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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.9 n.1 Washington Jan. 2001

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892001000100012 

Instantáneas

 

Efectos a largo plazo de la reducción de peso sobre la tensión arterial

 

 

Aunque el tratamiento farmacológico de la hipertensión reduce significativamente la morbilidad y mortalidad relacionadas con las enfermedades cardiovasculares, su administración a largo plazo puede tener efectos indeseables y requiere vigilancia médica continua, por lo que las intervenciones para modificar el estilo de vida siguen constituyendo una estrategia fundamental en la prevención primaria y en el tratamiento inicial de la hipertensión. La reducción del peso corporal parece ser un método eficaz de prevención primaria, pero sus efectos a largo plazo sobre la tensión arterial todavía no han sido estudiados de forma exhaustiva.

En este informe se describen los resultados obtenidos con la reducción de peso en los Ensayos Clínicos sobre la Prevención de la Hipertensión, fase II (TOHP II), una serie de ensayos controlados aleatorizados en los que se investigaron los efectos antihipertensores de la reducción del peso corporal y del sodio en la dieta, individualmente o en combinación, a lo largo de un período de 3 a 4 años. El informe se centra únicamente en dos de los cuatro grupos: el asignado al programa de reducción de peso (n = 595) y el grupo testigo (n = 596).

Los participantes fueron personas de ambos sexos, de 30 a 54 años de edad, con tensión arterial diastólica de 83 a 89 mm Hg y sistólica de menos de 140 mm Hg, que al inicio del estudio tenían un peso 10 a 65% superior al ideal. Se excluyeron las embarazadas y los individuos tratados con medicamentos que pudieran influir sobre la tensión arterial o con signos clínicos o de laboratorio de enfermedad cardiovascular, diabetes sacarina o insuficiencia renal.

La intervención consistió en un programa de 3 años de asesoramiento individual y grupal para modificar los hábitos dietéticos y aumentar la actividad física, y de apoyo social para mantener los cambios. El objetivo consistió en conseguir una reducción de peso de 4,5 kg durante los primeros 6 meses y mantenerla durante el resto del estudio.

El peso corporal y la tensión arterial fueron registrados semestralmente por personal que desconocía el grupo al que había sido asignado cada individuo. Estas determinaciones se repitieron a lo largo de 36, 42, o 48 meses, dependiendo de la fecha de entrada en el estudio. Se analizaron las diferencias entre los grupos a los 6, a los 18 y a los 36 meses. Las tasas de seguimiento a los 36 meses fueron elevadas: 92% en el grupo de estudio y 93% en el grupo testigo para las mediciones de peso, y 89 y 86%, respectivamente, para las mediciones de la tensión arterial.

Las modificaciones del peso fueron significativamente diferentes en los grupos, tanto a los 6 como a los 18 y a los 36 meses: en el grupo de estudio el peso disminuyó en 4,4, 2,0 y 0,2 kg, respectivamente, mientras que en el grupo testigo aumentó en 0,1, 0,7 y 1,8 kg.

La tensión arterial, tanto diastólica como sistólica, fue significativamente menor en el grupo de estudio que en el grupo testigo a los 6, a los 18 y a los 36 meses. El riesgo relativo de hipertensión en el grupo de estudio fue de 0,58 (intervalo de confianza de 95% [IC95%]: 0,36 a 0,94) a los 6 meses, 0,78 (IC95%: 0,62 a 1,00) a los 18 meses, y 0,81 (IC95%: 0,70 a 0,95) a los 36 meses. Como era de esperar, las mayores reducciones de la tensión arterial correspondieron a los individuos que perdieron más peso y, en particular, a los que consiguieron una reducción de al menos 4,5 kg a los 6 meses y la mantuvieron durante los 30 meses siguientes. En estos individuos el riesgo relativo de hipertensión fue de 0,35 (IC95%: 0,20 a 0,59), frente a 0,75 (IC95%: 0,53 a 1,04) en los que perdieron al menos 4,5 kg a los 6 meses, pero que a los 36 meses habían perdido menos de 2,5 kg, y 1,10 (IC95%: 0,85 a 1,42) en los que habían perdido 2,5 kg o menos a los 6 y a los 36 meses.

Estos resultados, coincidentes con los de estudios anteriores, la mayoría de ellos con menores períodos de observación, indican que la disminución del peso corporal, aunque sea moderada, permite obtener reducciones clínicamente significativas y a largo plazo tanto de la tensión arterial como del riesgo de hipertensión. No obstante, todavía no se ha resuelto el problema del escaso éxito de estos programas en lo que se refiere al mantenimiento de la pérdida de peso a largo plazo. Así en este estudio, solo 13% de las personas fueron capaces de mantener una reducción de peso de 4,5 kg o más al cabo de 3 años. Además, hay que tener en cuenta que, a pesar de que en estas personas la reducción de la tensión diastólica fue sostenida con una reducción sostenida del peso, no ocurrió lo mismo con la tensión sistólica, que volvió a aumentar con el tiempo a la misma velocidad que en el grupo testigo. Esto indica que la pérdida de peso, aunque sea sostenida, puede no ser suficiente para prevenir el aumento de la tensión sistólica relacionado con la edad, y que parecen existir otros determinantes importantes de la tensión arterial, como la ingesta de sodio.

De acuerdo con los resultados de este estudio, se debería seguir fomentando la pérdida de peso como medida para prevenir la hipertensión, aunque es necesario desarrollar nuevos programas de reducción del peso con mejores resultados a largo plazo. (Stevens VJ, Obarzanek E, Cook NR, Lee I-M, Appel LJ, Smith West D, et al. Long-term weight loss and changes in blood pressure: results of the Trials of Hypertension Prevention, Phase II. Ann Intern Med 2001;134:1-11)