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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.6 n.5 Washington Nov. 1999

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891999001000010 

La carga de enfermedad en poblaciones pobres

 

Según los cálculos mundiales y regionales, las enfermedades no transmisibles en personas de edad avanzada están cobrando mayor importancia en relación con otras causas de enfermedad a medida que la población envejece y que se aminoran las enfermedades transmisibles en neonatos y niños pequeños. No obstante, se trata de estimaciones generales que abarcan todos los estratos socioeconómicos y por lo tanto no reflejan la situación particular de las poblaciones más pobres en los distintos países. En un reciente estudio se calculó la carga de enfermedad del 20% de la población mundial que vive en los países con el menor ingreso per cápita y se establecieron comparaciones con el 20% que habita en los países más prósperos.

Se estimaron las defunciones y los años de vida ajustados por discapacidad (disability-adjusted life years, DALY) aplicando un procedimiento usado recientemente para calcular la carga de enfermedad en el mundo. Se hicieron proyecciones de la mortalidad en el año 2020 para el 20% más rico y más pobre de la humanidad, para lo cual se hicieron ciertas suposiciones sobre el futuro aumento o descenso de las enfermedades transmisibles y no transmisibles.

En 1990, las enfermedades transmisibles fueron las responsables de 59% de la mortalidad y discapacidad en el 20% más pobre de la población mundial, mientras que en el 20% más rico, las enfermedades no transmisibles causaron 85% de las defunciones y discapacidad. Si aumentara el valor de base del descenso de las enfermedades transmisibles entre 1990 y 2020, la esperanza de vida en las poblaciones más pobres aumentaría 10 veces más que en las más avanzadas (4,1 frente a 0,4 años). Sin embargo, el 20% más pobre de la población mundial obtendría solamente de una cuarta a una tercera parte del beneficio obtenido por el 20% más próspero de darse un aumento similar de las enfermedades no transmisibles (1,4 frente a 5,3 años). Como resultado, un descenso más acelerado de las enfermedades transmisibles cerraría la brecha entre ricos y pobres para el año 2020, pero si se produjera un descenso general más acelerado de las enfermedades no transmisibles, esta brecha se agrandaría.

Una limitación de este tipo de cálculos es que se basa en distintas suposiciones explícitas e implícitas. Una de ellas es que la relación costo-efectividad de las medidas reductoras de la mortalidad es la misma en todas las categorías de morbilidad y todos los grupos de población, independientemente del sexo, la edad y otras características. Los datos disponibles indican que las medidas destinadas a combatir las enfermedades transmisibles suelen ser más efectivas en función de su costo que las destinadas a controlar las enfermedades no transmisibles. De ser el caso, los resultados de este estudio subestiman el efecto potencial de las intervenciones contra las enfermedades transmisibles frente a las no transmisibles. Por añadidura, cabe recordar que en cada país las autoridades de salud nacionales pueden y suelen dirigir las iniciativas para el control de enfermedades a grupos de población específicos, como el de las personas más necesitadas, de manera que no siempre debe darse por sentado que las intervenciones surtirán el mismo efecto en todos los grupos. Aunque las estimaciones efectuadas en este estudio son inexactas, superan a otras proyecciones de la carga de enfermedad en las poblaciones pobres del mundo y a otras determinaciones del efecto que tendrán en estas poblaciones las medidas epidemiológicas contempladas para revertir las tendencias observadas.

Estos datos apuntan a la necesidad de tener precaución a la hora de desplazar la atención de las enfermedades transmisibles de la juventud a las no transmisibles que afectan principalmente a las personas de edad avanzada. Aunque este cambio de enfoque de las políticas de salud pública es justificable si se tiene presente el panorama mundial en su totalidad, las cifras reveladas en este estudio demuestran que este cambio equivale a restar importancia a las enfermedades que afectan eminentemente a las poblaciones pobres para dar mayor importancia a las que afectan a las poblaciones ricas. (Gwatkin DR, Guillot M, Heuveline P. The burden of disease among the global poor. Lancet 1999;354 (9178):586-589).