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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.6 n.6 Washington Dec. 1999

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49891999001100009 

La influencia de las malas experiencias en la infancia en el hábito de fumar

 

El descenso acelerado del hábito de fumar que se venía observando en la población adulta estadounidense en los tres últimos decenios se ha detenido casi por completo, e incluso se empieza a observar un aumento paulatino del tabaquismo entre la juventud. Estas tendencias alarmantes se producen pese a los intentos por reducir el acceso a los cigarrillos y por contrarrestar los efectos de la propaganda, de la presencia en el hogar de parientes fumadores y de la presión de los amigos. Es posible que las tendencias observadas se deban parcialmente a las gigantescas campañas propagandísticas de las compañías tabacaleras, especialmente a la promoción de marcas que gustan a la juventud, y a una exposición cada vez más intensa al cigarrillo por los medios de comunicación. Pero otros factores, hasta ahora poco comprendidos y estudiados, podrían sumarse a estos. Se ha detectado una asociación entre el consumo prolongado de nicotina y la necesidad de automedicarse para sobrellevar el efecto de experiencias emocionales y sociales adversas durante la niñez. Deseosos de explorar más a fondo esta posible asociación, investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Atlanta, Georgia, Estados Unidos de América, se basaron en un estudio retrospectivo de cohorte sobre las malas experiencias infantiles (Adverse Childhood Experiences [ACE] Study) para estimar la fuerza de la asociación entre dichas experiencias y cinco conductas relacionadas con el tabaquismo: 1) la iniciación a edad temprana; 2) la iniciación en la adultez; 3) el haber sido fumador en algún momento; 4) el ser fumador en el momento del estudio y 5) el ser gran fumador. Se tuvieron en cuenta ocho experiencias infantiles adversas, que son frecuentes en la sociedad: 1-3) el abuso sexual, físico o emocional; 4) el haber presenciado violencia física contra la madre; 5) el ser hijo de padres divorciados o separados; y 6-8) el haberse criado en un hogar con parientes encarcelados, mentalmente inestables, o adictos al alcohol u otras sustancias.

Según los resultados, uno o más de los ocho tipos de experiencias adversas en la infancia fueron notificados por 63% de los sujetos estudiados. Aun después de hacer ajustes por edad, sexo, raza y escolaridad, se observó un aumento del riesgo de fumar en cada una de las categorías. Al ser comparados con los sujetos que no notificaron malas experiencias durante la niñez, las personas que notificaron 5 o más de dichas experiencias tuvieron un incremento notable del riesgo de empezar a fumar a edad temprana (razón de posibilidades [RP]: 5,4; intervalo de confianza de 95% [IC95%]: 4,1 a 7,1); de haber sido fumador en algún momento (RP: 3,1; IC95%: 2,6 a 3,8); de ser fumador en el momento del estudio (RP: 2,1; IC95%: 1,6 a 2,7); y de ser gran fumador (RP: 2,8; IC95%: 1,9 a 4,2). Cada asociación observada entre el hábito de fumar y el número de experiencias adversas durante la niñez fue intensa y directa (P < 0,001). Independientemente del número de experiencias adversas en la infancia, la presencia reciente de problemas acompañados de un componente depresivo se detectó con más frecuencia entre los fumadores que entre las personas que no fumaban.

Estos datos confirman que existe una estrecha asociación entre el tabaquismo y las malas experiencias en etapa temprana de la vida. Se infiere que las medidas de prevención primaria contra tales experiencias, así como el tratamiento adecuado de los niños expuestos, podrían reducir el hábito de fumar tanto en la adolescencia como en la adultez. (Anda RF, Croft JB, Felitti VJ, Nordenberg D, Giles WH, Williamson DF, et al. Adverse childhood experiences and smoking during adolescence and adulthood. JAMA 1999;282(17):1652-1658).