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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.9 n.6 Washington Jun. 2001

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892001000600008 

Instantáneas

 

Prevención de la diabetes de tipo 2 mediante cambios del estilo de vida en individuos con intolerancia a la glucosa

 

 

La diabetes de tipo 2 es el resultado de la interacción entre una predisposición genética y factores de riesgo conductuales y ambientales, entre los que destacan la obesidad y el sedentarismo. La intolerancia a la glucosa representa un estado intermedio entre la tolerancia normal a la glucosa y la diabetes manifiesta. Los individuos con intolerancia a la glucosa corren mayor riesgo de padecer diabetes de tipo 2 y constituyen, por lo tanto, un importante grupo destinatario de intervenciones para prevenir la diabetes. El Estudio Finlandés de Prevención de la Diabetes se realizó con el fin de determinar la factibilidad y los efectos de un programa de cambio del estilo de vida destinado a prevenir o retrasar la aparición de diabetes de tipo 2 en individuos con intolerancia a la glucosa.

Se consideraron elegibles para participar en el estudio las personas con sobrepeso (índice de masa corporal ³ 25), de 40 a 65 años, con intolerancia a la glucosa (glucemia de 140 a 200 mg/dL 2 horas después de la administración oral de 75 g de glucosa cuando la glucemia en ayunas era < 140 mg/dL). Se excluyeron aquellos con diabetes sacarina, enfermedades crónicas que hicieran improbable la supervivencia a los 6 años y características físicas o psicológicas que pudieran obstaculizar su participación en el estudio.

Los 522 participantes (172 hombres y 350 mujeres) fueron asignados aleatoriamente al grupo que recibió la intervención (grupo activo) o al grupo de control. La asignación fue estratificada en función del centro, del sexo y de la glucemia 2 horas después de la sobrecarga de glucosa (140 a 169 o 170 a 200 mg/dL). El estudio solo fue parcialmente enmascarado. La intervención consistió en asesoramiento individualizado destinado a conseguir una reducción del peso y de la ingesta de grasas totales y saturadas, y un aumento de la ingesta de fibra y de la actividad física. A los individuos del grupo de control se les proporcionó información general, oral y escrita, acerca de la dieta y el ejercicio en la consulta inicial y en las consultas anuales, pero no recibieron asesoramiento específico individualizado. La consulta inicial y las consultas anuales incluyeron la anamnesis y exploración física, mediciones antropométricas y de la tensión arterial, prueba de tolerancia a la glucosa oral y determinaciones de la insulina sérica, colesterol total, colesterol de las lipoproteínas de alta densidad y triglicéridos.

La diabetes se definió según los criterios de 1985 de la Organización Mundial de la Salud: glucemia en ayunas ³ 140 mg/dL o glucemia ³ 200 mg/dL 2 horas después de una sobrecarga de glucosa. Para establecer el diagnóstico de diabetes se requirió su confirmación por una segunda prueba de tolerancia a la glucosa oral. Si esta segunda prueba no confirmó los resultados de la anterior, el participante permaneció en el grupo al que había sido asignado inicialmente. Todos los análisis se basaron en el principio de la intención de tratar.

El primer participante fue asignado en noviembre de 1993 y el último en junio de 1998; 90% de los individuos han participado en el estudio durante al menos 2 años. La duración media del período de observación es de 3,2 años. Las características basales de los dos grupos eran similares. Durante el primer año, el peso corporal medio (± desviación típica) disminuyó en 4,2 ± 5,1 kg (4,7 ± 5,4%) en el grupo activo y en 0,8 ± 3,7 kg (0,9 ± 4,2%) en el grupo de control (P < 0,001). El perímetro de la cintura, la glucemia en ayunas y la glucemia y la insulinemia 2 horas después de la sobrecarga de glucosa presentaron una reducción significativamente mayor en el grupo activo que en el de control. A los 2 años, las disminuciones del peso, de la glucemia en ayunas y de la glucemia 2 horas después de la sobrecarga de glucosa seguían siendo significativamente mayores en el grupo activo que en el de control. Además, el grupo activo también presentó disminuciones significativamente mayores de la insulinemia 2 horas después de la sobrecarga de glucosa, de la concentración de triglicéridos y de la tensión arterial.

El éxito en la consecución de los objetivos de la intervención, calculado a partir de los diarios sobre la dieta y de los cuestionarios sobre el ejercicio, osciló entre el 25% para la ingesta de fibra y el 86% para el ejercicio.

Se diagnosticó diabetes en 86 individuos: 27 del grupo activo y 59 del grupo de control. La proporción media de individuos en los que la intolerancia a la glucosa progresó hacia la diabetes fue del 3% al año en el grupo activo y del 6% en el grupo de control. La incidencia absoluta de diabetes fue de 32 y 78 casos por 1 000 personas-año en uno y otro grupo, respectivamente.

La incidencia acumulada de diabetes fue menor en el grupo activo que en el de control. La diferencia fue estadísticamente significativa a los 2 años: 6% en el grupo activo (intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 3 a 9%) y 14% en el grupo de control (IC95%: 10 a 19%). A los 4 años, las cifras correspondientes fueron del 11% (IC95%: 6 a 15%) y 23% (IC95%: 17 a 29%). Mediante análisis de regresión de Cox se estimó que la incidencia acumulada de diabetes fue un 58% menor en el grupo activo que en el de control (razón de riesgo instantáneo [hazard ratio]: 0,4; IC95%: 0,3 a 0,7; P < 0,001): 63% para los hombres (IC95%: 18 a 79%; P = 0,01) y 54% para las mujeres (IC95%: 26 a 81%; P = 0,008).

Los autores concluyen que este estudio aporta pruebas de que es posible prevenir la diabetes de tipo 2 mediante cambios del estilo de vida de los individuos que se encuentran en riesgo de padecer la enfermedad. A pesar de que la pérdida de peso fue pequeña en el grupo activo, la diferencia entre los dos grupos con respecto a la incidencia de diabetes fue considerable, lo cual demuestra la importancia de la pérdida de peso, aunque sea pequeña, en la prevención de esta enfermedad. Por otra parte, la consecución del modesto objetivo de realizar al menos 4 horas de ejercicio a la semana también se asoció a una significativa reducción del riesgo de diabetes en los individuos que no perdieron peso. Además, en este estudio, los cambios del estilo de vida también redujeron otros factores de riesgo cardiovascular, como los triglicéridos y la tensión arterial. Aunque a menudo se afirma que es difícil cambiar el estilo de vida, este estudio indica que ese pesimismo no parece estar justificado.

En resumen, los resultados obtenidos indican que es posible conseguir una prevención primaria de la diabetes de tipo 2 mediante intervenciones no farmacológicas que se pueden poner en práctica en el ámbito de la atención primaria; para evitar un caso de diabetes, sería necesario tratar de esta forma a 22 individuos con intolerancia a la glucosa durante un año, o a 5 individuos durante 5 años. (Tuomilehto J, Lindstrom J, Eriksson JG, Valle TT, Hamalainen H, Ilanne-Parikka P, et al. Prevention of type 2 diabetes mellitus by changes in lifestyle among subjects with impaired glucose tolerance. N Engl J Med 2001;344:1343-1350.)