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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.10 n.1 Washington Jul. 2001

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892001000700010 

Instantáneas

 

Profilaxis tras la exposición laboral al VIH en el siglo XXI

 

 

Desde 1988 que se viene ofreciendo profilaxis antirretrovírica tras la exposición laboral al VIH, pero todavía persisten algunas dudas importantes que son analizadas en este artículo.

La primera dice respecto a la eficacia de la profilaxis tras la exposición (PTE). El riesgo de infección laboral tras la exposición parenteral a la sangre de un paciente infectado por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es muy bajo (aproximadamente 0,3%), lo cual hace prácticamente imposible reunir un número de pacientes suficiente para realizar un ensayo clínico. En estas circunstancias, los datos acerca de la eficacia de la PTE provienen de tres fuentes: los estudios realizados en modelos animales, la prevención de la transmisión vertical del VIH en el ser humano y un estudio mundial retrospectivo de casos y controles.

Varias investigaciones han demostrado la eficacia de diferentes fármacos antirretrovíricos para prevenir las infecciones por retrovirus en animales y en un estudio reciente realizado en macacos se ha comprobado que el éxito de la profilaxis depende tanto de la duración del tratamiento (protección en todos los animales tratados durante 28 días, en la mitad de los tratados durante 10 días y en ninguno de los tratados durante solo 3 días) como de la relación temporal entre la exposición y el inicio del tratamiento (protección del 100% cuando el tratamiento se inició a las 24 horas, del 50% cuando se inició a las 48 horas y del 25% cuando se inició a las 72 horas).

En 1994 se publicó el primer estudio que demostró que el tratamiento con zidovudina administrada a la madre durante el embarazo y el parto, y al niño durante las primeras 6 semanas de vida, reduce la transmisión vertical del VIH en un 67%. Posteriormente, esto ha sido confirmado por varios estudios en los que se han utilizado diferentes fármacos y pautas terapéuticas y en algunos de los cuales solo se trataron los niños. Estos estudios constituyen una prueba convincente de que la PTE es eficaz en el ser humano, al menos en lo que se refiere a la transmisión vertical del virus.

En el estudio de casos y controles de trabajadores sanitarios con exposición laboral al VIH, la PTE con zidovudina se asoció con una reducción del riesgo de infección superior al 80%.

Otro problema consiste en el hecho de que muchas veces la prescripción de la PTE se les solicita a quienes no están muy familiarizados con los antirretrovíricos. Un error potencialmente frecuente consiste en partir del principio de que cuanto más, mejor, y prescribir un tratamiento tan complejo que acabe dificultando su cumplimiento. En la mayoría de los casos de exposición laboral bastan dos fármacos y, en ausencia de datos que demuestren la eficacia de tratamientos más breves, se sigue recomendando el régimen tradicional de 28 días.

Cuando la fuente de la exposición es un paciente que ha sido tratado con múltiples fármacos antirretrovíricos, las directrices más recientes del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos de América recomiendan que, si hay fuerte sospecha o se ha confirmado resistencia, se añada un fármaco de una clase a la cual el paciente fuente nunca haya estado expuesto.

El embarazo no es motivo para no administrar PTE a una mujer con exposición laboral al VIH. La decisión de recibir o no la profilaxis le corresponde a la mujer, después de haber sido informada de los riesgos de infección y de los efectos adversos del tratamiento para ella y para el feto. Si opta por el tratamiento, se le debe ofrecer el régimen con mayores probabilidades de prevenir la infección y se debe observar cuidadosamente su evolución para identificar rápidamente cualquier acontecimiento adverso.

En resumen, la PTE en trabajadores sanitarios con exposición laboral al VIH debe seguir cuatro principios básicos: 1) proporcionar acceso inmediato al tratamiento; 2) asegurarse de que se ha producido una exposición antes de administrar la PTE; 3) seleccionar un régimen que el trabajador pueda cumplir, teniendo en cuenta el tratamiento y la carga vírica del paciente que ha originado la exposición, y 4) vigilar cuidadosamente la posible aparición de efectos adversos del tratamiento y, de ser posible, tratarlos de forma preventiva. (Henderson DK. HIV postexposure prophylaxis in the 21st century. Emerg Infect Dis 2001;7:254-258.)