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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.8 n.3 Washington Sep. 2000

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892000000800010 

Instantáneas

 

Nuevos conocimientos sobre la latencia de Mycobacterium tuberculosis en el organismo

 

 

La mayor parte de las bacterias que infectan el árbol respiratorio se alojan primero en las vías respiratorias superiores, que no son estériles, y ahí esperan a que se debiliten las defensas del huésped en un momento dado para replicarse aceleradamente. En cambio, Trypanosoma cruzi invade los tejidos estériles del pulmón, evadiendo los mecanismos de defensa locales, y establece un nicho dentro del parénquima pulmonar. Posteriormente deja de reproducirse, o se reproduce con mucha más lentitud, mientras espera el momento propicio para proliferar y causar infección sintomática. Durante este estado latente los organismos vivos de M. tuberculosis pueden alojarse en el organismo durante decenios sin causar síntoma alguno. Poco se sabe sobre la interacción que se produce durante ese período entre el huésped y el agente patógeno y llegar a entenderla podría darnos la clave para desarrollar nuevas formas de prevenir o combatir la enfermedad.

McKinney et al. han logrado demostrar la importancia de la vía alterna del glioxilato para la supervivencia a largo plazo de M. tuberculosis dentro de los tejidos del ratón. Como cualquier otra bacteria, M. tuberculosis se tiene que adaptar durante la infección. La vía alterna del glioxilato, que deriva de la isocitratoliasa y la malatosintetasa, les confiere a M. tuberculosis y a otras bacterias la capacidad para sintetizar carbohidratos como fuente de energía a partir de ácidos grasos durante el estado latente. Es posible que las bacterias de la fase latente de la enfermedad habiten en ambientes granulomatosos con una cantidad reducida de carbohidratos pero con lípidos en abundancia. McKinney et al. también generaron una cepa de M. tuberculosis con una mutación en el gen de la isocitratoliasa, estado que inactiva a la bacteria. Las bacterias con la mutación no mostraron la misma capacidad para infectar a los ratones que las bacterias normales. Aunque la mutación no afectó al número de bacterias en la fase inicial de la infección, a partir de la segunda semana hubo una disminución del número de bacterias alojadas en el parénquima pulmonar, aparentemente como resultado de un proceso de eliminación de la forma mutante.

Las investigaciones de McKinney et al. tienen implicaciones para el tratamiento de la tuberculosis y sugiere que existe una clase de genes de M. tuberculosis desconocidos previamente que se necesitan para mantener la virulencia durante las fases más tardías de la infección. Este concepto, que ha sido respaldado por el resultado de otros estudios, puede tener consecuencias desde el punto de vista de la vacunación contra la tuberculosis. La actual vacuna a base del bacilo de Calmette-Guérin (BCG) muestra una eficacia que es solo parcial. Puede ser que para lograr la protección a largo plazo se necesite presentarle al sistema inmunitario antígenos bacterianos expresados en las fases más tardías de la infección por M. tuberculosis. De ahí que los estudios sobre cepas que se ven atenuadas en dichas fases, tales como las que han sido aisladas por McKinney et al., podrían llevar a la producción de una vacuna más eficaz contra la tuberculosis. (McKinney, et al. Nature 2000;406:735-738; Bishai W. Lipid lunch for persistent pathogen. Nature 2000; 406:683-685.)