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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.8 n.4 Washington Oct. 2000

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892000000900010 

Instantáneas

Soplan vientos traicioneros

 

 

Mil millones de personas en el mundo, en su mayoría mujeres y niños, sufren exposición a concentraciones cien veces mayores de contaminación ambiental en el interior de edificios que lo recomendado por la OMS, según se informó en una reunión estratégica sobre la calidad del aire y la salud que se celebró en Ginebra, Suiza, en septiembre de 2000. La contaminación del aire, problema de primera magnitud en países desarrollados y en desarrollo, no solo afecta al aire ambiental de las ciudades, sino al que se respira dentro de los edificios y lugares de trabajo. En países en desarrollo, las mayores exposiciones a aire contaminado se producen, precisamente, adentro y obedecen en gran medida al uso de combustibles sólidos para la cocina y la calefacción, como la leña, el carbón de origen mineral, el estiércol, los residuos de materias vegetales y el carbón de origen vegetal. Cuando al uso de estas fuentes de combustión se añade el de estufas que funcionan mal y a la mala ventilación, el resultado es la acumulación de aire contaminado y nocivo dentro del hogar. Esto causa, a su vez, millones de infecciones respiratorias, muchas de las cuales conducen a la muerte, especialmente en niños.

La pureza del aire en el campo es un mito hoy en día. De hecho, casi tres quintas partes de la exposición total a partículas en suspensión, que son la fuente de contaminación ambiental más común en el mundo, tiene lugar en zonas rurales de países en desarrollo. Como suele suceder, las poblaciones de bajos recursos son las más afectadas porque a la mayor exposición a aire contaminado, se suman un mayor riesgo de desnutrición, de enfermedades diarreicas por consumo de aguas contaminadas, y de las consecuencias de una mala infraestructura sanitaria.

En 1990, la OMS calculó que 30% del número estimado de defunciones causadas por todas las enfermedades se producen antes de los 15 años de edad, pero en el caso de las enfermedades respiratorias agudas, la cifra es el doble. Aunque se conocen los efectos adversos de la contaminación del aire, las medidas preventivas son muy pocas. La reunión celebrada en Ginebra tuvo por objetivo identificar los principales problemas que entraña la creación de una estrategia para combatir los efectos nocivos de la contaminación ambiental. Una dificultad es que, a menudo, los mismos efectos adversos que se pueden atribuir a la contaminación ambiental también son atribuibles a otros factores. Por tal motivo, la OMS considera que es asunto prioritario e indispensable establecer una base de datos sobre los efectos de la contaminación en la salud. Pero antes de que una iniciativa de esta naturaleza pueda surtir los efectos deseados, es preciso idear una metodología uniforme para recolectar datos comparables, en todas partes del mundo, que permitan efectuar evaluaciones acertadas y científicamente válidas de los efectos de la contaminación sobre la salud. (World Health Organization. Danger in the air. Comunicado de prensa WHO/56, 14 de septiembre de 2000.)