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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.9 n.2 Washington Feb. 2001

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892001000200010 

Instantáneas

 

Plaguicidas y salud pública: métodos integrados de control de los mosquitos

 

 

Este artículo analiza el futuro del uso de los plaguicidas como parte de los métodos integrados de control de los mosquitos.

Las enfermedades transmitidas por vectores, entre los que se encuentran varios mosquitos, constituyen un importante problema internacional de salud pública.

En los Estados Unidos de América (EE.UU.) el control de los mosquitos ha evolucionado de la aplicación de insecticidas a los programas integrados de control de plagas, que incluyen la vigilancia, la reducción de las fuentes, los larvicidas, el control biológico y la educación pública. No obstante, los adulticidas siguen desempeñando un importante papel en caso de inundaciones o de brotes de enfermedades como la encefalitis de San Luis. Los principios del control integrado de mosquitos están disponibles en la Internet (http://www.ifas.ufl.edu/~pest/vector).

Una vez que los programas de vigilancia confirman que las poblaciones de mosquitos (larvas o adultos) han excedido determinado umbral, se inician las actividades de control. La reducción de las fuentes consiste en eliminar los hábitat de las larvas o en hacerlos inadecuados para su desarrollo. La educación pública es un elemento importante de dicha reducción. El control biológico incluye el empleo de diferentes predadores (ninfas de libélula y otros invertebrados, peces insectívoros, hongos entomopatógenos, como Laginidium giganteum, o nemátodos entomoparasitarios, como Romanomermis culicivorax y R. iyengari). Las trampas para mosquitos han sido utilizadas durante años para monitorear las poblaciones de estos insectos y últimamente se han desarrollado nuevos diseños. Las trampas eléctricas de alto voltaje con luz negra o ultravioleta no proporcionan un control satisfactorio de los mosquitos y matan indiscriminadamente a otros insectos.

Los plaguicidas utilizados por los organismos estatales o locales tienen advertencias e instrucciones de uso para reducir al mínimo los riesgos para la salud humana y para el medio ambiente. Estos plaguicidas son aplicados por empleados públicos entrenados específicamente para seguir estas instrucciones. Los insecticidas contra los mosquitos son tóxicos para los pájaros, peces, invertebrados acuáticos y abejas. La exposición a los insecticidas de animales a los que no están destinados es limitada, aunque puede ocurrir. La exposición humana en áreas residenciales también es rara, siempre que se tomen las medidas adecuadas. También existe el riesgo de que el viento lleve los plaguicidas hacia los cultivos.

En áreas donde no es factible el control biológico ni la reducción de las fuentes, la detección de gran número de mosquitos inmaduros puede requerir la aplicación de larvicidas para evitar la emergencia de los mosquitos adultos. El uso de larvicidas es menos controvertido que el de los adulticidas, aunque puede tener efectos adversos sobre artrópodos y vertebrados acuáticos.

A pesar de las ventajas de los programas integrados, por falta de presupuesto y personal, algunos programas locales de control de mosquitos tienen que depender únicamente de los adulticidas. Para que sean eficaces, los insecticidas tienen que ser aplicados en gotículas que se mantengan en el aire; gotas mayores que caigan al suelo o sobre la vegetación pueden causar efectos indeseables en organismos a los que no están destinadas, además de constituir un desperdicio. Para conseguir esas gotículas se utilizan equipos especiales. La fumigación aérea suele producir gotículas de 30 a 50 mm con menos de 2,5% de gotículas de diámetro superior a 100 mm, y la fumigación terrestre con métodos de volumen ultra-bajo (ULV), gotículas de 8 a 30 mm, sin que ninguna supere los 50 mm. El viento es necesario para dispersar las gotículas, pero si su velocidad es excesiva reduce el control. Los mosquitos adultos se controlan fácilmente con la aplicación de insecticidas a concentraciones extremadamente bajas. Por ejemplo, el malatión se aplica a razón de 219,8 mL/ha para controlar los mosquitos, mientras que en la agricultura se aplica a razones de hasta 1 172 mL/ha.

La resistencia de los vectores a algunos larvicidas y adulticidas ha ocurrido periódicamente. La resistencia debe ser confirmada mediante pruebas de laboratorio para excluir otros factores como la inadecuada calibración de los equipos, otros errores de aplicación y factores climáticos.

Puede haber resistencia cruzada a insecticidas de una misma clase y diferentes especies de mosquitos pueden tener diferente susceptibilidad a distintos larvicidas y adulticidas. Para evitar el desarrollo de resistencia se pueden alternar insecticidas con diferentes modos de acción. Sin embargo, solo existen dos clases químicas de adulticidas con diferente modo de acción: los organofosforados y los piretroides. Aunque existan controles biológicos, incluidos los pájaros y los murciélagos, su número suele ser insuficiente para proporcionar un control alternativo adecuado. Por lo tanto, el control continuo de los mosquitos requiere el uso alternante de diferentes clases de insecticidas, junto con el monitoreo de la resistencia, la reducción de las fuentes, el control biológico y la educación del público.

Los repelentes, en particular la N,N-dietil-metatoluamida (DEET), se utilizan para evitar las picaduras de los mosquitos y de otros insectos y pueden ayudar a reducir la transmisión de enfermedades, aunque no son suficientes. Además, algunos pueden ser ineficaces.

En la última década ha habido un marcado aumento de la preocupación de los ciudadanos por el uso de plaguicidas, a pesar de que hay normas bien establecidas para evaluar y mitigar sus riesgos para los humanos y para el medio ambiente. El artículo concluye con un análisis de las leyes estadounidenses sobre los plaguicidas usados en salud pública. (Rose RI. Pesticides and public health: integrated methods of mosquito management. Emerg Infect Dis 2001;7:17-23.)