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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.8 n.4 Washington Oct. 2000

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892000000900008 

Instantáneas

 

Las defunciones de carácter ocupacional y la globalización económica

 

 

Aunque las defunciones por causas de origen laboral representan un problema de gran magnitud en el mundo entero, suelen recibir muy poca atención. Según datos recientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 1,1 millones de personas mueren en el mundo cada año como consecuencia de trastornos de origen ocupacional, muchas más que las que mueren en accidentes automovilísticos (999 000) y conflictos bélicos (502 000).

Las defunciones de origen laboral se pueden dividir en dos grandes categorías: 1) las provocadas por accidentes en el lugar de trabajo (accidentes de tránsito, accidentes con maquinarias, homicidios, caídas, electrocuciones, etc.), y 2) las ocasionadas por enfermedades ocupacionales que, en Estados Unidos, tienen una frecuencia casi 10 veces mayor que las primeras. No obstante, no hay datos fidedignos ni registros destinados a las defunciones por estas enfermedades. El consecuente subregistro se observa especialmente en el caso de la leucemia en trabajadores expuestos al benceno; el cáncer de vejiga urinaria por exposición a algunas tinturas; el cáncer de pulmón y de otros órganos por exposición al asbestos, y el cáncer de senos paranasales en trabajadores expuestos al aserrín. El asma de tipo alérgico, las enfermedades cardiovasculares por estrés y por exposición a determinadas toxinas, y diversas enfermedades infecciosas producidas por contagio en trabajadores de la salud son otros ejemplos de afecciones subregistradas de carácter ocupacional.

Según un estudio epidemiológico efectuado por investigadores estadounidenses, hay datos de la OIT que revelan que los países escandinavos tienen las menores tasas de muertes de origen ocupacional, desde 2,1 por 100 000 habitantes en Suecia hasta 3,2 en Finlandia; en la Unión Europea, la tasa es de 5,9; en Estados Unidos, 5,3; en Canadá, 6,9. Finalmente, los países en desarrollo tienen las tasas más altas: en América Latina y el Caribe, 13,5; en Tailandia, 19,2 y en la República de Korea, 34.

En teoría, la globalización de la economía puede mejorar las condiciones de trabajo en el mundo entero y, por ende, reducir las defunciones de origen laboral. Hasta ahora no hay indicios, sin embargo, de que esto esté ocurriendo, quizá porque cada día surgen industrias improvisadas que contratan a personas sin experiencia en el sector industrial. Otro resultado de la globalización es la llamada "exportación de riesgos" debido al traslado de industrias a países en desarrollo donde no rigen los mismos estándares estrictos de seguridad. Esto, en cierta medida, también ejerce una presión sobre los países industrializados que los lleva a bajar sus estándares.

En países avanzados surgen, además, otras inquietudes. La fuerza de trabajo se compone cada vez más de personas mayores y de distintas razas y nacionalidades que pueden ser más susceptibles a sufrir accidentes y enfermedades de origen laboral. Todos estos datos apuntan a la necesidad de imponer medidas para que se observen los reglamentos de seguridad en los lugares de trabajo y de dar prioridad a la recolección de datos sobre enfermedades y accidentes laborales y al desarrollo de metodologías para identificar y cuantificar los riesgos a los que están expuestos los inmigrantes y otros grupos vulnerables. (Robin H, Landrigan PJ. Work-related death: a continuing epidemic. Am J Public Health 2000;90:541­545.)