta situación, la EPA ha propuesto revisar las normas actuales con respecto a la carga de partículas ambientales, agregando dos valores nuevos como límites de concentración para partículas finas: media anual de 15 µg/m3 y promedio de 24 horas de 50 µg/m3. Esto tiene por objeto incrementar la protección contra los efectos nocivos de las partículas en suspensión, que abarcan mortalidad prematura; aumento de las admisiones a hospitales; aumento de síntomas respiratorios; alteración de la función pulmonar y de los mecanismos de defensa respiratorios, entre otros.

Se torna necesario considerar otras medidas para el control de la contaminación atmosférica que permitan reducir las emisiones tóxicas de los vehículos de motor, tales como el uso de combustibles limpios, la reducción del número de vehículos particulares, el mejoramiento del transporte público y la prohibición de la circulación de vehículos en las zonas céntricas de las grandes ciudades. Un componente de los programas para mejorar el medio ambiente debe consistir en políticas de transporte sustentable, que deben adoptarse con la mutua colaboración de industriales, políticos y proveedores de servicios de salud, pero sobre todo, con la participación de la comunidad. Es importante que en este sentido cada país de América Latina examine su situación particular a fin de encontrar las opciones de control más adecuadas para sus problemas de contaminación. (Lacasaña-Navarro M, Aguilar-Garduño C, Romieu I. Evolución de la contaminación del aire e impacto de los programas de control en tres megaciudades de América Latina. Salud Publica Mex 1999;41(3):203-215).